Capítulo 13
—Limpia ese pedazo de carne sucia… Asqueroso.
¡PAC!
—¡Huak!
Las palabras de Rane se perdieron en el aire cuando el pene de Kal Jer penetró su vagina, ignorando cada insulto. A diferencia de los dedos, la invasión de su carne era clara, inconfundible, y el dolor que recorría su cuerpo, aunque mitigado por el aceite de Tanpat, seguía presente. Sin duda, no era tan desgarrador como la primera vez.
¡PAC!
—¡Uuk!
¡PAC! ¡PAC!
Las embestidas hacían retumbar la cama junto a sus gemidos ahogados. Por más que intentara contenerse, los sonidos se escapaban entre jadeos ásperos.
Gracias al aceite, el pene de Kal Jer se deslizaba con fluidez dentro de la vagina de Rane, penetrándola profundamente, saliendo casi por completo y luego hundiéndose de nuevo, repitiendo el movimiento con una cadencia firme.
¡PAC!
—¡Uuk! ¡Hup!
—El aceite hace que la sensación sea mucho más placentera.
—¡Cállate! Solo eres un patético que se conforma con violar mi…
¡PAC! ¡PAC!
—¡Hak ¡Hup!
El ritmo de las embestidas se aceleró y, cuando el glande golpeó con fuerza su útero, las palabras de Rane se interrumpieron de golpe.
Por más que intentara continuar con los insultos, la velocidad creciente la obligó a apretar los dientes. Recordó la amenaza de Kal Jer, quien había prometido arrancarlos si rompía uno más, pero no le quedó más remedio que soportar la brutal sensación del glande chocando contra su útero una y otra vez.
Al notar que aún forcejeaba, sin dejar de embestirla, Kal Jer soltó su miembro y, con un movimiento brusco, le arrancó la ropa interior y se la introdujo a la fuerza en la boca. Rane se retorció con más fiereza, pero fue inútil.
¡PAC! ¡PAC!
Kal Jer ignoró sus patadas y continuó. Las ataduras mantenían sus piernas bien abiertas; Rane no podía rechazarlo.
SLUK, SLUK.
¡PAC!
—¡Uuk…!
La mano de Kal Jer volvió a frotar su clítoris. El aceite, aún resbaladizo por su lenta absorción, permitía que el pene se deslizara sin problemas dentro de ella. Aunque el dolor persistía, cada embestida alcanzaba lo más profundo.
Con cada penetración, la sensación del útero siendo golpeado se volvía menos dolorosa, quizá por el efecto estimulante del aceite de flor de Tanpat.
—¿Sabes qué es esta parte que estoy frotando?
—¡Da… m…!
Con la ropa interior en la boca, Rane abrió los ojos como si lo estuviera maldiciendo con la mirada. Sus piernas temblaban sin control y, aunque no comprendía la razón, odiaba instintivamente esa situación.
Tenía miedo. Su cuerpo ya no le respondía a su voluntad.
—Es el clítoris —dijo Jer, con tono didáctico y cruel—. La zona más sensible de una mujer, equivalente al glande en un hombre.
Ramu lo miró con ojos asesinos, como si no le importara.
—Ahora no lo sientes, pero…
¡SLUK, SLUK!
Cuando Kal Jer presionó con más fuerza, sin poder evitarlo, Rane dejó escapar un ahogado:
—¡Hak…!
—Pronto, con solo un roce, sentirás placer.
Rane cerró la boca de golpe, reprimiendo cualquier sonido, pero Kal Jer ignoró su mirada, la sujetó con fuerza y levantó más sus caderas.
Al sentir una penetración más profunda, hizo que la cintura de Rane se arqueara involuntariamente y Jer, notándolo, embistió con más fuerza.
¡PAC! ¡PAC!
—¡Uup!
Rane no entendía cómo alguien podía sentir placer con este acto animal. Cada segundo le resultaba repugnante. Si Kal Jer hubiera gemido por la excitación, habría preferido arrancarse los ojos a pesar de estar atada. Pero su frialdad, ese rostro impasible mientras solo sus caderas se movían, hacía la situación un poco más tolerable.
¡PAC!
—¡Huuuk!
Cuando Kal Jer levantó las caderas, su vello púbico rozó el clítoris de Rane. El estímulo no se detenía; solo cambiaba de forma.
Al mismo tiempo, sus manos apresaron sus pechos, no solo sujetándolos, sino frotando los pezones con los pulgares, acariciando cada zona sensible de su cuerpo.
¡PAC!
El roce en el clítoris, la presión en los pezones, el miembro duro y grande empujando sin descanso…
Rane alzó la vista al techo, con el cuerpo atrapado entre el dolor y una sensación extraña que no terminaba de entender. Tenía un presentimiento frío, pero de algún modo, se aferró a ese instante.
Tal vez llegaría el día en que anhelaría este dolor, este instante en que su carne se abría… Antes de que todo se convirtiera en costumbre.
¡PAC!
¡SLUK!
Las embestidas de Kal Jer se volvieron más rápidas. Con cada penetración profunda, la frente de Rane se fruncía y su cintura se sacudía sin control.
Jer no se molestó en limpiar el semen derramado en su vientre. La dejó en esa postura humillante y bebió agua. Las piernas abiertas, la ropa interior aún en su boca, Rane seguía murmurando palabras ininteligibles.
—¡Paf!
—¡Ja!
Con un gesto brusco, Kal Jer le arrancó la ropa interior de la boca. Rane movió la mandíbula, entumecida, y finalmente explotó la rabia contenida.
—Si ya saciaste tus asquerosos deseos, ¿no podrías soltarme las piernas?
—…
—Si vas a hacer algo, hazlo rápido y vete.
Kal Jer la miró fijamente, luego bebió agua lentamente, sin apartar su mirada penetrante de ella.
—¿Quieres qué continúe?
—¿Qué?
Rane le había pedido que se apurara, no que continuara. Kal Jer, sin darle opción, arrojó la taza sin cuidado y deslizó la mano sobre su propio pene, todavía semierecto. Frotó varias veces con una fuerza que parecía dolorosa hasta endurecerlo por completo otra vez.
—¡Ugh!
La mano de Jer le torció el pezón, arrancándole un gemido involuntario. La sensación de tener la boca libre, sin la ropa interior ni el palo, le resultaba desconcertante.
«¿Podría morderme la lengua y acabar con esto de una vez?»
—Pensándolo bien, dejaré de ponerte ese palo en la boca. Si se te rompen los dientes en el clímax, tendré que arrancártelos uno por uno.
—Todo lo que dices es una estupidez…
—Pero recuerda esto bien —interrumpió, con tono helado—. Si mueres o no mordiéndote la lengua, la masacre comenzará después. Niños, mujeres, todos los nacidos en Akin serán decapitados. Apilaremos sus cabezas frente a las murallas. Claro, junto a tu cadáver.
—…
—Como dije, cuando tu padre vea tu cuerpo entre la pila de cráneos, aparecerá. Y si el Rey Hetep quiere encontrarlo más rápido, la masacre empezará incluso si sigues con vida.
—¿Eres siquiera humano? Lo único que sabes hacer es matar gente inocente…
—Entonces habla. Dime dónde está tu padre.
—Nunca sabrás dónde está mi padre.
¡GLUP!
—¡Ugh!
Mientras hablaban, Kal Jer la penetró sin aviso. La penetración profunda obligó a Rane a arquear el cuello hacia atrás instantáneamente.
—Ah… ¿fue demasiado? —Kal Jer, habló con sarcasmo en la voz, mientras comenzaba a mover las caderas con rapidez.
La vagina, que antes solo recibía el vaivén mecánico, ahora estaba empapada con el aceite de flor de Tanpat, lo que permitía que su pene se deslizara con fluidez.
¡PAK!
—¡Ugh!
Mientras hablaban, Jer la penetró de nuevo sin aviso previo. Su cuerpo se arqueó reflejando el impacto, mientras las embestidas se aceleraban sin darle respiro.
¡PAK!
—¡Ugh!
¡PAK! ¡PAK!
—Definitivamente con lo estrecha que estás, incluso con aceite, es obvio que no tienes experiencia.
—¡Cállate! —Rane trató de golpearlo con la cabeza, pero las ataduras se lo impedían.
En lugar de sujetarla, Kal Jer respondió retorciendo su pezón nuevamente, haciéndolo enrojecer bajo la presión de sus dedos. Aunque Rane golpeó sus manos repetidamente, él solo apretó con más fuerza.
—¡Hngh!
—Quédate quieta. Antes de que te arranque la piel.
¡PAK!
—¡Haah…!
—Tienes una voz naturalmente aguda. Aunque la hayas dañado y forzado imitando a un hombre, si te quedas aquí, terminarás recuperando tu voz real.
—¿Lo único que quieres es escuchar mi voz de mujer?
¡CRACK!
—¡Ugh!
La mano de Kal Jer, que antes le retorcía el pezón, ahora le sujetaba la mandíbula con fuerza.
—Desde la cabeza hasta los pies, voy a enseñarte lo que significa ser una mujer —gruñó Kal Jer—. Vas a entender que, con solo tocar mi cuerpo estarás lo suficientemente domesticada como para mojarte. Eso es lo que va a pasar aquí.
—¡Ah!
—Tu cuerpo es demasiado débil para soportar mi tortura. Así que pagarás el precio de cada palabra que has dicho.
¡PAF! ¡PAF!
—¡Ugh…!
¡SCHLUCK!
Las embestidas de Kal Jer se intensificaron, empujando con fuerza. El glande chocaba contra su útero en una secuencia rápida y brutal, haciendo que la cintura de Rane se arquease por reflejo. Kal sujetó su frágil cintura, impidiéndole escapar.
¡PAF!
—¡Ah…! —sin darse cuenta, a Rane se le escapó un gemido débil. Al oír su propia voz, tan femenina, el desconcierto le nubló la mente. Volvió a morderse la lengua, intentando negar lo que ocurría.
Pero Kal Jer la ignoró y siguió embistiéndola. Mientras mordía su lengua con más fuerza, sintiendo cómo su vagina cedía ante la invasión, una imagen terrible invadió su mente: la masacre que aguardaba a su pueblo tras su muerte.
Los muros, que debían alzarse con piedras, se construirían con las cabezas de los ciudadanos de Akin. Y entre los cuerpos, estaría su cadáver, exhibido como el de una mujer.
¿Cuán devastado quedaría su padre al ver esa escena? ¿Cuán desgarradores serían los gritos de dolor de la gente? Todo sería caos, una pesadilla imposible de imaginar.
¿Y después? El futuro de los ciudadanos de Akin… todos vendidos como esclavos o condenados a una existencia aún más horrible.
Ya no tenía ni un trapo ni un palo en la boca, pero Rane tampoco podía apretar más los dientes. Sabía que si lo hacía con suficiente fuerza, podría suicidarse, como tanto deseaba… pero no podía.
¡PAF!
¡SCHLUCK!
—¡Ugh!
Ni siquiera eso le resultaba posible mientras ese animal seguía moviéndose con tanta brutalidad sobre ella.
Al menos, cuando tenía algo en la boca, podía aferrarse a una excusa para no morir. Pero ahora… ahora…
Mientras la voluntad de Rane se desmoronaba, Kal Jer no hacía más que intensificar el ritmo de sus embestidas. Y mientras la penetraba, una mano frotaba su clítoris, ya empapado y resbaladizo por el aceite.
Incapaz de hacer nada, Rane lo miró con ojos repletos de odio. Su expresión lo decía todo: quería matarlo.
En su mirada, se dibujaban incontables formas de asesinarlo en ese instante.
Cualquiera habría retrocedido ante una mirada así. Pero Kal Jer, en lugar de apartarse, se inclinó hasta que sus rostros casi se tocaron. Rane intentó alejarse, aunque no tenía espacio para moverse.
—¿Qué pasa? ¿Quieres matarme?
La respiración de Kal Jer estaba tan cerca que Rane apenas podía respirar. Y mientras lo miraba con furia, su pene continuaba ensanchándose dentro de su estrecha vagina.
—Desde el momento en que te capturé, esa vida falsa que llevabas como el Príncipe Ramu terminó. Puedes intentar resistirte cuanto quieras, pero al final, solo podrás gritar debajo de mí.
—Habla todo lo que quieras. Llegará el día en que esta situación se revierta. Tú solo eres capaz de satisfacer tus deseos con mi cuerpo.
—Oye, Princesa Rane.
—¡Deja de llamarme princesa!
—No puedes decirme dónde está tu padre. No hay forma de salvar a tu gente.
¡PLAF!
—Si me corro dentro de ti ahora, vas a tener que preocuparte por un embarazo. ¿De qué revolución hablas entonces?
Rane mordió sus labios con fuerza.
¡PAF!
—¡Ugh! —pero de repente, una embestida más profunda hizo que los labios de Rane se separaran.
Kal Jer aprovechó para deslizar un dedo dentro de su boca. Aunque podía desgarrar su propia carne, no mostraba temor alguno en volver a lastimarse.
—¡Cof! ¡Cof!
El dedo de Kal Jer se hundió tanto que le rozó la garganta.
—Seguro que volverás a morderte los labios muchas veces más. Si la vergüenza por el placer que te doy es tan grande, acabarás arrancándote tu propia carne.
—¡Cállate…! ¡Mmm!
—Exceptuando durante las torturas, detesto el olor a sangre. Con la que brotó al romperte el himen tuve más que suficiente, así que no te lastimes más.
¡PAF!
—¡Mph…!
El dedo de Kal Jer no salió de su boca, impidiéndole volver a morderse los labios. Lo mismo ocurría con su pene, que seguía dentro de ella.
El dedo, tan profundamente metido que casi le provocaba arcadas, comenzó a juguetear con su lengua.
—¿Qué tal? Estoy a punto de correrme.
—¡…!
—Dentro de ti.
—¡Mmm! ¡Hmm! —Rane se retorció con más violencia que nunca.
Aunque las embestidas se volvieron más lentas, Kal Jer siguió moviéndose, golpeando su útero con más fuerza.
—Límpialo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NYNX
REVISION: ARALDIR