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Capítulo 146

—Para la promesa de este día, he dedicado toda mi vida.

Los hombros de Odelli se estremecieron.  

Sus manos y pies temblaban, y su corazón comenzó a latir con una rapidez enloquecedora.

Sobre las llamas de la chimenea, había una pequeña tetera.

El sonido del agua hirviendo era tan claro como la realidad.

Pronto, el vapor blanco comenzó a elevarse, y él, con cuidado, sirvió el té en una taza y se la acercó.

—¿Cuán diferente es aquel tiempo del ahora, Odelli?

Sus ojos color púrpura la miraron con una sonrisa.

—Si no te hubiera conocido, habría terminado miserablemente mi vida como un esclavo. Pero la próxima vida… tal vez habría sido feliz.

Su voz era cálida, pero más que un consuelo, era como una trampa que, hábilmente disfrazada, apretaba suavemente su cuello.

«Solo habría nacido como un humano y vivido una vida ordinaria.»

La respiración de Odelli se volvió cada vez más agitada.

—Pero te conocí. Por eso recorrí miles de veces el camino del tiempo. Eres tan preciosa para mí.

Su mirada se llenó de ternura.

—Sin embargo, como precio, para mí ya no existe una próxima vida. Ni la siguiente, ni la siguiente… por toda la eternidad.

En el breve silencio, el corazón de Odelli se hundió pesadamente.

—Odelli.

La llamó con cariño.

—Mientras tú estés a mi lado, este Rudville no tendrá más remedio que derrumbarse sin fin.

Su voz era dulce como el susurro de un demonio, pero penetraba en su pecho como un cuchillo afilado.

—Tú eliges. Si renuncias a esta vida y pones fin a todo por tu propia voluntad, yo no acumularé más pecados. Claro, tendré que pagar el precio durante eones, pero eventualmente me purificaré y regresaré como un alma limpia.

«…»

¿Cómo podía decir esas palabras con el rostro de Rudville?

Sabía que Rudville jamás habría pronunciado esas palabras.

Aun así, Odelli, aplastada por la culpa, ni siquiera podía respirar correctamente.

—Pobre criatura.

El dragón con el rostro de Rudville murmuró en voz baja.

Y sin vacilar, abrazó con fuerza a Odelli.

Él sabía perfectamente que ella ya ni siquiera tenía la voluntad de resistir.

Con la voz ahogada, como si gemiera, ella dijo:

—…Todo es mentira. Rudville ya no tiene una próxima vida de todos modos.

Ella lo sabía.

Rudville no podía renacer.

Al final, todas estas palabras solo eran un elaborado engaño para hacerla desmoronarse por sí misma.

Pero el dragón, como si leyera su mente, acarició su espalda y susurró dulcemente.

—Haré que pague por sus pecados, incluso si tengo que sumergir su alma en el fuego del infierno para evitar que se desvanezca.

—…¿Fuego del infierno? ¿Eso… no será terriblemente doloroso?

Su garganta estaba tan cerrada que le costaba esfuerzo articular cada palabra.

—De todos modos, lo olvidarás. Si el alma se purifica por completo.

Los ojos de Odelli se agitaron.

En su mente, surgían constantemente agudos argumentos en contra, pero su corazón seguía diciendo algo diferente.

—…Entonces, si muero ahora mismo, ¿Rudville tendrá una próxima vida?

De repente, toda la fuerza abandonó su cuerpo.

La mano que intentaba empujar su pecho cayó lentamente, y sus hombros, tensos, se hundieron sin fuerza.

Sin perder esa sutil cambio, el dragón con el rostro de Rudville apretó más su abrazo.

—Sí, exactamente.

Un susurro bajo y tierno le rozó el oído.

Frío pero suave, su tacto la agarró de los hombros y la separó ligeramente.

Tomando sus temblorosas manos y mirándola fijamente, su mirada era tan tierna como si estuviera viendo a un amante con quien había jurado compartir su destino hacía mucho tiempo.

Él limpió sus lágrimas con el pulgar y sonrió.

—Solo tienes que elegirlo. Entonces, protegeré su alma.

—…

¿Sería mejor terminar con mi vida ahora mismo?

Entonces… ¿Rudville podría ser libre de nuevo?

El dragón acarició su cabello y susurró suavemente.

—Sí, descansa en paz. Della. Aferrarse a algo ya arruinado solo hará que se destruya más.

Su voz era como miel dulce, pero al mismo tiempo, como un anestésico, derrumbaba su conciencia.

Los párpados de Odelli se cerraron pesadamente.

BUM BUM BUM

Fue entonces.

Al principio, pensó que era una alucinación.

Odelli, ya invadida por la voz del dragón, sentía cómo sus sentidos se colapsaban sin que se diera cuenta.

Pero el segundo y tercer latido que siguieron no eran una ilusión en absoluto.

Ese era definitivamente el sonido que Odelli escuchaba cada vez que apoyaba su oído en el pecho de Rudville.

En medio del campo de batalla, incluso cuando regresaba bañado en sangre, ese fuerte latido que siempre latía sin falta.

Una pulsación regular, ni rápida ni lenta.

Era como si le dijera: Todavía estoy vivo, Estoy a tu lado.

La respiración de Odelli se agitó bruscamente.

La conciencia que estaba a punto de desmoronarse fue forzada a recuperarse por ese tenue sonido.

Quizás, la fuente de la fuerza que la había sostenido hasta ahora era precisamente ese sonido.

BUM BUM BUM

Sonó más fuerte, más claro, haciendo eco en su pecho.

Por mucho que la voz del dragón adormeciera su conciencia, el sonido de ese latido no se desvanecía.

Era el latido de un hombre que, tras miles de muertes y desesperaciones, nunca se había rendido.

Era el corazón que había latido innumerables veces llamando el nombre de Odelli.

«¿Rudville querría algo como una próxima vida?»

Sus ojos se calentaron y se llenaron de lágrimas.

Odelli apretó los dientes y se aferró a su conciencia.

«Él siempre, hasta el final, me hizo vivir.»

BUM BUM BUM

Al escuchar el latido una vez más, Odelli abrió los ojos de par en par.

La pesadez que oprimía sus párpados desapareció de repente, como si hubiera sido lavada.

—¿De verdad estás haciendo todo esto por mí?

El dragón no respondió.

En cambio, extendió su mano cerca de su mejilla y acarició el aire, casi tocándola.

—No puedes escapar de la muerte, y el único final que te queda en esta vida es la infelicidad y la tragedia.

—…

—No importa cuál de los dos encuentre primero la paz, al final, cuando uno caiga, el otro también se derrumbará.

Su tono era claramente afectuoso, pero esa misma afectividad era el veneno más peligroso.

¿Con qué base iba a creer las palabras de un no muerto?

Podía ser solo un ardid para atraerla a la muerte bajo las órdenes de ‘Kardel’.

—No me hagas reír.

Los rumores sobre el resurgimiento del dragón ya se habían extendido por todo el imperio.

Él había volado por los cielos, mostrándose ante la gente, contribuyendo activamente a difundir los rumores.

El Emperador, citando el ‘testimonio del dragón’, intentaba levantar el arresto domiciliario antes del juicio sagrado y sacar a Gawain del templo.

Si el dragón no se hubiera unido a ellos, el Emperador nunca habría difundido tales palabras por sí mismo.

—Si realmente estás de mi lado, deberías ayudarme a derrotar a Kardel. Pero en cambio, estás ayudando a Kardel. Si estás tan obsesionado conmigo como para llamarme ‘mía’, si desde el momento que me viste intentaste llevarme a tu guarida, ¿no deberías haber eliminado primero a aquellos que me hicieron sufrir?

Odelli expresó una duda obvia.

Era de sentido común que cualquier persona, por instinto, se pondría del lado por el que sintiera algo de inclinación.

Pero el ser ante ella parecía ir en contra de esa simple lógica, mostrando una actitud incomprensible.

—…

Pero el dragón no resolvió su duda.

Solo silencio.

—Debes irte, Della.

No hubo más explicaciones suaves, ni persuasión.

Solo imposición.

En ese momento, el paisaje a su alrededor se hizo añicos.

Lo que apareció en su lugar fue un campo de batalla en llamas.

Una tierra interminablemente cubierta de cadáveres y sangre.

—Mira. Este es el final que ese humano te dejará.

El dragón agitó la mano con indiferencia.

Entonces, las llamas se elevaron y la ilusión del imperio derrumbándose lo abarcó todo.

—En la próxima vida, y en la siguiente, y en la siguiente también… repetirás sin fin un final como este, viviendo miserablemente cada vez. El abuso que sufriste en la familia Kardel no es nada en comparación. El camino que recorrerás es solo desesperación. Solo te espera un dolor que cortará tu carne, desgarrará tu alma y finalmente te hará querer abandonarte a ti misma.

En las llamas, la imagen de Odelli muriendo innumerables veces se repetía sin cesar.

Caía decapitada, gritaba quemándose en llamas, su alma era destrozada en la oscuridad.

La baja voz del dragón resonó, mezclándose con el abismo de la ilusión.

Odelli simplemente escuchó las palabras del dragón.

De repente, pensó que algo era extraño.

—¿Por qué solo me persuades desde hace un rato? No tomas mi alma por la fuerza.

—…

—¿Acaso necesitas mi consentimiento?

En el momento en que las palabras de Odelli salieron, el mundo de la ilusión se sacudió como si crujiera.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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