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Capítulo 29

Los dedos que acariciaban su mejilla descendieron hasta el cuello. De inmediato, Eugene sintió que todo su cuerpo se helaba ante la sensación de peligro, como si fuera a estrangularlo. La mirada de Winston se tornó aún más estrecha.

—Y yo tengo que acostarme con esa amante y tener un hijo con él.

Una risa burlona se mezclaba en su voz baja. Cinco dedos largos y gruesos merodeaban por el cuello de Eugene. Con un poco más de fuerza, le cortaría la respiración al instante. Eugene ya temblaba visiblemente por todo el cuerpo.

—V-vale, me equivoqué.

Finalmente, se rindió, vencido por el miedo. Winston inclinó la cabeza ante la voz temblorosa y apenas audible que Eugene logró articular.

—¿En qué?

Eugene no podía responder de inmediato y solo parpadeaba nervioso. 

«¿Por qué hace esa pregunta? ¿No es por lo que dije sin pensar? Entonces, ¿qué respuesta espera Winston?» 

Mientras Eugene, sin atreverse a abrir la boca, permanecía en silencio, Winston preguntó con una leve sonrisa:

—¿Que me muera? O…

Su voz contenía un tono de alegre burla. Winston continuó hablándole a Eugene, que mantenía la respiración contenida:

—¿Que te acostaste con mi padre?

Cuatro dedos golpearon suavemente la nuca de Eugene, como si tocaran el piano. Winston, que había rodeado el cuello de Eugene con una mano al notar su sobresalto, bajó la cabeza. A una distancia donde podía sentir su aliento, unos intensos ojos violeta miraron fijamente los de Eugene. Y con una voz tan baja como un susurro, murmuró:

—O… ¿que apareciste ante mí tras dar a luz al hijo de mi padre?

Eugene no podía responder. Sentía que si cometía el más mínimo error, lo estrangularía al instante. Parecía sentir la ira de Winston dirigida hacia él en todo su cuerpo. Eugene quería medir sus palabras con cuidado, pero su mente no respondía. 

«Tengo que decir algo, tengo que calmar a Winston. Si no…»

«Podría matarme.»

El miedo hizo que su boca se abriera sin control. Eugene, mirando a Winston con los ojos desorbitados, forzó las palabras:

—Harold y yo… no éramos así…

Apenas logró hablar, pero lo único que recibió fue una risa burlona que sonaba como un siseo.

—Claro que no.

Ante la reacción de Winston, Eugene perdió las fuerzas para seguir hablando. Winston guardó silencio por un momento ante el rostro de Eugene, que lo miraba con el ceño fruncido y una expresión afligida. La comisura de sus labios, antes burlona, se relajó, y la dureza de su mirada también desapareció. Cuando vio que sus ojos violeta se oscurecían aún más, como el cielo nocturno, la mano de Winston que sujetaba su cuello soltó suavemente la nuca y la atrajo hacia sí.

—Ah.

Eugene suspiró sin querer. 

«Va a besarme. Sabía que nuestros labios se tocarían. Sin duda, Winston me besará. Solo tengo que cerrar los ojos. Entonces, sus labios se encontrarán con los míos. Intercambiarán saliva suavemente y entrelazarán sus lenguas. ¿Morderá mi labio inferior como aquella vez? Ah, entonces yo…»

Su corazón palpitaba y todo su cuerpo ardía. Incluso sentía como si hubiera vivido solo para ese momento. Justo cuando pensó que no podría rechazar este beso bajo ningún concepto…

—¿Aun así no eres un desgraciado?

Las palabras que surgieron de repente enfriaron de golpe la sangre que ardía en sus venas. También la mirada despectiva de Winston al observarlo. Y Eugene se dio cuenta de la locura que estaba a punto de cometer.

—¡Q-qué intentas hacer? ¡Suéltame, déjame ir!

En el último instante, Eugene esquivó el beso, gritó y forcejeó por liberarse del abrazo de Winston. Desprevenido por la repentina reacción, Winston no pudo evitar soltarlo.

—¡Ah!

—¡Cuidado!

El cuerpo de Eugene, que había perdido el equilibrio, se balanceó violentamente, y Winston gritó. Eugene cerró los ojos con fuerza, imaginando que se estrellaría contra el suelo, pero, sorprendentemente, eso no ocurrió. Winston, que había agarrado el brazo de Eugene mientras caía, lo atrajo hacia sí y, en su lugar, fue su propio cuerpo el que chocó contra el suelo.

JADEO, JADEO.

Necesitó unos segundos para entender lo que acababa de suceder. Eugene, aturdido, solo respiraba agitadamente mientras yacía en el suelo. El suelo cubierto de tréboles era más cálido y firme de lo que imaginaba. Curiosamente, escuchaba un latido constante cerca de su oído. Tardó unos segundos más en darse cuenta de que era el latido del corazón de Winston.

—¡E-espera!

—¿Adónde?

Al comprender tardíamente que Winston lo protegía y yacía en el suelo en su lugar, Eugene intentó levantarse apresuradamente, pero, una vez más, Winston fue más rápido. Los brazos de Winston rodearon su cintura para impedírselo, y Eugene fracasó de nuevo.

—¡Suéltame, déjame ir!

—Cálmate.

Winston abrazó con firmeza a Eugene, que forcejeaba nuevamente, y con una mano sujetó su nuca, acercándola a su hombro. Aunque luchó con todas sus fuerzas, era un esfuerzo inútil desde el principio. Pronto se agotó y, finalmente, Eugene dejó de moverse, respirando con dificultad.

Durante un rato, permanecieron tumbados en silencio. Irónicamente, el latido del corazón de Winston en su oído tranquilizaba a Eugene.

—Esto ya ha pasado antes.

Como si hubiera leído sus pensamientos, Winston murmuró. Era cierto: Eugene solía terminar encima de Winston con frecuencia. Ocurría siempre después de tener relaciones. Winston lo colocaba sobre su cuerpo, acariciaba sus caderas o besaba su rostro, y luego lo volvía a tumbar para empezar de nuevo.

—Ah.

¿Sería por haber tenido la misma imaginación? Eugene sintió el pene erecto del hombre debajo de sí. Al notar que su miembro, que había llenado su interior incontables veces, se endurecía como aquella vez, su propio cuerpo también se encendió.

—Eugene.

Winston dijo su nombre. Dudó un momento antes de levantar ligeramente la cabeza, encontrándose con los ojos del hombre que lo observaba. El brazo que rodeaba su cintura se relajó. Como si supiera que Eugene ya no intentaría escapar. Con un brazo aún alrededor de su cintura, Winston llevó la otra mano al rostro de Eugene, sujetando suavemente su barbilla y acariciando su labio inferior con el pulgar. Con una mirada llena de anhelo, como si deseara profundamente besar a Eugene, observaba sus labios.

Eugene sentía lo mismo. Su cuerpo, excitado desde antes, ahora palpitaba con intensidad. Quizás Winston también estaba al límite. 

«Si nos besamos, ¿este hombre querrá hacer el amor conmigo aquí?»

—¿Lo recuerdas, Eugene?

Susurró Winston. No era necesario preguntar a qué se refería. Eugene abrió la boca, pero su voz estaba ahogada, y apenas logró hablar con un susurro entrecortado:

—Sí.

Aquí, habían rodado desnudos. Sobre un manto de tréboles, como los primeros humanos.

Eugene inclinó la cabeza. Winston solo necesitaba un pequeño esfuerzo para besarlo. Bastaba con ejercer un poco de presión en la mano que sujetaba la cabeza de Eugene. Sus alientos se mezclaron, y cuando Eugene bajó los párpados, mirando a Winston con los ojos entreabiertos…

—Si quieres algo, tú también debes pagar un precio.

Al escuchar el susurro en voz baja, Winston se detuvo. Sintiendo claramente su reacción a través de sus cuerpos entrelazados, Eugene continuó:

—Si quieres acostarte conmigo, paga mi tarifa. Entonces tendré sexo contigo.

Habló como si estuviera concediendo una gran indulgencia y levantó la cabeza. Esta vez, Winston tampoco lo detuvo. Eugene se levantó rápidamente, apartándose de él con premura, y Winston se incorporó lentamente.

La atmósfera dulce de momentos antes había desaparecido sin dejar rastro. Ambos se miraban fijamente en un silencio incómodo. Eugene se preguntó qué diría Winston esta vez, pero no hubo oportunidad. Desde la distancia, se escuchó la voz de un niño.

—¡Papi, papi!

De repente, la atmósfera cambió por completo. Eugene se quedó helado, y la expresión de Winston también se tornó tensa. No podía permitir que el niño y Winston se encontraran. Eugene temía que, al ver al niño, Winston pudiera albergar alguna sospecha. Aunque intentó retirarse rápidamente, afortunadamente, Winston actuó primero.

—¿No deberías ir? Tu preciado hijo, tan valioso como tu vida, te está llamando.

Repitiendo las palabras de Eugene con sarcasmo, Winston montó su caballo. 

«Se va», pensó Eugene, aliviado, pero fue demasiado rápido. Al cambiar la dirección del caballo, Winston añadió como despedida:

—Qué emocionante, ver cómo varía el servicio según el pago.



RAW HUNTER: ANA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN


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