Capítulo 113
—Hace mucho que no nos sentábamos así, ¿no?
Ante las palabras repentinas del Príncipe Heredero William, Henry levantó la vista solo un poco para mirarlo. Al notar su atención, William sonrió levemente y señaló alternativamente a Henry y a Edwin.
—Solíamos juntarnos los tres con frecuencia, pero últimamente no hemos podido hacerlo.
—Ah, ¿de verdad?
Las palabras del Príncipe hicieron que Henry mirara a su alrededor con nueva perspectiva. Intentó recordar la última vez que había estado con el Príncipe Heredero y Edwin en la corte, sentados juntos. Parecía que había sido antes del viaje.
—¿Qué hicimos aquella vez?
Apoyando el mentón en su mano, Henry miró su bebida. Creía recordar que también había estado bebiendo algo en esa ocasión. Tras reflexionar un momento, encontró la respuesta.
—Es cierto. Aquella vez ustedes dos tuvieron un duelo.
Y no fue un duelo cualquiera. Ninguno de los dos se contuvo. Uno era el Príncipe Heredero y el otro, el heredero de una Casa Ducal, y el sonido de sus espadas chocando había sido tan feroz que daba escalofríos.
William, entendiendo de inmediato la referencia de Henry, se echó a reír.
—Sí, tienes razón. Ese día el duelo fue especialmente intenso. Ahora que lo pienso, Edwin estaba inusualmente irritable.
El Príncipe Heredero, sin dudarlo, le echó toda la culpa a Edwin por el ambiente tenso de ese día. Sin comprender el significado de sus palabras, Henry lo miró, pero Edwin evitó su mirada como si no hubiera escuchado nada.
—Aquel duelo tenía una apuesta de por medio. Si lo piensas bien, no había otra razón posible.
Como Edwin se mantenía en silencio, William continuó. Se cruzó de brazos y adoptó un aire pensativo, lo que hizo que Henry le prestara aún más atención.
—Henry, sobre el viaje que organizamos… Llevar a Edwin fue el resultado de esa apuesta.
William sonrió con picardía y empezó a relatar los detalles del suceso como si acabara de recordarlos.
—Ese día, Edwin estaba particularmente agresivo en el duelo. Le pregunté por qué, pero con su carácter, ¿crees que me lo diría? Simplemente asumí que estaba de mal humor, como de costumbre. Pero cuando ganó, su condición fue que él también quería ir al viaje.
—¿Edwin dijo eso?
Henry miró a Edwin con sorpresa. Edwin no parecía del todo complacido con la conversación, pero tampoco intentó detenerla.
—Entonces, Su Alteza no lo llevó para ayudarnos a acercarnos, sino porque lo había ganado en una apuesta.
Henry procesó la información con calma. El primer día del viaje, William había incluido a Edwin en el grupo. En ese momento, Henry pensó que lo había hecho para ayudarlo a estrechar lazos con Edwin, pero la verdad era distinta.
—Bueno, quién sabe. Probablemente habría aceptado cualquier otra condición que hubiera pedido.
—Así que ambos estaban pensando lo mismo.
Henry negó con la cabeza con incredulidad. En aquel entonces, no podía soportar la idea de que Edwin los acompañara en el viaje. Incluso llegó a resentir a William por eso. Pero ahora resultaba que Edwin también había estado de acuerdo con esa decisión desde el principio.
—Edwin, no me digas que desde entonces ya sentías algo por mí.
Henry suspiró y murmuró para sí mismo. Si Edwin realmente había estado interesado en él, entonces, ¿por qué había actuado de manera tan distante, como si le molestara su presencia? Al final, aunque decía que no, ¿no significaba que en realidad tenía sentimientos por él desde antes?
—Me molestaba. —Edwin corrigió las palabras de Henry—. De repente empezaste a actuar como si no sintieras nada por mí. Eso me molestó, por eso fui al viaje.
—Por fin lo admites. Aún así, ¿por qué tuviste que venir?
Por culpa de Edwin, Henry terminó despertando un lado de sí mismo que antes no percibía. Además, en ese viaje incluso perdió su piedra de feromonas a manos de Edwin. No obtuvo ningún beneficio de aquel viaje, así que Henry frunció los labios con disgusto.
—Todo fue por tu culpa. Absolutamente todo.
—Aunque lo digas así, ya no hay nada que hacer.
Edwin negó con la cabeza mientras empujaba hacia Henry una bebida y un postre.
—Yo pienso que fue una buena decisión haber ido a ese viaje.
Como Henry no hacía ademán de tomar nada, Edwin decidió actuar por su cuenta y le acercó un racimo de uvas a los labios. Al ver que Henry solo abría los ojos sin ceder, Edwin tocó suavemente su labio inferior con la fruta, como si le estuviera pidiendo que la comiera. Al final, Henry, resignado, abrió la boca ligeramente y aceptó la fruta.
—Si no hubiera sido por ese viaje, nuestra relación nunca habría cambiado.
Por eso Edwin no se molestó en interrumpir cuando el Príncipe Heredero William mencionó el pasado. No había nada que ocultar y, después de todo, ese viaje fue el punto de partida de su relación con Henry.
Henry lo miró con una expresión cargada de palabras no dichas, pero su única respuesta fue masticar lentamente la uva.
—Incluso si pudiera retroceder el tiempo, tomaría la misma decisión.
Esta vez, Edwin tomó una fresa y volvió a tocar los labios de Henry. Solo quería alimentarlo, pero parecía divertido ver cómo el fruto rebotaba en sus labios firmes, lo que le sacó una pequeña sonrisa.
«¿Y si no la como?»
Por un instante, Henry consideró negarse solo por capricho, pero al final la aceptó. El dulzor de la fresa llenó su boca, disipando un poco su mal humor.
—Oigan.
El Príncipe William, que los observaba en silencio, decidió intervenir.
—¿Podrían prestarme un poco de atención? Me siento completamente ignorado aquí…
—Entonces, Su Alteza debería encontrar pareja también.
William, que parecía pedirles un poco de moderación, recibió una respuesta descarada de Henry. Mientras tanto, Henry fijó la mirada en una galleta, y Edwin, dándose cuenta, se la ofreció. A pesar de la mirada suplicante de William para que se detuviera, Henry la aceptó como un pajarito tomando alimento de su pareja.
—Vaya, ya veo cómo es esto.
William entrecerró los ojos y miró a Henry con expresión crítica. Claro, era bueno ver que su amigo había encontrado el amor, pero presenciarlo directamente era otra cosa.
—De todos modos, últimamente hay alguien que me ha estado rondando en la cabeza.
William, ignorando por completo la escena frente a él, cambió de tema.
—¿Su Alteza?
Henry levantó una ceja, sorprendido. William siempre disfrutaba observando los romances ajenos, pero rara vez hablaba del suyo. Que mencionara esto por iniciativa propia era inusual. Edwin, por su parte, no mostró ningún interés en la conversación.
—Cuanto más lo veo, más me llama la atención. Y cuando no lo veo, pienso en el..
—¿De verdad?
—Nunca antes alguien había despertado tanto mi interés.
—Entonces, ¿quién es?
Que fuera el Príncipe William quien decía esto despertó la curiosidad de Henry. ¿Quién podría ser capaz de captar su atención? Justo cuando iba a preguntar con más detalle, de repente se detuvo. La conversación había fluido con tanta naturalidad que, sin darse cuenta, se había dejado llevar.
Henry, dándose cuenta tarde de la trampa, frunció el ceño con desconfianza.
—No, mejor no lo preguntaré. Así que no tiene que decírmelo.
—¿Así de cobarde vas a ser?
—No es cobardía, simplemente prefiero no saberlo.
William no diría algo así sin motivo. Seguramente se trataba de alguien que Henry conocía. Pero fuera quien fuera, Henry no tenía intención de averiguarlo.
Decidido a ignorar el tema, se giró completamente hacia Edwin, dejando claro que no le interesaba continuar la conversación. Aun así, no pudo evitar que su mente comenzara a trabajar.
«El Príncipe Heredero ya está en edad para considerar una pareja adecuada. ¿Quién podría ser? Si era alguien que Henry conocía y que al mismo tiempo pudiera atraer el interés de William…»
Mientras enumeraba posibles candidatos en su mente, de repente, un rostro apareció en su imaginación.
Henry se quedó petrificado.
«No puede ser…»
Edwin, al notar el desconcierto de Henry, levantó la mano y acarició suavemente su mejilla. Sin necesidad de palabras, su ternura le transmitió calma, y Henry cerró los ojos por un momento, disfrutando la caricia.
—De verdad, eres demasiado cariñoso en cualquier momento.
El Príncipe William, que ya no podía soportarlo más, intervino, pero Edwin no apartó su mano del rostro de Henry.
—De cualquier manera, prefiero fingir que no he oído nada.
—Al menos deberías preguntar quién es.
—Ni eso quiero saber. Siento que, si lo escucho, me terminará importando demasiado.
—¿Ah, sí? Pues entonces lo diré, y ya verás cómo te tapas los oídos.
Parecía que al Príncipe le había dado por desafiarlo. A pesar de la evidente negativa de Henry, William insistía en contarle. Henry, sin saber qué más hacer, tomó la mano de Edwin y se tapó los oídos.
—¿De verdad crees que así no lo vas a escuchar?
Aunque se cubriera los oídos, la voz del Príncipe seguía filtrándose, aunque levemente. Henry frunció el ceño con fastidio y murmuró algo por lo bajo. Entonces, algo inesperado ocurrió: Edwin, quien hasta ahora había estado ignorando la conversación, abrió la boca al mismo tiempo que Henry.
—Mi hermana Henna será quien lidere la Casa Ducal de Timothy en el futuro…
—Hook no estaba interesado en Su Alteza para nada, pero…
—…
Sus palabras se cruzaron y chocaron entre sí.
Henry, convencido de que el Príncipe estaba hablando de Henna, lo miró con extrañeza. ¿Pero entonces, qué había dicho Edwin? ¿Hook?
Eliza:Siiiiiiii mi ship a ganadooooooo
—¿Hook?
Bajando las manos de sus oídos, Henry miró a William, quien le respondió con una sonrisa radiante y asintió.
—Cuanto más lo veo, más me gusta. Incluso su feromona, que se filtra de manera tan sutil, me parece encantadora.
—¿Feromona?
Henry ladeó la cabeza con incredulidad. «¿Hook tenía feromonas?»
—¿No lo sabías?
William le devolvió la pregunta con una expresión curiosa. Luego, recordando que Henry y Edwin ya estaban marcados el uno al otro, asintió como si hubiera comprendido.
—Por más que lo haya ocultado bien, no pudo borrar por completo el aroma de un Omega.
Edwin, por su parte, no mostró ninguna reacción, lo que hizo que Henry dudara si ya lo sabía o simplemente no le interesaba.
—¿Hook es un Omega?
Henry quedó completamente en shock ante aquella revelación que jamás se le habría pasado por la cabeza.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.