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Capítulo 7

Si-young, estando de pie, ensimismada, volvió la cabeza sorprendida al escuchar su nombre. En lugar de devolverle la mirada, Eun-gyeom contempló el paisaje lluvioso que ella había estado mirando todo este tiempo por la ventana. 

«A veces, las cosas nunca van como tú quieres, y preguntarte qué viene o, incluso, por qué llueve, no cambiará la situación mientras solo miras por la ventana,… No sabría decirte cuándo empezó todo exactamente, pero recuerdo que también estaba lloviendo ese día, al igual que hoy.»   

Pensó Eun-gyeom, rememorando el primer día en el que ella se presentó, ante él, en el Museo Janglim. 

CLICK, CLACK, CLICK, CLACK…

Él escuchó el sonido de tacones sobre el piso de mármol. Las pisadas eran particularmente fuertes, por lo que dejó aquello que estaba atendiendo y, mientras murmuraba para sí, miró a Si-young, quien caminaba con cara de sorpresa.

Si-young, que llegó hasta él con torpeza, inclinó la espalda y la cabeza para saludarlo formalmente. Incluso el gesto denotaba que el ambiente entre ellos era bastante incómodo.

Con una cara modesta, Eun-gyeom la observó de arriba abajo desde las piernas de Si-young hasta su rostro. Zapatos de tacón considerablemente altos, falda ajustada y blusa pulcramente abotonada. De alguna manera, él se sentía divertido viendo cómo la gente usaba aquella ropa que resaltaba el hecho de que había un recién llegado, presentándose a una entrevista de trabajo.

Mimy: Aclaración: en Corea visten ropa y zapatos negros, con una camisa blanca para una entrevista de trabajo. Algo que no es muy habitual en el extrajero, de donde Eun-gyeom acaba de venir hace poco.

—Hola. —dijo ella arrastrando la voz.

—…

Eun-gyeom miró a Si-young, que se sentía más pequeña de lo habitual, y pensó involuntariamente:

«Yoo Si-Young nunca actuó de esta manera y, si siguiera con vida, probablemente tampoco lo haría.»

Eun-gyeom superpuso silenciosamente la última aparición de su hermana, que apenas recordaba, sobre el rostro de Yoon Si-young.

«Definitivamente, no hay un solo parecido, no solo el rostro, sino también la personalidad.» 

Como si Tae-ra tuviera una imagen ideal escrita en sus ojos, miró a Si-young como su hija, Yoo Si-young, y la acogió en sus brazos. Así que, era normal que Eun-gyeom la hubiera observado cautelosamente durante varios días para ver si había algo semejante entre ambas mujeres, pero no había mucho que decir al respecto. “Yoon Si-young” era únicamente “Yoon Si-young”, y no había rastro alguno de su hermana en ella. 

Afortunadamente, ella tenía el mismo nombre que Yoo Si-young y, ya fuera por suerte o casualidad, llamó la atención de la media loca de Jang Tae-ra. Por eso, su vida cambió.

De repente, él recordó que Si-young a veces le respondía con firmeza, diciendo:

{—Si “madre” decide que está bien, entonces acepto.}

Desconocía si era hecho, o no, a propósito, pero en el momento en que ella, por primera vez, escupió la palabra “madre” con orgullo en frente de él, Eun-gyeom se sorprendió bastante. La cara de Si-young, al hablarle, era fría y el tono, cuando ella usaba a Tae-ra como escudo, era diferente al habitual, algo que él no se había esperado de buenas a primeras, pero luego, le resultó gracioso. 

Después de la muerte de Yoo Si-young, Eun-gyeom, por primera vez, tenía algo divertido con quien meterse y, con este loco pensamiento, sus ojos recobraron el brillo de un niño juguetón.

«Yoon Si-young… Yoon Si-young… La jovencita descarada quien se refiere a ella como “madre” delante de mí, como si realmente fuera su hija… Haaa, Yoon Si-young… ¿Qué debería hacer contigo?»

Eun-gyeom, de verdad, consideraba a ambas chicas personas distintas, a diferencia de Tae-ra, y, de hecho, lo eran. Aunque Yoon Si-young se esforzaba por compartir los mismos gustos de su hermana, él era consciente de sus propias preferencias, pues, todo aquello que ella intentaba hacer, era una simple actuación en la que fingía ser alguien quien no era. Por ejemplo, a Yoon Si-young no le gustaba el curry. Su habitual velocidad para comer era, significativamente, más lenta, en comparación a otras personas, como él. No obstante, tan pronto como Tae-ra le servía un tazón de curry, alegando que era su plato favorito, ella se lo llevaba rápidamente a la boca, tragando el alimento sin masticar adecuadamente.

De vez en cuando, Eun-gyeom era testigo de los macabros test de Tae-ra, en los que ella dejaba las cosas que compraba en la sala de estar y le pedía a Si-young que se probase primero la ropa que más le gustaba. Lo más curioso, era que Si-young siempre escogía prendas de colores brillantes con patrones únicos que llamaban la atención, al igual que haría su difunta hermana en esa situación. Sin embargo, él sabía que aquellos vestidos no concordaban con la personalidad de la joven Yoon. Sin contar que, luego de aquel espectáculo, siempre venía la incómoda frase de Tae-ra mientras observaba a Yoon Si-young vistiendo o haciendo algo que le gustaba a su hija.

{—Como era de esperar, sé bien lo que le gusta a Si-young. No importa cuánto tiempo pase, lo sé.}

Tae-ra, embriagada y feliz por los resultados obtenidos, no tenía idea de lo que realmente miraba Yoon Si-young. Ella, que se quedó contemplando ropas simples de colores claros, llevaba puestos prendas que no eran de su gusto, como pantalones inusuales o largos vestidos llamativos. Todo era por el bien de parecerse más a Yoo Si-young y alimentar el ego de Tae-ra.

De ese modo, fingiendo ser otra persona, Yoon Si-young continuó pacíficamente al lado de Tae-ra. No obstante, ahora estaba Eun-gyeom, quien se moría por empujarla hasta los extremos y comprobar hasta qué punto ella era capaz de continuar haciendo todo eso. Además, se las había arreglado para tenerla trabajando bajo su mando en el Museo.

—Sígueme. —ordenó él, quien comenzó a caminar directamente hacia adelante con Si-young detrás. 

Él era consciente de que los empleados, con los que se encontraba al pasar, los saludaban y luego miraban extrañados, cuchicheando a sus espaldas, pero fingió no saberlo.

Cuando Eun-gyeom pasó por la sala de exposiciones, observando una ventana instalada en una pared. Si-young, que se reflejaba en el vidrio, inclinó la cabeza profundamente, tal vez consciente de la intensidad de los ojos de él cuando la contemplaba. 

La apariencia de él, cuando usaba un traje en ángulo, al lado de ella, era bastante diferente a lo que estaba acostumbrado, y daba la sensación de que pertenecían a mundos distintos. Como una pincelada monocromática flotando sola, sin poder mezclarse con los otros colores que cubrían el lienzo de un cuadro pintoresco.

Es decir, a Eun-gyeom le gustó bastante. Pues, era como confirmar, indirectamente, que no compartían lazos de sangre en absoluto, por mucho que vivieran en la misma casa.

—Vamos.—la instó él.

Eun-gyeom la guió a su propia oficina privada, en vez de a la otra, la cual era compartida por todos los empleados.

—Trabajarás aquí, en este despacho, compartido conmigo.

De pie, frente a un escritorio que ya estaba lleno de una gran variedad de papeles y documentos, Eun-gyeom señaló con la barbilla una mesa completamente nueva, que estaba ubicada verticalmente en la pared, junto a él.

—Como comprenderás, fue difícil conseguir un lugar adecuado para ti. Puesto que trabajarás como mi asistente, creo que esto es lo mejor.

—Sí, entiendo…

Aunque fuera una oficina privada, aquel cuarto era lo suficientemente grande para los dos. Había dos largos escritorios en las esquinas y, en el medio, un sofá con una mesa y sus respectivas sillas. Además, las paredes estaban llenas de estanterías para libros, lo suficientemente altas como para llegar hasta el techo. A pesar de que todos aquellos muebles ocupaban una gran parte del despacho, aún quedaba mucho espacio libre para que trabajaran dos personas sin problemas.

Sin embargo, Si-young tenía la cara ahogada, como si estuviera encerrada en una habitación minúscula, donde no podía siquiera acostarse con las piernas estiradas.

—¿Vas a quedarte ahí parada?—preguntó Eun-gyeom, tomando la iniciativa mientras se acercaba a Si-young.

—Mmm… Los trabajadores…

—Todo el mundo sabe quién eres, Yoon Si-young, y también saben que vivimos en la misma casa, así que, por eso no te preocupes. No obstante, cada vez que estás conmigo, estás tan congelada y rígida que todo el mundo se dará cuenta de que hay algo raro entre los dos.

Con cada paso que daba, Eun-gyeom se aproximaba lentamente a la joven Si-young. Ella, por su parte, retrocedió hasta que su cintura tocó el escritorio. A pesar de que era consciente de que no había lugar para que ella escapara más de él, Eun-gyeom no cedió y amplió sus zancadas, acercándose todavía más a la joven.

—¿Te has parado a pensar en qué pensarán los empleados cuando te comportas así conmigo?

— …

Eun-gyeom bajó lentamente la mirada. Estaba lo suficientemente cerca como para sentir a Si-young respirando profundamente.

Debajo de las pestañas temblorosas de la chica, mejillas ligeramente ruborizadas y brillantes labios rojos; sus ojos se posaron en su delgado hombro. Sus dedos hormigueaban y rozaban las yemas entre sí, independientemente de su voluntad, deseando tocarla. Esto se debió a que recordó el momento en que abrazó el hombro de Si-young en el evento de hace unos días.

Lo sintió entonces, pero Si-young tenía un aroma que nunca antes había olido en ninguna otra mujer. Parecía familiar, pero no tan conocido. Desconocido, pero, a la vez, no ajeno.

Cuando Si-young movió ligeramente la boca para exhalar entrecortadamente, el olor se intensificó. La dulce fragancia le hizo cosquillas en la punta de la nariz y Eun-gyeom no pudo contenerse más. Agarró el brazo de Si-young por el hombro y bajó su mano hasta la de ella, que se encontraba apoyada sobre el escritorio. Sus dedos, impacientes, acariciaron el dorso de la mano de Si-young, piel con piel, y, mientras se inclinaba peligrosamente sobre la mesa, tiró de ella hacia atrás.

—¿Y Bien…?—murmuró Eun-gyeom, quien no continuó hablando y mucho menos esperaba una respuesta, ya que tenía los cinco sentidos puestos en ella.

Si-young, incapaz de contener la respiración por más tiempo, inhaló y exhaló rápidamente. Su pecho subió y bajó significativamente con cada bocanada de aire que se filtraba entre breves jadeos.

Eun-gyeom inclinó la cabeza en silencio levemente. Si se movía un poco más, la distancia era lo suficientemente cercana como para tocar el borde de aquellos labios tentadores que lo llamaban.

Pero, de repente, la pregunta de Tae-ra perforó sus oídos:

{—¿Hablas en serio?}

Recordó la cara de su madre cuando escupió esas tres palabras. Ese rostro que estuvo ansioso por un momento, olvidándose incluso de lo que las otras personas estaban pensando. 

JA, JA, JA, JA …

Si-young se estremeció de nuevo cuando Eun-gyeom estalló en una pequeña risa.

Era más exacto decir, que la razón por la que Yoon Si-young estaba allí, fue para que entrara en su territorio, más que para trabajar en el Museo de arte Janglim. En concreto, fue para tenerla, para sí, en su Reino, un lugar en el que, el control de Tae-ra, no alcanzaba. Sin embargo, para Si-young era como entrar en la boca del lobo, sin saberlo.

—Yoon Si-young.

Cuando él las miraba a las dos dentro de la mansión, aparentando y representando una patética escena donde una era “la madre” y la otra “la hija”, Eun-gyeom se quedaba reflexionando sobre ello durante un tiempo, dándole vueltas y haciéndose preguntas. 

«¿Qué pasaría si Jang Tae-ra perdiera a Si-young una vez más?»

Cuando Yoo Si-young desapareció, y finalmente fue encontrada muerta en una costa muy lejos del punto de desaparición, surgió la necesidad en Tae-ra de encontrar a otra persona similar a ella. Ella, que no podía aceptar verse a sí misma rota por dentro, lejos de la perfección que aparentaba, acabó estimulando un fuerte deseo de ver a su hija, aunque fuera una mentira. Sin embargo, Eun-gyeom no estaba dispuesto a aceptarlo. No porque odiara a Si-young, sino porque no podía soportar ver a una Tae-ra feliz, utilizando a otros egoístamente para su propio “mundo ideal”.

—Yoon Si-young.—repitió él con voz ronca

—… ¿Sí…?

Un aroma dulce, mezclado con un suspiro fresco de los labios entreabiertos de Si-young, le hizo cosquillas en la punta de la nariz. Ante esto, Eun-gyeom sintió una sed insaciable que lo consumía por dentro, y sabía perfectamente que beber agua no era la solución. 

«Si la pierde de nuevo… Estoy seguro de que Tae-ra se derrumbaría y se rompería aún más desesperadamente.»

—Piénsalo cuidadosamente. —susurró mientras su voz rozaba la mejilla de Si-young.

Mimy: Me gustan más los POV de Eun-gyeom. Bueno, esta conversación es importante en el siguiente capítulo y lo de “piénsalo cuidadosamente” viene a referirse a que piense cómo actuar con él frente a sus compañeros de trabajo, para no dar lugar a malos entendidos. Bueno, más bien, es lo que Eun-gyeom da a entender, pero, a la hora de la verdad, la frase tiene más implicaciones.

━━━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━━━

La lluvia duró varios días antes de detenerse y dar paso a la primavera. Aunque hacía frío y el clima aún no era muy bueno, al menos los cielos habían esclarecido. 

Si-young, que tuvo una breve conversación con el empleado, que estaba parado junto a la puerta acristalada del Museo, volvió la cabeza hacia el paisaje. En ese momento, apareció un un caballero que caminaba hacia la entrada.

—Estaré allí. Por favor, cuando puedas, ¿podrías venir un segundo para comprobar las piezas?—dijo el hombre.

Si-young se movió diligentemente al lugar indicado y saludó:

—Hola.

Fue bastante natural verificar la cantidad del producto y firmar el formulario. No se imaginó haciendo esto cuando se vistió de manera incómoda y persiguió por la espalda a Eun-gyeom. Por un instante, cuando ella involuntariamente recordó su propia infancia en el primer día de escuela, Si-young se detuvo a pensar en el personal que se le acercó repentinamente.

—¿Es correcta la cantidad?

—Sí. Los colocaré en exhibición y pondré el resto en la sala del curador. —contestó Si-young.

—¡Oh! ¡Menos mal! Estaba preocupado por exponer todo esto sin una galería de arte en condiciones, pero me alegro.

—No te preocupes, está bien.

Mientras colocaba el catálogo sobre la mesa, Si-young se detuvo y observó el jarrón de al lado, que todavía tenía un aroma persistente. Fue un pequeño regalo que Tae-ra envió, junto con una corona de flores el día que abrió el Museo. 

Tae-ra, quien colocó directamente el jarrón en ese lugar, tomó algunas fotos de ella, portando un sombrero, mientras sonreía dulcemente, con los brazos de Eun-gyeom alrededor. Algunas de las innumerables fotos también fueron tomadas junto a Si-young.

Pero lo más extraño para ella, era que Eun-gyeom se rió en cada una de ellas. Algo que él hacía bastante en presencia de Tae-ra. En la casa, ella lo trataba como a un fantasma. Pero, incluso si no tenían que encontrarse para aparentar, o cuando estaba parado junto a Tae-ra sin motivo alguno, él siempre sonreía de forma placentera. Sin embargo, eso solo hacía que Tae-ra se enfureciera mucho más, como si la estuviera molestando intencionalmente. De hecho, Si-young pensó en lo similares que eran en su forma de actuar. Ambos, lidiaban con su batalla silenciosa llena de pullas e indirectas que se lanzaban el uno al otro y, sabiendo esto, era obvio que las sonrisas de Eun-gyeom eran para fastidiar a Tae-ra.

Pero había algo que le preocupaba a Si-young al ser testigo de ese comportamiento, y es que ella nunca estuvo en la misma tesitura con respecto a Eun-gyeom. Si-young no podía dejar de pensar en ello, sintiendo que sería ridículo si alguien supiera la verdad que rondaba por su cabeza.

«Al final, es cierto, solo soy una farsante que habla y actúa según el gusto de Tae-ra.» 

Si-young levantó las comisuras de la boca, recordando el rostro sonriente de Eun-gyeom cuando se metía con Tae-ra.

—Creo que el Director tiene muy buen ojo. El momento fue bueno, pero nadie esperaba que el escritor Lee Min-ho se volviera tan famoso. Debe ser porque, o el Director es muy hábil y es capaz de ver el potencial, o…

El personal, que estaba charlando, se apresuró a cerrar la boca cuando ella se presentó en la sala. Sabía que todos sus ojos estaban clavados en ella, mirándola con nerviosismo, pero Si-young asintió sin mostrar ningún atisbo de incomodidad:

—Buenas.

—¡Oh! Lo sentimos… Es que… Bueno, simplemente apareciste de la nada y …—dijeron rápidamente, al unísono, algunos de los empleados aturdidos—. El jefe se sentiría mal si nos escuchara hablar así, ¿verdad?

Si-young, que se dio cuenta de la intención de inmediato, respondió brevemente:

—Está bien, no diré nada.

Cuando ella sonrió tranquilizadoramente, el personal tembló un poco, y luego forzaron una sonrisa en sus rostros. Después, como para cambiar de tema, se acercaron a Si-young, que sostenía una caja en sus brazos.

—Te ayudamos. Vamos a moverlas juntos.

—No hace falta… Solo son dos cajas…

Si-young tenía ese tipo de relación superflua con el personal del Museo Janglim.

Sabía, desde el principio, cómo se sentían los empleados acerca de ella y de qué estaban hablando en su ausencia. Sin embargo, todos fueron amables y dulces en su presencia, por lo que no hubo problemas para trabajar. 

La mayor ansiedad era sobre qué hacer si ocurría una situación incómoda donde ellos revelaran sus pensamientos internos. No obstante, Si-young se sintió afortunada y agradecida con los empleados por tratarla con una cara sonriente, sin expresar ningún tipo de comentario despectivo ante ella.

—Aún así, déjanos ayudarte, son cajas pesadas…

El empleado, que se acercaba con los brazos extendidos hacia ella, miró por encima del hombro de Si-young y abrió los ojos como platos.

—Jefe, ¿está usted aquí también?

—Sí.

Ante la aparición repentina de Eun-gyeom, algunos de los trabajadores, que estaban dispersos, se reunieron. A diferencia del empleado, que se acercó con una sonrisa hacia él, el rostro de Si-young estaba un poco rígido. Con la esperanza de que, su presencia invisible, no delatase su expresión, claramente notable, ella se inclinó para levantar la caja y saludó brevemente:

—Hola.

—Entonces, ¿son esas las nuevas piezas que han llegado?—preguntó él, ignorando al personal.

Si-young miró la caja, evitando su mirada, y asintió, mientras decía:

—Pondré la mayoría de ellas en exhibición, y lo que queda… Lo llevaré a la sala de suministros.

—¿Sola?—inquirió Eun-gyeom con una de sus cejas levantadas.

—Bueno… Eso es todo, son solo dos…

Pero una voz desconocida interrumpió repentinamente la conversación:

—Deja que te ayude.

Era Jun-ho, uno de los pocos empleados varones. Si-young negó con la cabeza con una cara perpleja.

—No, de verdad, puedo sola…

—Debe ser más pesado de lo que piensas. Además, para llevar ambas necesitas hacer dos viajes, ¿verdad? ¿No es mejor llevar las dos a la vez de una, en vez de ir y venir?

—Está bien…—cedió Si-young, quien no pudo detenerlo más tras el buen argumento.

Jun-ho tomó una de las cajas y sonrió suavemente.

—¿Puedes sostener esa que llevas, bien?—dijo el chico alegremente.

—Sí… Vamos.

Si-young, después de las insistencias de Jun-ho, no tuvo más remedio que seguirlo hasta la sala de suministros.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



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