Capítulo 126
Odelli se durmió en los brazos de Rudville.
Durante todo ese tiempo, él no se separó de ella ni un instante.
Cuando ella se movía inquieta en sueños, él le acariciaba la espalda con suavidad; cuando brotaba sudor frío en su frente, la limpiaba con un paño húmedo con esmero.
Al día siguiente, cuando Odelli despertó, los cuidados de Rudville continuaron.
A la hora de comer, tomaba la cuchara para alimentarla con sus propias manos, y no olvidaba abrazarla con delicadeza para masajear su espalda y ayudarla a digerir.
—Odelli.
—Mmm…
—¿Podrías sostener esto por un momento?
A medio camino entre el sueño y la vigilia, Odelli cerró la mano alrededor del objeto que le habían puesto. Lo que tocó fue frío, duro… un pequeño artefacto metálico.
«¿Qué es esto…?.»
En ese instante, una energía cristalina comenzó a filtrarse lentamente por su palma, fluyendo a través de su cuerpo como un manantial puro. El poder purificador se expandió por sus venas, llegando a cada rincón de su ser.
El agotamiento que pesaba como plomo en sus miembros se derritió como nieve al sol, y una cálida vitalidad comenzó a circular por sus extremidades. Sus párpados se abrieron por sí solos ante la vibrante corriente de vida que ahora fluía sin obstáculos.
—¿Energía… purificadora? —musitó con voz ronca, pero por primera vez en mucho tiempo, sintió que podría moverse con ligereza.
—Cuando investigué los territorios rurales del norte, descubrí que además de Adela, había otras dos mujeres con habilidades misteriosas —continuó Rudville en un tono sereno—. Parece que en esa región la plaga no se propagó mucho, por lo que no llamaron la atención como santas.
«¿Acaso plantaron a tres para ver quién se cruzaba con Rudville o quién se volvería famosa como santa?.»
Entre ellas, por suerte… no, por desgracia, Adela fue la elegida.
«Vaya, qué métodos tan calculadores.»
Rudville la sostuvo con aún más cuidado, acariciando su espalda mientras murmuraba:
—Puedes seguir durmiendo.
Cuando despertó tras tres días de sueño ininterrumpido, Odelli seguía en sus brazos. ¿Habría dormido demasiado? Su mente estaba tan despejada que le latía con fuerza.
—…Ugh.
—¿Estás bien?
—Sí… No, quiero decir, sí.
Odelli respondió moviendo los ojos. Tras el reencuentro apasionado y el sueño agitado, el primer sentimiento que se filtró en su corazón fue…
«Sorpresivamente, incomodidad.»
«No sé cómo debo tratarlo ahora.»
¿Debía seguir usando lenguaje formal o ya podía ser más casual? Ni siquiera podía decidir algo tan trivial.
Cuando Rudville despertó, todo fue desesperación. Forzó su mente nublada por el insomnio para detener su frenesí, vertiendo sobre él una mezcla caótica de sinceridad, mentiras, emociones y razón. Él también acababa de recuperar sus recuerdos, atrapado en una urgencia que lo llevaba a soltarlo todo.
Pero ahora, en la calma, no tenía idea de cómo enfrentarlo.
El Rudville que recordaba había sido esclavo, caballero, noble, emperador, rey de los bajos fondos, espía de una nación enemiga y el demonio que destruyó el mundo. Claro, en la mayoría de esas vidas, también fue su esposo.
Ante ella, se había cortado el cuello. La había agarrado y gritado en la noche. Había sido un cadete que borró sus recuerdos y otro que la ignoró como a una desconocida.
«Cómo no habría de serlo.»
En esos miles de regresos, en esos decenas de miles de años…
—Ahora que lo pienso, nunca morimos juntos.
—Ru…
—Esta es una gema de regresión. Si el dueño muere, el tiempo retrocede. Si ambos la sostenemos y acabamos con nuestras vidas… quizá podamos regresar juntos. Es un método que no he intentado. Hay posibilidades.
—Por favor, no estás en tu sano juicio.
—Nunca lo he estado, esposa.
Murmullos dementes sobre no causarle dolor y acabarlo sin sufrimiento parecían resonar en sus oídos. Quizá, la persona frente a ella ahora era la más compleja, frágil e intensa de todas sus encarnaciones.
«Entonces… ¿cómo debo llamarlo en este momento?.»
—¿Te incómodo?
—¡…!
«No, eso es absurdo.»
—No digas tonterías —replicó Odelli, aturdida—. Solo me sentía un poco… extraña.
—Entonces no hay problema. Me recuerda a nuestros primeros tiempos —Rudville, lejos de ofenderse, sonrió con nostalgia, como si evocara los días tempranos de su romance—. Tendré que derretirte hasta que vuelvas a sentirte cómoda.
—¿Derretir…? No digas cosas raras.
—El amor lo aprendí de mis recuerdos, así que es natural que sea torpe.
Rudville tenía demasiada experiencia para herirse por sus pequeñas reacciones. Solo una cosa podía lastimarlo: su vida, su seguridad, su bienestar.
Odelli desvió la mirada en silencio. Sus dedos rozaron el cristal de sangre colgado en su pecho. Sin pensar, lo acarició. Era pequeño, duro… la huella que él dejó tras miles de vidas.
«Si realmente pudiera vivir con esta persona….»
«Si este cristal pudiera ser… nuestra esperanza….»
El pensamiento giró en su pecho hasta escapar por sus labios:
—Ru.
No sabía cuántas veces había tragado ese nombre antes de decirlo. Pero al final, Rudville seguía siendo Rudville.
—Si yo… vivo más allá de los treinta, ¿qué te gustaría hacer? —susurró en sus brazos. Aunque vio sus recuerdos, nunca atisbó los futuros que soñó.
Rudville no respondió. Contuvo el aliento como si le hubieran golpeado el pecho. Un futuro donde ella vivía. Un futuro junto a él. En algún momento, dejó de imaginarlo. No, ni siquiera se atrevía.
Cuanto más concreto era el sueño, más…
—… —Finalmente, exhaló lentamente y murmuró—: Tú siempre quisiste un hijo.
—… —Él continuó en voz baja—: Pero yo… no lo necesito.
Apoyó la frente en su hombro.
—Abrazar a un niño con tu semblante sería una felicidad inmensa. Pero dar a luz dañaría tu cuerpo.
—Sí…
—Quiero verte con canas.
—Ya las tengo.
Él rio entre dientes.
—No. No como ahora, con esa plata brillante. Serán ásperas, quizá escasas… —dudó un momento antes de añadir con voz serena—: Quiero peinarte cada día, incluso cuando tu cabello se vuelva blanco. En tardes tranquilas, junto a la ventana con buen sol. Incluso cuando mis manos tiemblen por la edad, quiero peinarte con calma.
Annad: Qué bonito ❤️🩹
Mientras hablaba, miraba al vacío como si visualizara la escena.
—Los días de lluvia, te cubriré las piernas con una manta y tomaremos té mirando por la ventana.
Odelli recordó de pronto el paisaje de una ventana en algún tiempo pasado. El viento, la lluvia suave en una tarde apacible.
—Entonces tú, ya mayor, repetirás historias que ya contaste. Y yo fingiré que es la primera vez que las escucho… —su voz se volvió un susurro—: Por la noche, te dormirás primero. Yo leeré bajo la lámpara, pero terminaré mirando tu rostro una y otra vez. Luego te arroparé hasta el cuello… y diré que mañana paseemos menos, por si te duelen las rodillas.
Por último, murmuró:
—Solo eso… Quiero envejecer y morir contigo.
Su susurro era dulce y anhelante. La primera vez que soñaba con los treinta años… y el tiempo después.
En ese instante, el pequeño cristal de sangre en el collar de Odelli latió como un corazón. Un resplandor rojo vibró intensamente, como si quisiera guiarla a algún lugar.
Robin: Rudville es el ML de los ML aaaaaaa aprendan todos!!

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD