Capítulo 72
El Banquete por el nacimiento de la Princesa Diana
El día del banquete por el nacimiento de la Princesa finalmente llegó.
—Entonces, que tengan un buen tiempo.
Neran inclinó la cabeza cortésmente mientras despedía a Rose y al Gran Duque. Como siempre, con amabilidad.
Desde aquel día en que la llamó parásito, no había vuelto a comportarse de manera grosera.
En lugar de confrontarlo, Rose optó por observarlo en silencio.
En el mundo, había personas que la apreciaban sin razón alguna. Pero también estaban aquellas que, sin motivo, la despreciaban.
Y Neran, sin duda, pertenecía al segundo grupo.
«¿Será que le molesta tener que atender a más personas?»
Había escuchado que Neran también era de origen noble. Aunque, según decían, provenía de otro país.
Era de una edad similar a la de Rose. Quizás, como un joven noble orgulloso, le hería el ego tener que servir con tanta cortesía a una noble caída como ella.
«… Bueno, mejor dejo de pensar en eso.»
Cuanto más lo rumiaba, más empeoraba su ánimo.
—Te queda muy bien.
El Gran Duque extendió su mano hacia Rose mientras hablaba.
Era uno de los veinte vestidos que él mismo le había regalado para la boda de Doana.
Parecía satisfecho al verla usando algo que él le había comprado, con una sonrisa leve dibujándose en sus labios.
«Ah, esto es incómodo…»
Rose evitó su mirada fugazmente, forzando una sonrisa torpe.
Era la primera vez en días que se enfrentaba directamente a él después de aquel momento tenso entre ambos.
Le resultaba extraño mirarlo a los ojos.
Por eso, había estado evitándolo deliberadamente.
Usó la excusa de un malestar estomacal para pedir que le enviaran comida a su habitación y pasar el tiempo como si estuviera convaleciente.
Aunque Neran apareció ocasionalmente con falsas sonrisas, ofreciéndole medicinas, ella lo despachaba rápidamente.
—Gracias.
Rose respondió con un saludo formal antes de colocar su mano sobre la del Gran Duque.
Él la envolvió con suavidad.
—¿Te sientes mejor? Ha sido difícil verte.
El Gran Duque la observó fijamente mientras preguntaba.
—Ahora estoy bien.
Rose se sintió abrumada por su mirada directa. El contacto de sus manos también le resultaba inquietante.
«No debí dejarme llevar por el momento… Ay, ni siquiera sé cómo mirarlo ahora.»
Si Finn no hubiera entrado ese día…
Quizás habrían terminado besándose.
En su vida, el único hombre que había conocido era Lee Dohyun.
Con él, había seguido todos los pasos convencionales de una relación, así que esta atmósfera turbia era algo completamente nuevo para ella.
«¡¿Besarse sin siquiera estar en una relación?!»
Solo recordarlo la mareaba. A juzgar por la expresión del Gran Duque, él parecía no darle importancia a lo sucedido, actuando como si nada hubiera pasado.
Él había sido un experto al acercarse.
Como correspondía a un personaje de novela decadente, el Gran Duque tenía la reputación de ser un hombre con mucha experiencia con mujeres.
Se decía que siempre buscaba nuevas conquistas y luego las descartaba sin problemas.
«Bueno… hasta ahora, todos los rumores sobre el Gran Duque han sido exagerados. Quizás esto también sea falso.»
Aunque estaba en el centro de chismes crueles, algo le decía que no eran ciertos.
Sin embargo, no dudaba de que tuviera experiencia con mujeres.
Sabía que el Gran Duque nunca había tenido una relación seria, pero eso no significaba que no hubiera estado con nadie.
Al fin y al cabo, no todos los hombres se limitaban a amar a una sola mujer. El amor sin compromiso también existía.
Rose ya no creía en los hombres.
El amor eterno y exclusivo solo pertenecía a los cuentos de hadas.
En la realidad, el amor era un desorden de engaños y traiciones.
Esos pensamientos oscuros se arraigaron en su mente.
Sin darse cuenta, una sombra se cernió sobre su rostro, el Gran Duque, al notarlo, acarició su mano en silencio. Rose se estremeció al sentir su tacto y lo miró. Sus ojos, en ese momento, parecían inusualmente tiernos.
«… ¿Qué es lo que quiere de mí?»
¿Acaso solo buscaba calmar su soledad? Rose lo observó con una mirada llena de conflicto.
Mientras tanto, el corazón del Gran Duque seguía teñido de rosa.
«Debí asustarla al acercarme de repente.»
Sabía que ella lo estaba evitando por su comportamiento impulsivo.
Había interpretado mal su mirada y actuado precipitadamente.
«Estuve loco. Casi la besé sin siquiera confesarle mis sentimientos…»
Ese era el problema, había intentado avanzar sin antes declararse.
Hasta ahora, siempre era Rose quien se acercaba a él. Ella mostraba sus sentimientos sin ocultarlos. O al menos, eso creía él (aunque era un error). Esta vez, le tocaba a él dar el primer paso.
«Será mejor si yo me declaro primero.»
El Gran Duque tragó saliva, imaginando un futuro dulce junto a Rose.
***
«Wow… El palacio imperial es impresionante.»
Tan magnífico que hasta logró despejar su mente confusa.
Al llegar al palacio, Rose no pudo evitar mirar alrededor con asombro.
En su campo de visión apareció la protagonista del día, la Princesa Diana.
Sentada en un trono ricamente decorado en el centro del salón, era la única hija del Emperador.
Heredera de su sangre, lucía el cabello platino característico de la familia imperial y unos ojos azules como zafiros.
«Se parece al Gran Duque.»
Primos cercanos, ambos compartían un parecido tan fuerte que podrían pasar por gemelos.
A su lado estaban el Emperador y la Emperatriz.
Esta última no era la madre biológica de Diana.
Su verdadera madre había fallecido cuando ella era pequeña, y la mujer presente ahora era la segunda esposa del Emperador.
«Tiene una expresión amable.»
A diferencia del rudo semblante del Emperador, ella irradiaba delicadeza.
Según lo que Rose sabía, su matrimonio también había sido por conveniencia.
Quizás por eso, a pesar de estar en el lugar más alto, la mirada de la Emperatriz parecía vacía.
Rose alternó su vista entre el Emperador y la Emperatriz antes de fijarse nuevamente en Diana.
La Princesa, al notar la presencia del Gran Duque, levantó la mano con elegancia para saludarlo.
El gesto atrajo las miradas de los presentes hacia Rose y el Gran Duque.
—¿No es la hija de la familia Serbia?
—¿Cómo llegó aquí?
—Vino otra vez con el Gran Duque.
—¿Qué relación tendrán?
—Ya aparecieron juntos en la boda del Conde Wens.
Los nobles no disimulaban su desdén. Murmuraban entre sí, como si Rose no tuviera derecho a estar allí.
—Vamos a saludar a Diana.
El Gran Duque tomó su mano con suavidad y la guió.
Pero en ese momento, alguien la agarró con fuerza.
—Tú… ¿Qué haces aquí?
La voz, cargada de ira, resonó bajamente.
Como si lo hubiera anticipado, Rose se volvió sin mostrar sorpresa.
Era Eric.
Con los ojos llenos de furia, la miraba fijamente. A su lado estaba Veliana, su nueva esposa.
El acto de Eric atrajo las miradas curiosas de los nobles.
—Oh, ¿qué es esto?
—¿Acaso su relación aún no está resuelta?
—Qué pena para la nueva Condesa.
—Qué interesante. Pensé que la obsesionada sería la chica Serbia, pero parece ser al revés.
Cubriéndose la boca con abanicos, cuchicheaban sin disimulo.
Rose se liberó del agarre de Eric con un movimiento brusco.
—Suélteme. ¿Qué pretende hacer frente a todos?
—¡Ja! ¿Eso es lo importante ahora?
Su actitud calmada solo enfureció más a Eric.
Había pasado días buscándola después de que desapareciera de la noche a la mañana. Revolvió toda la capital, pero no encontró rastro de ella, no sabía si se había esfumado en el aire o hundido en la tierra. Lo que ignoraba era que Cedric había intervenido para ocultar su paradero. Al ver que su hijo no podía cortar los lazos con Rose, decidió actuar. Cedric sabía que Rose se había refugiado con los Arteum. Después de todo, él mismo había interceptado la correspondencia de Demon. Eric, sin saberlo, descargó su frustración.
«¡No sabes cuánto te busqué!»
Aunque solo habían pasado unos diez días, para él fue un infierno.
Al principio, pensó que habría salido de viaje. Pero al no recibir noticias, la ansiedad lo consumió.
Un día, dos días…
Con el tiempo, la preocupación se volvió incontrolable.
Temió que algo terrible le hubiera pasado.
¡Y ahora aparecía de la nada, tomada de la mano del Gran Duque!
El corazón de Eric ardía de rabia y dolor.
—Soy Rose Serbia. Eric ha sido grosero. Me disculpo en su lugar.
Rose saludó levemente a Veliana, quien solo la observó en silencio.
Intentó alejarse tomando la mano del Gran Duque, pero las palabras de Eric la detuvieron.
—¡¿Vas a irte sin siquiera disculparte?! ¡No sabes cuánto te busqué!
La voz de Eric retumbó a sus espaldas. Rose lo miró con incredulidad.
—¿Disculparme? ¿Por qué debería hacerlo? Las disculpas son para quienes cometieron un error.
—¡Tú lo hiciste! Te lo advertí, ¡iría por ti! ¿Y qué hiciste? ¡Desaparecer sin decir nada!
Eric, con el rostro enrojecido, parecía genuinamente ofendido.
Era ridículo.
Con su nueva esposa a un lado, seguía aferrándose a ella.
—…Eric.
Rose casi sentía lástima por Veliana.
—No te confundas. Ya no somos nada. A dónde vaya no es de tu incumbencia. Así que deja de comportarte como un niño caprichoso.
—¡Tú todavía me quieres! ¡Cómo vamos a no ser nada! ¡Sigues siendo mi mujer!
El salón estalló en murmullos. Incluso Veliana y los demás presentes parecían consternados por sus palabras. ¿Cómo podía decir eso después del divorcio? Rose entendió que Eric no cedería fácilmente, no quería seguir enfrentándolo. Había una forma definitiva de acabar con esto. Con un suspiro, bajó las pestañas.
—Qué pena. Ya no me gustas.
Sus largas pestañas proyectaron una sombra sobre sus mejillas.
—Ahora me gusta el Gran Duque.
Con una sonrisa burlona, entrelazó su brazo con el de él, actuando con cariño.
N/R: Ya cavaste tu tumba tu solita Rose jajajajja ya no tienes escapatoria jjajajjaja

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NOLART
REVISIÓN: NONA