Capítulo 102
—Pero si tú te haces cargo de esta situación y la resuelves, podríamos reconsiderarlo. Si presentas argumentos convincentes para reclamar tus derechos y tu parte, estaría dispuesto a aceptarlo hasta cierto punto.
—… ¿En serio?
El presidente Shin soltó una risa cansada al ver la sorpresa de Sera, quien había pedido precisamente eso.
—Siempre he despreciado a esos tontos que priorizan el orgullo sobre el pragmatismo. Es mejor asegurar ganancias, por humildes que sean, que enterrar tu vida en un pozo de mierda por soberbia. Yo mismo he vivido así.
Era casi un elogio a su descarada audacia. Dudando qué responder, Sera inclinó levemente la cabeza, preguntándose si era la reacción adecuada.
—Gracias.
—Asegúrate de resolver esto sin más escándalos. Si surge otro rumor similar, tomaré la decisión más eficiente: expulsarte de Seowon.
—Entiendo.
Habiendo obtenido lo que quería, Sera se levantó sin demora. Al verla prepararse para irse sin remordimientos, el presidente Shin tragó una sonrisa amarga. Ambos sabían que su relación, siempre distante, no mejoraría en este punto.
—Me retiro entonces.
Tras una inclinación de cabeza, Sera estaba a punto de salir del mausoleo cuando añadió un torpe comentario:
—Cuide su salud.
Un saludo breve y seco para una relación de toda la vida entre padre e hija.
El exterior estaba sumido en la oscuridad total. Al subir al auto que la esperaba, Sera miró fijamente el mausoleo iluminado.
Aunque ella y el presidente Shin eran polos opuestos, compartían al menos una similitud:
La terquedad de no rendirse fácilmente, sin importar la situación.
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[¿Te importaría vernos un rato?]
—…
[No te quitaré mucho tiempo. No te pondré en aprietos.]
Era el primer mensaje de Seo Jeonwon en semanas. Su última aparición, inestable, aún le rondaba la mente, así que Sera aceptó sin objeciones.
[Pasaré por tu oficina al final de tu jornada.]
[No hace falta esforzarte. Yo puedo…]
[Ya verifiqué con mi médico que estoy bien. No te preocupes.]
—…
[Una vez fue suficiente para que me vieras hecho un desastre.]
No podía insistir tras esa respuesta.
En medio de su propia incertidumbre, no tenía espacio para preocuparse por otros. Pero si de algún modo había contribuido al colapso de Jeonwon, necesitaba confirmar su recuperación para tranquilizarse.
—Sera.
Jeonwon se acercó cuando ella bajó al estacionamiento. Salvo un leve demacramiento, su apariencia era la de siempre: rostro radiante y sonrisa habitual. Pero su serenidad, libre de los extremos de su trastorno, resultaba novedosa.
Ella bajó la mirada, incómoda. Jeonwon la estudió detenidamente antes de sonreír.
—Hoy también estás hermosa, Sera.
El halago trivial le hizo arder las orejas, desviando la conversación:
—¿Ya estás mejor?
—Podría recaer, pero por ahora estoy bien.
Asintiendo con naturalidad, Jeonwon se disculpó de pronto:
—Lamento haberte mostrado ese espectáculo. Aunque tarde, también pido perdón por besarte sin tu consentimiento.
Sera se ruborizó. Sus palabras revivieron el recuerdo vívido de aquel momento, con todo su peso sensorial. Un hormigueo fantasma recorrió sus labios.
Ahora que lo pensaba, había besado a este hombre. En ese momento solo hubo shock, pero en retrospectiva, entendió que Jeonwon había estado acorralado, fuera de control. Si estaba tan desesperado que se aferraba a cualquier cosa, no quería ser cruel.
Para ser honesta, también buscaba aliviar la culpa por sus duras palabras, que tal vez lo habían destrozado.
—Sé que estabas sufriendo.
Los ojos claros de Jeonwon temblaron levemente ante su respuesta.
—Así que te entiendo.
Sorprendido por su aceptación, Jeonwon guardó silencio antes de respirar hondo:
—Aún me avergüenza haberte mostrado mi debilidad, pero gracias a que viniste, pude recuperarme antes.
—…
—Es mi primera salida en mucho tiempo… ¿Te gustaría dar un paseo?
Tras una breve pausa, Sera asintió. Su agenda estaba libre, y adivinaba por qué elegía un auto: en sus breves momentos de paz, él siempre la llevaba a conducir, pretextando animarla. Ahora los roles se invertían, pero no había razón para negarse.
El destino fue el Parque Hangang en Banpo.
—Espera, Sera.
Jeonwon la detuvo al bajar y sacó algo del asiento trasero: unos elegantes flats. Antes de que pudiera reaccionar, tomó su pie calzado.
—Espera, Jeonwon…
Él alzó la vista, pidiendo permiso con la mirada. Sus dedos largos se deslizaron con intención clara entre los cordones, rozando el arco sensible de su pie. Ella encogió los hombros.
—Tienes los pies muy pequeños.
Jeonwon murmuró, asombrado, mientras sostenía su pie, que parecía diminuto en sus manos.
—…Tus manos son demasiado grandes.
Al intentar retirarse, él sujetó su talón y le calzó los flats, que encajaban perfectamente.
—¿Te gustan?
—Sí, son bonitos. Gracias.
Su sonrisa se iluminó ante su gratitud. Era la misma sonrisa radiante de siempre, pero con una cualidad etérea nueva. Resultaba extraño percibirlo de manera distinta.
Quizá esta era su verdadera esencia.
Así como el origen de Sera no era su culpa, el trastorno de Jeonwon tampoco lo era. La compasión surgió al imaginarlo perdido en episodios fuera de su control, aunque sabía que rechazaría su lástima.
Ignorante de sus pensamientos, Jeonwon se levantó y miró alrededor.
—Hoy podremos caminar cómodos.
Empezaron a pasear lentamente. La noche fría pero soportable, el aire salobre que evocaba nostalgia, el skyline de Seúl al otro lado del río: era una velada perfecta para caminar.
A medida que avanzaban, Sera sintió cómo la tensión inicial se disolvía. La presión reciente también parecía diluirse en el aire nocturno.
Con Jeonwon siempre había sido así. Aunque sabía que no era de fiar, su presencia la relajaba. Incluso tras su ruptura, podía actuar con naturalidad porque sabía que él ya no era una amenaza.
—¿Por qué quisiste verme hoy?
Él se detuvo ante su pregunta, estudiando su rostro.
—Escuché que hubo un escándalo. ¿Estás bien?
Sera entendió y rio.
—¿Lo de que no soy hija del presidente Shin? ¿Viniste a preguntar eso?
—No exactamente.
Jeonwon frunció el ceño.
—En realidad lo supe justo antes de venir. He estado durmiendo tanto que no sabía nada del mundo exterior.
—¿Y… el trabajo?
Él parpadeó, luego sonrió, divertido.
—¿En esta situación, eso es lo que te preocupa? Eres tan responsable, Sera.
—Bueno, si solo tengo eso, al menos viviré diligentemente.
Su autodesprecio lo hizo fruncir el ceño.
—¿Por qué tan derrotada?
—…
—Si es por los comentarios de gente insignificante, ignóralos. Esos idiotas solo saben burlarse de otros para entretenerse. Yo también recibo críticas, y aquí estoy. Bueno… “Aquí estoy” puede no ser el mejor ejemplo. Pero entiendes el punto, ¿no?
Su consuelo típicamente despreocupado, le arrancó una risa involuntaria.
—¿Y si realmente no soy hija del presidente Shin? ¿Igual los ignoro?
Tras meditarlo, Jeonwon respondió con naturalidad:
—Siempre me pareció raro que alguien tan linda saliera de esos genes horribles.
La respuesta absurda la hizo reír.
—Muy propio de ti.
—¿Es un cumplido?
Él entrecerró los ojos, evaluándola. Pensándolo bien, no había temido que la interrogara sobre el escándalo. Subconscientemente, esperaba que aceptara sus defectos sin problemas.
Su reacción fue un alivio. O más bien, le gustaba su indiferencia tibia, la ligereza que ofrecía.
—Sí, es un cumplido. No es mentira que estoy mejor ahora.
Jeonwon asintió como si entendiera, aunque no podía captar ni la mitad de su desesperación. Para cortar el tema, ella preguntó:
—¿De verdad estás bien? No quiero que empeores por mí.
—¿Qué, crees que colapsar fue tu culpa?
Él rio al ver su preocupación.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ROBIN