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Capítulo 117

Unos días después.   

Sobre el escritorio de Rudville había un plato de scones cuyo aspecto había mejorado notablemente. Esta vez, la harina estaba bien cocida y la forma era un poco más presentable. Él los comía sin pensar, casi por inercia.  

—¿Están ricos?  

—Sí, cada vez mejoras más.  

Rudville la alabó, como solía hacerlo. Como si hablara con una niña pequeña.  

Fue entonces cuando ocurrió.  

—¿Sabes… que les he echado veneno?  

Ante esas palabras inesperadas, él alzó la cabeza. Odelli estaba parada frente a la puerta, con las manos aferradas a los pliegues de su vestido.  

Rudville frunció ligeramente el ceño.  

—…¿Qué?  

Ella evitó su mirada, incómoda por alguna razón.  

—Un veneno… que te hace enamorarte de mí.  

—…  

—…  

Rudville no supo qué decir. No tenía idea de cómo reaccionar.  

El rostro de Odelli se tornó completamente rojo hasta que, finalmente…  

—¡Bueno, en fin! ¡La próxima vez los haré más bonitos!  

Y con esas palabras, giró sobre sus talones y salió corriendo. La puerta del estudio se cerró de golpe.  

Rudville se quedó atónito. Miró el scone que quedaba en el plato y, ante lo absurdo de la situación, no pudo evitar soltar una risa.  

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Desde ese día, Odelli comenzó a rondar alrededor de Rudville de manera evidente. Si alguien le preguntaba, ella respondía “Es que estoy aburrida” y desviaba la mirada. Pero era una mentira tan obvia que cualquiera podía notarlo.  

Dejaba libros o mantas cerca del estudio, reemplazaba los frascos de tinta antes de que se vaciaran y, a veces, incluso le arrebataba informes a los oficiales para organizarlos en su lugar.  

De vez en cuando, pasaba por la cocina para pedir los platillos que a él le gustaban. Mientras Rudville paseaba afuera, rociaba aceite aromático en su almohada y huía. Y debajo de esa almohada, siempre había una pequeña nota.  

[Hechizo para sentirse mejor: 

 

  1. Mírate al espejo.  
  1. Confirma que tienes un rostro extremadamente guapo.  
  1. Ahora te sientes un poco mejor. ] 

—…  

Las absurdas notas continuaron noche tras noche.  

[Si abres esta nota, hoy estarás lleno de felicidad.

 

¿Si no la abres? Ni idea. Allá tú.

  

Si no sonríes, tu día vale 3 puntos. 

Una sonrisa lo sube a 7. Dos sonrisas, y alcanzarás el 10. 

 

Hoy habrá dos oportunidades para sonreír:  

  1. Cuando te mires al espejo.

 

  1. Cuando comas los scones que te preparé. 

 

El hada de las notas.]  

{—Voy a admitir que yo me enamoré de ti primero. 

 

Pero tú terminarás queriéndome mucho más. 

 

Y luego te arrepentirás de haberme tratado como una niña.}  

«…Odelli.»  

«Creo que tú misma te arrepentirás de haber escrito estas notas todas las noches.»  

No pudo evitar imaginarla en el futuro, ya crecida, pateando las cobijas de vergüenza al recordarlo. Y sin querer, una sonrisa escapó de sus labios.  

Ese primer amor, tan tierno y torpe, le resultaba adorable.  

Y entrañable.  

Y, al final… una vez más, tú terminas enamorándote de mí.  

Ese pensamiento le provocó un dolor en el pecho.  

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Un día, Rudville observó en silencio a Odelli mientras intentaba escapar después de dejar una nota.  

¡EEEK!  

Al descubrir al joven apoyado contra la pared, Odelli saltó como un conejo asustado.  

—¡Q-qué! ¿Desde cuándo estás…!  

—Odelli.  

Rudville la miró por un momento, calculando su turbación, antes de preguntar:  

—Si el mismo tiempo se repitiera una y otra vez… ¿qué crees que pasaría?

  

—¿Eh?  

—Si tú siguieras muriendo, yo también, y viviéramos una y otra vez lo mismo… ¿crees que esa vida tendría algún sentido?  

Ante la pregunta inesperada, Odelli abrió mucho los ojos. No entendía bien qué significaban sus palabras. Pero en su voz había un profundo cansancio, y su mirada parecía la de un niño perdido en la oscuridad.  

Eso, al menos, lo percibió.  

«Has estado agotado y sufriendo por mucho tiempo…»  

Después de unos segundos de silencio, Odelli preguntó con suavidad:  

—¿Tú también estarías ahí?

  

—…Sí, yo también.  

Ella inclinó la cabeza, pensativa. Y luego, un momento después…  

—Entonces, creo que estaría bien.  

Sonrió radiante.  

En esa sonrisa no había rastro de las sombras del pasado, ni del miedo a la muerte, ni de la solitaria resignación de los días vividos en soledad.  

Era el rostro puro y cálido de alguien que solo vivía para el presente.  

—…Tú sufriste mucho —las palabras escaparon de los labios de Rudville sin que él se diera cuenta—. Sufriste mucho. ¿De verdad estarías bien repitiendo eso una y otra vez?  

Odelli inclinó la cabeza por un instante, estudiando su expresión como si intentara adivinar sus pensamientos.  

«¿Por qué habla de un tiempo que se repite y solo menciona mis recuerdos dolorosos?»  

Claro que había sido difícil.  

Había sido agonizante.  

Pero Odelli sabía algo más.  

Que aquellos recuerdos cálidos y brillantes habían opacado todo el dolor. Que hubo manos que aplicaron ungüento en sus heridas con cuidado. Por eso, estaba segura de que el sufrimiento no lo era todo.  

—Ru.  

Antes de que él pudiera levantar la cabeza, su voz enérgica llegó primero.  

—Ahora mismo, soy muy feliz.  

El corazón de Rudville se estremeció.  

Porque en sus recuerdos, la Odelli que murió había dicho exactamente lo mismo.  

Pero esta vez era diferente.  

Ella estaba viva. 

 

Y estaba sonriendo.  

Bajo la luz de la chimenea, su rostro se sonrojó mientras reía.  

—Es la primera vez que me siento tan agradecida por estar viva.  

Su muerte pasada y su risa presente se superpusieron en las mismas palabras.  

En ese instante, algo se derrumbó.  

El cansancio, la impotencia, el vacío acumulado durante tanto tiempo…  

Sin saberlo, ella había atravesado todas sus barreras y derribado sus muros.  

«…¿Por qué?»  

Ella no sabía nada.  

No sabía cuánto tiempo había resistido, derrumbado.  

No sabía cuánta oscuridad había soportado, sostenido solo por la desesperada creencia de que debía salvarla.  

Y, sin embargo, ahora lo abrazaba con calidez.  

Con una sonrisa inocente.  

Con un cariño puro.  

Y con esas palabras que lo atravesaron:  

—Creo que fui muy afortunada por conocerte.  

Demasiado livianas.  

Demasiado sinceras.  

Y se clavaron en el corazón de Rudville, convirtiéndose en un faro inmutable para él.  

Odelli, a quien él había jurado proteger, ahora lo salvaba con su calidez.  

Y estaba segura de que seguiría haciéndolo.  

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Mientras tanto, en algún lugar de los recuerdos de Rudville, mientras él vagaba perdido…  

—¿Por qué…?  

Bajo una tenue luz, Odelli estaba sentada a su lado en silencio. Con cuidado, apoyó una mano en su frente.  

Su respiración ya era estable, y ya no quedaba rastro del perfume. Pero sus párpados seguían firmemente cerrados.  

Odelli sacudió la cabeza sin decir nada.  

Con las yemas de los dedos, acarició su cabello despeinado. Le acarició la mejilla y susurró:  

—…Por favor, despierta.  

Lo miró con ojos enrojecidos, suplicantes.  

Ya habían pasado quince días desde que perdió el conocimiento.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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