Capítulo 131
—¡S-se ha atropellado a alguien!
—¿Qué diablos? ¡Esa loca!
El bullicio del lugar, que por un momento se había apagado como si estuviera sumergido bajo el agua, estalló de repente, volviéndose claro en un instante. Sera, que estaba sentada en el suelo aturdida, se levantó temblorosa, apoyándose en el suelo con el rostro pálido. Sus piernas flaqueaban como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera drenado.
—R… Rowoon.
—¡Rápido, llamen a una ambulancia!
—Rowoon…
—¿Oye, estás bien?
—…¡Rowoon!
Gritando su nombre como un alarido, Sera se tambaleó hacia él. Debido a la multitud que lo rodeaba, solo podía ver sus dos piernas extendidas en el suelo. En ese momento, no podía pensar en nada. Su pecho le dolía tanto que sentía como si su corazón se desgarrara, incapaz de formar ningún pensamiento coherente.
—Ugh… ah.
Sera exhaló un aliento doloroso y se agarró el pecho. Justo cuando finalmente lo había alcanzado, cuando creía que solo quedaba ser feliz… ¿por qué tenía que pasar esto? Al recordar el momento en que Rowoon cayó al suelo, un escalofriante terror la desgarró la mente.
«Por favor… reacciona. No es el momento para esto.»
Justo cuando Sera logró recomponerse y dio un paso hacia Rowoon…
—…Shin Sera.
Inconscientemente, Sera giró la cabeza al escuchar su nombre. Desde el asiento del conductor del coche que había chocado contra la pared, una mujer bajó tambaleándose. La expresión de Sera se tornó vacía al reconocer su rostro.
—¿Lee… Lee Seon kyung?
Murmuró con incredulidad. Era como si los restos de una pesadilla que creía superada hubieran regresado arrastrándose desde el infierno.
—Solo necesito… acabar contigo.
Al ver a Sera, Lee Seon kyung esbozó una sonrisa desequilibrada. Luego, con pasos torcidos y extraños, se acercó a ella.
—Solo tú… Solo necesito que tú regreses a tu lugar original.
Detrás de ella estaba Rowoon, inconsciente, y frente a ella, Lee Seon kyung. Sera, luchando por recuperar sus sentidos, retrocedió con dificultad, esforzándose por mantener a Rowoon fuera de su vista.
—¿Qué… qué clase de tonterías estás diciendo?
—¡Todo es por tu culpa! ¡Solo necesito que tú, solo tú, regreses a tu lugar original!
Lee Seon kyung, balanceándose como una sonámbula, gritó y se lanzó hacia Sera. Bajo la luz blanca del sol invernal, algo metálico brilló. Antes de que Sera pudiera identificar qué era, un dolor agudo atravesó su piel y su abdomen.
—…
Sera bajó la mirada con incredulidad. Un pequeño cuchillo estaba clavado en su vientre. Lee Seon kyung, quien la había apuñalado, retrocedió tambaleándose. La locura en sus ojos se disipó, dejando paso al horror.
Un silencio grotesgo se extendió entre ellas. Pero duró poco, pues alguien que las vio gritó desgarradoramente:
—¡A-alguien… alguien ha sido apuñalado!
Finalmente, Sera comprendió su situación y su rostro se distorsionó. Sus sentidos, momentáneamente adormecidos, se agudizaron, y sintió el objeto extraño alojado en su vientre. Un dolor punzante, como si sus órganos fueran desgarrados, la recorrió mientras su cuerpo se entumecía.
—Ah…
Con manos temblorosas, Sera cubrió la herida en su vientre. Sus piernas, sin fuerzas, cedieron, haciendo que sus rodillas tocaran el suelo mientras su torso se balanceaba. Con cada movimiento, el tejido muscular se desgarraba aún más.
Sera parpadeó lentamente, sintiendo el calor del dolor expandiéndose desde su abdomen. En su visión desenfocada, vio la silueta de un cuerpo tendido en el suelo.
—L… Rowoon…
Fueron sus últimas palabras antes de que su conciencia se apagara.
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«¿Cómo terminó todo así?»
Lee Seon kyung luchó por encontrar una respuesta a su propia pregunta. Pero el sonido de campanas resonando en sus oídos le impedía pensar con claridad.
Fiebre y escalofríos se alternaban, y el mundo parecía alejarse y acercarse a la vez.
Era la señal de que una deidad menor descendía sobre ella.
Pero esta vez, la sensación era diferente. En lugar de la armonía habitual, un frío extraño la invadió. Su nuca se tensó, su visión se nubló y una voz grotesca la incitaba a la destrucción.
[…Mátala, mátala, mátala, mátala, mátala, mátala…]
El zumbido constante la llevó al borde de la locura.
«¿Realmente era una deidad menor? ¿O acaso un espíritu maligno se había apoderado de ella?» En respuesta a su confusión, recordó las palabras de Pal Seon:
―Señorita, debe mantener su mente pura toda la vida. Si permite que energías corruptas se interpongan en su conexión con lo divino, su vida se desviará. No importa lo que pase, debe mantener su bondad.
«No, no puede ser un espíritu maligno.»
Lee Seon kyung negó con la cabeza, tratando de sacudirse el presentimiento. Aunque había enfrentado crisis recientes, siempre había vivido con devoción. No había forma de que un espíritu impuro la poseyera. Pero por más que se repitiera eso, la voz susurrante no desaparecía.
[…Si esa maldita hubiera seguido siendo tu presa, habrías sido feliz para siempre…]
[…Ella te robó tu futuro feliz…]
[…Hagamos que su muerte sea lo más dolorosa posible…]
[…Mátala y ofrécela como sacrificio…]
―¡¿Por qué demonios apuñaló a alguien ahí?!
Cuando Lee Seon kyung logró recuperar la cordura, ya era demasiado tarde.
Le dijeron que había atropellado a Rowoon y apuñalado a Shin Sera. «¿Yo hice eso?» Quería reír a carcajadas, pero no pudo emitir sonido alguno.
[…Lo hiciste bien. Tomaste la decisión correcta…]
Entonces, la deidad que había permanecido en silencio por tanto tiempo le susurró al oído. Al escucharla, la tensión en sus hombros desapareció como si nunca hubiera existido. Mientras murmuraba su gratitud mentalmente, la voz se volvió estridente:
[…Así que ahora ven conmigo. Este lugar no es para ti…]
La voz de la deidad menor se volvió aguda, y risas de fantasmas resonaron en su mente como tambores.
―¿Qué…?
―¿Señora?
El policía respondió a su pregunta, pero la mirada de Lee Seon kyung solo vagaba en el vacío.
[…Viviremos en lo más profundo del purgatorio. He estado tan sola todo este tiempo. Estaremos juntas por siempre…]
[…Finalmente te tengo…]
―¡Tú… ¿quién eres? ¡¿Quién eres?!
―¿Señora Lee Seon kyung?
[…No sabes cuánto he anhelado tu delicioso cuerpo. Ven, sacia mi hambre…]
―¡Aah… ¡Aaaah!
―¡Señora Lee Seon kyung! ¡Oiga!
Lee Seon kyung se agarró la cabeza y gritó. Finalmente, como si un vidrio se rompiera en pedazos, la ilusión se desvaneció y volvió a la realidad.
Lo supo entonces: su vida estaba condenada a caer en un abismo sin fin.
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Ambos fueron llevados de inmediato a urgencias. A pesar de la gravedad del incidente, por fortuna, ninguno de los dos corría peligro de muerte.
El coche había perdido fuerza tras chocar contra un poste, por lo que Rowoon solo sufrió una conmoción cerebral leve, fracturas en las costillas y el brazo izquierdo.
El estado de Sera era más grave, pero afortunadamente, el cuchillo no se había clavado lo suficiente como para dañar el peritoneo. Había sido una casualidad que el arma se desviara hacia un costado y que nadie intentara sacarla a la fuerza.
Sin embargo, quizás por el shock, Sera no recuperaba el conocimiento.
―¿Qué diablos…?
El director Baek, al llegar al hospital, quedó consternado, pero logró recomponerse y manejar la situación. Le impactaba que ambos hubieran sufrido tal accidente, pero lo que más le preocupaba era que Sera no despertaba.
Informar directamente al presidente Shin podría ser demasiado duro para él. Sin embargo, no podía ocultar que sus sucesores estaban heridos.
―…Iré ahora.
Tras escuchar un breve resumen del incidente, el presidente Shin guardó silencio un largo rato antes de colgar con esa breve respuesta. Horas después, apareció en el hospital acompañado solo por un secretario.
―Presidente.
El presidente Shin llevaba una gorra baja y una mascarilla, como si quisiera evitar ser reconocido. Vestía con sencillez, lejos de la imagen del magnate de Sungwon Group. El director Baek se inclinó profundamente al recibirlo.
―¿Cómo están los jóvenes?
―Terminaron las cirugías y están en habitaciones privadas. El vicepresidente Lee recuperó el conocimiento, pero la vicepresidenta Shin sigue en coma…
Una profunda arruga apareció entre las cejas del presidente Shin.
―¿Sera está muy herida? ¿Cuándo despertará?
―Por suerte, no fue necesaria una cirugía mayor. Los médicos dicen que despertará pronto si no hay complicaciones.
El presidente Shin miró fijamente al final del pasillo con rostro impasible. El director Baek, percibiendo la ira silenciosa en sus ojos, se inclinó aún más.
―Fue mi negligencia. Lo siento mucho.
―No es culpa tuya. Con que se recuperen, es suficiente…
El presidente Shin murmuró como si le costara respirar.
―Eso es todo lo que pido.
En ese momento, el director Baek recordó repentinamente a Han Jia.
Cuando reportó el incidente anterior, no había revelado su verdadera identidad. Pero era cuestión de tiempo antes de que el presidente Shin lo supiera.
―Por cierto, ¿qué hacían aquí para terminar en este accidente?
Como si leyera sus pensamientos, el presidente Shin, a pesar de esforzarse por mantener la calma, estalló de ira.
―¡¿Qué demonios hacían en este maldito hospital?!
―Es que…
El director Baek respiró hondo.
Era el mismo hospital donde Han Jia estaba internada, y ahora debía explicar por qué ambos habían venido. Tal vez este era el mejor momento para confesarlo todo, incluso si eso significaba destruir décadas de confianza.
«No importa cuánto pierda… ya no me importa.»
Quería liberarse del engaño que lo había atormentado toda su vida. Quería disculparse, aunque fuera demasiado tarde. Decidido, el director Baek habló.
―Presidente, hay algo que debo decirle. Si no es ahora, no tendré el valor más adelante. Lamento insistir en un momento tan difícil.
―¿Qué es tan importante para ponerte así? Si no está relacionado directamente con el accidente, podemos hablarlo después…
―Está relacionado indirectamente.
El presidente Shin exhaló un suspiro cansado, claramente reacio a escuchar. Pero el director Baek, en lugar de retroceder, confesó su pecado de años: la conexión entre la señora Song y Pal Seon, la verdad sobre el padre de Sera y su hermana gemela, las amenazas que recibió y el engaño que perpetuó.
―Lamento haber traicionado su confianza todos estos años. Aceptaré cualquier castigo.
Tras su confesión, el director Baek se inclinó profundamente. El presidente Shin, tras un largo silencio, sentenció con frialdad:
―Estás despedido.
―Sí, presidente.
El director Baek esperó más, pero el presidente Shin solo movió sus gruesas cejas.
―¿Qué más esperas?
«¿Solo un despido?»
El director Baek contuvo las palabras que estuvo a punto de decir. Era un castigo mucho más leve de lo que esperaba.
―No, no es así. Por ahora, con los jóvenes heridos y sin reemplazo inmediato, sigue trabajando hasta fin de mes. Encuentra un sustituto competente y entrénalo bien.
―Sí, presidente. Gracias… y lo siento mucho. Haré un buen trabajo antes de irme.
―Basta de tonterías. Tráeme a Song Yoohee.
―¿A la señora Song?
Sorprendido, el director Baek preguntó de nuevo. El presidente Shin torció los labios con frialdad.
―Su hija está en ese estado, ¿no debería presentarle su rostro? Dado que la hermana de Sera también está en este hospital, es buen momento para que conozca a sus hijas adultas.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ROBIN