Capítulo 66.
No somos ese tipo de relación
«¿De qué está hablando de repente?»
Ella dudó de sus propios oídos. ¿De verdad había mencionado la Condesa Serbia algo sobre anticonceptivos?
Pero Rose estaba segura de no haberse equivocado. La Condesa Serbia había insistido en el tema sin rodeos.
—Si tienes un bebé sin planificarlo, será muy duro. Las hormonas te alterarán el ánimo, no podrás comer bien y, si no tienes cuidado, hasta podrías caer en depresión.
La Condesa Serbia enumeró los riesgos del embarazo mientras apretaba con más fuerza la mano de Rose.
—Entiendes lo que te dice tu madre, ¿verdad?
«¡No, no lo entiendo…!»
Rose no sabía cómo reaccionar ante las palabras inesperadas de la Condesa Serbia. Ni siquiera en su vida anterior sus padres le habían hablado de esto.
Sus pupilas se agitaron, pérdidas, de un lado a otro.
—Condesa Serbia, es hora de irnos.
Al escuchar la voz de Damon llamándola, la Condesa Serbia susurró una última vez a Rose.
—Tu madre confía en ti.
Hizo un gesto de ánimo, agitando su puño cerrado frente a Rose, quien se quedó paralizada en el lugar, viendo cómo los Condes de Serbia se marchaban.
Incluso después de que se fueran, Rose seguía allí, aturdida.
El Gran Duque posó suavemente una mano sobre su hombro.
Rose, que había estado ausente, se sobresaltó al notar su contacto.
—Ahora, permíteme guiarte de vuelta a la residencia.
El Gran Duque extendió su mano con una sonrisa. Pero, al ver su rostro, las palabras de la Condesa Serbia resonaron en la mente de Rose.
{—Usa anticonceptivos, querida.}
El rostro de Rose se sonrojó al instante.
«¡¿Qué clase de malentendido es este?!»
Como un tomate maduro, Rose cubrió sus mejillas ardientes con ambas manos y bajó la cabeza de golpe.
—¿Por qué estás tan roja? Parece que tienes fiebre.
Cuando el Gran Duque intentó tocar su frente, ella retrocedió bruscamente.
—¡Yo… ne… necesito lavarme la cara un momento!
Sin siquiera mirarlo a los ojos, Rose salió corriendo.
***
Rose se lavó el rostro con agua fría y observó su reflejo en el espejo.
Como si estuviera hechizada, la voz de la Condesa Serbia no dejaba de resonar en sus oídos.
«¡Esto es una locura, una locura!»
¿Por qué seguía recordando sus palabras?
Pero no solo eran sus palabras, imágenes indecentes invadían su mente.
Rose, que nunca había visto al Gran Duque de esa manera, estaba profundamente avergonzada.
—Ugh… ¿Por qué tuvo ese malentendido?
«Ni siquiera ha sido especialmente amable conmigo.»
Rose se golpeó las mejillas y negó con la cabeza.
—Vamos, recupera la compostura. No hay por qué ponerse nerviosa. Él no escuchó nada, de todos modos.
«Debe haber pensado que era raro que saliera corriendo así.»
Exhaló hondo y se calmó.
Después de secarse el rostro, salió al largo pasillo.
—Creo que vine por aquí…
Mientras intentaba recordar el camino, sintió una mirada ardiente en su espalda.
Rose miró por encima del hombro.
Al girarse, sus ojos se encontraron con un par de ojos rojos brillantes.
Una criatura con forma de caballo asomaba su cabeza por la ventana.
—¿Un caballo?
¿Habría escapado del establo?
El animal, de cuerpo completamente negro, no llevaba riendas. Era increíblemente dócil, no se resistía, solo observaba a Rose con sus grandes ojos.
—¿Te perdiste?
Rose se acercó con cuidado. El caballo no se asustó ni huyó.
Al verlo de cerca, sus ojos se abrieron desmesuradamente.
—¿Un cuerno…? ¿Es un unicornio?
No era un caballo normal. La criatura tenía un cuerno afilado en la frente: sin duda, un unicornio.
El animal acercó su cabeza a Rose, como si buscara cariño.
Ella lo acarició con cuidado.
—Wow… No sabía que existieran unicornios negros.
Mientras lo hacía, un fuerte ladrido resonó en la distancia.
¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU!
Era Finn, con el pelaje erizado y una actitud feroz.
—¿Finn?
Rose solo lo había visto mover la cola y actuar cariñoso, así que su comportamiento agresivo la desconcertó.
Al ver a Finn, los ojos del unicornio se volvieron afilados.
El unicornio levantó sus patas delanteras, amenazante.
—Tranquilo, cálmate.
Rose intentó sujetarlo por el cuello para calmarlo.
!¡GRRR! ¡GUAU!
Luego le gritó a Finn:
—¡Finn! ¡Basta! ¿Qué te pasa con los demás?
Finn, que mostraba sus colmillos, se detuvo de golpe. El unicornio aprovechó para huir.
—¡Agh! ¿Por qué me duelen los ojos de repente?
Rose, que observaba al unicornio escapar, cerró los ojos con fuerza por el dolor.
***
Rose se frotó los ojos y miró hacia donde había desaparecido el unicornio.
Un resplandor rojo brilló ante ella.
—¿Qué es eso?
La luz parpadeó, como si la llamara. Rose, como hipnotizada, cruzó la ventana hacia el jardín.
¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU!
Finn ladró furioso detrás de ella.
—Finn, quédate ahí. Si me sigues, asustarás al unicornio.
¡GUAU!
Finn, entendiendo la orden, se quedó en su lugar, inquieto. Giró en círculos y ladró con desesperación.
Rose siguió la luz. Tras cruzar el jardín, llegó a un bosque frondoso.
El sol se ponía, y una sensación inquietante la invadió.
Bajo la oscuridad del bosque, había un lago sereno, con la luna llena reflejada en el agua.
—Ah… Esto da miedo. Mejor regreso.
La luz roja había desaparecido. Rose giró para volver.
HIIIIII
El unicornio, que había huido, estaba frente a ella.
—¿Ahí estabas? ¿Te asustaste?
Rose lo acarició, y el unicornio emitió un sonido quejumbroso.
Al mirarlo a los ojos, el dolor regresó.
—¿Otra vez…?
Mientras se frotaba los ojos, escuchó los ladridos de Finn y la voz del Gran Duque.
—¡Rose!
¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU!
Rose giró hacia ellos.
El Gran Duque corría hacia ella con expresión preocupada. Finn, igual que su dueño, mostraba una actitud alerta.
—¡Gran Duque!
Rose saludó con alegría, pero el Gran Duque gritó —¡Aléjate de esa cosa!
—¿Eh? ¿Del unicornio?
¿Acaso era un animal demasiado valioso para tocar?
Rose, confundida, retiró la mano. El Gran Duque frunció el ceño.
—¡Eso no es un unicornio, es un demonio!
Al acercarse, desenvainó su espada con mirada fría.
—¿¡Demonio!? ¡Pero si es dócil!
Rose se interpuso, protegiendo al unicornio con sus brazos.
—Es peligroso. Suéltalo ahora.
Era la expresión más aterradora que había visto en él. Rose retrocedió sin darse cuenta de que el lago estaba detrás.
Un paso, dos pasos… y…
SPLASH.
—¡Ahhh!
Cayó al agua antes del tercer paso.
—¡Rose!
El Gran Duque corrió hacia ella. El unicornio también se acercó, como si intentara salvarla.
Aún en el agua, Rose gritó.
—¡No vengas! ¡Huye!
El unicornio, tras patear el agua, escapó en dirección opuesta.
El Gran Duque la sacó del lago con facilidad.
—Finn, persíguelo.
¡GUAU! ¡GUAU!
Finn, con el pelaje erizado, se preparó para correr.
Pero solo por un momento.
—¡Finn, quieto! ¡Siéntate!
La voz de Rose lo detuvo en seco.
Finn se sentó, obediente.
«¿En serio funcionó?»
Rose lo miró, sorprendida.
El Gran Duque también la observó con curiosidad.
«Finn es un perro demoníaco… ¿y obedeció a Rose?»
Finn estaba entrenado para cazar demonios. ¿Y ahora se quedaba quieto ante una presa?
Aunque tenía muchas preguntas, no era el momento.
El Gran Duque miró a Rose, empapada. Su vestido se pegaba a su cuerpo, marcando sus curvas.
Sin pensarlo, se quitó la chaqueta y se acercó a ella.
Rose, al verlo sin camisa, sintió que su corazón explotaba.
«¿Es por lo que dijo la Condesa Serbia?»
No podía calmarlo.
El Gran Duque le colocó la chaqueta sobre los hombros.
—G-gracias.
Su rostro ardía. Bajó la cabeza y murmuró.
—El aire nocturno del norte es frío. Entremos antes de que te resfríes.
El Gran Duque le tendió la mano. Rose la tomó y se levantó.
Pero él frunció el ceño.
—No tienes zapatos.
Rose, distraída, no se había dado cuenta.
—Ah, debí perderlos en el lago.
El Gran Duque miró el agua profunda.
—Te conseguiré unos nuevos.
Y, sin más, la levantó en brazos.
—¿G-Gran Duque?
Rose quedó aturdida en su pecho. Su piel húmeda tocaba la suya, causándole vértigo.
—Agárrate fuerte para no caer.
El Gran Duque ajustó sus brazos alrededor de su cuello.
Rose, avergonzada, no sabía dónde mirar.
«Esto es demasiado…»
Ya era vergonzoso estar en brazos de un hombre vestido, pero él no llevaba nada en el torso.
Solo piel, por todas partes.
Cerró los ojos, incapaz de soportarlo.
*Robin: Kyaaaaaa

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NOLART
REVISIÓN: NONA