Capítulo 105
Adela siguió apresuradamente a Rudville en cuanto este salió.
—Se-¡Señora Santa!
Las voces de varios auxiliares, que estaban cuidando de los niños, resonaron con sorpresa al llamarla. Era comprensible su asombro, pues ella había abandonado todo de repente.
Sin embargo, pronto surgieron comentarios entre la gente que intentaban justificar su actitud.
—Quizás tuvo algún asunto urgente que informar a Su Alteza el Gran Duque.
—Tal vez era un reporte importante sobre el tratamiento de los niños.
—Cierto. La Señora Santa siempre ha sido muy responsable…
Odelli observó a Adela con una mirada fría.
«Ni siquiera he tenido que lanzar el cebo propiamente.»
Que persiguiera a Rudville sin importarle las miradas de los niños o los auxiliares… ¿Acaso estaba tan desesperada?
Su sospecha hacia ella se profundizó aún más.
—Edwind, Sir Gareth. Si surge algún problema, den la señal de inmediato.
—Sí.
El asistente y el capitán de los caballeros, al ser llamados por Odelli, entendieron sus intenciones y la siguieron en silencio.
Ella desvió su atención hacia un auxiliar cercano.
—He oído que todos en esta zona le deben su vida a Adela.
—¡Ah, sí! Así es.
El auxiliar, sorprendido por la pregunta de la Gran Duquesa, bajó la cabeza con nerviosismo.
—Dicen que quienes recibieron su toque experimentaron un gran alivio del dolor. Me gustaría una explicación detallada sobre qué clase de habilidad especial posee.
Odelli añadió que, si era cierto, la llevaría al Gran Ducado para ser reconocida. No era una mentira.
—Si realmente es un talento innato suyo, no hay razón para no honrar a quien ha salvado a tantos. Más bien, sería un talento que deberíamos acoger.
Ante esas palabras, el auxiliar se ilusionó y asintió sin dudar.
—¡Por supuesto! Con mucho gusto le contaré. Yo… fui testigo de su luz hace apenas unos días.
Apretó los puños, contuvo la respiración y continuó:
—Todos lo vieron con sus propios ojos, no hay duda de su habilidad. Era una luz plateada. Una luz suave y pura que se expandía como niebla… envolviendo a los enfermos. Entonces, la plaga retrocedía y la moral de los monstruos caía. Fue como un milagro.
En el rostro sereno del auxiliar se dibujó una extraña devoción y fervor.
Odelli endureció su expresión al escuchar eso.
«Luz plateada.»
Era el mismo color que surgía cuando la familia Kardel intentaba recrear torpemente el poder de purificación.
«Rastros de experimentos para modificar el dispositivo de purificación mágica…»
El dispositivo de purificación mágica era un artefacto creado por la familia Cardel.
Al ser enterrado y activado, usaba como combustible la «energía de purificación» extraída previamente y la «fuerza vital de innumerables sujetos de experimentación», logrando imitar de manera convincente la purificación.
Pero no era fácil infiltrarse y plantar un artefacto tan grande bajo tierra.
Siempre buscaban un desempeño mejor, más perfecto.
Por eso intentaron desarrollar un artefacto que pudiera llevarse dentro del cuerpo sin efectos secundarios.
«En mi vida pasada… también apareció.»
Pero en esta época, aún no debería haber sido desarrollado. ¿Cómo lograron avanzar tan rápido?
No tuvo tiempo de pensar en eso.
«…Gawain estaba detrás de esto.»
Debía capturarla de inmediato.
En ese momento, Gareth, a quien había enviado para vigilar a Adela, irrumpió jadeando en la habitación.
—¡Gran problema! ¡Su Alteza el Gran Duque…!
El rostro de Gareth, contrario a su usual serenidad, estaba pálido de terror.
Odelli lo miró con el corazón hundiéndose en su pecho.
—Se ha convertido en una espada… No, más bien, está quieto, sin reaccionar. Es distinto a lo normal. Si lo dejamos así, podría ser peligroso…
Antes de que terminara, Odelli se puso de pie de un salto.
Intentó procesar la situación, pero sus piernas ya corrían por el pasillo antes de que pudiera pensar.
Su falda se agitó violentamente, y su frágil cuerpo protestó por el esfuerzo repentino, pero no podía detenerse.
Detrás de ella, los auxiliares gritaron alarmados y la siguieron.
Odelli abrió la puerta y salió.
Y en ese instante, la escena que vio le cortó la respiración.
Rudville estaba de pie.
Sangre roja goteaba sin cesar de su mano izquierda.
Tenía la mano manchada levantada en el aire, con la mirada perdida, como si todos sus sentidos se hubieran desconectado.
Sus ojos vagaban sin ver nada.
—…¡Rudville!
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Aún escuchaba esa voz en su mente.
Un tono suave y grave, proveniente del otro lado del muro de piedra.
De pronto, esos ojos azules se superpusieron a los que tenía frente a sí.
La realidad y los recuerdos se mezclaban.
…¿Dónde estaba?
Intentó recuperar el aliento, pero su garganta ardía.
No podía distinguir si el rostro frente a él era el de aquella persona que añoraba todos estos días… o solo una ilusión de este momento.
Rudville exhaló brevemente, como un suspiro.
—Otra vez…
—¿Qué?
—Llámeme otra vez… por mi nombre…
Rudville levantó su mano sana y acarició su mejilla.
Odelli abrió los ojos con sorpresa.
El calor de su palma tocó su rostro, haciendo que su cuerpo temblara involuntariamente.
Las pupilas de Rudville, dilatadas, la miraban fijamente como si estuviera hechizado.
La observaba a ella, pero al mismo tiempo parecía mirar más allá, como si su mirada estuviera medio perdida en otro lugar.
Como alguien aferrado a un momento que, de perderse, nunca volvería.
—Si me llama así… creo que… lo recordaré…
Murmuró con una voz somnolienta y apagada.
Rudville, en esta vida, había sido un esclavo, pero no recordaba haber sido un sujeto de experimentación.
«A los quince años, me vendieron a algún lugar.»
Originalmente, Rudville debía haber sido ejecutado.
Había matado a su anterior amo, quien quería usarlo como esclavo sexual por su rostro atractivo.
Pero un misterioso mago con capucha lo compró.
Mientras era transportado en un carruaje, Rudville escapó saltando.
Robó las espadas de los soldados que lo perseguían y, como un asesino, decapitó a todos sin dejar rastro.
Nunca lo atraparon.
¿Cómo fue posible?
Simplemente lo hizo.
Aunque antes nunca había empuñado una espada, de repente demostró una habilidad digna de un maestro.
«Ah… así que desde ese momento comenzó la repetición del tiempo.»
Hasta entonces, su memoria parecía estar intacta, pero en algún momento empezaron a aparecer lagunas.
¿Y si no hubiera escapado de aquel mago? ¿Habría despertado en un laboratorio subterráneo?
¿Y habría conocido a esa mujer?
No lo sabía.
En esta vida no ocurrió, y sus recuerdos estaban incompletos.
Así que…
—…Se lo ruego. Llámeme por mi nombre… una vez más.
—…
—Por favor, mi señora.
Odelli tragó saliva.
Lentamente, con cuidado, abrió los labios.
Rudville no apartaba la mirada, clavada en sus labios de color coral que apenas se movían.
—¿Acaso quiere que lo reprenda ahora?
—¿…?
Los dedos de Rudville temblaron levemente.
Y sus ojos, poco a poco, recuperaron el enfoque, como si la realidad volviera a él.
Odelli lo miró, mordiendo suavemente su labio.
Sus ojos estaban enrojecidos.
—¿Está en sus cabales? ¿Qué demonios está haciendo?
—…
—¿Por qué llegó a este extremo…? ¿Por qué hizo esto…?
Odelli temblaba de ira, con los puños apretados.
Si hubiera niveles de enojo, esta sería la expresión más furiosa que pudiera mostrar.
Rudville, ahora completamente despierto de sus visiones del pasado, pareció confundido.
—Solo… hablé con ella.
—¿Qué?
—No le hice ningún daño.
¿Qué clase de excusa era esa?
Odelli frunció el ceño por un momento, hasta que entendió que se refería a su orden de «solo hablar» con Adela.
—Ahora…
¿En serio ese era el problema?
¿Cree que estoy enojada por eso?
Sin apartar la vista de su mano ensangrentada, Odelli bajó la voz.
—¿De verdad no entiende por qué estoy enojada?
Rudville no respondió.
Solo la miraba en silencio.
Sabía que ella estaba preocupada por su herida, pero no parecía entender por qué era algo tan grave.
—…Fuerza mayor.
—Es una clara violación del contrato.
—¡…!
—Artículo 7: no usar armas sin aprobación previa. En caso de violación, ¿qué dijo usted? «Acepta todas las consecuencias y responsabilidades»… Usted mismo lo dijo. No pretenderá negarlo ahora.
¿Qué intentaba hacer?
Rudville la miró como si quisiera decir algo, pero Odelli no le dio oportunidad.
En cambio, lo entregó a los médicos que esperaban.
—Su Alteza el Gran Duque… al menos esta vez no está tan grave.
El médico suspiró, pero estaba tan acostumbrado a estas situaciones que no reaccionó con tanto shock como Odelli.
Aunque ella ni siquiera lo escuchó.
—…
La mirada de Rudville seguía fija en Odelli, quien observaba su mano con expresión severa.
—…¿Por qué me mira así? No parece arrepentido en lo más mínimo.
Esa mujer de ojos azules que tanto había buscado…
Quizás la había tenido frente a él todo este tiempo, mirando en el lugar equivocado.
Por alguna razón, no podía dejar de pensar que Odelli era esa mujer de sus recuerdos.
No… más bien, deseaba con todas sus fuerzas que lo fuera.
—¿Sabe de dónde viene mi nombre?
Odelli se quedó paralizada por un momento.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD