Capítulo 43
Durante un rato, ninguno de los dos dijo nada, solo se quedaron mirándose. Para ser exactos, Chase lo fulminaba con la mirada mientras Josh, incómodo, sostenía el contacto.
El silencio se hacía insoportable. Más aún en una situación como esa.
Ya había sido duro en la sala de estar, pero esto lo superaba con creces. Enfrentar la rabia de un compañero de trabajo no se comparaba a la sensación de tener delante a Chase, temblando de traición. Josh pensaba que su enojo era completamente comprensible, así que, en ese momento, estaba dispuesto a dejar que descargara su ira como quisiera. Incluso si llegaba a golpearlo.
Al menos no lo mataría.
Cuando ese pensamiento se cruzó por su cabeza, Josh frunció el ceño. «No, imposible… ¿cierto?»
—Tú.
Por fin Chase abrió la boca. Josh aguardó en silencio lo que vendría después.
—Dame la medicina.
Sin decir una palabra, Josh fue a buscar el frasco y se lo entregó. Chase lo arrebató de sus manos y, como si quisiera grabar cada letra a fuego, leyó lentamente lo que estaba escrito en la etiqueta. Obviamente, nada iba a cambiar por más que lo revisara.
Cuando terminó, levantó la cabeza. Su rostro aún reflejaba incredulidad.
—…¿Es verdad?
Su voz temblaba. Josh sintió un impulso irracional de negarlo, de tranquilizarlo con una mentira. Pero sabía que no debía hacerlo.
Se obligó a contenerse y asintió. Chase apretó los dientes contra el labio inferior y soltó un suspiro entrecortado, como si estuviera luchando por mantener el control. Josh lo miró con lástima.
Ese sentimiento se desmoronó cuando Chase lanzó el frasco con fuerza.
—¡Oye!
Josh apenas pudo soltar una exclamación de sorpresa mientras veía la botella atravesar la terraza, perderse en el aire y desaparecer en algún punto del jardín. Se quedó con la boca abierta, incapaz de reaccionar.
—…¿Qué demonios haces?
Logró preguntar al fin. Chase respondió con otra pregunta.
—¿Ese era todo el medicamento que tenías?
Josh calló.
—¿Era todo? —insistió, con los dientes apretados.
Josh dejó escapar un bufido molesto antes de responder:
—Sí, era todo. ¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que haga?
Sentía culpa por haberlo ocultado, pero el problema práctico seguía ahí. Ya le costaba mantener la cordura con el perfume de las feromonas de Chase inundando el aire; ¿cómo iba a soportarlo sin medicación? Pero a Chase no le importaba.
—¿Y qué? —replicó con indiferencia—. De todas formas, como ya te acuestas conmigo, no la necesitas.
—¿Qué?
Josh quedó tan desconcertado que apenas pudo hablar. Chase, sin embargo, fue más allá.
—De ahora en adelante, pasaré mis ruts contigo.
—¿Qué?
Josh repitió lo mismo, incrédulo. Chase, cada vez más descarado, se encogió de hombros.
—Tampoco tienes otra salida. Con alguien tienes que acostarte —su sonrisa burlona se ensanchó al ver la cara atónita de Josh—. ¿O qué? ¿Vas a buscar a cualquier imbécil cada vez que entres en celo? ¿Con esa cara de querer lamerme ahora mismo?
Josh perdió la paciencia.
—¡Fuiste tú quien tiró mi medicina, maldito imbécil!
La acusación era justa, pero Chase solo se rió con desdén.
—Y por eso te digo que yo me encargaré de tus ciclos.
Nunca como ahora Josh había sentido que estaba hablando contra una pared.
El aroma dulce flotaba a su alrededor, varias veces más intenso de lo habitual. Era porque Chase estaba enfadado. Pero lo que mareaba a Josh en ese momento no era solo eso. Para contener las emociones que hervían en su interior, abrió y cerró los puños varias veces seguidas.
Quiso darle un golpe para que reaccionara, pero se contuvo. En cuanto veía el rostro de Chase, toda esa determinación se desmoronaba con un pensamiento absurdo: «aun así, no puedo pegarle a una persona.»
—Huu… —Josh respiró hondo de manera automática, pero fue una elección equivocada. Para cuando se dio cuenta, ya había inhalado profundamente las feromonas de Chase hasta el fondo de sus pulmones.
«¿Soy idiota?»
El vértigo lo sacudió y Josh se maldijo. Pronto su respiración se volvió errática y su mente se nubló. Incapaz de pensar con claridad, cerró los ojos y extendió una mano.
—Hablemos después. Hoy ya no puedo más…
—¿Por qué?
De repente Chase lo sujetó del brazo y lo jaló con fuerza. Tomado desprevenido, Josh se dejó arrastrar y ahogó un sobresalto. Lo primero que vio al levantar la vista fueron los iris dorados de Chase brillando con intensidad. Se quedó hipnotizado por un instante, hasta que finalmente reaccionó.
—¿Q-qué estás haciendo? Tú… tú, conmigo…
Josh tartamudeó, visiblemente desconcertado. Chase entrecerró los ojos.
—¿Qué pasa? —susurró con voz grave—. ¿Te excitaste?
—Maldito…
Josh apretó los dientes y lo insultó, pero con la respiración entrecortada, las mejillas encendidas y el cuerpo ardiendo, no lograba sonar amenazante.
Chase lo observó en silencio. Josh trató de apartarlo, aunque sabía que era inútil. Su resistencia apenas surtía efecto. Entonces, Chase volvió a fijar la mirada en su rostro.
Josh sabía que iba a besarlo. Sabía también que debía apartarlo sin dudar. Pero, en lugar de girar la cabeza, cerró los ojos. Los labios se encontraron y un jadeo se escapó entre ellos.
—Ha…
El aliento caliente de Chase se mezcló con su saliva dentro de su boca. Las lenguas se enredaron mientras un brazo lo rodeaba por la cintura y lo pegaba contra su cuerpo. El contacto de sus caderas se volvió abrasador.
—Haah, haah… haah, haah…
El aroma espeso de feromonas se colaba hasta su garganta. Chase lo inundaba con todo lo que tenía. Josh apenas conservaba la conciencia.
Cuando Chase alzó el rostro, Josh estaba completamente rendido, incapaz de sostenerse en pie. Chase lo sostuvo antes de que cayera, y lo contempló con la respiración perdida.
—…De verdad eres un Omega.
Lo susurró, entre lamento y asombro. Josh solo pudo devolverle una mirada turbia, sin fuerzas.
Chase volvió a inclinarse y lo besó de nuevo. Josh cerró los ojos, resignado, mientras su lengua era invadida con urgencia. La saliva se desbordó por la comisura de sus labios, parte de ella descendiendo por su garganta.
Entonces Josh recordó de golpe la vez que había tenido en su boca el sexo de Chase. Su cuerpo reaccionó al instante: el calor lo invadió desde abajo y se endureció con fuerza, presionando contra la erección que ya lo rozaba a través de la tela.
—…¿Quieres hacerlo? —preguntó Chase, murmurando contra sus labios.
Josh asintió rápidamente. Sus bocas se frotaron con violencia. Chase dejó escapar un gemido bajo y, sin previo aviso, lo levantó en brazos.
Josh tuvo un breve déjà vu. Recordaba haber pasado por algo parecido antes: ser cargado con facilidad por otro hombre, como flotando en el aire hasta llegar a la cama. Incluso en medio de su mente nublada, la sensación le resultó extraña e inquietante.
—…Nngh.
El contacto frío en su espalda le hizo darse cuenta de que Chase lo había recostado. Respirando agitadamente, lo miró desde abajo. Chase, con las rodillas sobre el colchón, se inclinó sobre él y, sin más, sacó la camisa de sus pantalones.
Josh tragó saliva al verlo quitársela de un solo movimiento, cruzando los brazos por encima de la cabeza en lugar de desabrochar los botones. Chase arrojó la prenda fuera de la cama y, con la misma calma, habló:
—¿Quieres lamerla?
Josh asintió. Chase, sin apartar la mirada de él, desabrochó la hebilla del cinturón y bajó el cierre. Su miembro, completamente erecto, se asomó por encima de la ropa interior. La punta, teñida de un tono rosado, hizo que Josh se quedara completamente absorto.
Chase se inclinó sobre él y bajó su pene. En cuanto Josh abrió la boca, la punta suave rozó sus labios. Apenas entró en su cavidad, echó la cabeza hacia atrás y abrió la garganta a toda prisa.
—¡…!
La sensación densa y pesada lo llenó por completo. Josh acarició los muslos firmes de Chase, subió hasta tomarle el escroto con la mano. Quiso devorarlo todo de una vez, pero era demasiado grueso y largo. No tuvo más opción que acariciar el tronco con la lengua mientras lo apretaba y masajeaba con la mano.
—Haa… ahh.
Arriba, los gemidos profundos de Chase retumbaron. El aroma espeso de sus feromonas mareaba a Josh hasta hacerle creer que la cabeza se le derretía. Succionaba con desesperación, frotaba con los labios, y cuando Chase empezó a mover la cadera, la erección le golpeaba la garganta entrando y saliendo sin descanso.
Ni siquiera tuvo tiempo de mover por sí mismo la boca. Con cada embestida más rápida, a Josh le costaba respirar. Chase lo follaba sin contemplaciones, jadeando con fuerza. Cuando ya no pudo aguantar más, se inclinó sobre él.
El miembro se hundió aún más, forzándole la garganta hasta asfixiarlo. Pero Chase no se detuvo, lo hundió sin piedad. Josh podía sentirle el pulso vibrando contra los labios, la cabeza le daba vueltas.
—¡…!
Un calor espeso estalló dentro. El sabor salado y el aroma penetrante de sus feromonas lo invadieron al mismo tiempo que el semen le bajaba por la garganta. Por un instante, la mente de Josh quedó en blanco.
¡COUGH!, ¡COUGH!
En cuanto Chase terminó y se retiró, Josh se atragantó, tosiendo con arcadas. Cada bocanada le recordaba el sabor acre que aún le quedaba en la garganta. Cuando por fin logró calmarse, estaba completamente exhausto.
—Haah, haah… haah, haah…
Se dejó caer de espaldas en la cama, sudoroso, con el pecho subiendo y bajando descontrolado. Nunca había estado tan agotado.
«Así que el sexo consume tanta energía…» pensó en medio del aturdimiento. Tal vez las feromonas de Chase lo habían intensificado todo. Solo entonces se dio cuenta: él también se había corrido. Su entrepierna estaba empapada.
Pero para Chase, apenas empezaba. Josh apenas reaccionó cuando le soltó el cinturón y le bajó los pantalones. El frescor en su entrepierna lo hizo temblar; un instante después, Chase arrojaba la prenda al suelo como ya había hecho con su camisa. Josh lo miró acercarse, aturdido.
—Miras cómo te mojas… ¿los Omegas son siempre así? —preguntó Chase, mordiéndose el labio inferior.
Josh respondió sin pensar, con voz ronca:
—No lo sé… ahh… nunca he estado con un Omega hombre.
—¿Nunca con otro Omega?
Chase jugaba con sus pezones, pellizcándolos entre los dedos, hasta que Josh, desesperado, tomó su mano y la obligó a estimularlo más.
—El único hombre con el que me he acostado eres tú… antes solo había estado con mujeres.
Las palabras se le escaparon entre jadeos.
—Yo… siempre pensé que me gustaban las mujeres. Jamás me imaginé hacerlo con un hombre…
Los ojos de Chase se entrecerraron. Josh, sin poder contenerse, llevó sus dedos a la boca. Su lengua húmeda los envolvió, los labios se cerraron y empezó a chuparlos con ansia, como si se tratara de su sexo. Chase torció el gesto, y el miembro que aún rozaba el vientre de Josh recuperó toda su dureza.
—Ugh…
Sin previo trabajo ni paciencia, Chase lo empujó directo contra su entrada. Normalmente habría estado cerrada, pero ahora se estremecía, cediendo apenas un poco. Chase no dudó en presionar y forzar la entrada. Josh contuvo la respiración y apretó los ojos, el rostro contraído por la presión.
Era brutal, cada empuje le abría el cuerpo sin piedad. Pero lo que más lo desarmaba era la mirada fija de Chase, que no lo soltaba ni un segundo. No entendía por qué lo observaba con ese rostro, por qué lo escrutaba con tanta intensidad.
Cada vez que tragaba saliva o fruncía el ceño, Chase lo veía todo. Esa insistencia lo ponía tan nervioso que su interior se cerraba involuntariamente.
—Uhh… nnngh.
Aunque apretaba los dientes, no pudo contener los gemidos que se escaparon con cada embestida. Quiso apartar la vista, incómodo, pero Chase le tomó la barbilla y lo obligó a mirarlo de frente. Sus ojos, de pronto, se endurecieron.
—¿A dónde miras? ¿Con quién te imaginas que lo estás haciendo ahora?
Las palabras salieron entre dientes, llenas de celos y rabia. Josh parpadeó, atónito, incapaz de responder. Intentó negarlo, pero Chase fue más rápido.
—Mírame. Mira bien quién es el que te está follando ahora mismo.
—…
—¡No cierres los ojos!
Chase apretó con fuerza su mentón y le gritó con fiereza. Josh, sin poder escapar, tuvo que sostenerle la mirada y dejar que todas sus emociones se reflejaran en su rostro. Cada embestida que le desgarraba por dentro le arrancaba una mezcla de placer y dolor que se dibujaba en sus facciones. Aun así, Chase no se detuvo.
—Ah… haa, haa…
La respiración de Josh se aceleraba cada vez más, al mismo ritmo que los movimientos de cadera de Chase, que se volvían frenéticos. Cada vez que el miembro hinchado se retiraba, sentía como si el vacío le succionara las entrañas; y justo en ese instante de pánico, volvía a llenarse hasta el fondo, haciéndole perder la conciencia en destellos blancos.
—Uhhhn…
Cuando volvió a correrse, al mismo tiempo sintió cómo algo ardiente le llenaba las entrañas. El latido feroz dentro de su vientre lo obligó a cerrar los ojos por un momento.
—¿…?
Un roce en sus labios y mejillas lo sobresaltó. Lo estaban besando, suave y lento. Josh frunció el ceño, cosquilleado e impaciente a la vez. Parpadeó varias veces hasta que por fin logró enfocar. Al girar la cabeza, se encontró con los ojos dorados de Chase clavados en él.
—Ah…
Un murmullo se le escapó, y enseguida el rubor le tiñó las mejillas. El aroma de las feromonas había disminuido, y con ello su mente se aclaraba poco a poco. Iba a preguntarle por qué no estaba dormido cuando Chase habló primero.
—¿Quién es?
—¿Eh…?
Josh comprendió de inmediato al sentir cómo sus dedos jugaban con la marca en la curva de su oreja.
—¿Quién te dejó esto?
—¿Y si fue alguien, qué vas a hacer?
Chase respondió con absoluta naturalidad, como si hablara del clima:
—Matarlo.
«¿Está diciendo que se mataría a sí mismo?»
Josh, perplejo, pensó en lo que significaría que este hombre desapareciera del mundo. ¿Sería una pérdida o un alivio? Y lo peor: no sabía si lo decía en broma o si hablaba en serio.
—Podrías marcar encima de esto y ya.
Le soltó la solución que Henry había mencionado, pero Chase no vaciló.
—No importa. Voy a matarlo.
Josh se quedó sin palabras.
«¿Y si le digo de una vez que fuiste tú?»
Esperar para evitarle un impacto quizá solo empeorara las cosas. Tal vez era mejor confesarlo ahora. Se decidió y abrió la boca.
—Yo…
Pero en ese mismo instante, Chase lo besó, trepó sobre su cuerpo y le cortó toda oportunidad de hablar. Josh intentó detenerlo, pero Chase no le dejó respiro. Su mano descendió y, de pronto, atrapó ambos sexos a la vez.
Un gemido de puro deseo se le escapó a Josh, la garganta le vibró de placer. Incapaz de resistirse, bajó su propia mano y acompañó la de Chase, masturbándolos juntos.
HAA, HAA… HAA, HAA…
La respiración agitada de ambos se mezclaba, mientras la humedad volvía a desbordarse.
—Joshua.
Justo antes de correrse, Chase detuvo la mano y preguntó con una sonrisa torcida:
—¿Quieres que lo meta?
La respuesta ya estaba decidida. Josh solo pudo asentir con fuerza. Y en cuanto el miembro, aún húmedo, se hundió dentro de su interior ya rendido, Josh se corrió de inmediato, estremeciéndose bajo él.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN