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Capítulo 11

Tenía que asegurarme de una cosa: si Lionel había irrumpido en el monasterio con la intención de encontrar a “Serenia Solen” desde un principio, o si solo investigó sobre mí después de haberme sacado de allí.

Solo conociendo eso podría entender con claridad por qué me necesitaba.  

Por alguna razón, el ánimo se me vino abajo de forma extraña. Sin pensar, empecé a atiborrarme de chocolates y galletas hasta que las mejillas se me inflaron.

Si mi familia estuviera aquí, seguro me habrían regañado para que comiera con moderación, pero como ahora no hay nadie a mi lado, no pasa nada. Aunque termine llenándome con dulces y me salte la cena, ¿quién se preocuparía sinceramente por mí?

A medida que masticaba esas cosas dulces hasta marearme, comencé a sentirme un poco mejor.

Era como si hubiera devorado de una sola vez postres finos que en el monasterio apenas podía probar una vez al año… y ahora me los comía como si acumulara lo de tres años.

Tragué el té, ya algo tibio pero aún fragante, y justo cuando dejé la taza vacía sobre la mesa, la puerta del salón se abrió.

—Lamento haberte hecho esperar tanto.

Lionel se acercó con pasos rápidos y decididos.

Un aroma suave que flotaba en el ambiente se volvió más intenso a medida que se aproximaba.

Yo seguí sentada en el sofá, observándolo en silencio, y entonces noté cómo se detenía justo antes de acercarse por completo, dejando una pequeña distancia entre nosotros.

—Sacerdotisa, ¿me permite?

—¿Eh…?

Como no entendí bien su intención, le devolví la pregunta. Entonces se sentó a mi lado, sacó un pañuelo de su pecho y, con los ojos entrecerrados, comenzó a limpiarme cuidadosamente los labios.

En cuanto sentí las migas deslizarse bajo la suave tela, el rostro que ya se me había sonrojado antes se tiñó por completo de rojo al ver los restos de chocolate manchando la blanca tela.

—Gracias…

Cuando vi que su mirada se detenía en mis labios y luego recorría el plato vacío sobre la mesa, no pude hacer más que agachar la cabeza.

«¿Por qué hice eso?»

Sentía tanta vergüenza que quería desaparecer.

No era una niña pequeña desesperada por los dulces, y aun así dejé el plato de bocadillos completamente vacío… incluso con todo manchado alrededor de mis labios.

Puedo imaginar perfectamente a mi padre soltando suspiros largos, diciendo que no solo arruiné el apellido familiar, sino que también olvidé toda la educación en modales que recibí como su hija menor…

—A mí también me gustan.

—¿…?

Levanté la cabeza por instinto ante la inesperada confesión de Lionel, y lo vi con una leve sonrisa en los labios.

—Caramelos, chocolates… cualquier cosa dulce me agrada.

¿En serio…?

No parecía el tipo de persona que disfrutara de ese tipo de cosas. ¿Estará diciendo la verdad?

—Parece que no me cree.

Debí mirarlo con duda sin darme cuenta.

—No es eso. Solo que… me tomó por sorpresa.

—Entiendo.

Su sonrisa tranquila, su forma tan cuidadosa de limpiarme los labios, y ahora esto… que le gustaran los dulces. Todo era inesperado.

—Me da curiosidad saber qué clase de persona soy a los ojos de la sacerdotisa.

Buena pregunta.

Lionel Ruanax.

¿Cuánto sé realmente sobre ti? Tú… ¿qué clase de persona eres en realidad?

Desde que nos encontramos en el monasterio, es la primera vez que siento un deseo real de conocerte. Incluyendo esos pequeños detalles que no se pueden comprender del todo con las breves descripciones de una novela.

«… Porque mientras más información tenga, más podré protegerme.»

Annad: Sasha, solo me ilusionaste. Ja, ja, ja. Pero muy listo de tu parte.

Como tenía una razón muy clara para hacerlo, reprimí las ganas de evitarlo y lo miré directamente a los ojos. Estaba decidida a no pasar por alto ni el más mínimo rastro de emoción escondida en su mirada.

Dicen que hay que mantener cerca a los enemigos.

¿Entonces qué se hace cuando no sabes si es enemigo o aliado?

«Sería ideal poder vivir sin tener que relacionarme con él… pero si eso no es posible, ¿no debería mantenerlo aún más cerca?»

—Ahora que lo pienso…

—Sacerdotisa.

Justo cuando ambos abrimos la boca al mismo tiempo, cayó un breve silencio.

—Por favor, hable usted primero, Su Excelencia.

Él dudó por un instante ante mi gesto de cortesía y luego bajó un poco la mirada antes de decir:

—En realidad, me lastimé un poco durante el entrenamiento. Quisiera saber si podría ayudarme a tratarlo. El pago por el servicio especial será en oro…

No pude evitar sorprenderme.

—¿Dónde fue? ¡Muéstreme rápido!

Lionel, que siempre decía que incluso una herida profunda no era nada, ahora estaba pidiéndome tratamiento.

¿Cuán grave sería para que reaccionara así? Por fuera se veía perfectamente bien.

Ante mi insistencia, Lionel empezó a quitarse la ropa.

Se quitó la chaqueta y el chaleco, que dejó sobre el sofá, luego desató su corbata. Finalmente, comenzó a desabotonarse la camisa uno por uno. Los botones, tensos por su ancho pecho, se soltaron al fin, revelando su torso firme. Yo, que lo observaba con creciente nerviosismo, vi por fin los vendajes envueltos con fuerza alrededor de su abdomen.

«¡Todavía está empapado de sangre!»

Si tenía una herida en el abdomen, donde están todos los órganos importantes, debería haberla tratado primero antes de moverse tanto. ¿Cómo se le ocurre dejarla así sin más? 

No podía quedarme viendo cómo quitaba la venda con tanta lentitud, así que me lancé hacia él.

—Déjeme hacerlo.

Lionel, aunque dudó un momento, me entregó la punta del vendaje. Y justo cuando intenté desenrollarlo con decisión, sin darme cuenta terminé en una posición que parecía como si lo estuviera abrazando por la cintura.

Y, para empeorar las cosas, mi frente… terminó apoyada contra su pecho firme y marcado.

Juro por los dioses que no tenía ninguna intención indebida.

«E-esta textura y firmeza…»

Aunque ahora mismo, muy levemente… solo un poquito… parecía que podía surgir algo.

«No, esto es totalmente por el bien del paciente.»

Sacudí cualquier pensamiento fuera de lugar y me concentré en quitarle el vendaje con todas mis fuerzas.

Estaba tan bien enrollado que, por más que quitaba, no parecía terminar nunca.

Por suerte, Lionel no hizo ningún comentario sobre mis movimientos.

Solo tomó su camisa y la dejó sobre sus piernas.

Mientras tanto, la herida quedó completamente expuesta, y el vendaje ya retirado fue arrojado al suelo.

Otra vez parecía una herida por arma blanca.

«No parece que haya afectado ningún órgano.»

Si así hubiera sido, por muy resistente que fuera, le habría sido imposible caminar y moverse como si nada.

Después de observar atentamente la herida, levanté la cabeza para decirle algo.

—Voy a… a tratarla de inmediato…

No pude evitar tartamudear a la mitad, porque al alzar la vista me encontré con su rostro completamente enrojecido, como si tuviera fiebre. Y por si fuera poco, estaba cubriéndose la boca con el dorso de la mano mientras respiraba entrecortadamente, de una forma que, sin querer, despertaba ideas extrañas. Al verlo así, mi rostro también terminó poniéndose rojo como un tomate.

Sentí como si le hubiera hecho algo indebido… algo que no debía.

«Ah, no… esto no puede seguir así.»

Cerré los ojos con fuerza y luego los abrí, llevando con cuidado la mano hacia su herida.

[Manifestación divina. Forma: sanación.]

Ya que era la segunda vez que usaba poder divino sobre él, esta vez resultó un poco más sencillo.

[Nivel de manifestación: avanzado. Objetivo: Lionel Ruanax.]

Una vez más, desplegué el nivel más alto de poder divino sobre su herida.

«Por si acaso existe la mínima posibilidad de que algún órgano haya sido dañado.»

Sentí cómo la energía divina era absorbida rápidamente.

«Si se va a estar hiriendo tan seguido, tal vez debería haber hecho el contrato con Lionel en lugar de con Vivian.»

Pensar en cuánto debía estar esforzándose en esos entrenamientos para acabar tan gravemente herido me generaba una sensación de tristeza.

Esta vez no tenía intención de espiar sus recuerdos del momento en que se hizo la herida, así que ya estaba por retirar la mano cuando, sin previo aviso, una visión se desplegó ante mis ojos.

«¿Qué es esto? ¿Mi habilidad volvió a cambiar?»

Me sorprendió por un instante, pero no tuve más remedio que concentrarme en lo que veía.

Y no era para menos, porque la escena no tenía nada que ver con la supuesta “herida durante el entrenamiento” que Lionel me había mencionado.

Lionel salía de la habitación de Vivian, donde su asistente, Keil, ya lo estaba esperando.

{—¿Y la sacerdotisa?}

{—Está en el salón.}

Lionel, que había asentido con la cabeza y estaba a punto de subir las escaleras, se detuvo de repente y miró hacia Keil.

{—Trae algunos utensilios de primeros auxilios.}

{—¿Perdón? ¿Está herido, su excelencia?}

Pero Lionel no respondió a la pregunta de Keil y simplemente entró en una habitación cercana a las escaleras.

Se quitó la chaqueta, el chaleco y hasta la camisa, dejándolos tirados en el suelo. Luego presionó una parte de su cinturón y sacó una espada delgada de unos veinte centímetros de largo.

Annad: ¡¿Qué?! ¡¡Nooo!! Eso no me lo esperaba. Para colmo, te encontraron con las manos en la masa, pero en tu defensa, no sabías de esta habilidad, pero ¡que loco! Ojo que no lo estoy justificado.

Con la punta de los dedos tanteó distintas zonas de su abdomen como si estuviera calculando algo… y entonces, se clavó la espada de golpe.

{—Esto debería bastar para que le pida que me atienda.}

{—¡S-su excelencia!}

La ilusión terminó justo cuando Keil, que acababa de entrar con los utensilios en mano, gritó horrorizado y corrió hacia él.

Parpadeé, completamente confundida.

«¿Qué fue eso… que acabo de ver?»



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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