Capítulo 127
Su madre, Song Yoo-hee.
Racionalmente, lo entendía, pero su corazón se negaba a aceptar que la mujer frente a ella era su madre biológica.
Toda su vida había vivido sola, preguntándose a menudo por sus padres. De niña, los odiaba; al crecer, intentó comprender que quizás ellos también habían tenido dificultades.
Ya adulta, se esforzó por no pensar en ellos. Había llegado a la conclusión de que abandonar a la familia era algo imposible para ella. En lugar de sufrir odiando a alguien cuyo paradero desconocía, era más sabio fingir que nunca habían existido.
Y al fin encontrarlos, resultaron ser peores que cualquier cosa que hubiera imaginado.
«Humanos que ni siquiera merecen mi odio.»
Tanto su padre como su madre eran tan indignos que no valía la pena desperdiciar ningún sentimiento por ellos. Así que su mejor venganza sería vivir bien, justo frente a sus narices.
—Suelta eso.
—¿S-Se-ra?
Sera apartó con frialdad a la señora Song, quien sollozaba mientras la abrazaba. Luego, declaró con determinación:
—Nuestra relación termina aquí.
—¿Qué? ¿Qué… estás diciendo?
Como si presintiera el peligro, la señora Song preguntó de nuevo, con miedo. A pesar de su edad, su belleza seguía intacta, pero su egoísmo la hacía parecer ingenua. Hubo un tiempo en que Sera había creído que no era una mala persona, pero…
—El presidente me aceptó a mí, no a ti.
—Sera, tú… ¿“Señora“? ¿Qué…?
—¿Hay alguna razón por la que no deba llamarte así? Ahora no somos madre e hija, solo dos personas que comparten un registro familiar.
Ante la pregunta afilada, la señora Song tembló, palideciendo. Sera se inclinó, mirándola a los ojos, y continuó con voz serena:
—Si quieres conservar tu título de esposa del presidente, arrástrate. Claro, la mayoría de los bienes que recibiste serán confiscados por fraude conyugal, y en el peor caso, enfrentarás un divorcio… pero es mejor que ser expulsada, ¿no?
—¿Qué… qué estás diciendo?
—Será mejor que empieces a empacar. Incluso si no te echan de inmediato, el único lugar donde podrás vivir será la mansión de Hannam-dong.
—¡Shin Sera, tú… tú!
—Viviste bien vendiendo la vida de tu hija. Ahora es hora…
Sera inhaló hondo. Quería mantenerse firme, pero sus labios temblaban por la emoción incontrolable.
—…de que pagues por la hija que mataste.
—¿Qué…?
La señora Song parecía no creer lo que escuchaba. Sera, con una sonrisa amarga, pronunció cada palabra con fuerza:
—No le debo lealtad a una mujer que asesinó a su propio hijo recién nacido para salvarse.
—¡S-Sera!
La señora Song gritó y se tapó la boca. En segundos, su rostro palideció y cayó al suelo.
—Eso… es una locura. ¿Quién… quién te dijo esa mentira…?
Mientras balbuceaba, sus ojos de pronto brillaron con ira.
—¿Fue el director Baek? ¡Ese maldito perro te mintió!
Jadeando, se aferró al pecho. Luego, rompió en un llanto desgarrador, como si saliera de lo más profundo de su ser.
—¡Sera, no fue mi intención! ¡No lo hice porque quisiera!
—…
—¡Estaba fuera de mí, con depresión, y cuando recapacité, ya era tarde! ¡Pasé mi vida cargando con esa culpa, por eso no pude ser una madre cariñosa para ti! ¡Soy una asesina! ¡Debería haber muerto ese día!
La señora Song gritaba como si estuviera atrapada en una pesadilla, pero Sera tragó el nudo de emociones que la embargaba, esforzándose por no mostrar debilidad.
—¿Qué pasa, señora?
Sera se arrodilló frente a ella y, con falsa dulzura, le tomó los hombros.
—Si viviste tan bien vendiendo a tu hija, ¿por qué sufres ahora? Tu vida será un camino de espinas, así que prepárate para luchar con todo lo que tienes.
—Sera…
La señora Song la miró como si el cielo se hubiera derrumbado. Sera siempre había sido una hija emocional, aunque un poco temperamental. Nunca imaginó que la rechazaría con tanta frialdad.
«¿Quién… es esta persona?»
Como respuesta, Sera remató su confusión:
—En lugar de quedarte ahí, ¿no sería mejor rogarle al presidente Shin que al menos te permita conservar tu dignidad?
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Con múltiples cargos en su contra y sin respaldo, Pal Seon no pudo evitar una condena. Lo sorprendente fue que, en lugar de luchar, admitió todos los crímenes. Solo pidió una condición:
—Manténganme en una celda individual hasta que la sentencia sea definitiva.
Por otro lado, Lee Seon kyung, protegida por Raum, estaba en una situación distinta. Aunque se emitió una orden por secuestro e instigación a la violación, solicitó una revisión y fue liberada. Se rumoreaba que había contratado a los mejores abogados para el juicio.
«Pero sin importar la sentencia, la vida de Lee Seon kyung está arruinada.»
Los cargos contra ella ya eran del dominio público. Los rumores se esparcieron rápido: era una monstruosa celosa que había gaslighteado a Sera toda su vida e incluso había instigado a su ex-prometido a violarla. La misma que culpaba a Sera de su mala suerte, finalmente recibió la reputación que merecía.
—¿De verdad estás satisfecha con esto?
Camino a Yong Ok, Cha Jaeheon, quien se ofreció a acompañar a Sera, frunció el ceño.
—Parece un castigo muy leve para quienes arruinaron la vida de tu hermana.
—Sí, yo también lo creo.
Sera asintió y continuó:
—Pero me detengo aquí no por ser buena, sino porque no quiero rebajarme a su nivel. No vale la pena cargar con remordimientos solo por un momento de satisfacción.
Jaeheon asintió, esbozando una sonrisa torcida.
—Insisto: eres demasiado buena. Demasiado frágil para este mundo cruel.
—…Eres el único que me ve así.
Ante su respuesta sarcástica, él soltó una risa ligera. Aunque no era del todo broma, su intención era clara. Ella sonrió y añadió:
—Además, su castigo no es tan ligero. Pal Seon se pudrirá en prisión, y Lee Seon kyung, sin importar el veredicto, no tendrá una vida tranquila. Y…
Se detuvo sin querer. Al pensar en la señora Song, su garganta se secó.
—…la señora Song sufrirá el infierno cada día, aferrándose a su título vacío en Seongwon Group.
Comparado con Pal Seon y Lee Seon kyung, el castigo para la señora Song era leve. Solo sentía desprecio por ella, pero los lazos de sangre la detenían. Por mucho que repitiera que no era su madre, no podía hundirla del todo.
Como si leyera sus pensamientos, Jaeheon sonrió levemente.
—Te lo dije: eres demasiado buena.
—…
—Pero yo habría hecho lo mismo. Coincido en que no vale la pena cargar con culpas innecesarias.
Para aliviar el ambiente, cambió de tema:
—Deberías ir con guardaespaldas un tiempo. Pal Seon y la señora Song son una cosa, pero Lee Seon kyung es impredecible.
—Ya lo hago. Gracias por preocuparte.
—Gracias a ti por dejarme preocuparme.
Jaeheon le sonrió, mostrando hoyuelos. Al verlos, Sera recordó lo extraña que era su relación. No podía seguir aceptando su afecto bajo la excusa de la amistad. Pronto tendrían que aclarar las cosas.
Mientras reflexionaba, el auto llegó a un estacionamiento exterior de un complejo de apartamentos antiguos. Jaeheon sacó una botella de licor tradicional para Yong Ok.
«No ayudé esperando algo a cambio. Debería haber educado mejor a Pal Seon… Al final, también soy responsable de lo que te pasó.»
Yong Ok rechazó cualquier regalo, excepto una petición:
—Si insistes en agradecerme, tráeme licor cuando me visites. Pero no esas bebidas caras de extranjeros, sino makgeolli o soju.
Afortunadamente, Yong Ok no era exigente con el alcohol y disfrutaba más las visitas que las botellas.
—¡Esperen!
Cuando los dos entraron al viejo ascensor, una mujer corrió hacia ellos. Jaeheon sostuvo la puerta, y ella, jadeando, sonrió.
—Gracias por esperar. ¡Oh, pero si son los recién casados!
—¿Eh?
Confundida, Sera recordó que ya la habían visto antes. La misma mujer del ascensor cuando visitaron a Yong Ok por primera vez.
—Nunca los había visto aquí, pero son tan hermosos. ¿Son recién casados?
En esa ocasión, Jaeheon mintió descaradamente, diciendo que pronto se casarían.
—¿Ya se casaron?
—No. Terminamos.
Contra sus expectativas, Jaeheon respondió con honestidad.
—¿En serio? ¿Qué pasó…? Pero, ¿por qué están juntos?
Aunque no le gustaban las intromisiones, Jaeheon sonrió y continuó:
—Me aferré a ella, rogando que al menos fuéramos amigos.
—Ay, Dios…
Sera lo miró con incredulidad. La mujer, tras echarle un vistazo, bajó del ascensor con una mirada de lástima hacia Jaeheon.
—No sabía que el señor Cha era tan sociable.
—Yo tampoco sabía que rogaría así después de un rechazo.
Con naturalidad, Jaeheon tocó el timbre. Yong Ok abrió la puerta, sonriendo maliciosamente bajo su abrigo grueso.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ROBIN