Capítulo 12
Que hubiera leído una memoria sin proponérmelo ya era suficientemente sorprendente, pero lo verdaderamente desconcertante fue el comportamiento de Lionel. Mientras observaba en silencio su abdomen, completamente curado sin una sola cicatriz, deslicé la mirada hacia su cinturón.
No podía creer lo que acababa de ver.
Como si estuviera hipnotizada, llevé la mano al cinturón y lo palpé con cuidado. Entonces, escuché su voz, un poco desconcertada, sobre mi cabeza.
—¿Sacerdotisa…? ¿Por qué de repente…?
Ignoré por completo su pregunta y seguí moviendo la mano con determinación. Al ver que no me detenía, volvió a hablar.
—Si me dice qué está buscando…
Pero su voz se cortó de golpe.
Había sacado del cinturón una espada delgada de apenas una palma de largo.
—¿Entonces era cierto…?
Alterné la mirada entre la espada aún impregnada con un leve aroma a sangre, a pesar de estar bien limpiada, y el rostro de Lionel, que se había quedado completamente rígido por la sorpresa.
—¿Cómo… lo supo?
Bueno, ya lo había hecho. Solo quedaba buscar una forma de excusarme.
Aunque… ¿de verdad era yo quién debía dar explicaciones?
¿No era Lionel Ruanax el que acababa de hacer algo totalmente fuera de lugar?
Así que solté cualquier cosa, con aire despreocupado.
—Hace tiempo vi un diseño de cinturón parecido a este. Pensé que sería perfecto como artículo de defensa personal, pero encontrar uno en la vida real resultaba muy complicado.
Volví a guardar con cuidado la espada en su cinturón y levanté la vista para mirarlo directamente a los ojos.
—Su Excelencia —sostuve la mirada en esos ojos del mismo color que la sangre que aún manchaba mis dedos—. Un cuerpo fuerte es un regalo divino, así que por favor, cuídelo como se debe.
No sé si lo hizo para poner a prueba mi habilidad de sanación o si tenía otra intención detrás.
Pero fuera cual fuera el motivo, su actitud imprudente y descuidada hacia su propio cuerpo no era diferente de lo que había visto en la visión anterior. Y por eso, no podía quedarme callada.
—… Entiendo. Lo tendré presente.
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Aunque aún quedaba bastante tiempo para la cena, si quería comer bien, necesitaba digerir todos los bocadillos que me había comido antes. Por eso acepté cuando Lionel me sugirió salir a caminar un poco. Sabía que, vestida con mis ropas de sacerdotisa y dejándome escoltar como una dama noble, podía parecer algo extraño, pero aun así, no rechacé su mano cuando me la ofreció.
Después de todo, él ya sabía que yo era Serenia Solen.
Tal vez lo supo desde el principio.
Así que entre él y yo, esto ya no era algo fuera de lugar. Y siendo él, el dueño de esta mansión, no había necesidad de preocuparme por cómo nos vieran los demás. Aunque no parecía alguien especialmente riguroso con el personal, al menos no debía de tolerar que se difundieran rumores hacia el exterior. Mientras bajábamos juntos las escaleras, lancé una mirada fugaz al pasillo del segundo piso.
Me preguntaba qué habría pasado con Danteer y aquella sirvienta.
—Danteer Orthatum tendrá que pagar una compensación considerable. Ha insultado tanto a mí como a mi familia —Lionel habló como si hubiera leído exactamente en qué estaba pensando—. Tan pronto como reciba el dinero de la compensación, se lo haré llegar, sacerdotisa.
—¿Eh…? ¿A mí?
—Usted fue la víctima directa. Y además, es mi responsabilidad no haber protegido a una invitada en mi propia mansión.
Las compensaciones entre familias nobles por injurias, difamación o insultos son de una magnitud completamente distinta. Y para colmo, el implicado era alguien de Ruanax y Orthatum.
¿Y decía que iba a darme todo eso?
Tal vez… sería suficiente para que mi familia pudiera establecerse sin problemas.
—Sin embargo, me temo que despedir a esa sirvienta será difícil. Es probable que haya hecho todo esto con la promesa de un puesto de trabajo por parte de Orthatum.
Yo estaba tan concentrada en la idea de la compensación que apenas asentí con la cabeza, sin prestar mucha atención a lo que decía Lionel.
—La colocaremos en un lugar donde no llame la atención, así que no volverá a cruzarse con usted, sacerdotisa.
De todos modos, no era común que una sirvienta de la mansión tuviera interacción directa con los invitados.
Durante la limpieza, tanto los dueños como los invitados solían apartarse a tomar té en el salón o en el jardín, y sólo cuando se necesitaba algo específico se llamaba a alguna sirvienta. Si él decía que ni siquiera así habría contacto, quería decir que la enviarían a encargarse del lavado u otro trabajo relegado. O quizás incluso a tareas más duras.
Para ella, probablemente sería mejor que la despidieran de una vez.
Me dio un poco de pena… pero ¿qué podía hacer?
Dentro de poco, todos los protagonistas masculinos de “La noche en que las serpientes se enredan” iban a aparecer en esta mansión. Si quería sobrevivir entre ellos sin perder la cabeza, iba a necesitar toda mi fuerza de voluntad.
Desde que llegué, era la primera vez que salía al jardín a modo de paseo.
Ya fuera en la residencia principal o en el ala anexa, podía moverme con libertad por dentro sin que nadie dijera nada. Pero apenas salía al exterior, sentía enseguida las miradas de vigilancia. Por eso, más que nada por incomodidad, prefería no salir mucho. No quería que empezaran a sospechar que planeaba escapar en algún momento.
Pero en cuanto salí junto a Lionel, los vigilantes desaparecieron como si nunca hubieran estado.
Y claro, debía ser mucho más difícil escapar de un solo Lionel Ruanax que de una decena de caballeros comunes. Cualquiera con un poco de sentido común sabría que ni siquiera valía la pena intentarlo.
—¿Le gusta caminar?
—Hmm… no, creo que no me gusta mucho.
—Ya veo. Me lo imaginaba.
—¿Y a usted le gusta caminar?
—Más allá de gustos o disgustos, cumplo con una cuota diaria por obligación. Aunque prefiero correr que caminar.
Yo también era así, antes de dejar Solen.
Como era por mi salud, tenía que cumplir rigurosamente con una rutina de ejercicios junto a mi padre o mi hermano. Tal vez por eso terminé por no disfrutarlo.
—¿Cuántas horas entrena al día?
—En promedio, unas tres horas.
Siendo el cabeza de familia de una casa ducal, debía tener muchísimas responsabilidades… y aun así entrenaba más que mi hermano.
—Hay una sala de entrenamiento sencilla en el sótano de la mansión. Puede ir cuando guste.
—Sí… —respondí con toda la intención de dejar claro que no tenía ningún interés en hacerlo, y entonces escuché una leve risa.
¿Lionel… riéndose en voz alta?
No podía perderme algo tan raro. Levanté la cabeza de inmediato y lo miré fijamente.
Y justo en ese momento, había otras personas que también lo miraban con una expresión parecida a la mía.
Sin que me diera cuenta, Vivian había regresado y estaba de pie en la entrada del jardín, con los ojos bien abiertos. Junto a ella estaba Ilina, su doncella personal.
—Hermano.
Pude ver perfectamente cómo sus ojos, que se habían curvado con suavidad mientras miraba a Lionel, se endurecían de inmediato, y la sonrisa en sus labios desaparecía como si nunca hubiera existido.
—Escuché que te invitaron a una fiesta de té. Regresaste temprano.
—Sí. Me sentía algo cansada.
—Fuiste dos días seguidos a socializar. Es comprensible.
Me limité a observar la interacción entre Lionel y Vivian.
No era solo lo que decían, sino cómo se miraban y se hablaban… todo se sentía más como una relación entre empleador y empleado que entre hermanos.
Era completamente distinto de mi propio hermano, que, incluso cuando ya estaba en edad de asistir a bailes de debutantes, me seguía alzando en brazos como a una niña y me llenaba de besos sin pensarlo dos veces.
Supongo que, al tener madres distintas, esa frialdad entre ellos podía considerarse algo natural. La anterior Duquesa seguramente lo pasó muy mal durante el proceso de registrar al hijo ilegítimo.
—¿Saliste a caminar?
—No, solo escuché que Sasha estaba por aquí y vine a verla —Vivian se acercó con algo de timidez y me miró mientras hablaba—. Sasha, ¿quieres venir a mi habitación ahora? Quisiera que me ayudes con un poco de sanación.
—Claro que sí.
—No.
Respondimos al mismo tiempo, Lionel y yo.
—¿…?
Confundida, lo miré, y vi cómo pegaba mi brazo discretamente a su costado. Parecía haberse dado cuenta de que yo intentaba soltarme del agarre de su brazo.
—No trajimos a una sacerdotisa sanadora solo para que te cure cuando te sientas fatigada por solo salir a pasear, Vivian. Si usas poder divino incluso para cosas tan insignificantes, ¿cómo esperas mejorar tu condición física?
Lionel… tú fuiste quien me sacó del monasterio sabiendo perfectamente eso.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA