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Capítulo 104

Cuando Adela estaba a su lado, Rudville pudo ver los recuerdos que había perdido, mientras su conciencia se difuminaba.  

Eran fragmentos mínimos, apenas trozos de memoria, por así decirlo.  

«No sé qué método habrá usado ella de repente…»  

Aunque deseaba arrastrarla de inmediato a los calabozos subterráneos e interrogarla hasta que confesara, no podía hacerlo todavía.  

Odelli le había suplicado insistentemente que capturara a los instigadores ocultos y protegiera a los niños.  

Y, sobre todo, porque quizás esta era una oportunidad única para recuperar sus recuerdos perdidos.  

«¿Acaso hay garantía de que pueda volver a ver más recuerdos?»  

Rudville no tenía la menor intención de desperdiciar esta oportunidad milagrosa.  

Una sola gota de agua no saciaría la sed de un hombre sediento.  

Al contrario, esa gota solo avivaría un deseo aún más feroz, ardiendo con furia.  

Sin embargo, parecía que necesitaba estar en un estado de conciencia alterada para ver más recuerdos.  

«Un método para mantener la lucidez mientras accedo a los recuerdos…»  

La clave era cómo conservar la cordura que había recuperado al perforarse la mano.  

—Quédate ahí.  

—¿Q-quedarme… ahí?  

—Si das un solo paso, lo tomaré como una declaración de que ya no quieres vivir.  

Más que una amenaza, sonaba como la indiferente notificación de un hecho ya decidido.  

Rudville apretó el puño con fuerza, dejando a Adela inmóvil en su lugar.  

Aún con la mano atravesada.  

—¡…!  

Para aferrarse a su cordura, abría y cerraba la mano.  

Deliberadamente exacerbaba la herida, usando el dolor para mantenerse consciente.  

Adela se paralizó al ver la sangre brotar de su mano.  

En un instante, la desesperación la inundó, más allá de la simple frustración.  

«…Estoy perdida.»  

¿Destrozar su propia mano solo para escapar del efecto del perfume?  

Adela jadeó, observando la daga que, unida a su mano, emanaba una presencia abrumadora.  

Ya conocía los rumores sobre el Gran Duque enloquecido.  

Pero en su imaginación, ese loco era un romántico, alguien que haría cualquier cosa por amor.  

¡Este tipo… es un verdadero demente!  

Adela sintió cómo todas sus fantasías se desvanecían en un instante.  

Hasta su voluntad de aprovechar cualquier oportunidad se quebró.  

Lo único que le quedaba era evitar enojarlo aún más.  

Justo cuando Rudville dio otro paso hacia ella, con su rostro pálido de terror, sus recuerdos se reanudaron.  

No, no era una continuación de lo anterior, sino otro fragmento de memoria completamente distinto.  

Su visión se oscureció, como si se cerrara lentamente.  

Su cuerpo se hundió, como arrastrado a las profundidades.  

Y entonces…  

«¿Este lugar es…?»  

Era el sótano.  

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Al otro lado de la pared, se escuchó un tenue suspiro.  

Como siempre, cuando llegaba la noche, solo quedaban sus voces.  

Rudville, apoyado contra la pared, abrió los ojos mientras calmaba su respiración.  

Los rituales y las drogas administradas varias veces al día lo dejaban exhausto.  

Solo seguía órdenes: tragar píldoras, recibir inyecciones, sentarse en el círculo mágico.  

Nada más.  

Cuando terminaba, su cuerpo quedaba destrozado.  

Y cada vez, surgía el mismo pensamiento:  

«¿Podré despertar hoy?»  

Pero a pesar de todo, resistió de manera inexplicable.  

Todos los demás sujetos de experimentación con el código RU habían muerto.  

Su tenacidad era asombrosa.  

—…¿Hoy dolió menos?  

Desde el otro lado de la pared, llegó la voz que había estado esperando todo el día.  

Gracias a ella, aún podía sentirse humano.  

—Fue soportable —respondió Rudville lacónicamente.  

Ni siquiera tenía fuerzas para mentir diciendo que estaba bien.  

Pero si todo este dolor era parte del proceso para mantener a ____ con vida un poco más, podía aguantar.  

Si alguien como él, nacido como un simple esclavo, podía ser útil para alguien…  

Si así encontraba un propósito, incluso si esa persona no era ____, no le importaba.  

Cualquiera servía.  

Al menos, eso creía en aquel entonces.  

—¿Cómo te llamas?  

Si ella no hubiera preguntado primero…  

Un breve silencio llenó el aire.  

—¿Qué?  

—Antes de venir aquí, debiste tener un nombre. No puedo seguir llamándote solo tú…  

Rudville guardó silencio ante la pregunta.  

No había nada que decir.  

Antes de ser vendido aquí, siempre lo llamaban así:  

“Oye, tú”, “este bastardo”, “ese tipo”…  

Nada que pudiera considerarse un nombre.  

Lo más cercano a una identidad era el símbolo grabado en su piel:  

—RU-39.  

—No, no ese… ¿No tienes nombre?  

Parecía que esperaba que incluso un esclavo tuviera uno.  

La voz de la chica del otro lado sonó consternada.  

Los hijos de esclavos nacían como propiedad, intercambiados como objetos o identificados con números.  

Muy pocos esclavos recibían nombres.  

Él nunca tuvo ese lujo.  

—No.  

____ guardó silencio, como si estuviera pensando.  

Tras un momento, continuó con voz vacilante:  

—¿Puedo ponerte uno?  

Rudville permaneció callado un largo rato.  

Un nombre no cambiaría nada.  

Seguiría siendo un don nadie, y solo ella lo llamaría así.  

Hasta el día de su muerte.  

Así que…  

—Como quieras.  

Que lo llamara como se le antojara.  

Cuando respondió con indiferencia, ella habló en un susurro:  

—…Rudville.  

Una sílaba desconocida resonó claramente a través de la fría pared de piedra.  

—El héroe Rudville. Un guerrero antiguo que luchó solo contra cientos de enemigos. Por más herido que estuviera, nunca caía. La gente lo llamaba la leyenda viviente.  

—Nunca lo había escuchado. ¿Cómo sabes eso?  

—Bueno… sin querer, terminé aprendiendo mucho sobre héroes. Era lo único que tenía.  

¿Le estaba dando el nombre de un héroe a un esclavo encerrado en un laboratorio?  

Casi soltó una risa irónica, pero…  

Su voz, clara y suave, despertó algo en su interior, expandiéndose serenamente por la habitación.  

Era tan clara como si la susurrara directamente en su oído.  

—Ojalá algún día escapes de aquí y te vuelvas fuerte, como el héroe Rudville. Que vivas mucho tiempo.  

Era la primera vez que alguien expresaba un deseo por él.  

La única voz en el mundo que lo llamaba como a una persona.  

Aunque no tenía intención de recordarlo, ese nombre quedó grabado en su corazón.  

—…Basta.  

—¿Por qué?  

—No necesito un nombre tan grandioso.  

Aunque rechazó ese sentimiento incómodo, ella lo ignoró.  

A partir de ese día, cada noche llegaba la misma voz.  

Un suave movimiento al otro lado de la pared, un suspiro, y entonces…  

—Rudville.  

—Ru suena mejor como apodo, ¿no?  

El nombre resonó como un hechizo.  

Al principio, no respondía.  

Solo miraba al suelo, pensando que eran palabras vacías.  

Pero noche tras noche, esa voz se quedaba en su mente.  

Los sujetos de experimentación morían uno tras otro, y los reemplazaban.  

Su cuerpo, que se negaba a morir, se deterioraba cada vez más…  

—Ru, ¿hoy también fue soportable?  

En el aire cargado de químicos, ella era lo único constante.  

Al principio, no le importaba quién estuviera al otro lado.  

Cualquiera servía… o eso creía.  

Pero ahora ya no podía engañarse.  

Cuando su conciencia flaqueaba, buscaba instintivamente esa voz.  

Cada noche, esperaba a que ella lo llamara.  

La única voz que lo anclaba a este mundo.  

—Rudville.  

¿Llegaría el día en que usaría ese nombre?  

¿Podría volverse tan fuerte como ese héroe?  

No, probablemente no.  

Su vida se pudriría lentamente en este sótano, desapareciendo sin que nadie lo supiera.  

Ese pensamiento lo arrastró como un pantano.  

Algo frío y pegajoso lo hundía más y más.  

La oscuridad lo ahogaba, subiendo hasta su cuello.  

Sin fin, hacia abajo, más profundo.  

Justo cuando ese pensamiento estaba a punto de tragarlo por completo…  

Alguien lo sacudió bruscamente.  

Como si su conciencia, enterrada en el fondo, fuera arrastrada a la fuerza de vuelta a la realidad.  

—…¡Rudville!  

Su visión se aclaró gradualmente.  

Vio un rostro que sostenía con cuidado su mano ensangrentada.  

Temblaba levemente, tratando de no tocar la herida ya destrozada.  

Era Odelli.    



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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