Capítulo 112
—¿Es muy tarde?
Ante la pregunta de Kayla, los ojos de Henry se desviaron un momento hacia un lado antes de volver a el. Había venido porque le dijeron que Kayla lo estaba esperando cuando regresaba de cenar con su familia.
—Está bien.
No le resultaba extraño que Kayla lo visitara a altas horas de la noche, ya que lo había hecho antes. Henry tomó un sorbo de té, relajando su cuerpo antes de dormir. Después de que Kayla se fuera, planeaba sumergirse en agua caliente y disfrutar de un buen descanso…
—Te esperé.
Ante la fuerte y directa afirmación de Kayla, Henry dejó su taza de té en silencio. En realidad, desde que el apareció, no había podido evitar recordar la confesión que recibió anteriormente. Kayla le había expresado sus sentimientos, y aunque Henry los rechazó, no sentía que aquella despedida hubiera sido completamente resuelta. Tal vez por eso no se habían vuelto a ver hasta ahora. Así que entendía por qué el lo buscaba.
Henry suspiró, alejando los pensamientos que trataban de evadir la situación.
—Lo siento por no haberte buscado. No sabía qué decirte.
Había pensado en el varias veces, pero nunca se atrevió a dar el paso de ir hasta el palacio.
—No recuerdo nada de cuando éramos niños ni de los momentos que compartimos como amigos. Y, aun así, nunca te vi completamente como una amigo.
No todos los amigos son iguales. Para Henry, Kayla era alguien con quien mantenía una relación cordial, nada más. Y al darse cuenta de sus sentimientos, comenzó a dudar aún más.
—Cuando recibí tu confesión, se volvió aún más difícil. Me hizo reflexionar sobre lo que realmente sentía por ti. Y mi conclusión fue que, como puedes ver, me resulta complicado buscarte.
El era la persona que originalmente estaba destinado a Edwin, el protagonista de la historia. Por eso, mirarlo le resultaba incómodo. No porque no le gustara, sino porque sentía culpa al estar con alguien que, en su mente, debía haber estado con Edwin.
Kayla dejó escapar un leve sollozo tras escuchar la sinceridad de Henry. Quería volver a verlo y saber lo que sentía. Aunque él no habló demasiado, dejó claro que marcaba un límite entre ellos. Se sintió empujado más allá de esa línea sin posibilidad de cruzarla.
—Lo sabía, pero escucharlo así… no se siente bien.
Kayla se sujetó el pecho y fingió hacer una mueca juguetona. Henry, nervioso, respondió de inmediato.
—Eso no significa que no me gustes, solo que…
—No es que te desagrade, pero te incomodo, ¿verdad? Por eso sigues llamándome “Príncipe”.
—Ah…
¿Lo había hecho? Henry se dio cuenta, gracias a sus palabras, de que inconscientemente había puesto distancia entre ellos. Antes de todo esto, solía llamarla por su nombre sin problema.
—Lo siento por eso también.
Kayla dejó de fingir su expresión de dolor y entrecerró un ojo, examinando su rostro. Finalmente, bajó la mano, como si decidiera que era suficiente.
—Yo…
La voz de Kayla se suavizó y Henry no pudo evitar tensarse. ¿Qué iba a decir? Aunque sentía su mirada sobre él, ella se tomó su tiempo antes de hablar. Cuanto más se alargaba ese silencio, más inquietos se volvían los dedos de Henry.
—Todavía me gustas, Henry. Así que, aunque me duele que no podamos ser más que amigos, prefiero eso a no verte nunca más.
Kayla expresó con timidez lo que había sentido durante los días que pasó esperando a Henry.
—Por eso quiero verte a menudo. Aunque, si te veo con Edwin, puede que me ponga de mal humor.
Con un tono juguetón, intentó ocultar sus verdaderos sentimientos, pero Henry, sintiéndose avergonzado, se cubrió los ojos con una mano.
—Aun así, quiero verte. Así que, Henry, ven a buscarme y háblame con frecuencia.
—Si lo dices así, me haces sentir aún más culpable.
—¿Por qué? Dijiste que somos amigos. Solo que Edwin es tu pareja y yo solo soy un amigo.
Kayla frunció el ceño al darse cuenta de que expresar esa diferencia con sus propias palabras no le sentaba bien.
—Pero de verdad no lo entiendo. ¿Por qué, entre todas las personas, tenía que ser Edwin?
—¿Eh?
Henry no comprendió de inmediato las palabras de Kayla y le pidió que repitiera.
—Él no es gran cosa. Ni siquiera es amable, siempre tiene el ceño fruncido.
—Eh… ¿de verdad?
—Sí, de verdad. Y además, ¿cómo es posible que justo tú, Henry, termines con alguien que ni siquiera habla bonito?
Kayla no tuvo reparo en criticar a Edwin. Desde el principio, tenía sentimientos por Henry, así que nunca le había deseado que tuviera una buena relación con Edwin. Más bien, le resultaba frustrante que, de entre todas las personas, hubiera elegido precisamente a él, por lo que no dudó en señalar sus defectos.
Sin embargo, el que terminó sintiéndose incómodo fue Henry. Dudó por un momento, se pasó una mano por el cabello y respondió con cautela.
—No es alguien que exprese cariño de manera obvia, pero creo que me cuida bien… Y sí, frunce el ceño, pero también sonríe bastante.
—¿En serio?
Kayla ladeó la cabeza con incredulidad. No parecía convencida de que Edwin tuviera ese lado. Al ver su reacción, Henry levantó un poco la voz.
—Además, antes de ser pareja, éramos amigos. Así que no creo haber recibido palabras particularmente bonitas, pero yo tampoco las decía.
Henry entrelazó los dedos con nerviosismo. No podía rebatir completamente lo que decía Kayla, porque era cierto que Edwin tenía esa actitud distante. Sin embargo, tampoco podía aceptarlo del todo, porque, al menos con él, Edwin era alguien amable y que sonreía con facilidad. Por eso, que Kayla lo criticara tan abiertamente le incomodó un poco.
—No lo sé. Para mí, es un buen compañero…
—Ya veo. Para ti, Edwin es una buena persona.
Kayla sonrió, y fue en ese momento que Henry se dio cuenta de que lo estaba provocando. Cuando comprendió que el lo hacía a propósito, cerró la boca. Sin querer, había terminado presumiendo a su pareja frente a Kayla, y ahora se sentía demasiado avergonzado para seguir hablando.
De hecho, Henry ni siquiera había contado a nadie fuera de su familia que estaba saliendo con Edwin. Ni siquiera se lo había dicho personalmente al Príncipe Heredero, y sin embargo, con Kayla, lo había mencionado de manera completamente natural.
«¿Cuándo había llegado a este punto?»
Trató de repasar sus pensamientos, pero al final simplemente se rindió y dejó escapar una risa.
A estas alturas, ya no tenía nada que ocultarle a Kayla.
—Tal vez no para los demás, pero para mí, realmente es un buen compañero.
—Así que esa es la expresión de alguien que acaba de enamorarse.
Kayla apoyó la barbilla en una mano y observó fijamente a Henry, lo suficiente como para hacerlo sentir incómodo y desviar la mirada.
—Entonces, dime, ¿qué es lo que hace Edwin para ser tan amable?
Henry lo pensó por un momento. Había muchos momentos en los que Edwin había sido tierno con él. Si tenía que enumerarlos, podía hacerlo sin problema.
—Bueno… me da de comer sopa…
—¿Te da de comer?
Los ojos de Kayla se abrieron de par en par mientras interrumpía a Henry. Su expresión era como si estuviera preguntándose si realmente Edwin le había dado de comer, o si más bien le había lanzado la sopa en la cara.
Viendo lo sorprendido que estaba por algo tan simple, Henry dudó en seguir hablando. Sin darse cuenta, había empezado a presumir a su pareja con tanto entusiasmo que terminó con la cara enrojecida por el resto de la noche.
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A la madrugada, después de que Kayla se marchara, Henry apenas pudo dormir unas horas antes de levantarse y frotarse los ojos cansados. Fue a buscar a Edwin.
Cuando llegó a su habitación, entró con naturalidad y, tambaleándose ligeramente, se dejó caer en el cómodo sofá, casi recostándose en él.
A pesar de la repentina visita, Edwin no se sorprendió en absoluto. De hecho, se alegró al verlo y, sin dudarlo, dejó los documentos que estaba leyendo para acercarse a él.
Henry lo miró de cerca y, de repente, frunció el ceño con expresión insatisfecha.
Verlo le hizo recordar lo ocurrido la noche anterior.
Henry suspiró y dijo en voz baja:
—Ayer vino Kayla.
Al parecer, no era un nombre particularmente bien recibido, porque de inmediato la presencia de Edwin se volvió intensa, como si su feromonas impregnaran el aire con descontento.
—No te veas con el tan seguido.
—De todos modos, no lo veía con frecuencia, pero así lo haré.
Henry asintió obedientemente mientras recordaba la conversación que tuvo con Kayla. No podía expresar lo avergonzado que se sintió al contarle a Edwin cómo lo había tratado la noche anterior. Solo de pensarlo, sentía que su rostro volvía a calentarse, por lo que se dio unos golpecitos en las mejillas con la punta de los dedos.
Tanto fue así, que a pesar de estar agotado después de que Kayla se marchara, había venido a buscar a Edwin. Lo había mencionado tantas veces que, sin pensarlo demasiado, terminó actuando por impulso y yendo a verlo porque simplemente quería verle la cara.
—¿Por qué tienes los ojos tan rojos?
Edwin, que solo estuvo contento de ver a Henry por un instante, enseguida dejó escapar su disgusto y se acercó rápidamente para acariciarle con el pulgar la piel debajo de los ojos. Aunque se movió con rudeza, su toque fue increíblemente delicado.
—Por tu culpa.
Henry se había encontrado con Kayla, pero de alguna manera toda la culpa terminó recayendo en Edwin. No tenía ni idea de lo que había pasado, así que tenía motivos para sentirse injustamente señalado. Sin embargo, en lugar de molestarse, Edwin sonrió con satisfacción.
No importaba lo que fuera, mientras estuviera relacionado con Henry, para él era suficiente.
—Ven aquí.
Henry extendió los brazos hacia Edwin. Como estaba sentado, Edwin lo superaba en altura. Cuando Edwin se inclinó y acercó su cuerpo al sofá, Henry aprovechó la oportunidad para rodearlo con los brazos y abrazarlo con fuerza.
Lo sostuvo contra sí, sintiéndose lleno de satisfacción al tener en sus brazos a la persona de la que había estado presumiendo con Kayla.
Hundiendo su rostro en el cuello de Edwin, Henry dejó escapar sus feromonas libremente. Al igual que si se mezclaran con las suyas, Edwin también liberó su propio aroma, envolviéndolos a ambos en un cálido abrazo invisible. Henry exhaló un suspiro profundo, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba.
Más que sumergirse en una bañera de agua caliente, se sentía aún más adormilado y cómodo al estar cubierto por las feromonas de Edwin.
—No pensé que tu aroma pudiera volverse tan reconfortante.
Henry sonrió, sintiéndose en calma al mezclarse con el olor de Edwin.
Ahora entendía perfectamente lo que significaba que una marca pudiera estabilizar a alguien.
Estar en su propia casa también era reconfortante, pero nada se comparaba con estar en los brazos de Edwin.
Edwin era muchas cosas: era amable, era alguien que fruncía el ceño con facilidad, era tierno, pero también alguien que no sabía hablar con dulzura…
Las palabras que había intercambiado con Kayla se mezclaron en su mente.
Pero al final, lo que más amaba, era a Edwin tal y como era.

TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.