Capítulo 112
Desde hacía días, él contaba las fechas.
El día en que, según sus recuerdos de su vida pasada, Odelli sufría terriblemente cada año.
—Hoy me encargaré del turno completo.
—¿Qué? ¿Por qué tú?
—Es el Día de la Guardia, ¿no? Disfrute del festival con tranquilidad.
El caballero que había respondido con irritación pronto mostró una expresión conmovida.
—Este muchacho… eres un buen tipo, ¿eh? Cuando te insulté la última vez por ser un inútil antisocial, no lo decía en serio.
—…
Después de enviar al caballero asignado para la vigilancia nocturna, Rudville se ofreció para el turno completo.
Tenía el presentimiento de que, como aquel día, ella podría estar colapsada.
—Señorita.
TOC, TOC.
Golpeó la puerta, pero, como esperaba, no hubo respuesta.
Al abrir con cuidado, la encontró tal como había imaginado: acostada en la cama, de espaldas y cubierta con la manta.
Pero hasta en su respiración superficial se percibía fatiga y dolor.
La comida, intacta, ya se había enfriado.
Sin decir nada, recogió la bandeja en silencio.
En su lugar, había preparado una pequeña taza con una bebida de leche caliente mezclada con miel.
Algo que recordaba por lo que ella había mencionado en su vida anterior.
«Cuando estaba enferma, esto era lo único que podía tomar….»
Y en un plato aparte, había colocado unas magdalenas suaves.
Un postre que había tomado a escondidas del chef.
—Si la comida le resulta demasiado, al menos pruebe esto. Está caliente.
No hubo respuesta.
Odelli seguía de espaldas, sin moverse.
—La ceremonia de purificación programada para mañana ha sido pospuesta para dentro de una semana.
Rudville habló con calma, intentando sonar lo más natural posible.
Era cierto, pero no por voluntad de la familia Kardel.
El ritual se había retrasado gracias a un falso informe que indicaba que el estado de Odelli parecía críticamente inestable.
Y quien había presentado ese informe no era otro que el propio Rudville.
—…Tú, ¿qué eres?
Su voz sonaba quebrada.
En su tono, se notaba que incluso hablar le resultaba doloroso, como si su garganta estuviera deshecha.
Rudville la miró un momento y decidió retirarse en silencio.
Temer que incluso enfrentarla ahora sería una carga para ella.
—Disculpe. Me retiraré. Por favor, coma con tranquilidad.
Para evitar que sufriera más, para no agotarla con emociones innecesarias, dio un paso atrás.
—Si me necesita, llámeme en cualquier momento. También puede golpear la pared ligeramente.
En el instante en que se dio la vuelta, una mano pequeña y débil agarró el borde de su uniforme de caballero.
Era un agarre tan frágil que podría haberse liberado fácilmente, pero no pudo moverse.
—…Te pregunté qué eres.
Ella habló con claridad, como si cada palabra le costara un suspiro.
—¿Por qué…? ¿Por qué haces esto por mí?
—…
—¿Por qué… me tratas bien?
Rudville tragó saliva sin poder mirarla a los ojos.
No podía decirlo.
Quién era él, cómo todo esto había comenzado al final de un tiempo irreal, qué tipo de conexión tenían.
Si ella preguntaba por qué lo hacía, él pensaba que la respuesta era obvia.
«Porque tú fuiste buena conmigo, yo soy bueno contigo. Porque me salvaste, yo también quiero salvarte a ti. Porque fuiste la primera en darle “significado” a mi vida, quiero devolverte ese favor.»
Pero la Odelli de ahora no recordaba nada de eso.
Si en este momento ella preguntaba por qué…
—…Porque quería hablar con la señorita.
Después de una pausa, respondió con cuidado.
—¿Ahora puedo hablarle?
Odelli lo miró entreabriendo los ojos y luego dejó escapar una risa como si se desinflara.
—¿Dices que siempre has querido hablar conmigo?
—…Sí.
—Qué tonto.
Las comisuras de sus labios se levantaron levemente, y por un momento, su pálido rostro se tiñó de calidez.
Su habitual expresión inexpresiva brilló con una claridad nunca antes vista.
Rudville la miró atónito.
Su corazón latía como loco. De manera incomprensible, abruptamente.
Odelli seguía acostada.
En el lugar donde había estado su sonrisa, ahora se asentaba una fatiga abrumadora.
Pero sus ojos, dirigidos hacia él, definitivamente tenían una temperatura diferente a antes.
Rudville seguía allí, paralizado.
Debía irse, pero sus pies no se movían.
En su visión, el tenue rastro de una sonrisa en su pálido rostro se superponía a todo.
Sin darse cuenta, su rostro se sonrojó. Sus orejas ardían.
«No puedo ser así. Esto es….»
Por el simple hecho de que ella había sonreído, todo su entrenamiento brutal, los recuerdos de sus regresiones, toda su fuerza de voluntad se desvaneció en un instante.
—…La leche se enfriará. Debería tomarla mientras está caliente.
Su voz era apenas un susurro.
Haciendo un esfuerzo por mantener la compostura, tomó la taza y se la acercó.
Odelli vaciló un momento, pero finalmente aceptó la leche y la bebió.
Rudville, naturalmente, le acercó una magdalena.
Ella también la tomó y la masticó lentamente.
Mientras observaba esos pequeños y lentos movimientos, su corazón se derretía poco a poco.
Como un gatito asustadizo que por primera vez se deja abrazar, una emoción indescriptible lo inundó.
En ese momento, Odelli abrió la boca para hablar.
—¿Eh? Disculpe, no escuché bien.
Su voz era demasiado baja, y ella solo miraba fijamente el dobladillo de su vestido.
Sin mirarlo, susurró muy quedamente:
—…Gracias.
Rudville no pudo apartar la mirada.
De pronto, sintió el impulso de tocarse las orejas, que ardían en rojo.
Esa noche, Odelli cayó en un sueño profundo.
Aunque sudó y se agitó varias veces, como si tuviera pesadillas, alguien permaneció a su lado sin moverse ni una vez.
Rudville no durmió en absoluto, grabando en su corazón un rostro que jamás olvidaría.
Solo entonces lo entendió.
Por qué su vida pasada la había llenado solo con la espada, por qué, al obtener la gema de la regresión, pensó en salvarla y huir juntos, por qué estaba dispuesto a repetir ciclos sin fin.
Por qué, tan tontamente, había perseguido solo a una persona.
Todo, porque se había enamorado de ella.
En el momento en que se dio cuenta, el rostro de Rudville se enrojeció por completo.
Su pecho ardía como si fuera a estallar, y le faltaba el aire.
—Ah…
La fiebre del primer amor había comenzado.
Robin: siii siii siiiii
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
A la mañana siguiente, llegó la hora habitual del desayuno. Mientras entraba con la bandeja de comida, Rudville se detuvo de repente.
Odelli seguía sentada en su lugar, pero era diferente.
La chica que siempre estaba acostada de espaldas, hoy miraba hacia adelante.
Mirándolo a él.
A Rudville.
—…Buenos días, señorita.
Quedó paralizado como un bloque de hielo antes de lograr acercarse a ella, con pasos torpes.
Sentía que movía el mismo brazo y pierna al mismo tiempo, pero no tenía ánimos para corregirse.
Odelli no dijo nada.
Pero tampoco evitó su mirada.
Sus ojos seguían inexpresivos, y sus pálidos labios cerrados, pero Rudville percibió algo diferente en ellos comparado con el día anterior.
Eso, al menos, no era un “rechazo”.
Cuando iba a dejar la bandeja, ella habló en voz baja.
—¿Tu nombre era “Ru”, verdad?
—…¡Sí!
No esperaba que recordara su nombre.
En su primer encuentro, había balbuceado como un idiota, pero milagrosamente lo había entendido.
—Es un nombre raro.
—…
Rudville movió los ojos sin poder decirle que era un apodo que ella misma le había puesto en otra vida.
Mientras colocaba con cuidado las magdalenas y los analgésicos en un plato pequeño, ella habló de nuevo.
—…La próxima vez, despiértame.
—¿Eh?
—No está bien tocar la boca de alguien así. Aunque yo sea un antídoto y no me sienta humana…
Ante esas palabras, Rudville olvidó todo lo demás y se obsesionó con una sola frase: no me sienta humana.
Su expresión cambió al instante.
—No diga eso.
Su voz era más grave y seria de lo habitual.
Olvidando su timidez y mirándola directamente, continuó lentamente:
—Usted es humana. Más que nadie. La única en mi…
—¿Única?
—Única…
—Única, ¿qué?
—…
Odelli lo miró un momento y luego preguntó de sopetón:
—…¿Te gusto?

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD