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Capítulo 13

Con esas palabras, Ash hundió el rostro en su cuello. Hundió la cara entre la camisa que llevaba suelta desde hacía un rato, y le mordió suavemente la clavícula. Un sorbo resonó bajo su cuello, y sus labios recorrieron suavemente su pecho.

Ash se movió a lo largo de las definidas curvas de su torso. Los brazos que le rodeaban con fuerza por la cintura bloquearon la vía de escape de Karlyle. 

Sin siquiera poder soltar la botella y las copas que sostenía en sus manos, Karlyle tensó el abdomen. La sensación era extraña. Era diferente a las caricias inquietas y juguetonas de los omegas. Cada lugar donde sus labios tocaban, sentía como si su piel se derritiera. Se derretía como azúcar disolviéndose en agua.

─¡Ash, beba primero, ah…!

Sus labios rozaron su pecho. Sus bien cuidados músculos pectorales eran firmes sin ser excesivos. Ash, que había apartado la camisa con la punta de la nariz, ladeó levemente la cabeza. Luego, pasó la lengua con lentitud sobre el pezón de Karlyle, cubriendo toda su areola. A medida que la lengua húmeda y caliente se deslizaba, el pezón se endureció poco a poco. Una ola de vergüenza lo inundó.

─Eso, haa, Ash, pare.

─¿No se supone que debo comer algo dulce?

─Preferiría, tomar otro trago, ¡ahh!

Ash mordisqueó suavemente el pezón erecto y regordete. No le dolió. Era solo una inexplicable sensación de placer que venía de ser mordisqueado con la más mínima fuerza.

¿Alguna vez había permitido que alguien le lamiera el pecho? No, nunca. Se le tensó el estómago. Contrajo los músculos para que los abdominales se marcaran al máximo. Karlyle apretó los dientes y echó el cuerpo hacia atrás. Los labios de Ash lo siguieron.

Le ardían las orejas con el sonido superficial y chirriante. Su lengua rozó el pezón erecto. Lo rodeó lentamente, como si revoloteara, y luego sus labios volvieron a chupar.

La botella de whisky cayó con un golpe sordo sobre la alfombra azul. Karlyle se estremeció, con la boca ligeramente abierta. Mientras la sensación de cosquilleo que se extendía desde su pecho lo atrapaba, la mano de Ash lo tocó más abajo.

El cinturón y la cremallera que se había vuelto a poner mientras recogía su ropa se desabrocharon rápidamente con un clic. Hizo una mueca de dolor e intentó levantarse, pero Ash no se lo permitió. El brazo alrededor de su cintura lo sujetaba.

Su mano se hundió en sus pantalones, que se deslizaban lentamente hacia abajo. La mano que le apretaba suavemente las nalgas frotó brevemente su firme piel. Los labios que habían estado succionando su pecho ahora lamían su otro pezón. El frescor del aire donde había tocado la saliva, la sensación de una lengua deslizándose sobre un nódulo sensible, todas las sensaciones eran incómodas.

Las caricias eran lo que Karlyle más odiaba. No eran más que un acto para excitar a los omegas y ponerlos húmedo. Lo contrario nunca había sido una opción. 

Karlyle no lo deseaba. Y, sin embargo, ahora él… estaba haciendo esto… con otro alfa…

Mientras se quedó paralizado por un instante, el brazo que le sujetaba la cintura se aflojó y la mano de Ash descendió frente a él. La palma tocó su erección dura y caliente que se apretaba con fuerza bajo su vientre. Un gemido brotó de su boca.

La palma, grande y ancha, presionó su pene con fuerza. Luego, comenzó a frotarlo de arriba abajo con amplitud. Un escalofrío de placer le recorrió la espalda. Karlyle se quedó con la boca abierta ante la intensa sensación que se extendió por su bajo vientre. Frunció el ceño ligeramente y contuvo la respiración.

La palma de su mano, que se deslizaba sobre el boxer, terminó por bajarlo con lentitud deliberada. Los dedos de Ash rozaron entonces el miembro que sobresalía, tenso y palpitante. La yema que acariciaba la punta del glande era tan suave como firme, igual que la imagen que proyectaba su dueño. Su dedo rozó suavemente la punta redonda que se había enrojecido por el calor.

─¡…!

La mano de Karlyle finalmente dejó caer el vaso. La copa de cristal rodó por la alfombra sin romperse. Justo cuando pensaba que últimamente se había insensibilizado incluso a la estimulación de sus genitales, el roce de Ash en la punta era diferente.

─¿Karlyle también está excitado?

El susurro era íntimo y cariñoso, como una confesión, y mi mano libre se dirigió a la espalda de Ash. La mano que había estado frotando el glande ahora barría, tocaba y sacudía con naturalidad todo su pene.

El pene ganaba volumen gradualmente con los hábiles movimientos de sus manos. El aroma de Ash lo impactó. La feromona fresca y refrescante que se filtraba en sus pulmones, el suave aroma del suavizante, el olor corporal de Ash, etc.

Entonces, le invadió una extraña sensación. Por verse así, sentado sobre los muslos de Ash, inhalando su feromona mientras me aferraba a él.

Al fin y al cabo, ¿no era algo sin sentido?

Aunque mejorara y volviera a ser como antes, seguiría sintiendo el mismo vacío familiar. ¿Cambiarán las cosas cuando tuviera un prometido? ¿O seguirían igual? Las preguntas se extendieron como un veneno.

Ash no tardó en darse cuenta de que sus pensamientos se habían desviado hacia otra parte, y la mano que le había estado frotando su pene se clavó en su base. El rostro de Karlyle se contorsionó por el repentino y agudo placer.

─Parece tener muchas cosas en la cabeza, Karlyle.

Una mano se alargó y sostuvo suavemente su barbilla. Atrapado en ese gesto, Karlyle alzó la vista para encontrarse con los ojos de Ash. Una mirada tan intensa que amenazaba con ahogarlo lo observaba fijamente. El ojo derecho, de un gris ceniza, y el izquierdo, de un azul pálido como un lago sereno, lo envolvieron por completo.

─¿Acaso le he aburrido?

─No, no es así.

La estimulación aumentaba en intensidad. Las palmas parecían adherirse a su piel. La temperatura subía, gradual, implacable. Ante ese roce aterrador en las zonas más sensibles, Karlyle aferró con fuerza la camisa de Ash, arrugando la tela entre sus dedos.

Quedó aturdido por un instante, mareado por un placer al filo del abismo, hasta que el contacto desconocido que se abría paso en su espalda lo sacudió y lo devolvió bruscamente a la realidad. La mano que antes sujetaba su mentón ya había descendido. Hasta allí. Hasta ese lugar.

─¡Ash, ahí…!

Sentía náuseas, como si estuviera mareado. La sensación de que algo fundamental que lo sostenía estaba perturbado. Sintió una sensación de inutilidad sobre por qué estaba haciendo esto, y una sensación de rechazo al sentir que su identidad como alfa se tambaleaba. Era algo en lo que había pensado en secreto, algo que incluso Luther había mencionado. ¿Era necesario? ¿De verdad? ¿Tenían que hacer esto?

Sin embargo, los dedos no dejaron de frotar cerca de la entrada. Sus dedos recorrieron suavemente el estrecho y arrugado agujero. Un placer diferente, nunca antes experimentado, se extendió desde esa zona.

Las palpitaciones aumentaron de intensidad. En el momento en que sus dedos tantearon por fin el orificio cerrado, Karlyle apartó a Ash y se puso de pie. El movimiento de sacudida fue precipitado y brusco.

─Pare, pare.

Ash parpadeó. Ash, que había estado mirando a Karlyle en silencio, ladeó la cabeza. La profunda sonrisa de su rostro se desvaneció gradualmente.

─¿No puede hacerlo?

Ash enderezó la espalda. Su rostro dulce y amable seguía siendo el mismo, pero ya no lo miraba con el mismo afán de hace un momento. Como alguien que había olvidado el autocontrol, Karlyle se pasó bruscamente la mano por el cabello. Un mechón desordenado cayó sobre su frente.

─Esto… no me parece correcto.

─¿En serio?

Ash cruzó las piernas y lo observó durante un momento, luego asintió con la cabeza en señal de comprensión. Desviando la mirada hacia los vasos y la botella de whisky que había en el suelo, Ash los recogió y los colocó tranquilamente en el sofá.

─Entonces parece que Karlyle y yo hemos llegado hasta aquí.

Ash se levantó, ajustándose la camisa algo desaliñada, aunque no menos que la de Karlyle. Un asco leve, pero punzante, le recorrió el estómago. Su estado de ánimo se desplomó abruptamente. Se sentía como si lo hubieran arrojado al suelo, una sensación viscosa y desagradable que se aferraba a su piel.

─… Señor Jones.

─No tengo la costumbre de forzar las cosas.

Era extraño que una voz suave pudiera sonar fría. Con una sensación de lejanía, Karlyle miró fijamente a Ash. El calor que había subido hasta el final se había enfriado de forma ambigua, y él estaba allí, frente a Ash, con un aspecto desordenado. ¿Sería por la sensación de pérdida que le provocaba aquella escena?

Se sentía, realmente…

Las palabras “hasta aquí” le molestaron profundamente.

─Esto casi parece una violación. Karlyle. Si fuera juego de roles, lo entendería, pero no quiero obligar a alguien que de verdad me está rechazando —Dijo Ash, mirando a Karlyle como si realmente no se arrepintiera. 

No lograba encontrar una respuesta adecuada. No, en realidad lo sabía: si no tenía sentido, podía detenerse. Dejar esa estúpida farsa que ni siquiera encajaba con él, y dejar ir a Ash.

Entonces no se volverían a ver. 

─Se lo diré a Nick.

Entonces, cuando el nombre de Nick salió de la boca de Ash, Karlyle vaciló. Recordó su propósito. La decisión de mantener al hombre frente a él.

Que no quería impurezas en la vida de su hermano. Le vino a la mente una razón de la que ni siquiera él estaba seguro.

─¿Debería decirle Karlyle que sería mejor presentarle a otra persona?

Ash lo miraba ahora, con la espalda medio apoyada en la puerta de la habitación. Como si fuera a marcharse en cualquier momento. Las palabras que resumían la situación cayeron como una sentencia.

Todo estaba teñido de negro. Era un sentimiento indescriptible, imposible de explicar con una sola palabra o cualquier frase. Era el fin.

Lo sabía. Solo lo había visto cuatro veces. ¿Cinco? Por supuesto, no importaba. Los sucesos del pasado lejano y del pasado reciente de la última semana lo habían confundido por alguna razón, pero se resolverían sin dejar rastro.

«Ya veo.»

Con esa respuesta, Karlyle podría volver a ser el mismo como antes.

Entonces sintió como si lo vaciaran. Estaba vacío y hueco, como si todos sus órganos internos hubieran desaparecido. No podía saber si la palabra “como antes” era realmente algo positivo.

Sus ojos se entrecerraron. Los labios de Karlyle se abrieron lentamente.

─…

Se hizo el silencio. Ash observó a Karlyle en silencio y luego se giró como si fuera a irse enseguida. Su espalda ahora era visible. También las arrugas de la camisa que Karlyle había agarrado. En el instante en que lo vio, por fin le salieron las palabras…

─Yo…

Sentía una áspera sensación en la garganta. Le dolían las costillas.

─No estoy acostumbrado… supongo que es por eso.

Ash no giró de inmediato. Aquellos segundos se sintieron interminables. Nunca en su vida había escuchado que alguien lo considerara “bueno”, pero incluso Carlisle tenía sus límites.

Ash había salido con él porque Nick se lo pidió. Si la persona que conociste como favor sigue comportándose como Karlyle cuando ni siquiera lo recuerdas… no será divertido.

Ash hablaba de diversión. Para empezar, Karlyle no era una persona divertida. No era como Nicholas White, con todo su ingenio e ironía.

Comparado con él, Karlyle era muy diferente. No sabía cómo llevarse bien con alguien así. Nunca había tenido un alfa a su lado. Incluso aquellos a quienes se podía llamar amigos no significaban nada para él, así que no es de extrañar que Ash estuviera tan intrigado por él.

Un beso que estremeció a Karlyle hasta la médula ni siquiera permanecería en su memoria.

Moka: AY MI BB (╥﹏╥)

─Karlyle…

Sintió un hormigueo en el corazón. Era doloroso y punzante como una grieta. Era agonizante. Inexplicable.

─No tiene que forzarse a hacer eso.

Con un suspiro, Ash se dio la vuelta. Las feromonas que habían estado ondulando como si fueran a desaparecer permanecieron en la habitación. Karlyle respondió a las palabras de Ash con una extraña sensación de alivio.

─No.

─Se lo preguntaré una vez más. ¿Está seguro… de que realmente quiere hacer esto conmigo?

Ante la duda en su voz, Karlyle recordó su apariencia anterior. Los dedos clavándose extrañamente, la sensación de rechazo que había surgido de ellos. 

Karlyle se contuvo y tragó esas palabras.

─… Así es.

Ash se acercó lentamente. Sus ojos, que miraban ligeramente hacia abajo a Karlyle, habían recuperado esa dulzura de antes. 

En ese breve instante, Karlyle terminó por definir esa mirada como “como antes”. Él se estaba tiñendo de Ash a una velocidad increíble.

─De acuerdo.

Ash sonrió lentamente. Como si toda esta fricción de emociones fuera para él simplemente una serie de incidentes, lo guardaba con indiferencia. ¿Acaso debería sentirse aliviado?

─Entonces, ¿quiere continuar?

Karlyle asintió. Ash lo observó un momento y luego, en silencio, lo sentó en la cama, después se dio la vuelta y tomo la botella de whisky que había dejado en el sofá.

Se oyó el ruido de la tapa al abrirse. Le ofrecieron un vaso. Lo aceptó sin decir palabra. El líquido ámbar gorgoteó y llenó el vaso que tenía en la mano. Ash se sirvió su propio vaso y se sentó junto a Karlyle, hablándole en voz baja.

─Debimos empezar tomado un trago —Dijo Ash, chocando los vasos—. Mi culpa, Karlyle.

Karlyle se sintió mal al ver al hombre disculparse por algo que ni siquiera era culpa suya. Sintió como si una soga le apretara el tobillo, igual que cuando era niño, y cayó en una trampa dejada en el bosque para cazar animales.

No había escapatoria.



TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ANNA FA


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