Capítulo 219
El sonido del resorte del reloj que hacía TIC TAC en su interior se detuvo por completo.
Lo que llegó tras él fue un largo silencio, y la premonición del mañana que solo los vivos pueden sentir.
—…
Rudville acarició el dorso de la mano de Odelli, donde brillaba el anillo. Un cristal deslumbrante y dorado, como si hubiera sido creado destilando el sol del amanecer. Aunque escuchaba los vítores y aplausos de felicitación de los invitados, lo único que abarcaba su vista era la mujer de cabello plateado que resplandecía ante él.
Ya no habría más primer encuentro.
No tendría que asistir a su funeral.
No tendría que depositar flores en el ataúd donde ella yaciera.
En el instante en que esa certeza lo inundó, el último dique que sostenía el interior de Rudville se rompió. La enorme ola de emociones que había reprimido sacudió violentamente todo su cuerpo. Era alivio, era salvación, y al mismo tiempo, un hambre voraz.
Bajo la ilusión de que una deslumbrante Vía Láctea se derramaba ante sus ojos, Rudville miró a Odelli y exhaló un aliento tembloroso. El universo único al que finalmente había llegado, tras atravesar miles de años de oscuridad, estaba ahora mismo entre sus brazos.
—Hola, Odelli.
El saludo más común, el inicio más ordinario, pronunciado por un hombre que finalmente enfrentaba por completo a ella, viva. Odelli, abrazando su cuello, sonrió radiante.
Al enfrentar esa deslumbrante sonrisa, Rudville, como una bestia hambrienta toda su vida anhelando salvación, rodeó firmemente su cintura y bajó la cabeza. Inhaló profundamente su aliento. Por más que bebiera, solo sentía más anhelo, pero la recompensa por soportar decenas de miles de años de infierno era tan dulce. El vivo latido que sentía más allá de sus labios se convirtió en una salvación más poderosa que cualquier magia, empapando su alma.
Los vítores y aplausos que estallaban a su alrededor, los pétalos de rosas blancas que flotaban en el aire, los envolvían como una bendición. Pero no escuchaban nada excepto el mutuo y estruendoso latido de sus corazones. Era el momento en que toda una vida manchada de locura y vacío finalmente ponía su punto final.
Rudville, que había torcido el cuello de un destino distorsionado y finalmente había conquistado su único mundo, la abrazó con más fuerza, como si fuera a devorarla por completo.
* * *
El sonido de la pesada puerta del dormitorio al cerrarse resonó extrañamente fuerte.
Al bloquearse el ruido bullicioso del banquete de bodas, solo la respiración de ambos llenó la tranquila habitación. Rudville, agarrando el pomo, permaneció inmóvil durante un largo rato. Odelli, sentada en la cama, observaba su espalda con curiosidad.
—¿Rudville?
Él giró el cuerpo lentamente. Los hombros de ese hombre gigantesco, que se había mantenido erguido hasta el final, se desmoronaron indefensos. Tambaleándose, se acercó y dejó caer pesadamente su cabeza sobre el regazo de Odelli. Como un árbol gigante que había soportado tormentas toda su vida, encontrando finalmente la tierra, depositando toda su carga y echando raíces.
—Ah…
Entonces, con un toque muy cuidadoso, como si manejara un tesoro frágil, envolvió la mano de Odelli. Ella sintió que sus grandes manos temblaban levemente. En la quietud solo perturbada por el titilar de las velas, Rudville jugueteó con el anillo de Odelli durante un buen rato.
—¿Qué pasa?
—…No parece real.
—¿Todavía?
—…
Poco después de la resurrección de Odelli, hubo una noche en la que, incapaz de soportar esa sed voraz, se buscaron el uno al otro. Pero incluso abrazándola, Rudville no podía acallar la incredulidad que gritaba dentro de sí, debido a la cruel premonición de que, al despertar por la mañana, podría encontrarse abrazando de nuevo un cadáver frío y desesperar.
Pero…
Lo que brillaba en el dedo anular de Odelli ahora no era una gema azul. El dorado deslumbrante y ardiente probaba silenciosamente que hoy era diferente de los incontables fragmentos de tragedia que se habían repetido.
—Esposa.
—Sí.
Rudville, frotando la palma de su mano contra su propia mejilla, susurró con voz baja y grave.
—¿De verdad esto es el final?
En miles de regresiones, las noches de bodas que él había enfrentado nunca fueron más que frágiles ilusiones. Si ella respiraba un poco agitada, él pasaba la noche en vela, solo, preocupado de si su corazón sufriría o si ese milagroso momento se rompería. Sus dedos frotaron obstinadamente la muñeca de Odelli, donde latía el pulso.
—¿El corazón mío que llevas… no será una carga para ti? Así como el poder de purificación que dejé para ti se convirtió en veneno, mi corazón también quizás algún día para ti…
—Ru.
Odelli cortó con firmeza la ansiedad de Rudville.
—¿Tengamos un hijo?
—…
–¿Qué?
El hombre, que con ojos llorosos recitaba su miedo a la pérdida, se quedó petrificado ante una propuesta tan inesperada y audaz.
—El pasado que hemos recorrido ha terminado por completo. No podemos volver. Por más destrozadas que estén nuestras vidas, avanzaremos hacia adelante, como la gente común.
La gema de la regresión fue creada partiendo el corazón de Rudville, el corazón de Aspellion. Y esa gema ahora late como su corazón. Mientras Odelli no muera, la gema que hace girar el tiempo de todo el mundo nunca más saldría al exterior.
Entonces…
Podían tener un hijo.
No ocurriría la terrible tragedia de que, tras nacer el niño, una regresión ocurriera y la vida que había estado en sus brazos se convirtiera en algo que nunca existió. Odelli tomó con calidez la mejilla de Rudville, quien la miraba atónito. Y, clavando su mirada directamente en sus vacilantes ojos violeta, continuó como clavando un clavo.
—El corazón que me diste no es veneno. Con este corazón viviré contigo el mañana. Tendré un hijo que se nos parezca, y mientras lo veo crecer, envejeceré normalmente…
Odelli apoyó su frente sobre la suya y susurró.
—…Ese futuro normal, lo construiré contigo.
De pronto, recordó las noches pasadas con él. En una época en que, debido al ciclo interminable de vidas repetidas y un tedio insoportable, todos los sentidos de Rudville se embotaban en tonos grises. Sin embargo, incluso en ese mundo ceniciento, la mirada con la que él la observaba a ella siempre era la excepción. Él solía susurrarle, lleno de un calor que parecía a punto de estallar.
—Hoy no seré indulgente, esposa.
—La noche de bodas no puedo ceder… Mmm, ¿debería contenerme en esta vida?
Aunque siempre decía eso…
Cuando su deseo crudo se manifestaba y la respiración de Odelli se agitaba o su rostro palidecía aunque fuera un poco, retrocedía apresuradamente como una bestia asustada. Los días en que, temiendo que su frágil corazón pudiera detenerse bajo su toque, pasaba la noche en vela controlando su pulso. Para él, Odelli, antes que amor, era una santidad que debía proteger, el único milagro que no se atrevía a profanar.
Pero ahora ya no tosía sangre, ni se quedaba sin aliento perdiendo el conocimiento. El cuerpo que había regresado a la vida, con la vitalidad del dragón y el poder de la purificación, estaba más lleno de energía que nunca. No, más bien, si acaso había un problema…
Era que estaba demasiado saludable…
Hmm.
«…Ahora, parece que podría soportar no solo una noche, sino varios días sin inmutarme.»
Odelli miró hacia abajo a él, quien aún no se recuperaba del impacto de la bomba de tener un hijo. Luego, lentamente acarició su cabello rubio peinado con pulcritud, y sosteniendo con cuidado su mejilla, la levantó.
—Ru.
Los ojos violeta que encontró estaban más oscuros de lo habitual, hundidos, observándola como un abismo gigantesco a punto de tragársela. La mirada de una bestia hambrienta. Era la misma mirada que había visto a menudo en la época en que él era un dragón.
—¿Recuerdas? Antes también me lo decías claramente. Que hoy no serías indulgente.
—…
—Pero nunca cumpliste esa palabra. Si yo me cansaba un poco y me recostaba, te asustabas y solo observabas mi reacción, para finalmente resolverlo tú solo en el baño…
—Odelli.
Rudville tapó su boca con apuro. El rostro del hombre que, hasta hace relativamente poco, había llevado al imperio al borde de la destrucción, se enrojeció al instante como una manzana madura.
—¡Lo… lo estaba escuchando…!
—Si te refieres a cuando llamabas mi nombre con anhelo al amanecer… ¿cuántas veces fue?
—…
Odelli sonrió levemente y jugueteó con su enrojecida oreja.
—Así que esta vez, cumple esa promesa de no ser indulgente, Ru.
Robin: su admi se murio!!

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD