Capítulo 14
Mientras tanto inhalé la nicotina hasta lo más profundo de mis pulmones. Al exhalar una larga bocanada de humo me sentí aliviado, como si todo el estrés se hubiera disipado de golpe; incluso la irritación que había aflorado un instante antes desapareció.
DING-DONG.
Al sonar el timbre abrí la puerta y, como esperaba, era el servicio de habitaciones. Firmé, di una propina y despaché al botones. Con el cigarrillo aún en los labios empujé el carrito hacia dentro y me dispuse a preparar el vino. Cuando Doug saliera, pensaba hacerlo una vez más. Esta vez lo dejaría en un simple juego de boca; al fin y al cabo, a mí también me gustaba que nos lo hiciéramos mutuamente.
Un poco de alcohol ayudaría a crear ambiente y también a que se aliviara más rápido.
Aunque me había preparado de antemano en casa, eso no significaba que la penetración resultara agradable. La sensación de tener un cuerpo extraño dentro seguía allí, solo causaba dolor, así que esa noche pensaba impedir a toda costa que lo intentara de nuevo.
Pero esos malditos siempre acababan empeñados en meterla.
Aspire el humo con fastidio y lo exhalé, luego coloqué la copa de vino en su sitio y saqué el sacacorchos. Lo clavé en el corcho de la botella y empecé a girarlo con fuerza cuando, de pronto, escuché un sonido de música.
Era el tono de llamada del celular de Doug. Sin pensarlo, bajé la vista al teléfono que había dejado sobre la mesa.
Hannah Grace.
¡POP!
El corcho salió disparado del cuello de la botella con un sonido de liberación. El aroma dulce y fresco del vino tinto se esparció por mi nariz. Pero no fui capaz de disfrutarlo con calma.
Podía ser solo otra compañera sexual, como yo. Sin embargo, que yo supiera, Doug era gay. Era casi imposible que se hubiera vuelto bisexual sin que yo lo supiera. Y el nombre en la pantalla del celular era, sin lugar a dudas, el de una mujer.
Me quedé un rato observando fijamente el teléfono que no dejaba de sonar. Finalmente, el timbre cesó y el eco resonó débilmente en mis oídos mientras lo tomaba en la mano. Una punzada de incomodidad me frunció el ceño: estaba a punto de husmear en un celular ajeno.
Definitivamente era un tipo simple.
La contraseña seguía siendo la misma de antes. Desbloqueé la pantalla a la primera e hice un repaso rápido del historial. No necesitaba mirar con detalle; bastaron unas cuantas pasadas para sacar la conclusión.
CLICK.
El sonido de la puerta del baño al abrirse me hizo dejar el teléfono a un lado y llenar la copa de vino.
¡PLOP, PLOP, PLOP! El líquido cayó con un sonido claro y extraño que resonó en mis oídos.
—Oh, ¿todavía no terminaste el cigarrillo?
Con esas palabras me di cuenta de que solo había estado sosteniendo el cigarrillo entre los labios. Lo golpeé como si nada, y la ceniza, que ya estaba al límite, no resistió más y cayó desplomada. Al ver el cuerpo gris, largo, que hasta hace un momento había reposado con peso entre mis dedos ahora partido en dos sobre la alfombra, sentí algo extraño. Antes de apagarlo, me lo llevé a la boca una vez más e inhalé profundamente.
Doug salió con una gran toalla alrededor de la cintura. La silueta debajo dejaba claro que no llevaba nada puesto. Aparté la vista con indiferencia y, mirándole al rostro, le tendí la copa de vino.
—Oh, gracias. ¿Brindamos?
Levanté mi copa como él quería y la choqué suavemente. Quizá estaba apurado, porque no se detuvo a saborear el aroma y bebió de golpe un gran trago del vino que había servido. Al dejar la copa en la mesa me miró, esperando que yo también bebiera.
Su transparencia me hizo soltar una risa nasal. En fin, esa simpleza era lo que me gustaba de él.
Apenas humedecí mis labios con la copa y la dejé a un lado. Entonces, como si hubiera estado esperando, me rodeó con los brazos. Sus labios se posaron sobre los míos, y lo acepté sin más. Me preguntaba hasta dónde dejarlo llegar cuando, justo a tiempo, sonó el teléfono. Doug seguía besándome en distintas partes del rostro, molesto, mientras alargaba la mano. El celular que alcanzó con la punta de los dedos se le resbaló y cayó sobre la alfombra.
—Ah, maldita sea…
Masculló fastidiado mientras recogía el teléfono, pero de repente se quedó helado. Dudó, lanzándome miradas, y algo en su reacción no era normal.
—Eh, un segundo.
Me encogí de hombros, como diciendo que hiciera lo que quisiera. Lo observé en silencio mientras contestaba apresurado y se metía al baño.
—…Sí, es cierto… sí… ¿qué? No, eso no es…
Su voz, nerviosa y entrecortada, se filtraba hacia afuera. Yo me apoyé en la ventana y encendí otro cigarrillo. El ceño se me frunció solo. Soplé el humo con fuerza y me froté entre las cejas.
Cuando Doug salió tras colgar, yo lo esperaba fumando con rostro inexpresivo.
—Ah, perdón. Era algo urgente.
Se disculpó, pero evitaba a toda costa mi mirada. Inhalé profundo el humo y lo exhalé lentamente. Antes de que el silencio diera lugar a sospechas, hablé con una sonrisa.
—¿Era la mujer que llamó hace un rato?
De inmediato se quedó como si fuera a desmayarse, completamente sorprendido. Un incómodo silencio lo envolvió.
5
—¿Qué?
Eso fue lo único que consiguió decir. Yo respondí con el mismo tono sereno de siempre.
—La llamada que entró mientras te bañabas. Era de Hannah Grace.
Doug, incapaz siquiera de fingir aplomo, se quedó con la cara enrojecida y sin saber qué hacer, tartamudeando:
—¿T-tú… tú contestaste? ¿La llamada de la señorita Grace?
—Sonaba sin parar.
—¿Y… y entonces? ¿Qué dijiste?
Ante su reacción, pálido y desesperado, le devolví la pregunta:
—¿Qué crees que le dije?
—¡No bromees!
Doug se enfureció, pero eso solo lo hizo parecer aún más acorralado. Yo lo tranquilicé con indiferencia:
—No te preocupes. Le dije que era un prostituto.
¡COF, COF!
De inmediato empezó a toser con violencia. Yo fumaba en silencio, esperando a que el ataque cesara. Solo al cabo de un buen rato, con los ojos enrojecidos por las lágrimas, me gritó:
—¿Estás loco? ¿Cómo puedes decir algo así?
Exhalé el humo con calma.
—¿Por qué? ¿Preferías que le dijera que era tu ex novio y ahora tu compañero de cama?
—¡Maldito seas!
Doug estalló, pateando el sofá. Lanzó gritos vacíos, recorrió la habitación de un lado a otro, golpeó la pared y se dio cabezazos contra ella. Yo, en silencio, terminé el cigarrillo que me quedaba.
Tras un buen rato de no poder calmarse, Doug terminó exhausto y se dejó caer en la cama, jadeando. Solo cuando lo vi algo más tranquilo abrí la boca.
—Era mentira.
Doug me miró aturdido, con la mirada perdida. Llevándome el cigarro casi consumido a los labios, añadí:
—Era mentira. No pensarás que soy tan desconsiderado como para contestar un teléfono que no es mío y soltar cualquier tontería, ¿verdad?
—…Hah.
Doug dejó escapar un suspiro incrédulo, como si el aire se le escapara. Parecía completamente agotado. Con los hombros vencidos, se cubrió el rostro con ambas manos y permaneció en silencio largo rato.
—…¿Cómo lo supiste?
Al final, con una voz apagada, preguntó. Yo apagué el cigarro y respondí:
—Sonó mientras estabas en la ducha. En la pantalla aparecía el nombre: Hannah Grace.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA