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Capítulo 110

—Por aquí.

El caballero se adentró en un callejón poco transitado y habló a la persona que lo seguía. Aquel individuo, con el rostro cubierto por completo con un sombrero, se detuvo por un instante en la entrada del callejón.

Taylor chasqueó la lengua con evidente disgusto al percibir el hedor rancio, el suelo sucio y los vagabundos apoyados esporádicamente contra las paredes. Tener que atravesar un lugar así… Si no fuera por una situación tan inevitable como esta, jamás lo experimentaría.

Resignado, dio un paso adelante y, mientras avanzaba, apretó los dientes con furia al pensar en Henry Timothy. Si no fuera por él, esto no estaría pasando. Era un arrepentimiento que había repetido miles de veces desde que Henry despertó. Debería haberlo matado en ese mismo instante. Haber intentado evitar ser atrapado con métodos indirectos solo había servido para volverse su propio obstáculo.

—En cuanto salga de aquí…

La próxima vez se aseguraría de atarle el cuello para que nunca más pudiera despertar.

—¡Ack!

Fue en ese momento. El caballero que iba delante de él se detuvo repentinamente y emitió un sonido gutural.

—¿Qué sucede?

Taylor, absorto en sus pensamientos, se tensó y miró al caballero. Se sentía seguro de que nadie los había seguido, ya que había tomado todas las precauciones necesarias. Además, tenía informantes infiltrados en el círculo de Henry Timothy, lo mismo que en otros grupos de la nobleza.

Pero entonces, el caballero, en lugar de responder, se desplomó de lado, dejando al descubierto la figura oculta detrás de él.

—¡Tú!

Taylor abrió los ojos de par en par al reconocer a la persona que le bloqueaba el camino. Edwin Lorenz. Sabía que había estado buscándolo, pero nunca imaginó que se encontrarían de esta manera.

Rápidamente, Taylor miró a su alrededor. No solo tenía al caballero que lo escoltaba, sino también varios guardias ocultos en las sombras para protegerlo. Sin embargo, por más que escudriñó el área, ninguno apareció.

—Puedes esperar todo lo que quieras, pero nadie vendrá.

—No puede ser…

Por su tono, no parecía que Edwin lo hubiera encontrado por casualidad y comenzado a seguirlo. ¿Acaso había estado esperando su llegada?

Taylor estaba seguro de que había logrado eludir la vigilancia de Edwin. Incluso había dispuesto personas para vigilarlo y reaccionar ante cualquier movimiento suyo. Que ahora estuviera cara a cara con él lo sorprendía aún más.

Sin importar la reacción de Taylor, Edwin lo miraba con una expresión impasible.

—¿Qué le hiciste a Henry?

Su voz sonó baja, con un tono indiferente pero implacable, como si estuviera dispuesto a dictar sentencia dependiendo de su respuesta.

Taylor chasqueó la lengua en su mente y lo fulminó con la mirada. Según lo que había escuchado, Edwin y Henry tenían un vínculo, lo que explicaba que no pudiera percibir ninguna feromona de él. Y aún así, su mera presencia era suficiente para ponerlo nervioso. Era una señal clara de que estaba siendo completamente dominado por la presión de Edwin. Esto le resultaba insoportablemente irritante.

—¿De qué me acusas? No hice nada.

Taylor optó por retroceder primero. Sabía que Edwin lo quería muerto, pero mientras no tuviera pruebas, no se atrevería a actuar sin más.

Sin embargo, Edwin, aparentemente insatisfecho con la respuesta, desenvainó su espada sin vacilar. Sin una segunda pregunta, su intención era atacar de inmediato, lo que llevó a Taylor a alzar las manos apresuradamente.

—¿En serio vas a atacarme? ¡Las disputas entre nobles deben seguir las normas establecidas…!

—Eso no me preocupa.

El tono de Edwin era ligero, como si el destino de Taylor ya estuviera sellado y esas reglas fueran irrelevantes.

—¿Cómo puedes…? ¡Es vergonzoso que alguien como tú sea un Noble de alto rango!

—Eso también es mi problema.

Edwin no necesitó decir más y, sin la menor vacilación, lanzó un tajo directo al pecho de Taylor. En un instante, la hoja se acercó a su cuerpo, y Taylor apenas tuvo tiempo de reaccionar. Con el corazón acelerado, se movió con desesperación y logró esquivarlo por muy poco, pegándose contra la pared.

Al bajar la mirada a su ropa, su rostro palideció. Su chaqueta estaba rasgada con un corte limpio. Si la espada hubiera ido un poco más profunda, su piel también habría sido cortada.

—¡Espera!

Taylor hizo todo lo posible para frenar a Edwin. Corrió desesperadamente en círculos, gritando a todo pulmón, y desenvainó su propia espada para defenderse. Sin embargo, cuanto más intentaba escapar, más crecía en su interior la certeza de que no podría huir de Edwin.

Finalmente, cambió de estrategia.

—¡Henry Timothy! Está bien. ¡Fui yo!

Taylor confesó lo que había hecho.

—Como soy un criminal, deberías enviarme a prisión. Seguramente sabes qué ocurre si ejecutas a un culpable sin juicio, ¿verdad?

Esto era exactamente lo que Taylor deseaba. No sabía qué castigo le esperaba si lo encerraban, pero era mejor que morir en este lugar.

Por supuesto, no era su único objetivo.

Cuando admitió sin resistencia lo que había hecho, Edwin cambió la trayectoria de su espada en el aire. La hoja, que un instante antes parecía dispuesta a partirle el cráneo, desapareció de su vista. Taylor dejó escapar un suspiro de alivio y observó con cautela la expresión de Edwin.

—Escuché su versión de los hechos. Dicen que despertó sin problemas…

—¿Y qué importa eso?

Que Henry hubiera recuperado la conciencia no borraba los crímenes de Taylor. Mientras caminaba en círculos, trató de entablar conversación con Edwin.

—Entonces ya deberías saberlo bien. Yo no fui el único que interfirió con él. También me estorbó.

Todo comenzó cuando Henry se apropió del tesoro del Archimago. De no haber sido por eso, jamás habrían tenido relación alguna.

—Así que no me eches toda la culpa a mí.

Al final de sus palabras, una sonrisa apenas perceptible asomó en su rostro. No pudo evitarlo: su plan avanzaba según lo previsto. Mientras entretenía a Edwin, en secreto había puesto todo en marcha.

—Si crees que eso es un buen argumento para reducir tu castigo, adelante.

Edwin, sin detectar la intención oculta de Taylor, simplemente afirmó su error. No parecía dispuesto a atraparlo en ese momento. Viendo la oportunidad, Taylor alzó las manos.

—Sí, es cierto. Me molestaba, así que intenté eliminarlo.

Taylor no pudo contener la sonrisa que se dibujaba en sus labios.

—Y tú, que también te interpusiste en mi camino, debiste ser más cuidadoso.

Sus ojos se clavaron en Edwin con resentimiento. Luego, levantó una mano con un gesto de suficiencia.

—¿Quieres saber cómo lo hice? Fue así. Aumenté la cantidad de feromonas de Henry Timothy a un nivel anormal. Cuando alguien no puede manejar ese exceso, las feromonas se convierten en veneno y destruyen sus órganos. Aquí, justo aquí.

Taylor se dio un leve golpecito en la sien con el dedo índice.

Desde el principio, nunca había tenido la intención de entregarse. Todo era un truco para hacer bajar la guardia a Edwin.

Este era su último recurso: la amplificación de feromonas. Como Edwin también era un Alfa, no podría escapar de sus efectos. Por primera vez, una verdadera sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de Taylor.

—Puede que Henry Timothy haya tenido suerte y despertara, pero un Alfa extremo como tú… es distinto.

Quizás Henry tenía feromonas demasiado débiles para que el veneno hiciera efecto en su cerebro. Pero Edwin era otra historia. Todos en el continente sabían que era un Alfa extremo. Ya tenía feromonas en exceso. Si Taylor las amplificaba aún más, Edwin no podría resistirlo.

—Es una lástima no haber derribado a Henry Timothy… pero verte colapsar y escuchar tus gritos tampoco estaría mal.

Cuando Edwin cayera, Taylor simplemente escaparía. Y si más adelante tenía la oportunidad de deshacerse de Henry, sería aún mejor.

Taylor observó atentamente a Edwin mientras hablaba, notando cómo su ceño se fruncía ligeramente. Al verlo, su sonrisa se volvió aún más confiada.

Ahora, al igual que con Henry Timothy, Edwin caería y él se alejaría, burlándose de su desgracia.

—Ya casi es el momento, ¿eh?

Pero justo cuando esperaba ver a Edwin tambalearse, sintió algo extraño. Se agarró el pecho de golpe.

De repente, el aire a su alrededor desapareció por completo. Se ahogaba.

—¿Qué… qué es esto…?

Su garganta se cerró. Un sonido gutural salió de su boca mientras su cuerpo se retorcía de dolor.

Y entonces, sus ojos se encontraron con los de Edwin.

Taylor sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Los ojos de Edwin estaban serenos, inexpresivos.

—Así que esto es lo que le hiciste a Henry.

Edwin murmuró con la misma calma de antes, observando los efectos en su propio cuerpo. Sin embargo, no parecía estar sufriendo en absoluto.

Taylor no podía entenderlo.

«¿Por qué? ¿Por qué él estaba bien?»

El aumento de feromonas debía ser aplastante, pero en lugar de verse afectado, era él quien no podía respirar.

Era como si algo invisible lo estuviera presionando con un peso descomunal, como si una roca gigantesca lo estuviera aplastando contra el suelo.

El miedo se apoderó de Taylor.

—¿Solo pensaste en aumentar la cantidad de feromonas? —Edwin lo observó con frialdad—. ¿Es todo lo que tienes?

—¿Qué demonios… qué está pasando?

Taylor luchó por exhalar a la fuerza mientras preguntaba. En medio de su agonía, arañaba la pared sin poder hacer nada para aliviar el dolor.

—Estoy acostumbrado a tener una gran cantidad de feromonas.

Desde que se manifestó, su cuerpo rebosaba de feromonas hasta el punto de desbordarse. Al principio, solo intentaba contenerlas, pero en algún momento, cuando dejó escapar una pequeña cantidad, sintió una sensación refrescante. Fue entonces cuando todo cambió. De todos modos, nadie podía percibirlas, así que dejó de contenerlas y empezó a liberarlas según su estado de ánimo. Desde ese momento, en lugar de controlar sus feromonas, eligió simplemente expulsarlas.

Ahora, Edwin, quien había aprendido a manipularlas hábilmente a través de la piedra de feromonas, no tenía ningún problema con la amplificación. En cambio, devolvió el exceso de feromonas directamente a Taylor, quien no pudo soportarlo y terminó desplomándose.

—Es interesante.

Edwin mostró su fascinación al descubrir que las feromonas podían hacer más de lo que había imaginado. Ni siquiera parecía notar el sufrimiento de Taylor, que se retorcía en el suelo, arañando la tierra.

—Por favor… sálvame.

Taylor extendió una mano suplicante hacia Edwin, la única que no estaba aferrándose al pecho. Sentía que en cualquier momento dejaría de respirar. Ante su desesperación, los ojos de Edwin se posaron sobre él.

Taylor interpretó su mirada como una señal de esperanza y, con los labios temblorosos, forzó una sonrisa.

—Yo… hice mal… todo… Por favor. Las feromonas…

—Ya es tarde.

Esas palabras debieron decirse antes de que Henry se desplomara. Pero Taylor ya había puesto sus manos sobre Henry, y de no haber sido por un golpe de suerte, las cosas podrían haber sido aún peores. Para Edwin, la palabra “perdón” no existía.

Edwin observó a Taylor, quien seguía retorciéndose en el suelo, y extendió la mano hacia el cuello de su camisa.

***

No se sabía cuánto tiempo había pasado, pero cuando los gritos que resonaban en el callejón cesaron, un caballero que vigilaba afuera entró. Sus ojos pasaron sin emoción sobre Taylor, que seguía agitándose en el suelo.

Al evaluar su estado, el caballero comprendió que, considerando que había osado tocar al joven Henry Timothy, el hecho de que siguiera vivo solo significaba que Edwin había mostrado clemencia.

—¿Qué hacemos con él?

El caballero preguntó sobre el destino de Taylor, mientras Edwin limpiaba con un pañuelo la sangre que manchaba sus manos.

—Dijo que quería ir a la cárcel, así que mándenlo allí.

Taylor había mencionado la cárcel con la esperanza de salvarse, pero después de recibir el castigo de Edwin, terminó yendo a prisión de todos modos.



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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