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Capítulo 105

El intercambio emocional con Edwin sólo duró unos pocos minutos. Aunque Edwin había comenzado a regular sus feromonas, estas ya se habían esparcido por toda la habitación de manera pesada y persistente. Y esas feromonas, tan caprichosas, envolvían con descaro el cuerpo de Henry, que apenas acababa de recuperar la conciencia.

Cuando Edwin estaba de mal humor, sus feromonas solían ser punzantes, casi hirientes, pero fáciles de resistir. Sin embargo, las que ahora se adherían al cuerpo de Henry no eran de ese tipo. Estaban impregnadas de una emoción profunda, una desesperación intensa que, aunque no manifestaba un deseo carnal explícito, revelaba de igual manera cuánto Edwin lo necesitaba.

Henry pensó en abrir las ventanas para disiparlas, pero sabía que no sería una solución definitiva. Movió los ojos inquietos, antes de empujar suavemente el hombro de Edwin.

—¿Cuánto has liberado… de tus feromonas?

Su voz se quebró a la mitad, obligándolo a hacer una pausa. Realmente sentía su cuerpo completamente empapado de ellas.

En lugar de responder, Edwin hundió el rostro en el cuello de Henry, respirando profundamente su aroma. Quizás era la emoción del alivio tras su despertar, pero Henry intuía que había algo más detrás.

—Edwin…

Intentó llamarlo, pero de repente se quedó sin aliento. No había hecho nada más que inhalar de manera normal, pero las feromonas lo golpearon de lleno, haciendo que su cuerpo temblara.

—No tuve opción.

Las palabras cortas de Edwin sonaron vacías, pero Henry podía notar que eran la única verdad que podía ofrecer en ese momento.

Suspirando, Henry volvió a empujar su hombro con un poco más de firmeza, deseando que al menos lo mirara. Esta vez, Edwin accedió, encontrando su mirada directamente.

—Edwin, tus feromonas son peligrosas ahora mismo.

El cuerpo de Henry ardía con una calidez incómoda, como si su energía vital estuviera siendo agitada. Quería lavarse, limpiarse de aquella sensación, pero sabía que no sería tan simple.

Edwin, percibiendo su incomodidad, acarició suavemente su mejilla. Aquel gesto, delicado pero firme, hizo que Henry alzara la cabeza sin resistencia.

Entonces se dio cuenta: Edwin estaba liberando aún más feromonas.

—¿Qué…?

Henry intentaba encontrar palabras, sintiéndose cada vez más abrumado. Sin embargo, Edwin, en lugar de retroceder, intensificó la presión.

—Tú también déjalos libre.

Esa fue su única exigencia, pronunciada con un tono grave y controlado.

Henry lo miró confundido. Apenas estaba consciente de su propio estado y no sabía si su cuerpo respondería correctamente.

—Confía en mí.

Edwin, al percibir su duda, susurró con suavidad mientras seguía acariciando su mejilla. Su voz tranquila pareció calmarlo y Henry finalmente cerró los ojos, dejando que sus feromonas fluyeran.

Al principio, fue como si algo estuviera bloqueando la salida, pero luego la esencia brotó con facilidad, extendiéndose con libertad.

—No lo contengas. Suéltalo todo.

La guía suave de Edwin lo llevó a liberar por completo sus feromonas, mucho más allá de lo que Henry había hecho en mucho tiempo. No se preocupó en moderarse o controlarlas, simplemente las dejó escapar.

—Haa…

Henry suspiró con alivio, cerrando los ojos mientras sentía las feromonas de ambos mezclarse y enredarse por toda la habitación, enredándose con una calidez embriagadora.

—Henry.

El susurro de Edwin lo hizo abrir los ojos lentamente, parpadeando mientras lo miraba.

—Hay que formar la marca.

—… ¿Ahora?

Henry ya podía sentir la intensidad del momento, la forma en que las feromonas de Edwin lo envolvían con una necesidad apenas contenida.

—Sé que tu cuerpo aún no está bien… No voy a pedirte más de lo que puedas manejar.

Edwin no quería presionar, pero también dejó claro que ahora era el momento, ya que sus feromonas eran plenamente conscientes la una de la otra.

Edwin volvió a acostar a Henry, que se había incorporado a medias. Aunque ya estaban vinculados, aquello había ocurrido porque sus feromonas habían resonado entre sí, pero un vínculo completo era otra historia.

Para que las feromonas se reconocieran por completo, sus cuerpos debían estar conectados. El vínculo sólo se completaría tras unirse físicamente. Pero ahora Edwin hablaba de vincularse sin exigir nada más, lo que parecía contradictorio. Además, lo había vuelto a tumbar en la cama.

Henry, con manos temblorosas, agarró el brazo de Edwin.

—¿Vas a intentar otro vínculo incompleto?

El débil gesto de Henry, acompañado de una sonrisa sin fuerzas, fue suficiente para que Edwin lo interpretará como un permiso. Se inclinó y rozando suavemente los labios entreabiertos de Henry, lo besó, compartiendo su aliento.

—Voy a convertir nuestro vínculo incompleto en uno completo.

Mientras susurraba estas palabras, Edwin deslizó sus manos bajo la ropa de Henry. Al darse cuenta de esto, Henry lo miró confundido, pero Edwin solo sonrió.

—Esto es por mi deseo.

Sabiendo que Henry no tenía fuerzas para resistirse, Edwin lo tocó a su antojo. Pero más que la suavidad de su piel, lo que realmente lo conmovía era sentirlo vivo. Su mano no se alejaba de la zona de su corazón, como si quisiera asegurarse de que seguía latiendo con fuerza.

—Haa…

Henry exhaló un suspiro profundo, sus ojos cerrándose ante las caricias de Edwin. Aunque lo único que hacían era intercambiar besos suaves y caricias delicadas, sus feromonas resonaban con una intensidad mucho mayor.

Henry, aunque se cuestionaba si todo aquello era normal, se abandonó por completo, cerrando los ojos y confiando en Edwin. No podía pensar en nada más que en él.

Así, el proceso en el que aceptaban la existencia del otro no solo en cuerpo, sino también en alma, avanzaba lenta pero firmemente. Al compartir sus respiraciones y el calor de sus cuerpos, ambos sonreían con serenidad. Henry incluso tomó la iniciativa, besando suavemente los labios de Edwin y jugueteando con su lengua.

Dos amantes que habían enfrentado un peligro, ahora se reconfortan mutuamente, reconociendo la felicidad que les proporcionaba la presencia del otro. Cada momento era cálido y conmovedor.

En el instante en que el vínculo completo se selló, Henry sintió como si la última pieza de un rompecabezas se ajustara perfectamente en su lugar.

 

❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀

Recordaba lo que había sucedido con Taylor, pero después de eso, todo era un completo vacío. Por eso Henry le preguntó a Edwin cómo había logrado su estabilidad y Edwin le contó todo desde el principio hasta el final.

Le explicó cómo había perdido la conciencia, los tratamientos del médico y cómo al no funcionar nada, el Conde Ariath había intervenido.

Henry centró su atención en el uso de la piedra de feromonas, pues habían sido Edwin y sus feromonas los que lo habían curado.

—¿Usaste la piedra de feromonas?

Edwin extendió la mano frente a él. Al abrirla, reveló los fragmentos de la piedra, ahora completamente opacos, como meros trozos de roca inerte.

—¿Se supone que debe quedar así?

Henry ladeó la cabeza, pensativo. Recordaba que las piedras de feromonas no se rompían ni perdían su forma. De hecho, en la historia original, Kayla había mostrado la piedra al Conde Ariath, lo que significaba que debía haberse mantenido intacta.

—¿Será porque fue Edwin quien la usó?

Henry no tenía idea de cómo se usaban las piedras de feromonas, pero al parecer Edwin había liberado tanta feromona que la piedra reaccionó de esa forma. De algún modo, tenía sentido.

Examinando el fragmento con curiosidad, Henry lo dejó de nuevo sobre la cama. Al final, lo importante era que le había salvado la vida, así que no importaba demasiado.

—Tu feromona definitivamente ha cambiado.

Siendo un alfa ultradominante, las feromonas de Edwin solían ser pesadas y densas. Pero ahora se sentían diferentes, menos abrumadoras. Aun así, Henry podía percibir que su peso y profundidad no habían disminuido, sino que Edwin las estaba controlando mejor.

Lo había sentido varias veces durante su proceso de vinculación.

—¿Ha cambiado algo más?

Era una simple curiosidad, pero Edwin, tras pensarlo un momento, negó con la cabeza.

—Aún no lo sé.

—Bueno, ya tuviste bastante con la piedra de feromonas, así que no te preocupes.

Para evitar que Edwin se sintiera decepcionado, Henry sonrió y habló con calma. En respuesta, Edwin simplemente acercó una cuchara con sopa a los labios de Henry, cuidándolo con ternura.

Cada uno de estos gestos tan amables demostraba que Edwin no solo estaba conversando tranquilamente con Henry, sino que lo estaba cuidando con esmero y dedicación. Al principio, cuando Edwin había insistido en darle de comer, Henry se había horrorizado y se había negado rotundamente. Sin embargo, tras un par de días, terminó aceptando de forma natural.

El hecho de que Edwin percibiera con tanta sensibilidad su estado lo hacía sentir más cómodo con él que con cualquier otra persona. Mientras saboreaba brevemente el sabor suave y cremoso de la sopa, el ceño de Henry se frunció ligeramente.

«Ya es hora de empezar a moverme…»

Debía regresar a casa, pero aún permanecía en la habitación de Edwin. Su cuerpo se sentía cómodo, pero su mente estaba inquieta. No era solo eso. También tenía una cuenta pendiente con ese tal Taylor, una deuda que debía saldar.

Sin embargo, al ver cómo Edwin acercaba nuevamente la cuchara con sopa, Henry abrió la boca de manera instintiva, dejándose alimentar una vez más.



TRADUCCIÓN: KEEP
CORRECCIÓN: NARAVIT
REVISIÓN: ELIZA TORRES.


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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