Capítulo 27
Ante la respuesta de Eugene, Angela, aparentemente aliviada, lo abrazó. Eugene también estaba a punto de abrazar a la niña con alegría cuando Angela, una vez más, le arruinó el momento.
—¿Para qué sirve este lugar, papi?
Al soltarse rápidamente y hacer la pregunta, Eugene bajó las manos que había levantado torpemente y esbozó una sonrisa amarga.
—Es donde vivía papi antes.
—¿Papi? ¿Aquí? — Los ojos de Angela se abrieron como platos. Al verla mirar la casa de un lado a otro con curiosidad, Eugene añadió una explicación:
—Viví aquí un tiempo cuando era pequeño. O sea, hasta antes de que tú nacieras.
—¿En serio? — La voz de Angela subió de tono. La niña, incapaz de contener su emoción, comenzó a correr por los alrededores. De puntillas, intentó mirar a través de la ventana cubierta de polvo, pero pronto se rindió y rodeó la casa.
—¡No te alejes mucho, Angie! —gritó, preocupado. Angela volvió la cabeza y dijo “Sí”, y luego preguntó:
—¿También conociste a papá aquí?
—…Sí —Eugene, sin poder ocultar su turbación, fue sincero.
—Y también fue aquí donde te tuvimos.
—¿En serio? —Angela, saltando de sorpresa, preguntó de nuevo. Eugene asintió con una sonrisa amarga.
—Sí. Aquí conocí a papá y te tuvimos a ti.
—¡Increíble!
Angela gritó y de repente se dio la vuelta y corrió hacia la puerta. Intentó abrirla agarrando el pomo, pero, por supuesto, la puerta estaba cerrada. Al ver la puerta que solo chirriaba de manera desagradable sin ceder, Angela se desanimó, pero pronto recuperó el ánimo y corrió en la dirección opuesta. Esta vez, Eugene no la detuvo y la dejó ir. Después de todo, ¿adónde podría ir Angela? En esta zona no había nada más que la casa de huéspedes donde Eugene había vivido.
—Haa…
Salió un suspiro amargo. Bajó los pocos escalones y miró lentamente a su alrededor.
«No pensé volver aquí.»
Aunque habían pasado años, al parecer su cuerpo aún lo recordaba. Sus pies lo habían traído aquí por sí solos. Eugene observó lentamente su entorno. Los recuerdos olvidados revivieron de inmediato, desplegándose ante sus ojos con una claridad vívida, como si hubiera sido ayer.
«Eugene.»
Incluso el rostro juvenil del chico que alegremente llamaba su nombre.
La hierba suave cedió bajo sus pies. Bajó la vista y vio innumerables hojas de trébol. Como si algo lo atrapara, se inclinó y arrancó una. Tenía tres hojas. Eugene se sentó allí y comenzó a examinar los tréboles uno por uno. En aquella época, lo único que tenía para hacer era sentarse en el suelo y mirar ociosamente los tréboles. Incluso buscaba desesperadamente un trébol de cuatro hojas para matar el tiempo, pero nunca encontraba ninguno.
«¿Podré encontrarlo esta vez?»
«Si lo descubro, se lo daré a Angela.»
Con eso en mente, Eugene apartó suavemente los tréboles con los dedos, buscando alguna mutación escondida. De repente, sintió como si hubiera retrocedido en el tiempo hasta aquel día lejano. Un día en que, sintiéndose patético y solo por estar hurgando ociosamente entre los tréboles, las lágrimas brotaron en sus ojos.
Eugene sintió una presencia y, por instinto, alzó la vista. En el mismo lugar de hace mucho tiempo, un hombre a caballo lo observaba fijamente. Como aquella vez.
«¿Será ese el Príncipe Azul?»
La primera vez que vio al joven, Eugene lo recordó con asombro. No podía evitar pensarlo. El apuesto chico sentado sobre un hermoso caballo negro llevaba una camisa reluciente y pantalones de buena calidad. Sus ojos ámbar, que miraban fijamente a Eugene, parecían gemas finamente talladas, lo que hizo que su corazón se acelerara aún más.
Mientras lo miraba absorto, el joven fue el primero en hablar.
—¿Estás buscando un trébol de cuatro hojas?
En ese instante, las lágrimas que se habían acumulado en los ojos de Eugene rodaron por sus mejillas. El sorprendido joven abrió mucho los ojos, y Eugene, también consternado, se frotó rápidamente el rostro y se sentó de espaldas. Cayó un silencio incómodo. Ante la obstinada espalda de Eugene, el joven reunió valor primero.
—Yo soy Winston Campbell.
La voz del niño, que aún no había cambiado, temblaba ligeramente.
—¿Cómo te llamas tú?
Eugene giró con dificultad la cabeza y dirigió su mirada hacia el joven. Él lo miraba directamente. Bajo esa mirada firme, Eugene se puso nervioso por un momento, pero su pecho se llenó, inesperadamente, de emoción. Sus labios indecisos se abrieron con dificultad. Con una voz tan temblorosa como la del joven, o quizás más, Eugene habló.
—Yo soy…
—Eugene.
Winston repetía su nombre en secreto en la boca. Era un nombre tan dulce que, si lo pronunciaba en voz alta, sentía como si su lengua pudiera derretirse y desaparecer. Se limitó a mirar a Eugene sin decir nada. Ante un silencio similar pero diferente al de aquella vez, Eugene tampoco se atrevió a hablar a la ligera. Un viento fresco que soplaba agitó el paisaje, haciendo resonar un sonido claro que cruzó entre ellos. Como si despertara la realidad, Eugene recobró el sentido al oír ese sonido que los atravesaba.
«¿Dónde estará Angie? No debería andar sola por ahí».
A la preocupación de Eugene se sumó una sensación de inquietud. Nunca imaginó que se encontraría con Winston aquí. Había tenido tanto cuidado para evitar que el niño se cruzara con él, y ahora terminaba en esta situación absurda. El corazón le latía con fuerza, temiendo que Angela pudiera regresar en cualquier momento.
—¿Qué haces… aquí?
A diferencia de aquella vez, esta vez fue Eugene quien habló primero. Su voz no tembló. Internamente aliviándose, Eugene vio cómo Winston, aún sentado sobre el caballo y mirándolo desde arriba, abrió la boca.
—Más bien tú, ¿qué haces aquí? Dije que este lugar ya no se usa.
Su voz era fría y distante. Gracias a eso, Eugene pudo enfrentarlo sin quedar atrapado en las sombras del pasado.
«Recupérate, eso ya pasó.»
—Solo salí a pasear y terminé aquí… ¿Y tú?
Esta vez no podría evitarlo. Eugene se dio cuenta, al hablar, de que Winston había esquivado hábilmente su pregunta.
«Qué rápido se da cuenta.»
Winston respondió con una voz que aún no revelaba emoción alguna.
—Solo te busqué porque tengo algo que decirte.
—¿Algo que decirme? ¿A mí?
Al devolver la pregunta, Eugene abrió los ojos desmesuradamente, sin imaginar que Winston habría inventado una excusa en ese tiempo.
—No es para anular el contrato.
Como si hubiera leído el interior de Eugene, que por un momento había albergado esperanza, Winston lo negó fríamente.
«Claro, tiene razón.»
Eugene, decepcionado, dejó caer los hombros. Después de todo, el testamento no cambiaría.
Cuando Eugene iba a prestar atención de nuevo a sus palabras, frunció el ceño de repente. Aunque había cierta distancia, Winston, ya de por sí enorme, montado en el caballo, parecía estar a una altura descomunal. Antes de que Winston hablara, Eugene hizo una petición quejumbrosa.
—Oye, ¿no podrías bajar del caballo? A menos que quieras romperme el cuello.
Añadió una sonrisa forzada, como pidiendo disculpas, pero la expresión de Winston no cambió.
«Como siempre, ni siquiera hace caso a lo que digo.»
Aunque pensó eso, Eugene se sintió extrañamente tranquilo.
«Quizás, en el fondo, ya lo esperaba.» pensó para sí.
De repente, Winston se movió. Eugene lo observó con los ojos muy abiertos mientras bajaba del caballo con agilidad, desplegando sus largas piernas. Después de dar unas palmadas ligeras en el cuello del caballo, Winston se acercó a él con la misma expresión impasible. Con la mirada fija directamente en Eugene. Tras solo unos pasos, Winston, ahora frente a él, habló.
—Hoy vendrá MacCoy para revisar los documentos y encargarse de los trámites legales. La boda y el banquete se celebrarán en la mansión.
Que Winston hubiera accedido a su petición, bajado del caballo y ahora estuviera frente a él ya era desconcertante, pero lo que acababa de decir dejó a Eugene aún más aturdido.
«Realmente nos vamos a casar.»
Winston y yo.
—Ah… sí.
Sin poder asimilarlo todavía, Eugene respondió torpemente. No sentía nada de realidad. Ni que Winston estuviera frente a él, ni que fueran a casarse.
«¿Tal vez esté teniendo un sueño demasiado vívido?»
Aunque Eugene, aturdido, solo mostraba una reacción tibia, Winston continuó indiferente con lo suyo.
—Mi secretaria se encargará de los preparativos, tú solo haz lo que te digan. Elegí la fecha arbitrariamente, ¿no hay problema?
—¿Ya decidiste la fecha?
«¿No dijo que iban a presentar los papeles ahora?»

RAW HUNTER: ANA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN