Capítulo 138
La enorme figura dentro del cristal finalmente abrió los ojos por completo.
Una mirada más profunda que el océano y más oscura que la noche la atravesó, clavándose en ella.
Odelli se quedó petrificada, incapaz incluso de respirar, como si hubiera sido convertida en un espécimen preservado.
Atrapada dentro del campo visual de un ser que podía devorarla entera en un instante, sintió que todo su vello se erizaba.
«¿Así se siente un insecto frente a un humano?».
No era la mirada de un depredador frente a una presa más débil.
Era una majestuosidad abrumadora, como si encarnara el orden primordial.
Ante un ser absoluto que podía reducirla a polvo con un movimiento de su dedo, ella no era más que una mota de polvo.
¡BOOM!
En ese momento, el suelo del laboratorio tembló.
El sonido de los latidos, que antes parecía venir de muy lejos, ahora hacía retumbar la tierra.
Odelli tambaleó, perdiendo el equilibrio.
Pequeñas grietas se abrieron en el suelo, y las lámparas mágicas del techo se sacudieron.
¡BOOM… BOOM… BOOM!
El intervalo entre los latidos se acortaba, volviéndose cada vez más intenso.
Entonces, el dedo del dragón se movió ligeramente.
Sus escamas negras y lisas brillaron como obsidiana, y sus enormes alas se retorcieron, como si estuvieran a punto de desplegarse.
La comisura de los labios del dragón se movió, sutil pero claramente.
No era un lenguaje humano, pero una voz resonó no en sus oídos, sino en lo más profundo de su conciencia:
—Della.
¿…Della?
¿Acaba de decir eso el dragón?
Era una palabra desconocida, pero se quedó girando en su mente como si hubiera sido tallada directamente en ella.
«¿Lengua antigua?».
No podía saberlo.
Pero, por alguna razón, sentía que era un nombre dirigido a ella.
¡CRACK!
En ese instante, el círculo mágico se distorsionó, lanzando chispas como si fuera a explotar.
Las grietas en la superficie del cristal se expandían cada vez más.
«Maldición».
Su instinto gritó:
Este lugar está a punto de colapsar.
Hay que huir.
«Ahora entiendo por qué no hay rastro de los investigadores… solo señales de que huyeron apresuradamente».
Parece que intuyeron que esto pasaría durante la necromancia.
Sin pensarlo dos veces, Odelli giró y echó a correr.
¡BOOM!
El latido, similar al de un corazón, creció cada vez más fuerte.
Ahora, incluso el corazón de Odelli latía al mismo ritmo, como si se sincronizara.
La luz del círculo mágico brilló cegadoramente, y las grietas en el cristal se extendieron en todas direcciones.
Su cuerpo, ya de por sí débil, protestó por la carrera repentina, al borde de gritar de dolor.
La abrumadora presencia del dragón hizo que el aire se volviera denso, hasta que respirar se convirtió en una agonía.
El collar de rubíes le oprimía el cuello como si intentara estrangularla.
Entonces, el dragón inhaló.
Era su primer aliento, pero también sonó como un grito que despertaba al mundo.
Y luego…
¡CRASH!
El cristal se hizo añicos.
Sus enormes alas, antes plegadas, se desplegaron suavemente, ocupando todo el espacio del laboratorio.
Con un solo aleteo, el viento rugió, y los escombros quedaron flotando en el aire.
Una ola de calor explosivo y energía mágica inundó el lugar.
Odelli cerró los ojos instintivamente.
Y en ese momento, una presión indescriptible sacudió el laboratorio.
Los círculos mágicos estallaron como fuegos artificiales, liberando destellos de luz por todas partes.
Y entonces…
De pronto, la abrumadora sensación de peso sobre su cuerpo desapareció.
—¿…?
«¿Qué…?».
El dragón plegó sus enormes alas.
Al mismo tiempo, su figura abrumadora comenzó a reducirse, temblando bajo una luz cegadora.
Sus duras escamas fluyeron como agua, transformándose en una vestidura negra y lisa.
Sus cuernos desaparecieron gradualmente, revelando una frente suave y bien definida.
Bajo ella, su cabello negro caía suelto por su nuca, brillando con un lustre sedoso.
Los mismos ojos negros como la noche del dragón la miraron fijamente.
Esa mirada parecía atravesar su alma, erizándole la piel.
Odelli no esperó a ver el final de la transformación.
Giró y corrió.
Pero no logró dar ni unos pasos.
Detrás de ella, el dragón movió ligeramente un dedo.
—¡Ugh!
Ese simple gesto ató sus extremidades como cadenas en un instante.
Su cuerpo se inclinó hacia adelante, pero no pudo avanzar ni un centímetro.
Con cada paso que él daba, la superficie del cristal, que apenas mantenía su forma, se desmoronaba como hielo delgado.
Y el dragón seguía repitiendo un único nombre:
—Della.
«Esto es una locura».
Una criatura mágica. Un dragón.
Un ser capaz de usar la magia antigua, cercana a los milagros, a su voluntad.
Escapar de él era prácticamente imposible.
A duras penas, Odelli giró la cabeza para mirarlo.
Ahora tenía la apariencia de un hombre alto y musculoso.
Rasgos perfectamente esculpidos como una obra de arte, una apariencia noble que evocaba la elegancia de la aristocracia.
Pero bajo esa superficie impecable, se percibía una energía salvaje y una presencia tan insondable como el abismo.
Podía parecer humano, pero jamás podría serlo.
Un solo vistazo a sus ojos bastaba para confirmarlo.
Él seguía siendo, sin duda, un dragón.
«Un dragón no repite sonidos como un animal rugiendo…».
Ese Della probablemente era el nombre de una persona.
Y al parecer, la estaba confundiendo con ella.
Con tensión acumulándose, Odelli abrió la boca:
—¿Eres… el dragón?
—Della.
—Soy Odelli, de la familia Kardel. Acabas de despertar después de siglos, así que quizás me confundes con alguien más…
El dragón seguía repitiendo la misma palabra, y Odelli, sintiendo que algo no cuadraba, cerró la boca.
Fue entonces…
—¡Zzunim! ¡Cuánto te he esperado!
El gato que antes la había ignorado saltó del collar de rubíes.
Ronroneando, se frotó contra las piernas del dragón, haciendo todo tipo de monerías.
—Zzunim, hace poco que se rompió el sello y me falta energía… ¿Podrías compartir un poco de tu poder mágico?
ÑAM, ÑAM.
El gato, como si estuviera hambriento, absorbió ávidamente la energía mágica que emanaba del dragón.
Pero después de apenas unos sorbos, su cola se hinchó como un globo y todo su pelaje se erizó.
—¡Miaaaauuuu!
Con un maullido desgarrador, el gato giró como un rayo y se escondió detrás de Odelli.
—E-esto es raro. Él no es Zzunim.
—……
Primero me llamó dueña, y ahora llama al dragón Zzunim.
No sonaba como un título de respeto, sino con una servilismo patético, como arrastrarse para sobrevivir.
Como un sirviente insignificante lamiendo las botas de su amo.
Odelli, entre la incredulidad y la urgencia, recordó que este no era el momento para tales pensamientos.
«…Un dragón revivido con necromancia».
En realidad, eso no es un dragón.
No existe el milagro de la resurrección en este mundo.
Solo es un cadáver caminando bajo la apariencia de un dragón.
Se mueve como si estuviera vivo, habla como un ser racional…
Pero no es más que una cáscara imitando recuerdos de su vida pasada.
No hay manera de razonar con él.
Él avanzó hacia ella, lento pero sin vacilación.
Cada paso suyo hacía temblar el suelo.
Aunque ahora solo era un vestigio de los muertos, su peso y presencia aún demostraban que seguía siendo un dragón.
Un oponente invencible.
«Viene».
Si la familia Kardel lo despertó con necromancia, lo más probable es que obedezca sus órdenes.
Odelli, presintiendo la destrucción que se avecinaba, instintivamente canalizó su poder de purificación.
No sabía si funcionaría contra un dragón.
Pero si había sido revivido con necromancia, sin duda estaba más cerca de lo impuro.
El problema era que ni siquiera eso era más que un acto de desesperación.
¿Puede una gota de agua apagar un incendio forestal? Solo sería consumida por las llamas.
«Pero no hay opción».
O aceptar la muerte, o resistir hasta que llegue Rudville.
Odelli ya había tomado su decisión.
Ahora mismo, se enfrentaría a este ser destructivo.
Y entonces…
Una enorme sombra se cernió sobre ella.
—Della.
Odelli notó, tardíamente, que su voz sonaba… suave.
Antes de que pudiera preguntarse por qué, su mano rozó su mejilla, como si acariciara un tesoro invaluable.
Su tacto era sorprendentemente cálido.
Como la temperatura humana.
—……
«¿Qué… es esto?».
¿Qué significa esto?
Después de toda la tensión, esperando que le rompiera el cuello de un golpe…
La mirada del dragón estaba llena de una inexplicable ternura.
Como si hubiera recuperado a alguien perdido hace mucho tiempo, sus ojos transmitían el deseo de no dejarlo escapar otra vez.
No sabía si le faltaba el aire por el miedo o por sentirse abrumada por la intensidad de esa emoción.
Su palma se deslizó lentamente por su línea de la mandíbula.
Y entonces, de un tirón, la atrajo hacia su pecho, rodeando su cintura.
—……!

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD