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Capítulo 8

Jun-ho acompañó a Si-young hasta la sala de suministros. Una vez allí, ella cogió los tomos con las listas de inventario y se sentó, hojeando exhaustivamente cada libro.  

—No es necesario que compruebes las cantidades. —opinó Jun-ho observando a Si-young. 

—Lo sé, pero es bueno estar seguro. —respondió ella.

—Veo que eres una persona muy precisa y trabajadora, señorita Si-young.

—…

Incapaz de encontrar nada que decir a aquel último comentario de Jun-ho, Si-young se levantó en silencio.

Desde antes, ella ya había pensado que sería bueno comprobar las cantidades de otros suministros una vez que llegara a la sala. Aunque no contaba con que un compañero fuera con ella hasta allí, ahora, que no había nada más que decir, estaba segura que él se iría a hacer otras de sus tareas pendientes. Por ello, sin hacerle mucho caso, cogió el registro y abrió una de las puertas del armario para hacer el recuento, pero Jun-ho permaneció en el mismo sitio, de pie, sin salir. Tras un momento de duda, Si-young habló en voz baja:

—Voy a comprobar la cantidad de suministros y asegurarme de que tenemos suficientes.

—De acuerdo. —asintió él, sin moverse del lugar.

—Puedes irte, y volver al trabajo que estabas haciendo… Seguro que tienes otras cosas que hacer…

—No te preocupes, estoy libre. —contestó Jun-ho mientras sonreía.

—…

—¿Qué te parece si lo hacemos juntos? No llevará mucho tiempo, si somos dos.

—Pero… Soy yo la que está a cargo de la sala de suministros…

—Lo sé, aun así, te voy a ayudar. Al fin y al cabo, no tengo otra cosa que hacer.

Jun-ho abrió la puerta al otro lado del armario. Esta vez, fue Si-young la que se quedó paralizada en su sitio, con la mente acelerada, llega de pensamientos sobre los motivos del joven:

«¿Por qué…? No es un trabajo difícil, solo una simple cuestión de volver a recalcular las cantidades… Es probable que pueda haber algún error en el registro y, en el caso de que no lo haya, estaría bien anotar las cosas que se agotan con facilidad para abastecerse con prioridad y… No, pero lo importante es que es algo de lo que estoy a cargo y lo puedo hacer sola perfectamente. ¿Por qué insiste tanto en ayudarme…?»

—¿Estás incómoda?—preguntó Jun-ho al verla notablemente bloqueada e inmóvil.

Si-young, al escucharlo, cerró y abrió los ojos rápidamente. En un instante, enderezó su expresión, preocupada de que sus pensamientos fueran demasiado obvios y lo miró.

Era cierto que estaba inquieta con la presencia de un compañero que, de forma repentina, se mostraba bastante amigable con ella. No obstante, era incapaz de decirlo abiertamente, así que, en vez de darle una respuesta afirmativa a su pregunta, balbuceó otra cosa como respuesta:

—No… E-es que es solo mi trabajo y… No es difícil… Así que, ¿por qué deberías…?

—Bueno… En realidad, era solo una pequeña excusa para hablar con la señorita Si-young.

—¿Hablar de …?

Jun-ho frunció el ceño y se frotó la nuca, algo avergonzado.

—Es que llevamos un tiempo trabajando juntos, pero creo que no hemos tenido ocasión de hablarnos y, mucho menos, conocernos. A menudo nos reunimos después de la jornada para cenar y tomar unas copas, y Si-young es…—explicó Jun-ho, murmurando algo inaudible al final de la frase. Pero, pronto, agitó las manos en el aire y continuó—. Quiero decir… No es que haya nada malo en no salir, claro está. Es que, ya que somos compañeros, y te veo todos los días, parece que siempre he tenido dificultades a la hora de relacionarme con la señorita Si-young.

En ese momento, Si-young le lanzó una mirada de desconcierto. Fue una expresión que, incluso, sorprendió y confundió a Jun-ho. 

«¿Por qué saca este tema ahora? ¿No nos llevamos bien tal y como estamos? Puede que, a veces, es como si hubiera un muro invisible entre nosotros, pero eso no significa ningún problema a la hora de trabajar juntos, ¿no?»

—N-no lo digo por nada malo… Yo… Yo… E-es bueno estar cómodos mientras trabajamos juntos y…—titubeó él.

Mientras Jun-ho tartamudeaba, Si-young, sin prestarle mucha atención a lo que decía, intentó averiguar si su compañero hablaba en nombre de todo el personal o solo en el suyo. 

Aparentemente, todo apuntaba a que, únicamente, era idea de Jun-ho, porque nadie más se molestó en juzgar o decir algo de igual similitud. En más, hasta parecían no darse cuenta de que ella no se molestaba en profundizar el trato con ellos. 

Si-young, pensativa, estudió su cara, recordando, en retrospectiva, sus expresiones y gestos al hablar. La forma en la que Jun-ho se sonrojaba y murmuraba su opinión sin confianza, le hizo hacer una conjetura un tanto incómoda. 

—… No me importa lo que digan los demás empleados… —seguía él hablando—. Me parece bien que tú…

No obstante, Si-young, interrumpiendo deliberadamente a Jun-ho, respondió de forma un tanto mordaz:

—Necesito poner orden aquí, así que lo haré yo, y tú puedes irte, Jun-ho.

Y mientras se apresuraba a abrir la puerta de su taquilla, Jun-ho se abalanzó sobre ella y la agarró de la muñeca.

—Señorita Si-young, yo… En realidad yo…

Sorprendida, ella le apartó la mano inmediatamente y, justo en ese momento, se escuchó una voz grave desde la puerta abierta de la sala de suministros: 

—Es bastante tarde para limpiar y organizar.

Si-young y Jun-ho, que estaban de pie cara a cara, volvieron la cabeza al mismo tiempo hacia el hombre que los miraba fijamente. Aprovechando el momento de estupor, él continuó hablando de manera autoritaria:

—¿Qué tanto tiempo os lleva colocar el nuevo material? Creía que solo eran dos cajas.

—¡Ah! Director.—dijo Jun-ho de forma un tanto alterada, retrocediendo y juntando sus manos, las cuales ahora tenía libres. 

Por otro lado, Si-young giró su cuerpo para enfrentarse a Eun-gyeom, quien estaba de pie, en la entrada de la sala. Él tenía una expresión áspera, la que siempre mostraba cuando parecía que algo no le gustaba. Sin embargo, Si-young era incapaz de descubrir lo que, esta vez, le había molestado.

—¿Sigues ordenando?—preguntó Eun-gyeom dirigiéndose a ella.

—No. Ya he terminado de ordenar.

—Por cierto…—siguió Eun-gyeom, girando su cabeza hacia Jun-ho—. Tú, ¿por qué sigues aquí? Este no es tu trabajo. El resto del personal está muy ocupado con la exposición y la fiesta de recepción mientras tú, estás aquí, escaqueándote. 

Junho entrecerró los ojos y levantó las manos buscando, apresuradamente, una excusa: 

—¡Oh! No, creo que hay un malentendido, Director, yo… La señorita Si-young estaba revisando los suministros, y pensé que era demasiado trabajo para ella sola, así que pensé en ayudarla.

A diferencia del hablar de Jun-ho, quien se veía bastante nervioso, la respuesta de Eun-gyeom fue pausada y relajada.

—¿En serio? ¡Eso es genial! Entonces, ya que conoces tan bien el terreno como para saber si es demasiado trabajo o no, puedes comprobar tú mismo la sala de suministros por Si-young, ¿verdad?

—Oh, e-eso…

—Aparte, Si-young necesita discutir algo conmigo ahora mismo.

El tono de Eun-gyeom, cuando trataba con empleados, era notablemente más bajo y grave de lo habitual. Si-young miró de reojo a Jun-ho mientras asentía. En aquel momento, él parecía inquieto e incómodo, como si nunca hubiera tratado con un superior. Si-young, al ver aquella escena, se preguntó, para sí misma, si Eun-gyeom no podía sentir que algo estaba ligeramente fuera de lugar con el comportamiento de Jun-ho hacia él. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para reflexionar, ya que él la instó a seguirlo.

—Vamos a tu oficina, Si-young, necesito hablar contigo.

—… Sí.

En el momento en que Si-young se acercó a la puerta, Eun-gyeom la agarró del brazo e, inmediatamente, tiró de ella hacia atrás con un movimiento rápido. Si-young, por un instante, perdió el equilibrio, tropezó y, completamente aturdida, se apoyó en él, mientras lo miraba estupefacta. Sin embargo, en vez de verla a ella, Eun-gyeom seguía clavando su intensa mirada en Jun-ho.

—Entonces, que te vaya bien. Trabaja duro, ¿de acuerdo?

—Sí, señor.

Eun-gyeom atrajo a Si-young hacia sí, para que se colocara frente a él, y fue entonces cuando soltó su agarre. Involuntariamente, Si-young seguía sujetando el brazo de él, que antes había tomado para mantener la estabilidad y, pensando en lo agradable que se sentía el calor de él, al roce de su piel, no se dio cuenta de lo atrevidos que eran sus pensamientos.

—…

No era su comportamiento habitual. Si-young, tan reservada como era, siempre que notaba el toque de Eun-gyeom en su cuerpo, se sentía como si fuera una chispa que, de un momento a otro, daría lugar a un fuego ardiente e incontrolable. Además, a mayores, a Eun-gyeom se le daba bien mentir y ocultar sus pensamientos. Dando la impresión de que, hiciera lo que hiciese, ella estaba completamente a merced de él.

Era algo de lo que no hablaban, pero Si-young a menudo pensaba que Eun-gyeom se parecía mucho a su madre, sobre todo cuando se mostraba cariñoso. No obstante, Tae-ra comparaba su comportamiento con el de ella, diciendo que ambas eran muy similares, como si fueran “madre” e “hija”. Quizás por eso, ella había prestado más atención a Eun-gyeom de lo que debería. 

Delante de la gente, Eun-gyeom era bastante amable, pero había cosas en él, como su forma de hablar, que le recordaban mucho a Tae-ra. Por supuesto, había una gran diferencia entre la amabilidad de Tae-ra hacia ella, la cual siempre era constante, y la suya, que a veces era genuina, y otras veces era falsa.

Había ocasiones en donde, sus expresiones faciales y su tono de voz, eran lo suficientemente suaves como para hacerle olvidar, por un momento, que era mentira la insensibilidad e indiferencia con la que, a veces, la trataba. Esos momentos en los que Eun-gyeom era lo bastante frío como para hacerle sentir que era invisible, que ni siquiera valía la pena dirigirle la palabra en la oficina que compartían, o, incluso, que era una simple extraña en su vida, usurpando la misma casa donde se cruzaban de vez en cuando.  

«Si-young, vamos a la oficina. Tengo algo que decirte…»

Se dijo ella, para sí misma, mientras reflexionaba sobre aquellas palabras. 

«¿Algo de lo que hablar? ¿De qué? No hay nada de lo que hablar.»

Ella sabía, por experiencia, que cuando él la llamaba a su despacho porque tenía “algo de qué hablar”, era, en realidad, una forma que él tenía para que ella fuera a la oficina para nada. Lo peor, es que ella sabía perfectamente que Eun-gyeom lo hacía a propósito, como si le resultara divertido manejarla a su antojo.

Bien es cierto que, cuando ella le preguntaba por qué hacía eso, él nunca mencionaba la palabra “deliberadamente” en sus contestaciones. En su lugar, buscaba excusas, en las cuales no dejaba cabos sueltos que dieran a entender algo parecido. No obstante, sus palabras y acciones eran obviamente intencionadas. Siempre que trabajaban en grupo, Eun-gyeom buscaba algún pretexto para sacarla de la sala y, ante esto, era comprensible que los empleados, que no sabían lo que estaba pasando entre ellos, pensaran: 

«Siempre le está quitando de encima, todo el trabajo duro. ¿No es eso nepotismo?»

Pero, en realidad, no era precisamente “favoritismo”. Más bien, se la excluía siempre que había una tarea que requería que todos trabajaran juntos. 

Por eso, no era de extrañar que Jun-ho hiciera aquellos comentarios que hablaban sobre “relacionarse” y “llevarse bien entre compañeros”. Es más, esa incomodidad que él mostró frente a Eun-gyeom, probablemente se debía a ese comportamiento desigual entre ella y los demás. Para Si-young, era más que claro que eso era exactamente lo que Eun-gyeom quería  y pretendía hacer: mantener un grueso muro entre ellos y hacerla ver inaccesible para el resto, a excepción de él mismo. 

{—¿Te has parado a pensar en qué pensarán los empleados cuando te comportas así conmigo?}

Cuando ella lo escuchó decir eso, en su primer día de trabajo, no le dio mucha importancia. Simplemente pensó que era solo una advertencia de las suyas, para que se comportara de forma que no hiciera pensar a sus empleados que estaban en malos términos. Sin embargo, conforme pasaban los días, Si-young se dio cuenta de que esa no era la única implicación. De hecho, ella a menudo quería darle la vuelta a la cuestión y preguntarle directamente: 

“¿Por qué, de esa forma tan sutil, haces que los empleados se sientan descontentos conmigo? ¿Es eso lo que quieres? ¿Que me traten con antipatía?”

Pero, por un motivo u otro, ella terminaba tragándose esas palabras que, más de una vez, amenazaron con salir.

—Cierra la puerta.

Sus pensamientos, se vieron interrumpidos por la repentina voz de Eun-gyeom. Si-young, obedientemente, cerró la puerta en silencio y se dio la vuelta. Sin embargo, antes de que pudiera dar el siguiente paso, Eun-gyeom se abalanzó sobre ella y, apoyando su mano con un golpe seco, la atrapó entre su cuerpo y la puerta. Un instante bastó, para que Eun-gyeom se encontrara justo delante de ella, tan cerca, que podía sentir su respiración exhalando, al mismo tiempo que su nombre salía de entre sus labios:

—Yoon Si-young.

Sin darle la oportunidad para que ella se calmara, él se inclinó más hacia Si-young, ladeando su cabeza en ángulo. Ella, por reflejo, intentó apartar el rostro, con un movimiento similar al que había hecho el primer día que había entrado en aquella misma oficina. Sin embargo, esta vez, Eun-gyeom no lo permitió. Él, con su otra mano libre, apretó inexorablemente la mandíbula de Si-young, quien, al mismo tiempo, arrugó su expresión feamente, pues, lo que menos le apetecía, era ser forzada a mirar los ojos de Eun-gyeom mientras estaban en una postura comprometida, como aquella. 

No obstante, al final, harta de su persistencia, Si-young cedió y giró la cabeza bruscamente para mirarlo a la cara, abriendo la boca a su vez, con la intención de preguntar qué demonios estaba haciendo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de su error, y enmudeció cuando vio que el rostro de Eun-gyeom estaba más cerca que nunca.

—¡…!

Los largos dedos de Eun-gyeom se relajaron y acariciaron suavemente la barbilla de Si-young.

—No pensé que lo aceptarías así, que te tomarías tan a la ligera lo de “piénsalo cuidadosamente”.

—…

Ella no pudo pronunciar ni una sola sílaba. A diferencia de Eun-gyeom, quien, como si nada, le hablaba a una distancia precaria, con los labios casi rozando los suyos, Si-young estaba completamente paralizada e inmóvil.

—Si no lo habías entendido bien, deberías haberme preguntado qué quería decir, ¿no crees?

Con la mano, que había estado apoyada en la puerta, Eun-gyeom rodeó la nuca de la joven y se aferró a ella. Sus dedos se hundieron entre su cabello, acariciando la suave y blanca piel de Si-young. Al mismo tiempo que él la tocaba, ella sentía cómo un intenso escalofrío la recorría, poniéndole la piel de gallina por todo el cuerpo. Sin poder soportarlo más, Si-young lo agarró del hombro para intentar apartar su cuerpo del suyo, pero sus fuerzas fueron fútiles frente a él. Eun-gyeom era como un duro y grueso muro, ante ella.

—¡Espera…!—exclamó ella, esperando que aquello sirviera para poner freno a sus avances.

Pero él la ignoró y, como si sus oídos fueran únicamente sordos a las palabras de Si-young, Eun-gyeom prosiguió hablando sobre lo que le venía diciendo.

—Si me lo hubieras preguntado, entonces te lo habría explicado claramente.

Desesperada, ella lo volvió a empujar con toda la fuerza de sus brazos, mas él permaneció en su sitio, como si sus pies estuvieran arraigados al suelo. La mano, que había estado acariciando su nuca, bajó por su espalda y se deslizó lentamente hasta rodear su cintura. Luego, de improviso, Eun-gyeom tiró de ella por sus caderas y la acercó a él, pegando la parte baja de sus cuerpos. Incapaz de igualar su fuerza, los talones de Si-young se levantaron y su mano, que había estado empujando su hombro para apartarlo, perdió el punto de sujeción y se deslizó, inevitablemente, hacia delante. En cuestión de segundos, ella se encontró unida a él con un abrazo, estrechando su cuerpo involuntariamente mientras rodeaba sus hombros con ambos brazos.

—¡Qué estás haciendo…!—gritó ella.

—Aclara tus ideas, Yoon Si-young.

—…

—No seas tan selectiva. Es tan fácil para ti, decidir, por ti misma, cuándo necesitas, o no, fingir ceguera para buscar tu propia comodidad. Siempre igual, Yoon Si-young, sin pensar en lo que piensan los demás. 

El ceño de Si-young se frunció profundamente. Parecía enfadada, pero, a pesar de su expresión, su cuerpo todavía temblaba de miedo. 

No obstante, cuando Eun-gyeom relajó el agarre de sus manos, su rostro arrugado, se suavizó ligeramente y fue, en ese instante, que ella volvió a encontrar la fuerza de voluntad para intentar apartarlo de nuevo. Una vez que consiguió mover el brazo de la espalda de Eun-gyeom, y agarrarlo del hombro, lo empujó mucho más fuerte que antes. Sin embargo, él ni siquiera se inmutó.

—Sabes que hoy hay una fiesta de recepción al final de la exhibición, ¿no? Entonces, dime,  ¿lo pensarás cuidadosamente y harás las cosas bien esta vez?

Con avidez, la mano juguetona de Eun-gyeom se deslizó por la espalda de Si-young mientras hablaba tranquilamente. Rastreando la piel de su tentador cuerpo, sus dedos audaces rozaron la curva redondeada de su cintura, hasta detenerse en el suave muslo de Si-young.

—¡Qué! ¡No!

Si-young lo empujó, tiró hacia afuera, le propinó repetidamente varios golpes fuertes en el pecho, pero fue inútil. En su lugar, Eun-gyeom, volviéndose hacia ella, sonrió satisfecho, mientras Si-young lo miraba con una ira intensa e incandescente. Sus ojos, llenos de furia, eran unos que ella nunca mostró antes, frente a nadie, y, de hecho, Eun-gyeom era el primero en verlos. Unas pupilas brillantes, que destilaban los propios sentimientos de Yoon Si-young y que eran realmente hermosas para Eun-gyeom, quien se excitaba ante esa mirada. Al fin, él estaba ante la verdadera “Yoon” y no frente a la Si-young que imitaba a su hermana, Yoo Si-young.

—Eres buena en esto…—murmuró Eun-gyeom entre dientes y, mientras su respiración se agitaba ligeramente, añadió—. Yoon Si-young, responde a la pregunta…

Cuando la estimulación de Eun-gyeom alcanzó su punto álgido, él agarró la mano de Si-young que lo empujaba, y tiró de ella aún más hacia él. Sus cuerpos, acalorados, se pegaron, rozándose entre sí, y la intensidad ardiente del ambiente comenzó a ser palpable en cada exhalación.

—Respóndeme bien…—susurró él, en el oído de Si-young, mientras apretaba su muñeca con fuerza.

Fuera, o no, casualidad, Eun-gyeom justo había clavado sus dedos en la muñeca que Jun-ho había agarrado antes. Como si la estuviera castigando por haberse dejado tocar por otra persona, Si-young sintió dolor, y dejó escapar un pequeño gemido de entre sus labios húmedos. 

—Responde, Yoon Si-young, ¿lo harás bien?—insistió.

Los ojos de Si-young se estrecharon, mostrando una mezcla entre ira y rendición. 

—¿Y Bien…?—la instó él, estrechando su cuerpo fuertemente contra el suyo.

Si-young, contuvo su rabia y se mordió el labio con fuerza. Luego, respondió suavemente, masticando cada una de las sílabas:

—Lo haré bien.

La voz reprimida de la joven, dio de lleno en el oído de Eun-gyeom que, por fin, parecía algo molesto. Sin embargo, contra todo pronóstico, él levantó la otra mano para secar suavemente las lágrimas que comenzaban a desbordarse por las comisuras de sus ojos. Fue un gesto extrañamente afectuoso y, ante todo esto, Si-young finalmente llegó a una conclusión: 

«Eun-gyeom, este hombre imposible de comprender… Quien, a su antojo, revuelve y sacude los cimientos de mi vida… O, tal vez, algo más…»

Como su corazón, aunque ella  no quisiera reconocerlo.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



© 2026 ACOSB

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