Capítulo 11
Había una contradicción en las palabras de Ash. Ash no le dio a Karlyle la oportunidad de respirar.
Como si todo lo que Karlyle escupía dependiera de él, Ash se tragaba cada gemido y aliento que brotaba de él.
La estimulación proveniente de la parte inferior de su cuerpo, presionada contra él, la mano que le frotaba suave y débilmente la espalda y las orejas, era suficiente para volverlo loco. Era un gesto que parecía afectuoso y suave, pero que no le dejaba escapatoria. Estaba claro que podría apartarlo si aplicaba fuerza, pero Karlyle no podía decidir qué hacer debido al placer que nunca antes había sentido en un beso.
Le dolían los ojos y le escocían por el calor. La cabeza le palpitaba y la parte superior de su cuerpo se sacudía hacia atrás por el calor. Y entonces, con toda naturalidad, Ash lo atrajo de nuevo hacia él.
Definitivamente pensó que alguien lo vería. Para Karlyle, quien ni siquiera solía tomarse de la mano, besarse en público era algo que no se habría atrevido a hacer en circunstancias normales. La percepción de vergüenza era demasiado grande. Según los modales que hacían del secreto una virtud, seguramente era algo muy indecoroso.
Pero esos pensamientos se desvanecían cada vez que su lengua era atrapada y succionada. Su consciencia, que intentaba aferrarse a algo tangible, se derretía sin dejar rastro al menor contacto de Ash.
Solo después de tragar la mezcla dulce de sus salivas, después de que su cintura ardiera al punto del colapso, Ash finalmente lo liberó.
Karlyle jadeó, apenas pudo respirar, pero era casi como si hubiera estado conteniendo la respiración. Cuando recobró la consciencia, su cuerpo estaba apoyado contra la barra, casi inclinado hacia atrás.
─Karlyle es más sensible de lo que pensaba.
El beso había sido tan lento y espeso que casi sentía que lo torturaban, dejando su cuerpo hipersensible. Su piel, erizada como si tuviera piel de gallina, reaccionaba al más mínimo contacto. Los dedos de Ash recorrieron su firme y esbelta espalda, bajo la fina camisa de su traje. Karlyle puso los ojos en blanco y gimió cuando los dedos de Ash se curvaron ligeramente, acariciándole la columna vertebral solo con la punta de los dedos.
NGH. El sonido escapó antes de que pudiera pensar en contenerse. Karlyle cerró la boca tardíamente. Intentó no emitir ningún sonido y contuvo la respiración. Su pecho se agitó violentamente antes de calmarse. Había hecho un espectáculo desagradable.
─Sería mejor que… este tipo de comportamientos… no ocurrieran en público.
Karlyle intentó recuperar la compostura diciendo algo más, porque no sabía cómo responder a la palabra “sensible”. Ash arqueó una ceja con expresión burlona antes de esbozar una sonrisa traviesa. Sus labios, curvados en una sonrisa seductora, estaban rojos y húmedos, delatando sin duda alguna que acababa de besar a alguien.
Los labios de Karlyle probablemente también tenían ese color. Sus labios, que sentía hinchados, ardían. Sin darse cuenta, bajó la mano que intentaba tocarse los labios, y Karlyle apretó y aflojó el puño.
─¿Es así?
─Sí.
─¿No se puede, pase lo que pase?
Karlyle parpadeó, respirando con dificultad.
─Dame un ejemplo.
─Mmm.
Ash se frotó la barbilla y luego extendió la mano hacia los labios de Karlyle.
Karlyle se estremeció al sentir sus dedos rozando sus labios, igual que la última vez que se besaron.
─Si me miras con esa mirada tan lasciva de antes… me van a dar ganas de besarte de inmediato.
Los dedos que rozaban suavemente sus labios húmedos se movieron lentamente hacia su mejilla. El lugar por donde pasaron sus dedos estaba caliente.
─Pero a Karlyle no le gusta, así que me contendré.
Sentía que algo se le atascaba en la boca del estómago, y ahí estaba de nuevo. Karlyle entrecerró los ojos ligeramente, sintiendo como si le obstruyeran el pecho y le desgarraran las entrañas.
¿Por qué? ¿Por qué se sentía así?, pensaba Karlyle. Cada vez que oía a Ash decir algo, una emoción inidentificable surgía en él.
Una relación limitada.
Una relación que terminaría en dos meses.
Aun así, su tono de voz sonaba como si siguiera dispuesto a hacer algo por él. El mismo Ash que antes lo había llamado su amante.
Estaba confundido.
No sabía si había interpretado la expresión de Karlyle, pero la mano de Ash que le acariciaba se movió hasta su frente. Ash apartó suavemente el cabello de Karlyle, que estaba ligeramente despeinado. Todo lo que hacía era así. La forma en que hablaba, la sonrisa, el gesto cariñoso, el más leve roce, todo era… tan dulce.
─Karlyle.
─… Adelante.
─¿Entonces nos vemos mañana?
Karlyle se quedó sin palabras por un momento. Tenía la sensación de que esto iba a llevar a algo, pero Ash mencionó la palabra mañana. Sintió dos sentimientos muy diferentes a la vez. Era una mezcla de anticipación y decepción.
─Claro, si Karlyle quiere.
─… Veo que hoy tiene planes.
Era tarde, pero no tanto. Era sábado, y mañana también era festivo.
─No es eso, pero…
─Sí.
─Si me lo llevo, así como está, creo que será difícil resistir.
Ante sus palabras de que le resultaría difícil resistirse, sintió un dolor agudo bajo las costillas.
─¿Eso… es un problema?
Este trato resultaba extraño. Karlyle Frost era un alfa de más de un metro ochenta. Cuando se trataba de sexo, siempre era él quien tenía que actuar con moderación. Para no forzar al omega con el que lidiaba durante el celo, Karlyle siempre intentaba mantener la cordura hasta el final. Sin embargo, el hombre lo mencionaba como si fuera alguien al que hubiera que proteger.
─Es tu primera vez, Karlyle.
Le vino a la mente un hecho que había olvidado momentáneamente. Tal vez Ash tenía la idea de que, si iban a tener una relación, él sería quien se insertara. De hecho, Luther lo había sugerido. No había llevado a nada concreto, pero Karlyle al menos lo había considerado.
─… Estoy acostumbrado al sexo.
─¿En serio?
La mano de Ash, que le había estado frotando la parte baja de la espalda, se deslizó lentamente hacia abajo. Karlyle se detuvo. se quedó helado. La mano que había bajado con tanta naturalidad se posó en su cadera. Una oleada de calor surgió en alguna parte. Ash le apretó el trasero con suave fuerza.
─Entonces…
Ash apretó de nuevo, un poco más fuerte, y luego soltó su mano como si nada hubiera pasado.
─¿Lo intentaste aquí también?
─No me refería a eso.
Ash sonrió con suavidad. Sus ojos, que lo miraban como si lo encontrara adorable, se curvaron dulcemente. Luego, sus labios rozaron la frente de Karlyle antes de separarse. Con un movimiento lento se apartó del contacto corporal que habían mantenido hasta entonces y enderezó su postura.
─Entonces, nos vemos mañana.
Karlyle, que se había quedado paralizado, guardó silencio un momento. Parecía mejor negarse. No era demasiado tarde. Igual que había pospuesto su encuentro de hoy, solo que…
─De acuerdo.
Sin embargo, las palabras que salieron de su boca no correspondían a la respuesta que su razón buscaba. Ash extendió la mano y le arregló el cuello de la camisa.
─¿A qué hora nos vemos?
─ A una hora conveniente para el señor Jones, supongo.
Mañana era el partido de tenis que se celebraba todos los domingos como ritual. Sin embargo, Karlyle respondió como si no tuviera planes.
─De acuerdo.
Ash asintió levemente.
─Te contactaré cuando regrese.
─Bueno, cuídate.— Ash, quien sonrió con cariño, se dio la vuelta sin remordimientos.
Al quedarse solo, Karlyle cerró los ojos con fuerza.
«Maldita sea.»
Repitió las duras palabras en su cabeza. La música empezó a sonar lentamente. Por un instante, no pudo pensar en nada. Solo sentimientos de frustración, vergüenza, autodesprecio y la sensación de que algo se descontrolaba persistían en su pecho. Inconscientemente, levantó la mano y se tocó la frente. Karlyle frotó el lugar donde los labios de Ash habían rozado y luego bajó la mano rápidamente.
Luego giró el cuerpo en la dirección opuesta a la que Ash se había ido.
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Ash dijo las cuatro de la tarde. Era una hora ambigua. Una hora que no era ni el almuerzo ni la cena. Era una hora ambigua para el té de la tarde, una hora que Karlyle no entendía.
Como Karlyle estaba en deuda con Ash en su relación, no tenía intención de agobiar a Ash con la elección del lugar.
En cualquier caso, el lugar debía ser bajo techo⎯si es que lo que Karlyle tenía en mente iba a suceder⎯, y entre su residencia privada y un hotel, optó por lo segundo. Su mansión, vacía más de la mitad del año, jamás había albergado a nadie, aparte de él y el servicio doméstico.
Karlyle, que había dejado vacío uno de los apartamentos del último piso, propiedad de su madre, se ocupó de algunos asuntos durante un tiempo y llegó a Connaught puntualmente para su cita.
Ash llegó primero, igual que la última vez. Llevaba una camisa de vestir fina y unos pantalones negros. Todas las miradas se centraron en el hombre alto y guapo que estaba en el vestíbulo. Nadie le dirigía la palabra como la última vez, pero notaba que el personal de la recepción no dejaba de mirarle.
Eso lo hizo sentir extrañamente incómodo. Karlyle caminó cinco pasos al mismo ritmo y se paró frente a Ash.
Ash, que estaba leyendo Time Out, giró la vista para mirarlo.
─Hola.
Ash sonrió ampliamente. La curva de la comisura de sus labios, que se curvaba hacia arriba por costumbre, se profundizó un poco.
─¿No fue un inconveniente llegar hasta aquí?
─Imposible.
Ash dobló la revista al decir eso. Karlyle miró la portada un momento y luego cerró la boca. Sentía la boca seca por una tensión desconocida.
Ash, que había estado apoyado contra la pared, se enderezó y puso la mano en la cintura de Karlyle. El brazo que naturalmente rodeaba su espalda le tocó la espalda. Las comisuras de sus ojos se fruncieron juguetonamente, y pronto sus labios rozaron su oreja.
─¿Nos vamos entonces?
La boca de Karlyle se crispó y asintió levemente. Una tensión similar y un extraño temblor, como cuando estaba a punto de firmar un contrato importante, lo desgarraban por dentro. Karlyle se dirigió al ascensor con la expresión vacía. Se hizo un breve silencio, y la puerta del ascensor se abrió justo cuando Ash estaba a punto de volver a hablar.
Casualmente, había una cara familiar al otro lado de la puerta. Era Aiden Haywood.
Como Aiden estaba a cargo del negocio hotelero de Haywood, no era extraño verlo allí.
¿Pero tenía que ser hoy?
─¿Karlyle?
Aiden miró a Karlyle con el ceño ligeramente fruncido. Sintió que su mirada se dirigía a Ash de forma natural. El aire se tensó. Era el tipo de silencio que suele surgir cuando los Alfas se reúnen.
─… Aiden.
─Te perdiste la reunión de hoy, ¿qué haces aquí?
Las palabras hicieron que Ash mirara a Karlyle por un momento.
Karlyle respondió con indiferencia, sin cambiar de expresión.

TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ANNA FA