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Capítulo 15

El ambiente se volvió tan ominoso que sentí que me consumía por dentro. Pero, haciendo un esfuerzo por ignorarlo, intenté mantener la calma y volví a preguntar.

—Bueno, dejando eso de lado… ¿por qué estás comiendo así?

—¿Yo?

—Mira los platos vacíos. Desde esta mañana… ¿No estarás teniendo antojos, verdad?

—…

—Dios mío…

Ni siquiera pude ver sus náuseas matutinas, y ahora resulta que tiene antojos. ¡Si soy yo el que está embarazado, pero él se está adueñando de todo! Me sentí tan exasperado que me dieron ganas de saltar de frustración.

Aunque, si era por el bebé en mi vientre que tenía antojos, supuse que debía complacerlo. Escuché que si no satisfaces los antojos durante el embarazo, te quedas con el remordimiento de por vida. Pero… ¡espera, el embarazo es mío, no suyo! Sin más remedio, resignado, pregunté con indiferencia.

—¿Qué más quieres comer?

La respuesta llegó de inmediato.

—Langosta.

—…

—Y foie gras* también.

N/T:*Foie gras: hígado graso de pato o ganso, considerado un manjar.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué todos tus antojos son tan caros?! ¡Primero las náuseas, ahora los antojos, esto es agotador!

«¡¿Cómo se supone que lo mantenga?!»

Exploté de furia, apretando los puños mientras protestaba a gritos. Sentí mi esponjosa cola redonda temblar frenéticamente detrás de mí. Entonces, Chase lanzó una mirada furtiva a mi cola, se estremeció levemente y, mirando hacia la distancia, murmuró.

—Tú lo hiciste agotador… ¡Tú!

—¡Tengo el peso sobre mis hombros! Necesito ganar mucho dinero… ¡Ay, qué hago! ¡Me dijeron que no tengo ni un centavo!

Recordé la respuesta que recibí hace poco cuando le pregunté al mayordomo cuántos activos personales tenía disponibles.

{—Joven amo, escúcheme sin malinterpretar.}

No sabía qué iba a decir con ese tono solemne, y me empecé a preocupar. El mayordomo continuó con una expresión seria.

{—No tiene dinero. Bueno, algo tiene, pero no es una gran cantidad.}

{«¿Cómo que no tengo dinero, siendo el último descendiente directo de la familia Kaisa?»}

Sus palabras inesperadas me dejaron tan atónito que tartamudeé al responder. 

{—¿Cómo que no tengo dinero?}

{—Cuando el Presidente falleció repentinamente, en ese entonces eras demasiado joven. El Vicepresidente se apoderó de todos los fondos en ese momento. Aunque los ancianos del Clan no pudieron evitar que participaras en la gestión de la empresa, bloquearon tus recursos personales, así que prácticamente no tienes nada.}

{—¿Entonces estoy en la quiebra? ¿En serio?}

Finalmente entendí por qué, en la historia original, Leoruca se había lanzado a la gestión empresarial incluso antes de graduarse y se enfrentó al Vicepresidente. No le quedaba otra opción que operar subsidiarias del grupo y aumentar gradualmente su participación para sobrevivir. 

Pero yo no era tan brillante como Leoruca, y mi única experiencia en “gestión”, era jugar al Monopoly en el orfanato durante las actividades recreativas.

{—Tu único patrimonio es la Mansión Kaisa, que el Presidente te transfirió en vida, pero no puedes venderla, así que no sirve de mucho.}

{—¿Por qué no puedo venderla…?}

{—Esta mansión es un símbolo de la familia Kaisa, heredada durante siglos. Si la vendes, los ancianos del Clan, es decir, la junta directiva, jamás te reconocerán. Incluso ahora, el Vicepresidente no ha podido consolidar su posición en el Grupo Kaisa en gran parte porque tú controlas esta mansión.}

Así que esa era la razón por la que Leoruca no la había vendido, a pesar de que estaba llena de sirvientes leales al Vicepresidente. La situación era más grave de lo que pensaba.  

«¿Cómo podría volverme extremadamente rico?»

Si quería satisfacer los antojos de ese leopardo negro melindroso, necesitaba ganar dinero. ¿Pero dónde? En mi vida anterior, ni siquiera había tenido más de un millón de wones en mi cuenta bancaria. ¿Cómo se suponía que iba a saber cómo ganar una fortuna? Mientras me quejaba angustiado, recibí una reprimenda llena de incredulidad.

—¿Crees que voy a gastar tanto solo por comer?

—¡Pero solo te gusta lo caro! ¿Y qué pasará cuando nazca el bebé? ¿Sabes cuánto cuesta criar a un niño?

—¿Cómo voy a saberlo? ¿Acaso tú sí?

—No lo sé… ¡pero seguro que es mucho!

Agité mi cola frenéticamente mientras protestaba. Entonces, Chase frunció el ceño, observando el borlón de pelo que se movía de un lado a otro frente a él, y finalmente preguntó en voz baja.

—¿Vas a dar a luz?

—¡¿Qué dices?!

—Deja de gritar. Estamos hablando de algo serio.

—¡Pero tú también has estado gritando todo este tiempo!

Seguí protestando sin parar, hasta que Chase finalmente me lanzó una mirada intensa y fija. Solo entonces, con la cola caída y la mirada evasiva, me callé. Chase inclinó ligeramente la cabeza y preguntó con una seriedad inusual.

—En serio, ¿vas a tener al bebé?

—Eh, eso…

Lo que Chase estaba planteando era, algo importante, sin duda. Me quedé paralizado por un momento, sin saber cómo reaccionar, solo moviendo los ojos nerviosamente. Hasta hace un instante, solo estaba pensando en cómo ganar dinero, y de repente me lanzaba esta pregunta.  

—¿No lo habías pensado?

Chase me observaba en silencio. Cada vez que parpadeaba lentamente, sus largas pestañas aleteaban como alas de una mariposa. Su voz, baja y tranquila, era inusualmente suave y afectuosa, muy diferente a su actitud habitual de gruñón. Parecía que incluso el maldito leopardo negro entendía que esto no era el momento para regañar.  

—Bueno, es que…

No era que no lo hubiera pensado. Pero tampoco lo había meditado demasiado. Aún no sentía que fuera real. Parecía una broma absurda o una especie de cámara oculta. Aunque el hospital lo había confirmado, mi cuerpo no mostraba cambios, e incluso las náuseas matutinas las había sufrido Chase en mi lugar.

Para ser honesto, todavía sospechaba, que en realidad era él quien estaba embarazado, al menos a medias. ¿Cómo no iba a estarlo, si se pasaba el día con náuseas y luego se daba la vuelta buscando algo para comer? Pero por mucho que repasara lo ocurrido de aquella noche, la situación hacía imposible que fuera así.  

Sin embargo, hasta no hace mucho, yo había sido un hombre común. Que me dijeran de repente que estaba embarazado no hacía fácil aceptar que había un bebé dentro de mí.

Alguna vez había pensado vagamente en tener un hijo, pero nunca imaginé que sería yo quien lo daría a luz. Pero, como era yo quien había querido al bebé, ¿no era justo que fuera yo quien lo tuviera? ¿Entonces debería hacerlo?

Mientras mis pensamientos giraban sin control, de pronto noté el marco fotográfico sobre la mesa auxiliar junto al sofá. Era una foto familiar de una joven pareja sonriente y un niño pequeño que parecía un muñeco. El niño, con su cabello azabache y unos ojos negros como perlas oscuras que brillaban con un misterioso encanto, posaba con expresión altiva sentado sobre las rodillas de su padre.

Sus pequeñas orejas puntiagudas, también de un negro lustroso, sobresalían entre sus cabellos. Y tras sus redondeados hombros, una larga cola de pantera, tan oscura como sus orejas, se movía con suavidad.

—Qué hermoso… 

Si tuviera un bebé así, hasta el hambre desaparecería con solo mirarlo. Sus padres parecían pensar lo mismo, la mirada que ambos le dedicaban rebosaba de amor. La felicidad de aquella familia traspasaba incluso el marco de la foto. Y de pronto, sentí envidia. 

«¿El bebé de Chase será así de lindo?»

Absorto en mis pensamientos, le eché un vistazo furtivo a Chase. Recordé su figura aquella noche, cuando lo vi en la cama, su cabello oscuro coronado por dos orejas triangulares. Su rostro, pulcro y elegante. Al imaginar un pequeño leopardo, negro como él, una repentina nostalgia me invadió. Era extraño sentir añoranza por un bebé que ni siquiera había visto.

—Oye, cachorro. 

—… 

Justo cuando me había sumido en mis emociones, Chase, que se había levantado sin que me diera cuenta, me dio unos golpecitos en el hombro, rompiendo el momento. Al volverme con gesto hosco, él arqueó las cejas con impaciencia. Rápidamente junté las manos y pregunté con educación.

—¿Me llamabas?

—Te hice una pregunta. ¡Otra vez en las nubes!

Chase puso cara de incredulidad y acto seguido empezó a regañarme. Pensé que iba a ser amable, pero ni cinco minutos duró. «¡Si estaba pensando precisamente en eso! ¡Y encima tú me interrumpiste!» Sintiéndome injustamente tratado, giré la cabeza con gesto resentido, bajé la mirada y murmuré.

—Sí lo pensé un poco… Es solo que yo no tuve padres, ni una familia, siempre quise tener un bebé algún día, y ya que esto pasó, quizá sea como un regalo…

No me atreví a decir que quería tenerlo porque el bebé de Chase seguramente sería hermoso como él. Me limité a dar una respuesta vaga, pero Chase, sospechando algo, preguntó:

—¿Entonces lo vas a tener?



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA


¿TE HAS CANSADO?

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