Capítulo 1:
La historia de Cha Yeon-woo.
“Una Cenicienta moderna”. Esa es la forma más famosa de describir a Cha Yeon-woo, un apodo tan popular que, aunque no conozcas su rostro, oirás su nombre y dirás: “Oh, ¿él? ¿La Cenicienta?”
[El congresista Cha y su esposa adoptaron un niño del orfanato donde fueron voluntarios por más de 8 años.
El congresista Cha Bae-joo, querido por muchos por sus políticas a favor de la población segregada, adoptó un niño. Su adopción fue un tanto especial porque la pareja ya tenía tres hijos propios. Trabajar como voluntario en un orfanato era cosa fácil, pero adoptar un niño era una historia diferente. Algunas personas criticaron la decisión de adoptar un niño, sugiriendo que podría ser por beneficios fiscales o por alguna otra razón no especificada. Sin embargo, Cha y su esposa explicaron sus razones para adoptar.
─El niño era tan lindo. Sus ojos brillaron como si me pidiera que lo llevara conmigo, al ver eso, no pude darle la espalda.
─Por suerte, mi esposa tenía el mismo pensamiento que yo. Entonces decidimos adoptarlo lo antes posible. Es lo mejor para el niño. Estoy feliz de poder darle a este pobre niño un nuevo hogar.
Después de investigar el motivo por el cual el niño llegó al orfanato, vimos su desafortunada vida. La madre del niño era alcohólica. Por lo que estaba en la mira de los asistentes sociales…]
La historia del joven que pasó de vivir en un orfanato a ser adoptado por una familia adinerada. La gente que no sabe nada sobre la verdad elogió al congresista Cha y a su esposa, para luego lanzar miradas de celos a Yeon-woo, por la gran bendición que se le dio. El ascenso de estatus perfecto, de un huérfano pobre a ser el hijo menor de una familia adinerada. Fue como algo sacado de una película o un drama, y algunos incluso dijeron que debería estar agradecido por tal bendición por el resto de su vida. Pero aquellos que conocían la verdadera historia sintieron pena por Yeon-woo y lo compadecieron. Cuando el congresista Cha se enteró por primera vez de la existencia de Yeon-woo, afirmó que él nunca le había sido infiel a su esposa. Pero después de la prueba de paternidad, su actitud cambió 180 grados. Estaba molesto porque había sufrido las consecuencias de haber jugado con fuego durante tanto tiempo. Él afirmó que no sabía quién podría ser la madre del niño, pues había tenido demasiadas aventuras de una sola noche, y le gritó al bebé recién nacido: “¿Cómo te atreves a dejar una mancha en mi vida con tu origen desconocido?” y lo envió al orfanato, una historia famosa que sólo conocen unos pocos. Lo tiró como si fuera un trozo de basura y luego, durante la temporada electoral, simplemente lo recogió de vuelta para publicidad. Decían que hasta un animal es bueno con sus propias crías, pero él era peor que un animal.
*M.R.: ya lo odio bastante al viejo asqueroso.
Los artículos sensacionalistas que no respetaban las pautas básicas de prensa y que no consideraban los derechos humanos del niño adoptado parecían bastante extraños incluso para aquellos que no conocían la verdad oculta. Algunas personas dijeron: “¿No es un poco raro esto sobre el congresista Cha?” Pero eso era todo, y la historia fue recordada como un simple chisme y naturalmente olvidada.
{─¿Por qué adoptó al niño? ¿Realmente quería quedárselo?}
En una ocasión, un curioso magistrado le preguntó al congresista Cha. Sin mostrar ninguna consideración por cómo lo percibirían los demás, el congresista Cha se encogió de hombros. Además, soltó una carcajada, como si le hubieran hecho una pregunta demasiado obvia. En cuanto vio a Yeon-woo en el orfanato, sintió como si todo se aclarara ante sus ojos. A pesar de su corta edad, ya era apuesto. No, era tan bonito que hacía que uno se volviera loco. Si a esa edad ya era así, cuando creciera sería increíblemente hermoso.
No podía creer que ese niño tuviera la mitad de su sangre corriendo por sus venas. Cuando sus ojos, que ocupaban la mitad de su diminuta carita, se volvieron hacia él, quiso aplaudir y gritar de alegría. Cuando se enteró de que tenía un hijo ilegítimo, pensó que estaba jodido. Estaba frustrado, como si los cielos lo estuvieran abandonando, pero no era así, lo estaban ayudando. Cha Bae-joo rió entre dientes.
Sabía que era caro criar a un niño. Pero ¿no es así cómo se cría a un niño normalmente?
No costaría mucho dinero criarlo manteniéndolo en casa y no permitiéndole interactuar con nadie.
Y ese fue su billete de lotería. Si se perdía esta oportunidad sería un tonto. Si crías un muñeco bonito que escucha bien y lo vendes… Estaba seguro de que no sólo podría recuperar su inversión sino también ganar mucho dinero.
─Quería llevármelo y ya. Lo traje porque era bonito.
─¿De qué le sirve ser bonito si es un chico? No sirve para nada. Ni siquiera se le puede vender más tarde, ¿verdad?
─Eso es un poco lamentable, pero hay quienes se vuelven locos por los chicos.
Hubo risas. El congresista Cha, juntó el pulgar y el índice para formar un círculo, luego sonrió de manera desagradable mientras repetidamente metía y sacaba un dedo dentro del hueco. Era un comportamiento sucio y repugnante, cuyo significado quedaba bastante explícito. Cualquier persona común habría fruncido el ceño, pero los que estaban a su alrededor estallaron en carcajadas como si hubieran escuchado un chiste divertido.
Incluso si el congresista Cha no hubiera dicho algo así, no había ni una sola persona que pensara que había adoptado a Yeon-woo con buenas intenciones.
Después de sus comentarios explícitos, él seguía apareciendo en reuniones privadas, preguntando a todos si no querían un “chico joven, bonito y obediente”. Lo preguntaba tan a menudo y de manera tan descarada que los rumores, que deberían haberse mantenido en secreto, empezaron a resurgir a la superficie. Por esa razón, Yeon-woo era conocido por algunos. Lo señalaban con el dedo, llamándolo un bastardo que algún día sería vendido a algún pervertido o un futuro prostituto de cara bonita. Desde el momento en que Yeon-woo empezó a tener consciencia, escuchaba todos esos insultos y vulgaridades simplemente parpadeando. No podía decir que no. Todo era verdad.
No importaba cuán sucios fueran los rumores, el congresista Cha seguía mostrando fotos de Yeon-woo por todas partes. Afirmaba con confianza que, cuando creciera, sería muy bonito. Incluso mencionó que, aunque quisiera venderlo tan pronto como se hiciera adulto, planeaba mantenerlo cerca, llevándolo de un lado a otro para aumentar su valor. También añadió que, si alguien tenía interés, no olvidaran expresarlo con antelación.
Aunque encontraban repulsivos sus actos y palabras, disfrutaban consumiendo la desgracia de Yeon-woo como si fuera un simple chisme. A nadie le gustaría sufrir aquello en carne propia, pero observar de cerca la desgracia ajena les resultaba entretenido. Es más, algunos incluso apostaban sobre a dónde sería vendido el niño y sobre cuál sería su destino final. Podía parecer cruel, y lo era, pero así funcionaban las cosas en ese mundo.
Yeon-woo recordaba vívidamente el primer día que llegó a la mansión, un lugar que pronto se convertiría en una prisión que le apretaría el cuello. Con esfuerzo, reprimió su entusiasmo mientras pensaba en inclinarse y agradecer a quienes serían sus nuevos padres, además de saludar a quienes serían sus hermanos, con la esperanza de llevarse bien con ellos. Si no hubiera sido por los insultos que soltaron el día que lo trajeron, lo habría hecho…
─Si no fuera por esa cara bonita, ni siquiera lo habríamos sacado del orfanato.
─Quiero deshacerme de él cuanto antes.
«Oh…» Yeon-woo quedó desconcertado por las miradas que lo observaban como si fuera basura. Las sonrisas que mostraban frente a los periodistas habían desaparecido. Detrás de las falsas máscaras, solo quedaba un odio descarado. Yeon-woo retrocedió unos pasos. En ese momento, una mano voló hacia él.
Se sujetó las mejillas teñidas de rojo, salió del lugar y se enfrentó a otras miradas llenas de desprecio.
─¿Hermano? ¿Dijiste hermano? ¿Quién se cree este tipo que se ha arrastrado por ahí para atreverse a llamarme así?
─Quédate arrinconado y vive como si estuvieras en una esquina, como si no existieras. ¿Entendido?
─Ah, qué asco. ¿Por qué papá y mamá trajeron a un niño así?
Desde el primer día, Yeon-woo se dio cuenta de su situación. La realidad que enfrentó al salir del orfanato era mucho más miserable y desoladora de lo que había imaginado. Sin embargo, como siempre, Yeon-woo se adaptó a la realidad que enfrentaba. No tenía más opción que adaptarse; de lo contrario, no podría sobrevivir. Cuando se enfrentaba a los insultos, fingía no entender y sonreía tímidamente, y aunque recibía golpes, no lloraba. Se levantaba rápidamente después de caer por los golpes y se inclinaba para no molestar a los demás. Todo lo que hacía era para sobrevivir. Sin embargo, los empleados contratados por el congresista Cha encontraban a Yeon-woo raro porque el niño no actuaba como se esperaba de un niño. Decían que era espeluznante y aterrador, evitaban estar cerca y hacían como si no vieran el abuso que sufría.
Con el paso del tiempo, cuando Yeon-woo llegó a la adultez, el congresista Cha lo llevó de un lado a otro como si lo estuviera estado esperando. Antes de cumplir la mayoría de edad, Yeon-woo no podía salir de casa ni siquiera al jardín, a menos que fuera para mostrarse ante los medios. Pero al llegar a la adultez, la situación cambió. El congresista Cha lo llevaba a salir casi todos los días, y la mayoría de las veces no era durante el día, sino en plena noche. Eran salidas secretas que nadie fuera de la familia del congresista conocía. Y esas salidas eran las que Yeon-woo no deseaba.
─Debes devolver la gratitud por haberte criado.
─¿Acaso crees que te crié por nada? ¡Tienes que pagar el dinero que se gastó en criarte!
─Eres un ingrato.
Esas eran las palabras que él repetía constantemente: “Devuélveme el favor, paga el dinero que gasté en criarte. Para eso te crié”. Yeon-woo solo asentía con la cabeza y repetía la palabra “gracias” como un hábito. En una ocasión, lo arrastraron a una fiesta de aniversario de una empresa que ni siquiera recordaba.
─Presidente, seguro ha oído los rumores, ¿verdad? Este es mi hijo menor. Ja, ja.
Cada vez que lo abrazaba, fingiendo ser un buen y cariñoso padre, Yeon-woo sentía que un enjambre de insectos recorría su cuerpo, poniéndole la piel de gallina. Quería sacudirse esa mano de inmediato y escapar corriendo al exterior.
Pero no tuvo valor. Sabía que era un cobarde. Yeon-woo, como una muñeca bien arreglada, solo parpadeaba mientras sostenía la mirada de los demás. Gracias a la ropa que no le quedaba bien, pudo dejar que las mangas le colgaran largas. Nadie podía ver los puños apretados que mantenía ocultos para soportar el asco y el miedo.
─Claro que tiene la cara bonita, como su madre.
─Es bonito, en efecto.
─Y no solo eso, también es muy obediente. Lo he educado bien.
Aunque la luz de la luna que se derramaba a través del ventanal era brillante, el corazón de Yeon-woo estaba oscuro. Aunque intentaba no mostrarlo, sabía que todas las miradas en el lugar estaban puestas en él, en el congresista Cha, y en el hombre al que llamaban presidente. Yeon-woo sentía repulsión por todos ellos. Pero lo que más le disgustaba era él mismo, sonriendo hasta el punto de que le dolían las comisuras de los labios.
─Si no fuera por esa cara, ni siquiera lo habríamos traído. Ja, ja.
Se sentía triste. Pensaba que hubiera sido mejor no haber nacido. Ese pensamiento no dejaba su mente. Yeon-woo escondía hábilmente esos sentimientos y sonreía hacia aquellos que le sonreían.
─¿Te gusta?
─Mmm, me gustaría que estuviera más delgado. Me gustan las personas delgadas.
Ante las palabras del hombre, el congresista Cha brilló con una mirada intensa. A partir de ese momento, las comidas ya deficientes se redujeron de dos a una al día.
Lo que sorprendió más a Yeon-woo no fue el hecho de que el hombre, al que llamaban presidente, lo estuviera evaluando, sino que pudiera mirar a alguien de la edad de su propio hijo, con ese tipo de ojos. Pero, como siempre, solo podía sonreír con dulzura. Levantaba las comisuras de los labios como si no supiera nada, y hacía como si no escuchara los comentarios sobre cuánto valía. Así tenía que comportarse para sobrevivir. Gritar y rebelarse no cambiaría nada.
Suspiró.
Había viajado a tantos lugares así, tantos, que ni siquiera los podía contar con los dedos de ambas manos, y siempre que pasaba, a Yeon-woo le gustaba imaginar cosas. Imaginaba que alguien lo rescataba. Incluso imaginaba saltar del coche en movimiento y escapar. Pero ambas cosas parecían imposibles de realizar.
¿Quién iba a rescatar a alguien como él? Era una ilusión lejana.
Y no tenía el valor suficiente para saltar del coche en movimiento.
Así, salió una y otra vez a esos lugares disfrazados de reuniones sociales, suplicando que lo compraran. Yeon-woo pensaba que, si solo esperara un poco, pronto sería vendido, ya que el congresista Cha siempre actuaba como si no pudiera esperar para deshacerse de él.
Sin embargo, a diferencia de lo que esperaba Yeon-woo, pasaron días, semanas, meses, y un año, y él seguía sin ser vendido.
Yeon-woo seguía en aquella casa infernal.

TRADUCCION: XIAO
CORRECCIÓN: M.R.
RAW HUNTER: M.R.