Capítulo 108
Ella se sobresaltó y apartó la mano de Odelli, pero ya era demasiado tarde. El dispositivo mágico solo funcionaba inyectando energía purificadora y usando la fuerza vital de otros como combustible.
Pero Adela había perdido de golpe su energía purificadora, que era insustituible.
Ahora el dispositivo no era más que un cascarón inútil.
—¿Sabes quién te dio ese poder?
Adela se quedó petrificada por un instante.
Sin embargo, aferrándose a un hilo de esperanza, continuó fingiendo ignorancia.
—No sé de qué está hablando.
Odelli se inclinó un poco más.
Luego, con una voz baja y dulce, susurró:
—Tú solo usaste ese poder. Ni siquiera sabes cómo se creó o quién te lo dio.
—No entiendo lo que dice. Esta es mi habilidad innata. Aunque perdí mis recuerdos, siempre supe cómo manejar este poder.
—El hecho de que no conozcas su verdadera naturaleza significa…
Odelli ignoró sus excusas y continuó con el punto principal.
—Que desde el principio fuiste una pieza descartable.
—…
—Un plan de respaldo prescindible, un peón del que se puede deshacer si es descubierto. Nada más que un peón sacrificable.
El color desapareció del rostro de Adela.
Tartamudeó al hablar:
—D-desde hace rato no entiendo qué intenta decirme. ¿Me está insultando? ¿Qué he hecho mal? De verdad no…
—Te estoy dando una última oportunidad, Adela. Claro que deberás pagar por tus crímenes. Usaste la fuerza vital de otros para fingir ser una santa y ser adorada como salvadora.
—Te daré la oportunidad de vivir. Una oportunidad para expiar tus pecados. Prepararé un centro de rehabilitación especial y te enviaré allí. Si demuestras verdadero arrepentimiento… quizá algún día te libere. Creo que esto es bastante generoso de mi parte. ¿Qué opinas?
«¿Cómo puede llamar a esto generosidad?»
Cuando Adela la miró con incredulidad, Odelli continuó con calma:
—Si te llevan así como estás, preferirás la muerte. Cada noche gritarás suplicando que te maten.
—…¿Me está amenazando ahora?
—Dije que era una oportunidad.
Adela soltó una risa burlona, como si la situación fuera absurda, y luego bajó la mirada con expresión triste.
—No sé qué hice mal. Solo quería que los enfermos se curaran… ¿O acaso me tiene envidia? ¿Le molesta que el Gran Duque preste atención hacia mí?
—…
—Claro que Su Alteza la Gran Duquesa no sería tan mezquina.
A Odelli le escapó un suspiro.
Era como ver una polilla lanzarse al fuego.
Miró por un momento las sombras de los árboles que pasaban por la ventana antes de volver a Adela.
—Ya te lo dije. Solo usaste ese poder.
Con una voz serena pero firme, Odelli le hizo enfrentar la realidad.
—Intenta usarlo de nuevo. Ese poder tan especial que tienes.
—…
«¿Qué pasa? ¿Por qué me pide esto otra vez?»
Adela evitó su mirada.
Luego, apretó los labios y sus dedos temblaron levemente.
«No puede ser. El dispositivo aún funciona. Seguro que…»
Con disimulo, tocó su pecho para comprobar la reacción del dispositivo mágico oculto.
Pero…
No había respuesta.
Ni rastro de energía purificadora, ni siquiera flujo mágico en su interior.
Era extraño.
No debería ser posible.
No, no podía ser.
—Es exactamente como lo sientes.
Odelli habló, como si supiera lo que Adela buscaba dentro de sí.
—Ese dispositivo mágico ahora es solo un cascarón. Perdió la energía purificadora.
—¿Cómo es que el dispositivo…?
—La energía purificadora no se puede reemplazar. Lo que había allí era parte de la energía que robaste de mí. Solo una fracción mínima.
—¡…!
«¿El poder que usé… era solo una parte del poder de la Gran Duquesa?»
El rostro de Adela se sonrojó violentamente.
La humillación era insoportable.
—Solo recuperé lo que era mío. Como colocar una pieza perdida de vuelta en su lugar.
Aunque su tono era suave, no había rastro de compasión en sus palabras.
—Ahora no te queda nada.
El rostro de Adela palideció al instante.
Le costaba respirar.
«No… Todavía queda una cosa. Todavía tengo eso.»
El perfume.
Era su última carta.
La única forma de envenenar a ese hombre.
«Sí, todavía lo tengo.»
Si lo usaba para sumirlo de nuevo en la locura…
Pero…
En ese momento, sus ojos se encontraron con los de Odelli.
Pupilas serenas como un lago, sin la más mínima perturbación.
No había duda, ira o desprecio en ellas.
Solo una calma que parecía saberlo todo, como alguien que ya había visto el final.
«…¿Por qué me mira así?»
Esa mirada le resultó ominosa.
Era como si esos ojos arrogantes lo supieran todo, como si su último secreto ya hubiera sido descubierto.
Fue entonces que Odelli susurró muy bajito:
—Sé exactamente lo que estás pensando.
—¿…Q-qué dijo?
—Es obvio lo que obtuviste de la familia Kardell.
Seguramente era uno de los muchos artefactos sagrados de los Kardell.
Durante siglos, los Kardell habían acumulado reliquias en sus catacumbas, construyendo su imagen como descendientes de dragones.
La Gema de la Regresión, que Rudville usó en miles de bucles, también era una de esas reliquias.
«No sé exactamente cuál tiene Adela…»
Pero podía adivinarlo.
Ya había descubierto el dispositivo mágico.
Si fingía saberlo todo y aumentaba la ansiedad de Adela…
—Esa reliquia no te salvará.
—¡…!
—¿No lo sabías? Yo soy de la familia Kardell.
En ese momento, a Adela se le erizó la piel.
Era imposible.
La Gran Duquesa no debería saber sobre la existencia de ese perfume.
Entonces… ¿por qué hablaba como si lo supiera todo?
¿Por qué la miraba con esos ojos llenos de certeza?
Su corazón se oprimió.
«¿Acaso… realmente lo sabe?»
Adela recordó el frasco escondido en su bolsillo secreto.
Ese pequeño frasco era su última esperanza.
Pero ahora, en este momento, le pareció inútil.
Su fe se resquebrajó.
«Quizá… realmente no sirva de nada.»
Entonces, ¿qué debía hacer ahora?
¿Dejar que la llevaran al Gran Ducado y suplicar por la muerte?
¿O aceptar la falsa misericordia de la Gran Duquesa y vivir encerrada en un centro de rehabilitación, esperando una liberación que quizá nunca llegara?
No podía ser.
La vida que Adela soñó no era esta.
Ella era alguien grandioso, con un futuro brillante por delante.
Y en ese momento, su mirada cambió.
—…
La certeza se derrumbaba.
Su mirada se volvía más desesperada.
La ansiedad la consumía.
Finalmente, Adela tomó una decisión.
Debía actuar. Sin falta. Ahora o nunca.
Huir o morir.
Pero antes, debía voltearlo todo y escapar.
El interior del carruaje estaba sofocantemente silencioso.
Adela buscó a tientas en su bolsillo y agarró con fuerza el frasco de perfume.
Pero en ese instante…
¡BANG! ¡BANG!
Alguien golpeó la ventana del carruaje como si quisiera romperla.
Odelli también se sobresaltó y desvió la mirada por un segundo.
—Odelli.
¡CRASH!
Un segundo golpe.
La ventana tembló como si fuera a romperse.
—Pasaron los 30 minutos que acordamos.
Era Rudville, cabalgando junto al carruaje y golpeando la ventana.
Poco después, se escuchó el sonido de un caballo deteniéndose bruscamente y su voz áspera:
—La conversación se alarga. Detengan el carruaje ahora.
—…
¿Acaso creía que Odelli se evaporaría dentro del carruaje?
Una y otra vez.
Golpeó la puerta sin cesar.
Las voces de Edwin y Rudville discutiendo brevemente se escucharon afuera.
—Su Alteza, no actúe como un marido celoso.
—Cállate.
Al oír eso, el rostro de Adela se tensó por un instante.
Pero pronto, sus ojos brillaron con una luz peligrosa y su expresión se distorsionó.
Sus labios temblaron, sus manos se sacudieron.
Y entonces…
Sacó el frasco de su ropa.
Su último recurso, escondido hasta el final.
¡CLANK!
La puerta del carruaje se abrió violentamente.
La luz irrumpió y la enorme sombra de Rudville entró.
Los ojos de Adela brillaron.
Solo quedaba la locura, la desesperación y el instinto de supervivencia.
«¡Si vas a caer, hazlo con todo!»
En ese momento…
Adela levantó la mano y volcó el frasco de perfume.
SWOOSH
El líquido violeta se derramó como una cascada.
Sobre su pecho, su ropa, su aliento.
Ella vació el frasco sobre Rudville.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD