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Capítulo 104

Los ojos le picaban. Chrissy emitió un leve quejido mientras fruncía el ceño. Por alguna razón, los párpados no se le abrían, así que se frotó los ojos bruscamente con las manos. Entonces, de repente, una voz inesperada llegó a sus oídos.

—Déjalos así, si los frotas así solo los irritarás más.   

Esa voz fría y grave le resultaba claramente familiar. Chrissy, que se había quedado paralizado por un instante, apartó las manos de sus ojos y abrió lentamente la vista. Tras varios intentos, su borrosa visión logró enfocarse y pudo identificar al dueño de la voz. Nathaniel Miller, sentado en una silla junto a la cama, lo miraba desde arriba.

Durante un rato, Chrissy lo observó en silencio. Su mente era un torbellino intentando comprender la situación. Aquella habitación no era en la que él se había dormido. Por el tenue aroma a feromonas que impregnaba el ambiente, intuyó instintivamente que se trataba del dormitorio de Nathaniel. El problema era por qué él estaba allí, tumbado en la cama de Nathaniel. Además, el aspecto de Nathaniel Miller no tenía nada que ver con el del día anterior. Tenía las mejillas hundidas y unas profundas ojeras que delataban un gran agotamiento. Parecía como si no hubiera pegado ojo en toda la noche.

«No me digas que se ha pasado la noche sentado ahí, mirándome.»

La situación estaba llena de cosas que no lograba comprender. Tras permanecer un rato tumbado, se rindió a la confusión y se incorporó lentamente.

—…¿Qué? ¿Qué ha pasado?

Ante su tono de voz, mezcla de desconcierto y recelo, Nathaniel no respondió de inmediato. Tras observar el rostro de Chrissy durante un momento, como evaluándolo, abrió la boca con lentitud.

—¿No lo recuerdas?

—¿Recordar qué?

Chrissy preguntó de nuevo ante aquel murmullo que parecía más para sí mismo, pero Nathaniel, en lugar de responder, se llevó una mano a la barbilla, sumido en sus pensamientos. Chrissy, sintiéndose extrañamente inquieto, no hacía más que agarrar y soltar la sábana, culpable sin serlo.

—Habla ya. No me gusta que me hagan perder el tiempo.

Cuando lo apremió con la mayor frialdad posible, Nathaniel soltó un breve suspiro, se apartó el cabello de la frente y finalmente rompió a hablar.

—Parece que anoche tuviste una pesadilla.

—…¿Yo?

—Sí.

Tras una pequeña pausa, esta vez la respuesta llegó de inmediato. Ante un Chrissy desconcertado, él continuó hablando.

—Si no lo recuerdas, no hay nada que hacer. Ve a ducharte primero. Mientras, prepararé el desayuno.

—¿Qué?

Nathaniel no hacía más que soltar frases desconcertantes. Chrissy preguntó por reflejo, pero él, sin añadir nada más, intentó salir de la habitación. Sin poder dejarlo ir así, Chrissy volvió a llamarlo.

—¡Miller!

Al oír la voz apremiante, Nathaniel, que ya había abierto la puerta para salir, se detuvo y se volvió hacia él. Chrissy, aún sentado en la cama, continuó hablando.

—¿Qué hice ayer? Dime qué pasó.

Nathaniel abrió la boca, pero su voz tardó un momento en salir.

—Si no lo recuerdas, entonces ya está.

—¿Cómo que ya está? Es algo que… —intentó decir Chrissy, que algo concernía a él, pero Nathaniel se lo adelantó.

—A veces es mejor no saber ciertas cosas. Que no lo recuerdes significa que es algo que no necesitas saber.

De repente, sus palabras desprendieron una atmósfera extraña. Chrissy frunció el ceño y preguntó con desconfianza.

—¿El que no necesita saberlo eres tú? ¿O soy yo?

Entonces, inesperadamente, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Nathaniel. Ante un Chrissy que se quedó paralizado por un instante, él respondió lacónicamente.

—Ambos.

Dicho eso, Nathaniel salió de la habitación. Chrissy, que se había quedado solo, simplemente parpadeó desconcertado, y no fue hasta un momento después que reaccionó. Al final, no había obtenido ni una sola respuesta clara por parte de Nathaniel. ¿Qué demonios había pasado?

Sus recuerdos eran fragmentarios y dispersos. Como si hubiera tenido un sueño de niño, pero nada concreto. ¿Habría sido un sueño relacionado con “aquello”? ¿Hasta dónde le habría contado yo a ese hombre? ¿No habré llegado a contárselo todo…?

En medio de su confusión, sintió inquietud. ¿Hasta qué punto sabría ese hombre sobre él?

Para Nathaniel Miller, investigar los antecedentes de alguien debía de ser más fácil que torcerle el brazo a un niño. Solo con que él se lo propusiera…

Mientras se duchaba en el baño, Chrissy negó vehementemente con la cabeza. Pensar en cosas inútiles no era más que una pérdida de tiempo. Si ese hombre no decía nada, ¿no significaba que él tampoco debía esforzarse por darle vueltas o indagar?

Lo importante ahora era encontrar al inspector Simmons y condenar a esos malditos.

Tras llegar a esa conclusión, terminó de ducharse rápidamente y salió. Al cambiarse con ropa de calle, sintió que su mente se despejaba y volvía a ser el de siempre. El tobillo también había mejorado notablemente; aunque aún sentía una ligera molestia, no le impedía moverse con normalidad.

«Bien, vamos.»

Asintiendo para sí mismo frente al espejo, Chrissy salió resueltamente de la habitación y bajó las escaleras. El apetitoso aroma a mantequilla que impregnaba todo el salón le abrió el apetito de repente. Como si ya se hubiera acostumbrado a permanecer en esa casa, sus pies se dirigieron por instinto al comedor.

En la mesa ya estaba dispuesto el cubierto. Tras lanzar una mirada fugaz a la espalda del alto hombre que freía bacon, Chrissy arrastró una silla ruidosamente a propósito. Tras hacerle saber de forma tácita que había llegado, se sentó. Poco después, Nathaniel sacó el bacon de la sartén, lo pasó a un plato y se lo trajo.

Al ver el plato con huevos revueltos, bacon y varias mini pancakes, Chrissy levantó la cabeza sin pensar, y a continuación Nathaniel colocó una cesta con varios tipos de pan. Además, dejó sobre la mesa una pequeña jarra de cristal con sirope de arce y mantequilla, y solo entonces tomó asiento.

La pequeña mesa, acorde con el desayunador, ya estaba prácticamente llena.

—Si es mucho, deja lo que quieras.

Le dijo Nathaniel con naturalidad a Chrissy, que miraba fijamente el plato en silencio. Chrissy, que observaba abstraído cómo él vertía sirope de arce sobre sus pancakes, frunció el ceño e inclinó la cabeza.

«¿Qué pasa? Noto algo extraño…»

Ya había visto a este hombre cocinar en varias ocasiones, así que no había motivo para sorprenderse o desconcertarse ahora. Además, no era ese tipo de sentimiento. Inclinando la cabeza ante aquella desconocida sensación de disonancia, partió un trozo de pancake con el tenedor y se lo llevó a la boca justo cuando Nathaniel se levantó de la mesa. Con toda naturalidad, fue a buscar una botella de vino y dos copas, y al verlo regresar, Chrissy pensó distraídamente: 

«¿Tomar vino a primera hora de la mañana?». Fue entonces cuando…

De repente, Chrissy cayó en la cuenta de qué era esa sensación de extrañeza y abrió los ojos de par en par.

—¡Tú, la pierna!

Al oír el grito repentino, Nathaniel, que estaba a punto de sentarse, se quedó paralizado. Chrissy no se detuvo ahí y siguió señalando.

—¿Dónde está el bastón? ¡Hace un rato que no lo usas! ¿Acaso… te has estado haciendo el herido todo este tiempo sin estarlo realmente? ¿Por qué?

—Ah…

Finalmente, Nathaniel esbozó una tenue sonrisa. Sentándose relajadamente en la silla para quedar frente a Chrissy, habló como si tal cosa.

—No sé si llamarte despistado o si es que no te interesaba lo suficiente, porque has tardado en darte cuenta.

Ante tan absurda afirmación, Chrissy se quedó sin palabras por un momento. ¿Quién demonios era el que había estado cojeando y apoyándose en un bastón hasta ahora para soltar semejante barbaridad?

—Si alguien cojea y usa bastón delante de ti, cualquiera pensaría, como tú, que es verdad.

—Tú estuviste haciendo un teatro delante de mí —dijo con sarcasmo, pero Nathaniel, aún sonriente, siguió sirviendo el vino.

—Me advirtieron que tuviera cuidado, nada más. Digamos que era una especie de seguro, por si acaso.

A continuación, mirando fijamente a Chrissy, añadió:

—Pronto tendré que hacerme más pruebas. Sabré con certeza si me quedará una secuela permanente o no…

Nathaniel, que había dejado la frase en el aire de forma extraña, entrecerró los ojos.

—¿No sientes curiosidad?



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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