Capítulo 145
—El alma humana es como el agua que fluye. Debe circular eternamente. No como tu purificación.
El cuerpo de Odelli se tensó instantáneamente.
—Un alma que no fluye se estanca. Y un alma estancada se corrompe. Solo has recordado memorias, has desafiado directamente el flujo apenas una vez, así que por ahora estás bien. Si abandonas ese cuerpo ahora, recolectaré tu alma y la purificaré.
No eran palabras de destrucción, sino de recolección.
Sonaban como una oferta para recolectar su alma justo antes de que se contaminara, purificarla con cuidado y devolverla al río del ciclo.
Como si realmente se preocupara por ella…
—¿Acaso eso no es territorio de los dioses? —replicó Odelli con agudeza.
No era un dragón real, sino un no-muerto convocado a la fuerza por el Emperador. ¿Cómo podría realizar una hazaña tan grandiosa?
Entonces, el dragón susurró en su oído, como si compartieran un secreto entre ambos.
—Shh, antes de que llegue a su percepción.
«…»
¿Lo haría a espaldas de los dioses?
—Solo deseo que tu alma fluya serenamente.
La voz del dragón contenía una oscuridad profunda, pero al mismo tiempo emanaba una calidez curiosamente templada.
Como susurrando a un antiguo amante, o enseñando a un niño ignorante que nada sabe.
Su tono dulce y suave pareció brindar una momentánea sensación de alivio…
—No quiero ver tu alma corromperse.
Para Odelli, solo sonaba como el susurro de un demonio.
Al final, por mucho que lo adornara con palabras halagüeñas, la conclusión era la misma.
—Da igual cómo lo digas, me estás pidiendo que abandone mi vida actual y muera.
—La vida mortal es efímera. En el ciclo infinito de nacer, morir y renacer, el apego de un mortal a la vida carece de significado.
Pero Odelli no se aferraba simplemente por miedo a la muerte.
Era porque en la próxima vida no estaría Rudville.
Incluso si él también reencarnara, ¿qué probabilidades habría de que se encontraran y volvieran a conectar?
«Además, si existieran los dioses, nunca permitirían que Rudville reencarnara.»
Nunca dejarían en paz a alguien que burló la autoridad divina retrocediendo en el tiempo miles de veces.
Ya fuera Rudville el hijo de un dios, o incluso el dios mismo.
«Según la lógica del dragón, el alma de Rudville ya debería estar tan negra y corrupta que sería imposible recuperarla».
Pero, ¿qué probabilidades habría de que a alguien así se le concediera una próxima vida?
Rudville, al final, nunca podría regresar a su lado.
Ese pensamiento hizo que la mirada de Odelli se volviera feroz.
—Pase lo que pase, sobreviviré en esta vida. Hasta el final, a su lado.
—….
Un silencio sofocante.
Pero Odelli continuó, sin vacilar.
—Si intentas imitar a Rudville, hazlo bien. Rudville nunca diría que va a recolectar mi alma. Él siempre solo quería protegerme.
Las pupilas negras del dragón se entrecerraron ligeramente.
Una corriente de aire, burla o interés, se extendió, y por un instante, los alrededores se distorsionaron.
La niebla roja se partió, y las formas que se desmoronaban comenzaron a tomar una nueva imagen.
En lugar de la oscuridad desvanecida, se derramó una deslumbrante luz solar.
Una suave brisa, una calidez templada, y…
Frente a Odelli se desplegó un paisaje que no le era extraño.
La apartada finca rural de Delheim.
Una pequeña cabaña construida en un tranquilo prado, al pie de la montaña, donde rara vez iba la gente.
El muro cubierto de enredaderas y las montañas rojas que Odelli había plantado debajo.
Era exactamente igual a esa época, más querida y feliz que cualquier recuerdo.
«…»
El lugar que una vez fue todo su mundo.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, como si fuera a estallar.
El sudor frío corría por su frente, pero ni siquiera lo notaba.
Y frente a esa cabaña…
—Odelli.
Allí estaba Rudville, de pie con una cálida sonrisa.
El Rudville siempre torpe y apresurado, incapaz de contener sus emociones desbordantes.
Pero era el Rudville de una época llena de más esperanza que cualquier otra.
Su cabello dorado que atrapaba la luz del sol, sus ojos violeta llenos de un afecto infinito solo por ella y de sueños hacia el futuro, sin un ápice de desesperación.
—El viento es frío. Alguien tan delicada como usted, si se viste tan ligera, caerá enferma enseguida….
Esa voz era indudablemente la de Rudville.
La resonancia familiar, incluso la cálida mirada.
Se apresuró a acercarse y colocó su abrigo sobre los hombros de Odelli.
Luego, tomó firmemente el dorso de su mano, como para transmitirle calor.
La sensación era exactamente la de Rudville, sin el más mínimo desajuste.
Pero pronto Odelli se dio cuenta.
Esto era solo una ilusión de sus recuerdos.
«…»
«…No es divertido».
Había criticado mentalmente que era demoníaco, y ahora hacía justo lo que un verdadero demonio haría.
El instinto de rechazar esto le oprimía la respiración, pero Odelli no pudo resistirse y caminó junto a él.
Al abrirse la puerta, con un chirrido, reveló el interior de la cabaña.
La pequeña chimenea de ladrillos viejos, los dos diminutas sillas de madera frente a ella.
Sobre la chimenea, la vieja olla que Rudville había colgado hacía tanto tiempo aún ocupaba su lugar.
—Entremos. Póngase pronto frente al fuego. Mientras calienta su cuerpo, yo calentaré rápido el té.
Todo era demasiado elaborado.
Como un escenario meticuloso, tallado a partir de recuerdos felices y ensamblado pieza por pieza.
Sin darse cuenta, Odelli movió sus pies.
Un paso, otro paso.
La vieja madera del suelo gritó y chirrió bajo sus pies.
Finalmente, ella entró en la cabaña.
La época que tanto anhelaba y que fue tan feliz, se reproducía perfectamente ante sus ojos.
Al sentarse frente a la chimenea, los cálidos recuerdos de antaño llegaron como una ola.
La leña completamente seca ardía con llamas rojas que oscilaban, y un calor sutil llenaba la habitación.
—Yo no viví directamente esta época. Solo la vi a través de los recuerdos de Rudville y míos. Así que, aunque hagas esto para conmoverme, es inútil—. Odelli se esforzó por hablar con indiferencia.
Pero su pecho se desgarraba una y otra vez, y su vista se nublaba gradualmente.
Ella era quien mejor conocía la razón.
Era por el dragón que, ante sus ojos, imitaba a Rudville de una época que aún no se había roto.
—Recuerda este momento—. La existencia que se sentaba con la apariencia de Rudville susurró, como si hubiera vivido esos días pasados intactos.
—El día que hicimos nuestro juramento, solo nosotros dos, en esta pequeña cabaña.
Él extendió la mano y envolvió sus dedos.
El lugar donde debía estar el anillo de plata.
El anillo de Odelli, que a través de innumerables regresiones se había convertido naturalmente en algo que nunca existió, estaba intacto en su dedo.
Acariciando ese anillo con cariño, sonrió suavemente.
—Juro estar a tu lado para siempre. Lo recuerdas, ¿verdad, Odelli?.
—Cállate.
Él no se detuvo.
Como si supiera que un empujón más la haría desmoronarse, cavó más profundo.
—Cuando estuvieras completamente recuperada. Cuando no estuvieras enferma como ahora, cuando pudieras reír todos los días… Dijiste que tendríamos un hijo y una hija.
—He dicho que te calles.
A Odelli se le oprimía el corazón.
Las palabras que apenas escapaban de sus labios temblaban.
Ella añoraba esta época.
No porque se hubieran enamorado por primera vez sinceramente, o compartido dulces recuerdos… no por esas razones.
Era porque era la época en que Rudville aún no se había roto.
Porque ahora no tenían a dónde retroceder y buscaban la manera de vivir juntos, pero si pudieran volver a este entonces…
Entonces…
Habría rechazado su propuesta de matrimonio de inmediato.
Habría arrancado el anillo que le puso en el dedo y jamás le habría mostrado su verdadero yo.
Habría usado todos los medios a su alcance para rechazarle, vertiendo odio y aversión.
Incluso así, le habría hecho renunciar a repetir las regresiones para salvarla.
Esa era la verdadera sinceridad de Odelli.
Que por su culpa, Rudville no tuviera una próxima vida… era una agonía que la enloquecía.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD