Capítulo 120
—¡…Odelli!
En medio de una desesperación que hacía hervir su sangre, Rudville contuvo el aliento.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Era plena noche.
Lo primero que vio fue el artefacto mágico de soporte vital conectado a él.
La frescura de las sábanas se filtraba bajo su piel ardiente.
Pero no había nadie a su lado.
El lugar donde extendió la mano estaba vacío.
Estaba seguro de haber escuchado la voz de Odelli en su inconsciencia… ¿Había sido una alucinación?
«…No, aún queda calor.»
Y también su aroma.
Rudville pasó la mano por la hendidura a su lado, donde alguien había estado acostado hasta hace poco. Parecía que había salido un momento.
«¿Estará en el comedor? ¿El baño? ¿O ocupada con algún asunto…?»
En ese instante, su mirada se desvió hacia más allá de la almohada.
Y se detuvo.
La puerta de la terraza estaba entreabierta, y las cortinas se movían levemente.
El aroma de hierbas secadas al sol.
Ese olor seco, calmante y fragante llegaba con la brisa que entraba desde fuera.
«…Odelli.»
Intentó levantarse de inmediato.
Pero su cuerpo, que había estado inconsciente durante casi medio mes, no respondió.
A duras penas logró incorporarse, tambaleándose, y apretó los dientes con fuerza.
¿Qué clase de espectáculo era este?
Su cuerpo estaba empapado en sudor frío, y su mente aún gritaba entre miles de fragmentos de memoria.
Pero aunque tuviera que vomitar sangre y desplomarse, debía llegar a ella.
Ahora. De inmediato.
Abrió de golpe la puerta de la terraza.
Escuchó algo romperse, pero no le importó.
Los ojos violetas de Rudville brillaron en la oscuridad como los de una bestia acechando a su presa.
«Ahí estás.»
En el extremo del jardín, distinguió su coronilla blanca como la nieve.
El lugar al que acudía cuando quería esconderse, cuando su corazón se desmoronaba.
«Otra vez llorando sola.»
Le había dicho mil veces que, si iba a llorar, lo hiciera a su lado.
«Maldita sea, primero la abrazaré y la consolaré, luego averiguaré qué demonios pasó…»
Justo cuando iba a saltar la barandilla de la terraza, una sensación de discordia lo atravesó como un rayo.
«…El hechizo de transferencia de vida fue un éxito.»
Los recuerdos de su vida pasada seguían vívidamente frente a él.
Entonces…
¿Qué era esta vida?
¿Por qué había perdido por completo la memoria de la regresión?
¿Por qué esta vida, que debería haber terminado en muerte, se repetía como una pesadilla?
¿Por qué…?
En ese momento, por fin, los fragmentos de memoria que atormentaban su mente comenzaron a encajar uno a uno.
—…
{—Vine a proponer un trato, Su Alteza.}
—…
El recuerdo de aquel día, que creyó era su primer encuentro.
—…
{—Me lo imagino. La apariencia misteriosa con la capucha, la conversación secreta, la condición de que debíamos estar solos… Todas las que se autoproclamaron santas o princesas destronadas empezaron igual.}
{—Yo…}
{—¿También dirás que eres la mujer que estoy buscando?}
—…
Odelli, que había huido de la familia Kardel y desaparecido durante tres meses antes de aparecer frente a él.
—…
{—Deseo contraer matrimonio con Su Alteza.}
{—Al ver que llegaste hasta aquí ocultando tu identidad, supongo que incluso te hiciste cicatrices falsas.}
—…
{—¿Tan ansiabas el puesto de Gran Duquesa?}
{—El plazo es de cinco años. Si dentro de ese tiempo consideras que no soy útil, puedes romper el contrato cuando quieras.}
{—Con tal de obtener poder, aceptarías sentarte junto a un loco que recibe a otras mujeres cada día. Qué ambición más admirable.}
—…
Odelli, que propuso matrimonio con un plazo estricto de cinco años.
—…
{—…Al ver cientos de ojos azules, entendí lo común que es ese color. Así que, aunque seas un Kardel o hayas tenido la suerte de caerme bien, no eres especial en absoluto.}
Odelli, que personalmente le enseñó la receta al chef.
—…
—Gran Duquesa, ¿acaso me ve como alguien que dejaría una nota de suicidio y desaparecería mañana mismo?
—Por supuesto que no. Es un malentendido.
—Pareces creer que mis ojos son solo decorativos.
—De cualquier modo, esta cláusula también es para mí, así que espero que la cumplas. No es algo difícil, ¿verdad?
Las cláusulas contra el suicidio que añadió meticulosamente al contrato matrimonial.
—Por eso, Su Alteza debe seguir vivo. Pase lo que pase.
—…
Hasta el momento en que ella le dijo que había regresado para salvarlo.
Todos los fragmentos de memoria encajaron con una precisión aterradora, revelando una única verdad.
«…Odelli retrocedió en el tiempo.»
La negación fue su primera reacción.
No. No puede ser.
Por favor, que no sea cierto.
Sus pensamientos desordenados se rebelaron desesperados.
Estaba seguro de que la gema de la regresión no se activaría de nuevo.
¿Cómo había cumplido Odelli las condiciones para activarla?
No, eso no importaba ahora.
«El punto de regresión fue cuando Odelli escapó de la familia Kardel.»
Ella no empezó a los quince, como Rudville.
Lo más probable es que su punto de partida fuera a los veinticuatro años, en el laboratorio subterráneo de Kardel.
Nada más escapar, vino directamente a él, firmaron el contrato matrimonial y…
«…La residencia auxiliar.»
El hechizo de transferencia de vida.
El círculo mágico que creó antes de perder la memoria, donde entregó su vida a ella.
Odelli se había alojado allí desde el principio.
«No.»
Al llegar a esa conclusión, salió tambaleándose, fuera de sí.
—¡G-Gran Duque!
—¿Cuándo despertó…? ¡No, no debe moverse aún!
—¡¿Adónde va?!
Ignoró las voces.
Con la mente medio perdida, corrió por el camino cubierto de neblina nocturna.
Corrió hasta que el aire le quemó la garganta.
«No, no puede ser.»
¿Cómo iba Odelli a saber del hechizo?
Solo Rudville tenía esos recuerdos, solo él conocía su estructura.
Incluso si ella, al regresar, lo hubiera intuido o encontrado el lugar por casualidad, no podría desactivarlo.
Eso solo era posible con los recuerdos de Rudville.
Pero su instinto, su sentido animal, le advertía:
Quizás, quizás era verdad…
Y entonces…
Llegó a la residencia auxiliar.
Abrió la puerta de golpe, y los goznes se rompieron con un chirrido.
Arrojó la puerta al suelo y entró, jadeando.
Se dirigió directo al almacén.
Alineó las manecillas del reloj en 6 y 12, y entró al pasadizo a través del reloj inclinado.
El lugar donde una vez se desplegó el hechizo para entregar su vida.
El espacio de la elección más desgarradora que cualquier muerte.
Pero…
—…
No sintió nada.
Ni rastro del hechizo, ni de la vida que había entregado, ni de nada.
Incrédulo, extendió la mano.
Busco cualquier residuo, vibración, señal en el aire…
No quedaba nada.
«Por favor…»
Por primera vez en miles de años, Rudville volvió a buscar a un Dios.
Rogando y suplicando, llegó al final del pasadizo.
Y se detuvo en seco.
No había nada en el suelo.
El círculo mágico había sido borrado sin dejar rastro.
El antiguo hechizo, tan meticulosamente tallado, había desaparecido por completo.
Sus piernas cedieron.
Rudville colapsó en el suelo.
Apoyó las manos en el frío suelo de piedra, palpándolo con dedos temblorosos.
Este era el lugar. Sin duda.
Donde sacrificó tanto para salvar a Odelli.
¿Por qué?
—¿Por qué… no hay nada…?
La única oportunidad que tuvo se esfumó antes de comenzar, para siempre.
Un hechizo que nunca podría recrearse.
Al arañar el suelo, sus uñas crujieron y se desgarraron.
—Odelli… Maldita sea, ¿por qué…?
Sus labios temblaron, incapaces de formar una frase completa.
Arañó el suelo hasta que sus uñas se rompieron y sangraron.
«¿Por qué?»
«De entre tantas personas, ¿por qué tuviste que ser tú quien retrocedió en el tiempo?»
«¿Por qué mis recuerdos terminaron en tus manos?»
«¿Por qué debo vivir solo con los recuerdos de su destrucción?»
«¿Por qué debo repetir este infierno?»
Se agarró la cabeza y gritó.
—¿POR QUÉ…? ¡¿POR QUÉÉÉ?!
Un grito desgarrador, un alarido.
Golpeó el suelo con los puños, una y otra vez.
Hasta que la piedra se quebró, hasta que su carne se desgarró.
La sangre goteó sobre el suelo de piedra.
Sangre que ya no transferiría nada, fluyendo inútilmente.
Su vida abundante, incapaz de alcanzarla, existiendo sin sentido.
—Devuélvelo… Por favor, por favor, otra vez… ¡Por favor…!
Abrazó el suelo como si estuviera ante la tumba de un Dios muerto, y al final, Rudville lloró.
No era el llanto de un hombre.
Era el lamento de una bestia, desgarrando su alma, vomitando una tristeza eterna.
Ella había borrado el hechizo.
Para salvar a Rudville.
Y para aceptar su propia muerte sin resistencia.
Robin: porfavor porfavor no peleen mas porfavor.
Annad: No imagino la desesperación que debió sentir. Realmente ahora, sí sería cruel para el vivir sabiendo que ella va a morir cuando su único propósito siempre ha sido ese.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD