Capítulo 6
La sala estaba a rebosar de gente.
Después de la presentación, Si-young se había quedado sola sentada en su sitio asignado, Tae-ra ya llevaba bastante tiempo afuera hablando con alguien y Eun-gyeom no se encontraba a la vista.
En aquel panorama, la joven, después de estar un largo rato en aquella mesa grande, decidió levantarse y moverse. Quería estirar las piernas y, dado que la situación era un tanto incómoda, caminó sin rumbo. Pero pronto, se dio cuenta tardíamente de que había tomado la elección equivocada.
—¡Oh! ¡Cuánto tiempo! Escuché que te estás graduando, ¿a qué Universidad fuiste?—dijo alguien que se acercó a ella.
Si-young no reconoció a la persona y agarró una copa de champán, sintiéndose patética por no contar que habría gente lista para entrometerse en sus asuntos. Claro que, si hubiera sabido que esto sucedería, preferiría haberse quedado sentada tranquilamente, tal y como estaba antes.
—Universidad H. —respondió ella, brevemente, con las comisuras de su boca apenas subidas.
Sin embargo, el interrogatorio no terminó ahí y, obviamente, fue a peor, ya que otras personas, desconocidas, se aproximaron a ella amistosamente, como si la conocieran de toda la vida. Le hablaban sin dudarlo, haciéndole preguntas, sin importarles si aquellas conversaciones, prácticamente unilaterales, eran, o no, inoportunas para Si-young.
—¿Cuál es tu especialidad?
—Gestión de arte.
—¿Gestión de arte? ¡Oh! Entonces, si te gradúas este año, ¿conoces a Jang Seul-young, por casualidad? Es mi amigo y también se graduó hace poco en administración de arte de la Universidad H.
Si-young puso cara de preocupación y respondió, titubeante:
—Bueno… No lo sé…
—Entonces, ¿cómo vas? ¿Tampoco te vas a graduar este año? Bueno, de todos modos, si tienes tiempo, deberíamos reunirnos, ¿no? ¿Qué te parece?
Sin darle tiempo a que Si-young respondiera, el teléfono apareció repentinamente en la parte delantera de su barbilla. Ella lo miró con una expresión de desconcierto mientras el hombre sonrió y se encogió de hombros.
—No traje mi tarjeta de presentación.—se excusó el joven—. Así que me pondré en contacto contigo si me das tu número.
—Ah… Bueno… Yo…—balbuceó ella y, al no saber qué más decir, lo contempló manteniendo la boca cerrada.
En un instante, se formó un silencio incómodo entre ellos.
«¿Qué debo hacer?»
Si-young estaba entre la espada y la pared. Por un lado no quería parecer descortés negando rotundamente, pero, por otro, si cedía y se lo entregaba, tendría que hacer lo mismo con la mayoría de las personas que estaban a sus espaldas, esperando para hablar. Además, también se preguntaba si podría hacer eso sin el permiso de Tae-ra o, de hecho, si debería obligarse a hacer algo que no le gustara mucho sin su consentimiento.
—¡Oh, vamos, Si-young! ¿No me digas que te preocupa que pueda sentir algo diferente acerca de ti? Solo es para quedar y hablar, no tengo segundas intenciones.
—¿Qué?—dijo Si-young estupefacta.
JA, JA, JA, JA, JA…
El hombre se arqueó y se rió a carcajadas. Gracias a esto y, para la mala suerte de Si-young, el chico llamó la atención de la gente que rondaba alrededor e, inclusive, a otros quienes estaban más lejos.
«Tierra trágame…»
Ella contuvo lo que quería decir, e intentó cubrirse un lado del rostro con la mano, simulando que apartaba un par de mechones de pelo que le caían sobre la cara.
—¿Qué pasa? No hay nada de malo en conocerse. —continuó aquel hombre que, de lo persistente que era, ya comenzaba a resultar molesto.
— …
—Por supuesto, nunca se sabe, ¿no? Ya que, como comprenderás, eres lo suficientemente hermosa como para hacerme cambiar de opinión, Si-young.
Con aquel último comentario ella comenzó a tener náuseas, como si se tratara de una persona mareada. Dando un paso atrás, Si-young frenó los avances del hombre mostrando, delante de él, su palma al desnudo, mientras añadía:
—Lo siento, pero…
Sin embargo, la joven Yoon había dado con alguien obstinado que, sin dar el brazo a torcer, se acercó a ella con una gran zancada y las comisuras de los labios levantadas.
—¡Oye, tranquila! No te pongas tan a la defensiva. Lo que acabo de decir solo fue…
Si-young, que estaba tirando lentamente de su pie derecho hacia atrás, cerró los ojos de forma repentina, pues su cabeza comenzó a darle vueltas, acompañada por un dolor punzante en las sienes. Tal vez, debido a que ya había bebido demasiado champán, o porque empezaba a sentirse completamente avasallada con todas esas personas a su alrededor, lo cierto es que ella solo quería huir de allí cuanto antes, y no sabía cómo, exactamente.
—Si-young…—repitió el hombre, viendo cómo el rostro de la joven se volvía pálido.
—¡Oh! ¡Aquí Estabas!—exclamó una voz varonil.
Al escuchar aquel tono familiar, Si-young abrió los ojos de par en par, mientras sentía un toque cálido y extraño, que envolvía suavemente su espalda. Ante esto, lo primero que su mirada captó, fue la expresión cambiada del hombre fastidioso que, momentos antes, le sonreía con picardía. Es más, al contrario de la forma en que se acercó antes, con aquel andar presuntuoso, ahora vaciló, e incluso dio un paso atrás.
—No estabas en tu asiento, así que, durante mucho tiempo, te estuve buscando por todas partes. —continuó la voz masculina que le hablaba por detrás.
Si-young, inmediatamente, volvió la cabeza y se congeló. Esto se debió a que, por primera vez, Eun-gyeom la estaba mirando con una amplia sonrisa en su rostro. Anonadada, incluso tardó en darse cuenta de que él era el dueño de la mano apoyada en su hombro.
Sin responder, la respiración de Si-young se detuvo espontáneamente, siendo consciente del contacto de Eun-gyeom, quien la agarraba firmemente. Con esto se añadió otra “primera vez” de cosas que ella experimentaba con él.
—¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó Eun-gyeom.
Parada junto a él y estar tan cerca uno del otro, la dejó sin aliento. Además, ser sostenida por su fuerte mano, hizo que le fuera imposible moverse.
Y luego estaba aquella la forma en que él la miraba mientras contaba un pretexto con sumo cariño.
—Mi madre te está buscando, por eso vine a por ti
—Ah…
—¿Interrumpo algo?—sondeó Eun-gyeom.
Por supuesto, su pregunta no estaba dirigida a Si-young, sino al hombre y al grupo de curiosos detrás de él. El hombre, que se mostraba dominante ante la insegura Si-young, perdió toda su apariencia digna y tartamudeó, al mismo tiempo que, los fieros ojos de Eun-gyeom, lo observaban fijamente.
—N-no, solo era una pequeña charla entre ex-compañeros de escuela… Nada más…
Si-young sintió que Eun-gyeom aplicaba más fuerza a los dedos que estaban envueltos alrededor de su hombro. Si no hubiera mantenido la boca cerrada, por la presión del momento, no podría haber evitado soltar un leve gemido de dolor. La blusa que llevaba no era tan delgada, pero se sentía como si estuviera al desnudo, piel con piel, y el roce ardiente de Eun-gyeom.
—¿Estás bien?—inquirió él, esta vez dirigiéndose a Si-young.
Su pálido semblante de hace unos instantes, se había vuelto febril. Tal vez fue porque las palmas y los nudillos, de las manos de Eun-gyeom, estaban tan calientes que parecía que el calor se extendía no solo a sus brazos, sino también a su cuello, recorriendo su cuerpo desde la nuca hacia la parte baja de su espalda.
No obstante, cuando los dedos traviesos de él, subieron sutilmente por su hombro, rozando levemente la piel detrás de su oreja, Si-young se volvió lo suficientemente sensible como para hacer que, excitantes escalofríos, le pusieran los pelos de punta. Ante esto, ella dio un pequeño respingo y, sin poder evitarlo, contrajo su cuello enrojecido.
Obviamente, Eun-gyeom era totalmente consciente de las sensaciones que producía en Si-young. Sin embargo, su tono al hablar era tranquilo, pareciendo incluso inocente, como si no estuviera haciendo nada.
—Bueno, si no hay nada más importante que decir, ¿podemos irnos?
Eun-gyeom aplicó un poco más de presión al rígido cuerpo de Si-young, quedando perfectamente atrapada entre sus garras, sin poder hacer nada.
—¡Ah! ¡Mira por dónde! Los dos estabais aquí…—se escuchó decir a Tae-ra, quien apareció, de repente, con un extraño que estaba a su lado.
Si-young los miró a ambos intermitentemente, antes de volver la cabeza hacia Eun-gyeom y sorprenderse, al ver cómo él sonreía sin mostrar ni un solo cambio es su perfecto rostro, como si estuviera dando la bienvenida a una muy querida madre suya.
—¡Qué bien que os he encontrado juntos!—continuó Tae-ra hablando alegremente—. Como puedes ver, vine para presentar a este hombre a los demás…
—Buenas, encantado de compartir esta velada con usted. —dijo Eun-gyeom.
—Afortunadamente, la CEO me invitó. Por eso tuve la gran suerte de asistir a este evento. —contestó el hombre con educación.
—¿Es eso así?—preguntó Eun-gyeom fingiendo interés, antes de añadir—. Por cierto, gracias por escribir un buen artículo la última vez que me entrevistaste*.
*Recordemos que a Eun-gyeom lo entrevistaron por el museo y se armó la de dios con Tae-ra en el comedor (cap. 4) De ahí la rareza del momento, porque ahora Tae-ra se muestra encantada por ello.
Tae-ra sonrió ante las palabras de Eun-gyeom. El hecho de que los dos, mostraran una sonrisa cariñosa, mientras se miraban mutuamente con complicidad, hizo que los demás pensaran que, sin duda alguna, él era un buen hijo perfecto. El acompañante de Tae-ra, no fue diferente. Un hombre que, hace unas horas, estaba tan cerca de ella, que era difícil saber si simplemente se habían topado en la fiesta o si era porque los dos ya habían concertado una cita previa en la sala de estar. Pero, probablemente era lo último, puesto que, en cuestión de minutos, los cuatro se habían retirado para hablar con él.
—Como hoy vine como invitado a esta celebración gracias a la, aquí presente, CEO, ¿os importaría contestar a unas cuantas preguntas? Es entendible si os pillo en mal momento, ya que es un poco repentino… En ese caso, ¿podría reunirme de nuevo con los tres la próxima vez?
Si-young se dio cuenta en silencio de la identidad del extraño.
«Es ese reportero…»
—No te preocupes. Podemos tener, sin problema, una breve entrevista antes de volver a casa. —contestó Tae-ra.
—De acuerdo. Pues, para empezar, escuché que, de entre las personas a las que patrocinas, ibas a contratar a alguien que cumpliera con los requisitos como pasante en el Hotel Taejoong, ¿no es así? ¿Podría entrevistarte al respecto…? Es un tema de bastante interés y, además, también tengo curiosidad por el funcionamiento futuro del Museo Janglim.
—Sí, por supuesto.
Después de escuchar la respuesta de Tae-ra, el reportero se dirigió a Eun-gyeom, y le preguntó:
—Bien, entonces, ¿sabía el Presidente que usted también está trabajando en este tipo de patrocinio?
Eun-gyeom respondió de inmediato como si hubiera sabido las líneas de antemano:
—Sí, por supuesto.
Tras una pausa, Si-young se estremeció por un momento, ya que, un dedo de Eun-gyeom, tocó ligeramente el borde de su brazo para señalarla, antes de anunciar:
—De hecho, para seguir la voluntad y ejemplo de mi madre, estoy pensando en contratar a Si-young como empleada del Museo.
Tan pronto Eun-gyeom terminó de comunicar su propuesta, fue Si-young quien, estupefacta, preguntó, a modo de respuesta:
—¿Qué?
Si-young, que cometió el error de dar semejante contestación en frente del reportero, respiró hondo e, inmediatamente, se volvió hacia Tae-ra. Su rostro, cuya sonrisa se levantó forzosamente, estaba pálido.
—Eun-gyeom, ¿qué quieres decir? No teníamos constancia de esto…—habló Tae-ra, interpretando su rol de madre afectuosa.
—Pensé daros a ambas una grata sorpresa. —continuó él hablando tranquilamente—. Si-young se especializó en “Administración de arte” en la Universidad H, cuyo nivel de calidad es alto. Sin contar que, sus calificaciones, son lo suficientemente buenas para esta oportunidad. De todos modos, estoy pensando que, probablemente, el rumbo de mi futura carrera será en una dirección como esta. Pero también creo que es mejor experimentarlo yo mismo a la par que desempeño mi trabajo como contratista. Sobre todo…
Los ojos, de los que escuchaban la clara y concisa de explicación de Eun-gyeom, se volvieron, los unos a los otros, encontrándose en el aire, mientras esperaban a que él diera una conclusión a su frase inacabada:
—… Necesito que alguien me ayude y me facilite las cosas en el Museo para no manchar el nombre de mi padre.
Obviamente, fue una pausa dramática, hecha intencionalmente por Eun-gyeom, dado que se había metido de lleno en su papel de “buen hijo lamentable”.
Sin embargo, ya fuera ignorante o fuera demasiado bueno en su trabajo, el reportero se coló y, sacando a relucir un tema no muy apropiado, agregó:
—Si-young y la CEO son lo suficientemente cercanas como para decir que son “madre” e “hija”, más allá de la relación de patrocinio, pero no sabía que estaba, además, tan cerca del nuevo Director del Museo…
Mimy: Vale voy a hacer un par de aclaraciones: La CEO, es Tae-ra (Directora general); el difunto Yoo Jang-hyun, era el Presidente y Eun-gyeom, ya que se va a hacer cargo del Museo Janglim, lo hará tomando el cargo de Director. Por eso, en este capítulo utilizan las siglas de “Chief Executive Officer” para referirse a Tae-ra, y que no haya confusiones con el cargo de Eun-gyeom.
—Bueno, ¿puedo dar un pequeño comentario al respecto?—interrumpió Eun-gyeom y, con una sonrisa pícara, añadió—. Sí, puede decirse que somos tan cercanos y amistosos como una dulce pareja…
Tae-ra inmediatamente al oírlo decir eso cortó sus palabras y le preguntó:
—¿Cómo? ¿Hablas en serio?
«¿No es esta es una pregunta que implica muchas cosas?»
Pensó Si-young, con los nervios a flor de piel.
Mimy: Si-young, al pensar eso, se refiere que es mejor evitar el comentario en plan: “ja, ja, ja, qué bromista mi hijo” en vez de hacer una pregunta, que casi es como afirmar que pueden tener una relación inmoral a espaldas de Tae-ra (aunque es cuestionable, ni Si-young es adoptada, ni comparte lazos de sangre con Eun-gyeom. Solo viven juntos.)
—Por supuesto que es en serio, madre. —contestó él, incorporando una pregunta acusatoria a la conversación—. ¿Por qué? ¿No te gusta?
Era evidente que, sus últimas palabras, eran, más bien, una clara presión que él ejercía hacia Tae-ra, antes que una simple interrogación, casi como una pequeña rebeldía encubierta de su “buen hijo”.
Al mismo tiempo, Si-young sintió los ojos entrometidos de innumerables personas que escudriñaban la conversación a sus espaldas. Obviamente, tampoco había forma de que Tae-ra no pudiera sentir, de igual forma, aquellas miradas sobre su cuerpo, ya que hacían que, incluso ella misma, se sintiera al desnudo.
No obstante, por el contrario, Eun-gyeom siguió hablando tranquilamente, sin sumar ni restar.
—Si-young es también partidaria de encontrar rápidamente su lugar y volverse autosuficiente, como muchos de los que actualmente reciben patrocinio. —dijo él—. Tú también lo crees, ¿verdad? ¿No es así, madre?
Las expresiones, que Eun-gyeom utilizaba en su diálogo, eran un eufemismo en sí. De hecho, gracias a ellas, indirectamente estaba forzando a todos a hacer lo que él quería. Así pues, en el lugar en donde la vista de Eun-gyeom parecía perforar, el cual todo indicaba ser el rostro pálido de de Tae-ra, la boca de ésta se crispó en respuesta.
—Es así…—murmuró ella de forma inaudible.
—…
Solo Si-young, quien estaba a su lado en silencio, llegó a oírla. Sin embargo, pronto Tae-ra elevó la voz diciendo:
—¡Oh! ¡Qué bien! ¡Entonces es por eso! De verdad, Eun-gyeom no sabía que se te ocurriría una idea tan maravillosa.
Una vez que él obtuvo la respuesta que quería, sonrió suavemente y prosiguió:
—Dado que la etapa de selección ya ha terminado, podemos salir la semana que viene y ayudar a exhibir los cuadros de la nueva exposición, ¿qué os parece?
Si-young no podía soportar la mirada de Tae-ra sobre ellos. De hecho, estuvo en conflicto por un tiempo. Si era por los sentimientos internos de Tae-ra, era correcto negarse. Pero demasiada gente estaba escuchando como para seguir sus deseos internos.
Pero Eun-gyeom, al ver que las manos de Si-young temblaban un poco, por el ardor que sentía en su estómago debido a los nervios, llamó al médico con un gesto, preguntando tardíamente:
—¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien… Gracias. Yo… Con respecto al Museo… ¿Está bien si me dejas hacer eso…?
—Está bien, por supuesto. —contestó Eun-gyeom sonriendo satisfactoriamente y, dirigiéndose a Tae-ra, añadió—. No te preocupes, madre. Haré todo lo posible para ayudarte con la gestión del museo y Si-young…
Eun-gyeom acarició suavemente el hombro de la joven. La piel, por donde pasaban sus largos dedos, parecía arder y, sin saberlo, Si-young volvió la cabeza hacia él, como si estuviera siendo atrapada por algo. Sus pupilas se encontraron y, los ojos profundos de él, sonrieron levemente, con una mirada que ella nunca antes había visto.
—… Ya sabes, para que rápidamente pueda volverse autosuficiente.
—…
Poco después, Eun-gyeom continuó hablando un buen rato con el reportero, promocionando los nuevos proyectos que tenía planeados para el Museo Janglim.
Al verlo sonreír, mientras conversaba, Si-young se dio cuenta de que estaba un paso por detrás de él. No esperaba que Eun-gyeom trajera a colación la excusa perfecta para hacerla trabajar en el Museo de arte y, mucho menos, delante de decenas de testigos. Debería haber actuado mucho antes, inmediatamente después de que decidió expulsar a Eun-gyeom de su vida. No sabía que, tomándola desprevenida por un tiempo, él haría, rápidamente, eso mismo con ella.
Si-young, tras cavilar un rato, levantó sus ojos penetrantes y forzó una sonrisa durante el resto de la entrevista.
Tras aquel evento, quedó en claro que Eun-gyeom, indirectamente, le había declarado la guerra y, ante esto, Si-young tuvo que pensar en una nueva estrategia para ganar aquella batalla silenciosa entre él y ella.
«Entonces, ahora, ¿cómo debería deshacerse de la existencia de ese hombre para vivir en la casa de Tae-ra durante mucho tiempo?«
━━━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━━━
*Ahora, volvemos a dónde lo dejamos en el cap. 3, desde el punto de vista de Si-young. Para situarnos, dejaron el piso cochambroso donde ella estaba y él dio rienda suelta al sin respeto. Por tanto, en este momento están en la mansión, ya que Eun-gyeom se la llevó consigo de vuelta.
«En ese momento, si Tae-ra hubiera rechazado la oferta de Eun-gyeom, sin ser consciente de los demás… O si, al menos, ella la hubiera rechazado después, de alguna manera, entonces no estaríamos así hoy, aquí…»
—…O más bien…—murmuró Si-young en silencio, continuando sus pensamientos, mientras tocaba la ventana con pequeños golpecitos.
La lluvia, que fluía por el cristal, se congelaba en forma de finos regueros de hielo y, ante las vibraciones del toque de la joven, éstos se desmoronaban y se dispersaban en el aire.
—¿ “Más bien” ?
—…—Si-young cerró la boca.
No tuvo que girar la cabeza para mirar, porque ya sabía quién había abierto la puerta y había entrado, repitiendo sus palabras en forma de pregunta. Incluso si no quería verlo, sabía que era el tipo de persona que la haría pararse frente a él o tirar de su barbilla para obligarla a enfrentarse a su mirada. Al igual que justo ahora él había hecho, sin traicionar sus expectativas, para que sus pupilas se clavasen la una a la otra mutuamente, mientras estaban de pie, junto a las ventanas cerradas.
—“Más bien”, ¿qué?
—…
—Dormiste casi todo el día, ¿sabes?
Eun-gyeom llevaba una bata de ducha. El aroma familiar del gel de baño vibró en el ambiente, haciendo cosquillas en la nariz de Si-young. Al mismo tiempo, una mano cálida le acarició la mejilla y le apartó un par de mechones de pelo que le caían sobre la cara.
—Iba a despertarte, pero lo dejé pasar. Pensé que debías haber estado cansada, después de ayer. —continuó él y, colocando su gran palma en la frente de Si-young, cubriendo incluso la parte inferior de sus cejas, añadió—. Además, sentí que tenías un poco de fiebre, pero creo que ahora ya estás mejor.
—Quiero salir. —dijo ella.
—No, hace demasiado frío afuera. Te vas a resfriar si sales así.
Eun-gyeom retiró la mano del rostro de Si-young y le dio la espalda, para pararse frente al armario. Con un simple movimiento, sacó la ropa que se iba a poner y se quitó la bata de ducha. Con un crujido, ésta cayó al suelo, y Si-young volvió la cabeza para evitar ver cómo un Eun-gyeom desnudo se vestía.
—¿Qué harás si digo que quiero salir de nuevo?—insistió ella.
—Será mejor que no hagas eso.
—¿Vas a evitar que salga para siempre?
—¿De verdad quieres eso?
—Fui yo quien preguntó.
Eun-gyeom actuó vagamente, sacando otro tema a colación:
—Si un día me canso de esta mansión, tendremos que buscar otro sitio… Un apartamento cerca de la oficina estaría bien, o tal vez podemos construir otra casa si quieres, o…
—Sabes que eso no significa que no vaya a salir. —protestó Si-young, cuyos ojos penetraron la mirada del hombre que la observaba.
—¿Quieres decir que vas a huir como antes?
—¿Por qué te pones así? Entonces, si quiero volver a salir qué debo…
—Yoon Si-young, no me lo hagas repetir dos veces
Con estas palabras, Eun-gyeom no iba a ceder. Estaba decidido a no dejarla salir, al menos por hoy.
Sin embargo, Si-young lo miró y frunció los labios con un rostro que parecía querer una respuesta más precisa, pues no iba a permanecer encerrada para siempre.
—Ojalá no hubieras hecho eso…—murmuró ella.
—¿Qué quieres decir?—preguntó él, indiferente, mientras su mirada se desviaba hacia abajo.
En el interior de su muñeca, justo visible dentro del botón inacabado de su manga derecha, había un corte largo y afilado, como si se lo hubiera hecho momentos antes.
—En primer lugar, no debería haber ido al museo…—respondió la joven.
Aunque sabía perfectamente que lo estaba provocando, eso no le quitaba el derecho de expresar su opinión. Así que, tras una pausa, Si-young prosiguió con sus reproches:
—Porque, si fuera así, entonces no estaríamos en esta situación.—le recriminaba Si-young y, tras girar la cabeza, agregó—. Y tampoco estaríamos aquí, y…
Su voz murió. Si-young podía sentir cómo Eun-gyeom se acercaba a ella, tomándose su tiempo. Para evitarlo, se volvió para mirar por la ventana. Volvía a diluviar, y las gotas de lluvia repiqueteaban de nuevo contra el cristal, con un sonido envolvente que se aferraba a ella. Hacía tanto frío que el agua se congelaba, estancándose, antes de poder caer.
Fue entonces cuando, en ese momento, a sus espaldas, él la llamó por su nombre:
—Yoon Si-young.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R