Capítulo 137
—…¿Odelli?
Hace apenas unos segundos, ella estaba cálidamente envuelta en sus brazos.
Pero ahora, como si hubiera abrazado el vacío, el calor y el peso de su presencia se escurrían lentamente. Incluso su figura ante sus ojos se desvanecía gradualmente.
—¡¡Odelli!!
Ese fenómeno le recordó a un antiguo hechizo de invocación que había presenciado antes.
Pero había una diferencia crucial: ahora mismo, un hechizo de teletransporte estaba en proceso.
En teoría, era imposible que otro hechizo se superpusiera durante la ejecución de uno. Mientras un conjuro mantenía agarrado el espacio-tiempo, si otro intentaba interferir, ambos colapsarían.
Sin embargo, la realidad ante sus ojos desafiaba esa lógica.
Sobre el círculo de teletransporte, que funcionaba perfectamente, se superponía un patrón de naturaleza completamente distinta. Como si alguien estuviera torciendo la dimensión fija para abrir a la fuerza otra puerta.
El poder que convertía lo imposible en posible se tragaba a Odelli ante sus propios ojos.
El corazón de Rudville se heló en un instante.
Esto no era una simple interferencia.
Alguien, alguien abrumadoramente más poderoso que él, intentaba llevársela.
Pero no podía hacer nada hasta que el hechizo terminara. Si lo interrumpía bruscamente, no solo él, sino también Odelli, serían arrastrados al vacío del espacio-tiempo.
Justo entonces, llegaron frente al dispositivo de purificación que había marcado como destino.
Inmediatamente, Rudville concentró todo su poder mágico, marcando a la propia Odelli como coordenada e intentando teletransportarse de nuevo.
Pero el círculo mágico, característico del teletransporte, se grabó en el aire y luego se desvaneció.
—…¡!
Como si nadie pudiera alcanzar el lugar donde ella estaba.
Rudville activó el hechizo de nuevo.
Las coordenadas espaciotemporales se disolvieron en el vacío.
Lo intentó una y otra vez, pero el círculo mágico se dispersaba al instante.
Era como si algún ser no, como si el mundo mismo estuviera bloqueando su acceso a ella.
Un dolor punzante, como si sus venas estallaran, lo inundó. La sangre le subió por la garganta: la magia, al fallar repetidamente, estaba refluyendo.
Aun así, no podía detenerse.
—¡¡Maldición!!
En su visión teñida de rojo, solo una palabra resonaba en su mente:
«No.»
Era como si el mundo, como si todo el universo, intentara arrancar a Odelli de él por la fuerza.
No había otra explicación.
Su garganta ardía.
No podía respirar.
Incluso en medio de ese dolor atroz, lo que lo mantenía en pie no era la voluntad, sino la locura.
Una locura entrelazada con el instinto primitivo de que, si la soltaba ahora, la perdería para siempre.
La luz humana en los ojos de Rudville desapareció, transformándose en un brillo metálico, frío y afilado.
Lo que lo había convertido en un monstruo no era la magia, ni miles de guerras.
Era el vacío de haberla perdido por primera vez.
«…¿Quieren arrebatarme a Odelli?»
Solo la muerte podría hacerlo.
Y ella, incluso ante la muerte, debía recibirla en sus brazos.
***
Cuando Odelli abrió los ojos, estaba tendida sobre un suelo frío.
—Ah…
¿En qué lío se había metido?
Estaba segura de haber estado en los brazos de Rudville, en pleno teletransporte. No entendía cómo había terminado así.
Se incorporó lentamente.
El hechizo de teletransporte forzado la había dejado mareada, con un zumbido persistente en los oídos.
Al recuperar la conciencia y mirar a su alrededor, el lugar parecía un laboratorio.
Las paredes estaban cubiertas de frascos rotos y reactivos derramados, el suelo desordenado como si alguien hubiera huido apresuradamente.
Al dar un paso, un trozo de jeringa rota rodó bajo su pie.
«¿Qué…?»
Era extraño.
Alguien había interferido con el hechizo de Rudville para traerla aquí, pero el laboratorio estaba vacío.
No había investigadores, ni guardias… nadie.
Como si… todos hubieran evacuado apresuradamente.
«…Entonces, ¿quién me teletransportó aquí?»
Un escalofrío la recorrió.
Odelli sacudió los pensamientos siniestros que asaltaban su mente y examinó el lugar.
Fue entonces cuando, en el silencio, una vibración grave y lenta pum, pum subió por sus pies.
Como el latido de un corazón.
Sin pensarlo, dio un paso y se detuvo.
Al final del pasillo, había una puerta sellada.
Una puerta de aislamiento de unos 30 cm de grosor, con un mecanismo de bloqueo.
Tras la ventana, una luz tenue se filtraba.
Al lado, había una palanca marcada como “Liberación de emergencia”, pero sellada con un círculo mágico.
«Nunca había visto algo así en mis recuerdos.»
Parecía que, hasta reunirse con Rudville, no podría pasar por esa puerta.
De pronto…
CREEK.
La puerta se abrió sola, lentamente.
Como si algo desde dentro la llamara. O la invitara.
En ese momento, el collar de sangre que colgaba de su pecho vibró sordamente.
Como un ser vivo, el collar flotó y apuntó hacia la puerta.
Insistentemente, obstinadamente.
—…Gatito.
Odelli llamó al gato dentro de la gema, como pidiendo una explicación.
Pero por más que lo llamó, no hubo respuesta.
—…
Esto ya empezaba a darle miedo de verdad…
Vaciló un momento, pero finalmente avanzó hacia allí.
A medida que caminaba, los símbolos en las paredes cambiaban.
Al principio eran simples círculos mágicos, pero gradualmente aparecieron alas, escamas y ojos de dragón entrelazados.
«Es lengua antigua.»
Se detuvo frente a la última puerta.
Una enorme puerta circular, cerrada herméticamente, pero por cuyas rendijas se filtraba luz, calor y una presión que la aplastaba.
En medio de esa opresiva sensación, Odelli dudó.
Pero, tras una respiración profunda, apoyó ambas manos en la puerta.
Al abrirse, una luz blanca y cegadora inundó su visión.
—Ugh…
Entrecerró los ojos y avanzó.
Siguiendo el sonido de los latidos pum, pum, llegó al corazón del laboratorio, donde un colosal dispositivo de contención reveló su contenido.
Dentro de un cristal traslúcido, una enorme figura negra se encogía.
Al principio, no supo qué era.
Pero al acercarse, la superficie reflectante brilló bajo la luz.
«…Escamas.»
Escamas de un tamaño y textura como nunca había visto.
Superpuestas como placas de metal, impenetrables para cualquier hoja.
Odelli alzó lentamente la mirada, siguiendo el cuerpo gigantesco.
Los párpados, cerrados como rocas, eran gruesos y lisos.
Las alas, plegadas a los costados, eran tan altas como los muros de una fortaleza.
Inconscientemente, retrocedió un paso.
«¿Cómo…?»
Algo que solo existía en los mitos.
Una leyenda que dominó una era, un símbolo divino que se creía extinto.
Un dragón.
¿Qué diablos había hecho ahora Kardel?
«¿Una maqueta? No…»
Era imposible que un objeto decorativo emitiera esa energía.
El aliento de un depredador vivo, que hacía retroceder por instinto.
«…Esto es real.»
Los fragmentos de información que había recolectado hasta ahora cruzaron su mente.
Los cadáveres “no quemados” que las sombras habían reportado.
Los corazones extraídos, reemplazados por núcleos mágicos.
Los rastros de nigromancia y las estructuras de vinculación preparadas.
Y el reciente aumento anormal en la tasa de muertes de sujetos de prueba.
Todo encajaba, llevando a una única conclusión.
«…Nigromancia.»
El objetivo de Kardel se reveló ante sus ojos.
Controlar un “dragón” reconstruido para mostrárselo al mundo.
Usar su poder abrumador y su leyenda para manipular la opinión pública.
«Debo llamar a Rudville ahora.»
Pero antes de que pudiera actuar, una extraña sensación la detuvo.
Como si una fuerza desconocida la atrajera, como un imán.
En el silencio sepulcral, la tensión previa a un evento desconocido saturó el aire.
Mientras Odelli retrocedía, nerviosa, una red de grietas se extendió por la superficie del cristal.
—…¡!
PUM…
PUM…
Los latidos, cada vez más fuertes, resonaron en el espacio.
Al ritmo de esos sonidos, los círculos mágicos en el suelo parpadearon, reaccionando.
Era como si estructuras mágicas incompatibles hubieran sido forzadas a unirse.
En ese momento, el dragón dentro del cristal exhaló lentamente.
Una respiración profunda, como si inhalara aire por primera vez.
Y entonces, sus párpados se abrieron, revelando pupilas negras tan profundas que parecían tragarse toda la luz.
Robin: NO NO NO cuando pienos que Kardelno puede hacer mas, me dicen sorpresa madafakerr

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD