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Capítulo 122

El Cristal de Sangre. 

Un único fragmento cristalizado de la vida de Rudville.

Debería haber desaparecido cuando el hechizo se disipó, pero por algún motivo, permaneció.  

Odelli lo supo desde el primer momento que lo vio.  

Esto no era un simple residuo de magia.  

Aunque todas las condiciones para su desaparición se habían cumplido, el cristal persistía, como si fuera el último fragmento del corazón de Rudville .  

Por eso, desde aquel día, Odelli lo llevó consigo en todo momento.  

Creía que, cuando llegara el día en que Rudville  la dejara ir por completo, cuando incluso esos últimos vestigios de sus sentimientos se desvanecieran, el cristal desaparecería naturalmente.  

Pero ahora, el cristal brillaba con intensidad.  

Justo en el momento en que Odelli había decidido esforzarse por un futuro a su lado.  

Latía como un corazón vivo, como si los sentimientos atrapados en su interior aún no se hubieran extinguido, como si sus deseos aún no se hubieran cumplido.  

«¿Por qué?»  

¿Se había despertado?  

¿Había recuperado sus recuerdos?  

¿O había alguna otra razón…?  

En ese momento…  

—¡Su Alteza la Gran Duquesa! ¡Alteza, ¿dónde está?!  

Se escucharon voces agitadas llamándola a lo lejos.  

No era solo un sirviente. Parecían tres o cuatro, corriendo por el castillo en su búsqueda.  

Entonces, una sirvienta que vio el resplandor del cristal se acercó corriendo.  

—¡Alteza! Aquí está. ¡Es terrible…!  

—¿Qué ocurre?  

—Su Alteza el Gran Duque… acaba de despertarse. Pero en cuanto abrió los ojos, se levantó de golpe y salió corriendo. Lo vieron dirigirse hacia la puerta sur, como si fuera a las afueras… Nadie pudo detenerlo.  

Antes de que la alegría por su despertar pudiera florecer, el corazón de Odelli se hundió.  

«…Lo recordará. También habrá recordado la existencia del hechizo.»  

Si era así, habría ido directo al pabellón.  

«¿Por eso el cristal reaccionó?»  

¿Había pasado algo con el círculo mágico, a pesar de estar ya disuelto?  

¿O acaso él… había hecho algo descabellado para revivirla de nuevo?  

Pensamientos urgentes cruzaron por su mente.  

No hubo tiempo para más reflexiones.  

Odelli se levantó de un salto, agarrando su falda.  

Corrió hacia el pabellón, con el corazón acelerado y el cristal en su mano ardiendo sin cesar.  

El pabellón, tan familiar para ella, apareció ante sus ojos.  

Pero notó algo extraño: la puerta estaba derribada.  

Y entonces, en ese instante…  

CRUJIDO. 

En la oscuridad, se escuchó un arrastrar de pasos, como si algo fuera siendo arrastrado.  

Y entonces, apareció una figura.  

Un hombre empapado en sangre, tambaleándose mientras subía las escaleras.  

Odelli contuvo el aliento.  

—…Rudville .  

Cuando alzó la cabeza, gotas rojas cayeron de su cabello dorado.  

Rudville, ensangrentado, se detuvo al final de las escaleras.  

Sus hombros subían y bajaban, su respiración era agitada y áspera.  

Parecía a punto de desplomarse, pero su mirada estaba completamente clara.  

Odelli corrió hacia él, tomó su rostro entre sus manos y lo examinó con urgencia.  

Su frente, normalmente tersa, estaba desgarrada.  

Y no solo eso. Sus manos, sus uñas… todo estaba manchado de sangre.  

Odelli no pudo ni siquiera preguntarle por qué lo había hecho. Solo lo miró con angustia.  

Pero al ver que lo primero que hacía era revisar sus heridas, la expresión de Rudville  se distorsionó.  

—¿Por qué lo hiciste?  

—…  

—Ya viví suficiente. Lo sabes. Sabes cuánto odié esta vida.  

—…  

—Por una vez… podrías haber vivido tú. Podrías haber tomado mi vida y vivir hasta envejecer. ¿Por qué…?  

—…  

—¿Por qué lo hiciste? ¡¿Por qué?!  

Rudville  agarró los hombros de Odelli con fuerza.  

Como una bestia herida, dejó salir sus emociones más crudas.  

Pero ante esas palabras, a Odelli se le cortó el último hilo de racionalidad en su mente.  

¿Que ya había vivido suficiente?  

¿Que por una vez ella podía haber vivido?  

Odelli no retrocedió.  

Lo miró con ojos fríos y, de un paso, cerró la distancia entre ellos.  

—¿Cómo puedes llamar a eso “vivir”?  

Su voz se elevó.  

Por primera vez, en esos ojos siempre serenos, ardía una emoción feroz.  

—Rudville , nunca has vivido ni un solo momento para ti. Siempre has estado dispuesto a morir por mí. ¡Eso era todo lo que eras!  

Los sentimientos que había mantenido reprimidos brotaron como lava, atravesando su pecho.  

Su respiración se entrecortó. Las emociones que no pudo expresar en palabras se convirtieron en lágrimas que cayeron transparentes.  

Con dedos temblorosos, se limpió los ojos.  

Pero las lágrimas no cesaron.  

PLAF PLAF. 

Seguían cayendo incluso mientras hablaba.  

—Lo vi todo. Miles de regresiones, miles de muertes. Lo sé todo… ¿Cómo podría vivir sola después de eso?  

Su mirada atravesó a Rudville .  

—Yo también te amo. Por eso… no quise vivir a costa de tu vida.  

Rudville  guardó silencio durante un largo rato.  

Apretó los labios, cerró los ojos e inhaló profundamente.  

Como si estuviera conteniendo a duras penas las emociones que le subían por la garganta.  

Tras un largo silencio, al final, solo logró decir una cosa:  

—…¿La gema de la regresión?  

JA

Odelli estuvo a punto de agarrarlo del cuello.  

Incluso en medio de esto, seguía pensando en cómo revivirla.  

¿Por qué era tan obstinado? ¿Por qué…?  

Aunque las lágrimas seguían fluyendo, su mirada se enfrió como el hielo.  

—Desapareció.  

—…  

La luz en los ojos de Rudville  se apagó al instante.  

Como si no quisiera creerlo, pero como si ya lo hubiera esperado.  

No hubo sorpresa. No hubo tristeza.  

Solo un silencio que lo hundía.  

Aunque no dijo nada, sus ojos lo expresaban todo.  

La desesperación de saber que ya no había vuelta atrás.  

Y luego, rápidamente, comenzó a calcular el «siguiente paso».  

La sangre que corría por su frente goteó en el suelo.  

Esa era la mirada de un «regresor» calculando posibilidades.  

Una expresión fría, desprovista de emoción, sopesando la muerte.  

Y debajo de ella, algo asomaba.  

Locura. O tal vez, un impulso autodestructivo.  

Odelli recordó los futuros que había imaginado antes de llegar aquí, las posibilidades tras el despertar de Rudville .  

Y al verlo ahora…  

Era claro que se encaminaba hacia el primero de esos finales.  

«Ah, otra vez.»  

Iba a morir de nuevo.  

Por salvarla a ella, otra vez.  

Hacia ese horrible final donde ambos se condenaban mutuamente.  

—¡Yo no voy a morir!  

Casi por instinto, Odelli gritó.  

Por un momento, Rudville  la miró sorprendido.  

Era comprensible: era la primera vez en miles de regresiones que escuchaba esas palabras.  

—Claro que podría morir. Pero al menos, ya no aceptaré la muerte como un final inevitable.  

—…  

—Intentaré vivir contigo. Pase lo que pase, lucharé hasta el final.  

Su voz era firme, ardiente, apasionada.  

Pasó un largo silencio.  

Pero ya no era un silencio de resignación.  

Era una declaración.  

Una elección.  

Una última propuesta, en nombre del amor.  

—Solo queda una cosa.  

Odelli lo miró directamente a los ojos.  

—Vivimos juntos o morimos juntos.  

Al terminar, dio un paso hacia él.  

Y luego otro.  

Rudville  no se movió.  

Sabía lo que ella haría, pero no pudo evitarlo, ni retroceder.  

La distancia entre ellos se redujo al espacio de un aliento.  

Entonces, Odelli tomó su rostro entre sus manos.  

—Así que deja de intentar volver atrás y mírame, Rudville . Mírame ahora.  

Y entonces, alzó la cabeza y, sin dudarlo, lo besó.  

Robin: SIIII SIIII SIIII espere este fokin momento aaaaaa



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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