Capítulo 15
Por supuesto, Adeline notó el cambio en el comportamiento de Carlyle.
—¿En serio? Está bien. Puedes irte.
Aunque vivían en la misma mansión y él era su mayordomo, él huía como si ella fuera la peste.
Aun así, Adeline decidió respetar su espacio.
Bien, Adeline se preguntaba cuánto tiempo seguiría actuando como un tonto intentando tapar el cielo con la palma de la mano.
«Presionarlo demasiado podría ser contraproducente.»
«Hasta las hojas de té necesitan tiempo para reposar.»
Amablemente, le concedió tiempo para reflexionar.
Además, Adeline tenía mucho que hacer.
Recordar a Carlyle corriendo como un conejo asustado le arrancó una risa.
En ese momento, su compañero de baile habló:
—Pareces de buen humor hoy, Renée.
—Ah, Millen. ¿Se nota? Tuve un buen día.
Adeline sonrió y levantó la cabeza. Millen, que llevaba el cabello más peinado hacia atrás de lo habitual y vestía un traje azul oscuro, estaba justo frente a ella.
No, para ser exactos, decir que simplemente estaba frente a ella sería quedarse corto.
En ese momento, ambos se encontraban en el gran salón de banquetes en el palacio real, tomados de la mano y bailando.
El vestido de Adeline también compartía tonalidades similares al atuendo de Millen.
Un vestido confeccionado en terciopelo oscuro con destellos azulados, atado en la cintura con un llamativo lazo de tono cobalto.
Los trajes de colores similares que Millen y Adeline llevaban indicaban que asistían como pareja ese día.
Tres días atrás, Carlyle le había entregado una carta de Millen.
Era una especie de invitación.
Una propuesta para asistir como pareja a un banquete en el palacio imperial.
Así que, al leer la carta de Millen, Adeline no pudo evitar sonreír sin darse cuenta.
«En el pasado, esto no nunca sucedió.»
Durante el tiempo en que Adeline avanzó en su matrimonio con Julian, Millen no se había comunicado con ella en absoluto.
Pero el hecho de que esta propuesta llegara justo después de mostrarle la escena del beso con Jack…
«Significa que está consciente de Jack.»
Especialmente, el hecho de que el banquete al que la invitaba como pareja fuera uno en el palacio imperial era perfecto.
Por mucho que la influencia de Jack en los altos círculos sociales fuera impresionante, como extranjero, no podría asistir a un banquete en el palacio imperial.
En resumen, fue así.
Millen había invitado a Adeline a un banquete al que Jack no podía asistir.
Adeline aceptó la propuesta, y así, en el presente, ambos bailaban bajo los deslumbrantes candelabros del palacio imperial.
Adeline también había aprendido a bailar como parte de su educación, así que no carecía de habilidad, pero Millen, quien lideraba los pasos, parecía verdaderamente hábil.
Millen, tras girar media vuelta con la cintura de Adeline entre sus brazos, sonrió con complicidad.
—¿Qué cosa buena podría estar pasando para que nuestra Renée sonría así…? ¿Acaso piensa en alguien más? Me da celos que ni siquiera parezco estar en tus pensamientos.
Ante las palabras que siguieron, Adeline no pudo evitar reírse sin querer.
—¿Millen también siente celos?
—Por supuesto, es natural.
El rostro de Millen, que respondió sin dudar, perdió por un momento su expresión risueña.
Claro que fue solo un instante.
No era más que la palabra “celos”, y en ese momento, Millen se encontraba de muy buen humor.
—Ahora que lo pienso, es la primera vez que asisto a un banquete como este contigo como acompañante, ¿verdad?
—Es cierto. No suelo asistir a muchos banquetes.
Y Adeline rara vez llevaba acompañante porque no quería causar un escándalo innecesario.
Cuando era estrictamente necesario, solía asistir con su padre, Diego.
Siendo así Adeline, Millen sabía muy bien lo especial que era la situación actual.
Recordar ese hecho lo ponía de mejor humor.
«Por fin.»
Significaba que Adeline había vuelto a sus brazos.
La mirada de Millen se posó en su cuello.
Para ser más precisos, en el vestido que le cubría el cuello por completo, sin dejar rastro alguno.
Por supuesto, como no había pasado mucho tiempo desde el funeral de su padre, esa modestia era más bien considerada una virtud.
Los demás pensarían que la razón por la que Adeline llevaba un vestido tan recatado era simplemente por luto, pero solo Millen conocía la verdadera razón.
«…Jack Hartzfeld.»
Era un nombre que lo disgustaba con solo pensarlo, pero no importaba. En el momento en que la música que fluía por el salón del palacio alcanzó su crescendo,
Adeline, siguiendo los pasos coreografiados de la danza, se apoyó en el brazo de Millen y arqueó la espalda hacia atrás.
El cabello rubio que le caía por los hombros se mecía ligeramente con los movimientos de la mujer.
Bajo la luz de los candelabros, con la mirada ladeada, la mujer llegaba a parecer incluso seductora.
Pestañas densas colgaban sobre sus ojos verdes, abatidos.
Sus labios rojos, usualmente curvados en una sonrisa, ligeramente fruncidos.
Sus mejillas, ligeramente sonrojadas, daban una sensación adorable, y su nariz perfectamente delineada añadía un toque de elegancia única.
Finalmente, cuando la música terminó, Millen atrajo a Adeline hacia sí y la enderezó.
Luego, susurró en su oído:
—Renée, estoy feliz de poder ser tu pareja. Por eso mismo, si pensaras en otro hombre, sentiría celos…
Pero, sí.
Murmurando como para sí mismo, Millen apartó la cabeza y sonrió suavemente.
—Creo que un amante no es más que una virtud.
—¿… Una virtud? ¿Qué quieres decir?
Adeline mostró un instante de desconcierto ante las palabras de Millen.
Por supuesto, Millen continuó hablando con calma.
—Exactamente lo que dije. Un marido tan mezquino que no puede tolerar que su esposa tenga un amante es bastante patético, ¿no crees?
La mayoría de las damas ejercen su influencia en la sociedad a través de sus amantes.
¿Cuántas de las damas presentes en este banquete no tendrían al menos uno?
—Creo que alguien como Jack Hartzfeld no sería un mal broche para lucir. ¿No te parece?
Cuando el nombre de Jack Hartzfeld salió de los labios de Millen, Adeline frunció el ceño y apartó bruscamente la mano de Millen.
—Eso es grosero, Millen. Yo no pienso así de Jack.
—¿Entonces? ¿De verdad planeas casarte con él?
«La Adeline que conozco no haría algo así.»
En la voz de Millen, que murmuraba relajadamente, se percibía incluso cierta seguridad.
Y, en cierto modo, era verdad.
—Piensa bien. Jack Hartzfeld ni siquiera puede estar aquí.
Millen llevaba conociendo a Adeline más de diez años.
Como alguien que había sido muy cercano a Adeline, podía decirlo con certeza:
—¿Cuál sería la razón para que tú, que valoras tanto el honor de la Casa de Zeller, te casaras con Jack Hartzfeld?
¿Adeline, futura Duquesa de Zeller, casándose con un extranjero de origen desconocido?
Imposible.
Cada vez que recordaba la escena en el salón de té, Millen sentía como si le hubieran arrebatado algo que ni siquiera había poseído.
Lo único que calmaba ese desagradable ardor en su interior era una certeza:
«Adeline jamás se casará con Jack Hartzfeld.»
Incluso el haber organizado este encuentro en el banquete del palacio era por eso.
Para mostrarle a Adeline, directamente, la diferencia entre Jack y él.
Jack, como extranjero, nunca podría ser el compañero de Adeline.
«Por ahora, da igual qué tipo de relación tengan. Cuando el interés se acabe, todo terminará.»
El único que podía acompañarla en lugares como este.
Y quien realmente le convenía a Adeline no era Jack, sino el propio Millen.
Millen tomó la mano de Adeline nuevamente.
Aunque vio cómo su entrecejo se fruncía levemente, esta vez ella no llegó a rechazarlo.
Así que, alzando su mano izquierda, Millen besó su dedo anular y dijo:
—Renée, puedes llevar todos los broches que quieras en tu pecho. Si lo deseas, puedes llenar tus joyeros cuanto quieras.
Pero el dedo anular de la mano izquierda de Adeline que besó…
El anillo de bodas que debía colocarse allí solo debía pertenecer a Millen.

TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK