Capítulo 116
Rudville incendió el laboratorio.
Las llamas rojas se elevaron, tragándose la oscuridad del subsuelo.
Antes de que el fuego consumiera todo, él tomó a Odelli en sus brazos y caminó por el pasillo subterráneo.
—…¿Adónde vamos?
—A nuestra casa.
Al pisar la superficie, la brisa del amanecer rozó sus mejillas.
Era la primera vez que respiraban el aire de la libertad.
Odelli miró al cielo nocturno, absorta.
El firmamento estaba repleto de estrellas que parecían a punto de derramarse, y su brillo era tan deslumbrante que…
Parecía recordarle que ella no era un “sacrificio”, sino una persona que seguía viva.
Y entonces…
—….
Entre aquel resplandor, alzó la vista hacia el chico que la sostenía.
Rudville.
El joven que llevaba el nombre de un héroe y que la había traído a la superficie.
Pero su rostro no mostraba emoción alguna, y su mirada estaba profundamente quebrada.
«Se parece a mí.»
Era la expresión de alguien que había sufrido demasiado durante demasiado tiempo.
Aun así, este chico que la cargaba en silencio mientras avanzaba era, extrañamente…
«…Hermoso.»
Eso pensó.
Su corazón comenzó a latir un poco más rápido.
Una palpitación extraña, como nunca antes había sentido.
Cálida y cosquilleante, un sentimiento que le hacía desear estar cerca de él y, al mismo tiempo, observarlo desde lejos.
¿Por qué se sentía así?
Era raro.
Pero no le desagradaba.
De hecho… le gustaba.
Aunque solo estaba siendo cargada en sus brazos, el dolor que antes sentía en su corazón, como si el mundo se derrumbara, parecía aliviarse un poco.
«Él dice que… me llevará a su casa.»
“Nuestra casa”.
Esas palabras revolotearon en su mente, provocándole un cosquilleo que no desaparecía.
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Aquel día, después de dejar a Odelli en un pequeño templo, Rudville desapareció sin dejar rastro.
Nadie supo adónde fue ni qué hizo.
Y un mes después, regresó.
Esta vez, bajo el título de “hijo adoptivo’’ de la Gran Casa Ducal de Exion.
Odelli, automáticamente, se convirtió en “la protegida del Gran Duque.”
—¿E-entonces… nos… nos casaremos? —preguntó Odelli, tartamudeando y con el rostro teñido de rojo.
El chico respondió con serenidad:
—Solo hasta que alcances la mayoría de edad. Es solo una medida para protegerte.
Y añadió que, una vez fuera adulta, si ella lo deseaba, podrían divorciarse.
Su corazón latió de manera extraña.
Sentimientos confusos se mezclaron, sin que pudiera distinguir uno de otro.
Matrimonio.
Al principio, se sorprendió, y luego sintió alivio al saber que no sería real.
Pero después… sin razón alguna, se sintió un poco decepcionada.
—Es solo una medida para protegerte.
Esas palabras seguían dando vueltas en su mente.
Cuando recobró el sentido, estaba en un dormitorio iluminado por un enorme candelabro.
Las doncellas elegían su ropa, los cocineros preparaban sus comidas y los jardineros cuidaban las flores del camino por donde pasaba cada mañana.
—¿Qué tal esta cinta hoy? Combina muy bien con el color de su cabello.
—Sus mejillas están más llenitas últimamente, se ve aún más adorable. Por favor, coma un poco más.
La gente sonreía hacia Odelli, la acariciaba y no esperaba nada de ella.
No había soledad, humillación ni encierro.
Era la primera vez.
Una vida en la que era amada así, como algo natural.
Y Rudville…
—Hoy también estás preciosa.
Era alguien que, sin ningún reparo, la llamaba “preciosa.”
Lo decía con tanta facilidad, con tanta ligereza.
Odelli pensaba últimamente que él se volvía cada vez más guapo, pero ni siquiera podía decirle algo tan simple.
Que él lo dijera así, sin más, hacía que pareciera que no sentía nada por ella.
Como si solo la viera como una niña.
—….
La chica puso cara de descontento mientras observaba la mano que acariciaba su cabeza.
«…Otra vez has crecido.»
En solo unos meses, cada vez que lo veía, había crecido notablemente.
—¿Por qué me tratas como a una niña?
—¿Eh?
—No tengo once años. Ni nueve, ni siete…
Su pequeña frente se arrugó de indignación.
Rudville no pudo evitar una risa burlona.
—¡¿Por qué te ríes?! ¡Solo hay dos años de diferencia entre nosotros! ¡Deja de tratarme como a una niña y tú deja de fingir que eres un adulto!
—Lo siento, ya entiendo.
Rudville levantó las manos con una sonrisa, como gesto de disculpa.
Odelli esperaba que su mano se acercara a su frente o a su cabeza, como siempre lo hacía.
Pero esta vez fue diferente.
Su mano cambió de dirección con cuidado y dio un ligero TAP en su hombro.
—Cuídate. No olvides almorzar.
—¿Otra vez te vas?
—Sí. Tengo algo que hacer.
Dicho eso, Rudville le dio la espalda.
Odelli lo miró fijamente y, sin razón alguna, hinchó los carrillos.
«Otra vez me dejas… ¿Adónde vas tan ocupado todo el tiempo? Siempre te vas.»
No sabía exactamente qué hacía.
Pero parecía estar siempre ocupado con algo complicado y difícil.
De repente, ascendió al puesto de gran Duque.
De repente, la casa de Kardel comenzó a tambalearse.
De repente, la gran casa ducal de Exion se alzó como la nueva familia heroica del imperio.
Tenía la sospecha de que, detrás de todo esto, estaba Rudville.
«…Realmente actúa como un adulto.»
Intentaba resolver todo solo, sin explicar nada.
Como si ella solo tuviera que sonreír bajo el sol, sin enterarse de nada.
Era el tipo de adulto que nunca había visto en su vida.
Aunque frunció los labios, su expresión no solo mostraba decepción.
También había una preocupación genuina.
«No duermes… Debes estar agotada.»
Odelli se quedó allí, absorta.
Al final de todos esos sentimientos, quedaba un cariño que ni ella misma podía explicar.
De alguna manera, sentía que era la única que lo quería de esa forma.
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Aquel día también, tras pasar la noche en vela, Rudville enterró la cabeza en el escritorio.
Sobre el mapa estaban marcados los lugares donde aparecían bestias mágicas, y al lado había documentos de reuniones nobles esparcidos sin orden.
Pero todo eso no era más que un medio.
Su mirada se fijaba en un solo lugar.
Una nueva fórmula para prolongar la vida de Odelli.
Los archivos secretos de la biblioteca prohibida de la Unión de Magos del Imperio, los documentos del gabinete médico del Palacio Imperial e incluso los manuscritos de la Antigua Torre Negra del Reino de la Magia.
Todas las piezas apuntaban a un solo objetivo.
Salvarla.
Salvar a Odelli, como fuera.
Ese objetivo era ahora su única motivación.
Justo cuando sus ojos, obsesivamente fijos en los textos, empezaban a perder el enfoque…
Sintió una pequeña presencia.
Alguien asomó la cabeza con cuidado por la puerta.
—…
Rudville no alzó la mirada.
Sabía perfectamente quién era.
Poco después, algo fue colocado con delicadeza frente a su escritorio.
Una taza y un plato.
Sobre él, dos scones horneados de forma torpe, colocados de manera desigual.
El azúcar estaba apelotonada en algunos lugares y las formas eran irregulares, pero era evidente el esfuerzo puesto en ellos.
Él no dijo nada.
Y la chica tampoco, saliendo rápidamente de la habitación como si estuviera huyendo.
En silencio, Rudville tomó la taza.
El té aún estaba caliente.
«…Manzanilla.»
Tras un momento de duda, tomó uno de los scones y lo mordió.
Tenía demasiada mantequilla, partes de harina cruda y la base estaba quemada.
En ese momento, volvió a sentir una presencia silenciosa en la habitación.
—…
Terminó el scone sin decir nada.
Imaginando, quizás, a cierto pequeñín sintiéndose orgulloso.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD