Capítulo 2
En su mirada, con el rostro de Yoo Si-young superpuesto sobre el de Yoon Si-young; Eun-gyeom murmuró inconscientemente:
—No hay ningún parecido.
Mimy: Para quienes se lanzaron a la lectura sin leer la sinopsis: Yoon Si-young (la protagonista) comparte el mismo nombre con Yoo Si-young (la hermana del protagonista). Vamos, lo que viene siendo, tocayas. Además, su edad es la misma y la apariencia es similar. Aunque no para Eun-gyeom, y menos mal, porque si no sería un poco turbio que el prota fuera un siscon que se acuesta con alguien que se ve como su hermana XD.
No importaba cómo la mirara. Aunque los ojos de Eun-gyeom recorrían los ojos, la nariz y los labios de la joven una y otra vez, la conclusión seguía siendo la misma. Lo único que hacía que Si-young se pareciera a su hermana era su edad y las dos palabras que conformaban su nombre.
{—Soy Yoon… Si-young.}
Eun-gyeom recordó el día en que conoció a Si-young. Era un gélido invierno, y acababa de volver a Corea para el funeral de su padre, Jang-hyun. Tras ocho años de ausencia en su país de origen, tenía que volver a acostumbrarse al frío, que había olvidado durante un largo tiempo.
La chica que se presentó ante él, aquel día, era huérfana y su madre, Tae-ra, mentía descaradamente a la gente de fuera sin pestañear cada vez que alguien intentaba indagar algo sobre la joven misteriosa.
La dueña del hotel Taejoong solía comentar que conoció a Yoon Si-young cuando todavía era una estudiante y que, cuando se enteró de su situación, sintió pena por ella. Al ver que la echaron del orfanato por haber alcanzado la mayoría de edad, Tae-ra decidió acogerla en su hogar hasta que fuera totalmente independiente como un acto de pura bondad.
{—Además, cuando sonríe, su cara, sus hoyuelos, incluso la inclinación de sus ojos… Cada vez que la veo así, de verdad… Siento como si mi hija hubiera vuelto de nuevo, a mi lado.}
Cuando su madre decía cosas así, Eun-gyeom la miraba con extrañeza, mientras ella sonreía con una cara llena de falsas ilusiones. Sin embargo, él no cayó en el mismo juego, ya que, al momento, se dio cuenta del verdadero propósito de Tae-ra. Si-young no solo estaba siendo retenida por circunstancias desafortunadas, sino que también estaba allí como consecuencia del egoísmo de su madre, que no soportaba la idea de haber perdido a su hija.
{—Realmente es Si-young…}
Sí, ella era Si-young, pero no “Yoo” Si-young. Por mucho que Tae-ra pensara en ella como su amada hija fallecida, no cambiaba el hecho de que quien estaba a su lado era “Yoon” Si-young y no aquella chica cuyo cuerpo ya había identificado y enterrado. Aquella joven, por la que Tae-ra lo daría todo, se había ido para siempre y, en su lugar, encontraron a una sustituta huérfana para ocupar ese vacío que su hija había dejado.
Eun-gyeom, que contemplaba desconcertado aquel absurdo “juego a las casitas”, reflexionó sobre el comportamiento poco ortodoxo de Tae-ra donde, en cierto modo, forzaba a una extraña a actuar como si fueran madre e hija. Aunque fuera desagradable ver aquella escena, Eun-gyeom podía comprender el motivo de por qué Tae-ra hacía eso.
Siempre se había sabido que la dueña del hotel Taejoong haría cualquier cosa por su hija, ya que lo llevaba haciendo desde que se inventó la paternidad de Jang-hyun para proteger al niño que llevaba en su vientre, tras pasar una noche con un hombre al que no conocía. Así que, no era tan descabellado pensar que, con tal de autoengañarse ante la cruda verdad, Tae-ra estaba dispuesta a llegar a tales extremos.
No obstante, el verdadero trato que Yoon Si-young recibía entre bastidores era muy distinto al que se mostraba frente a los demás.
{—No te retendré por mucho tiempo. Mantente callada y vete, para que no sepan que estás aquí.}
Tae-ra era una persona que vivía de las apariencias. Su objetivo principal era que su familia, y ella misma, fueran perfectas de cara al público, pero lo que ocurría en privado carecía de importancia. Por dentro, su inestable relación con los demás parientes llegó a tal punto de que se creó un ambiente tenso, forzado y, a veces, incluso reñido entre ellos. Sin embargo, con tal de que, por fuera, representarán “la familia ideal” que ella quería, entonces, todo estaba en orden según los estándares de su mente retorcida.
Debido a ello, Eun-gyeom siempre había conocido su lugar y su papel, a modo de supervivencia. Incluso en ese momento, ante el funeral de Tae-ra, seguía interpretando su predeterminado rol.
Antes, Eun-gyeom era el hijo que se fue a estudiar al extranjero porque no le interesaba la administración. Después, tras la muerte de Jang-hyun, se convirtió en el hijo triste y lamentable que perdió a su padre. No obstante, ahora, pasó a ser el próximo propietario de los bienes familiares, un joven que ha perdido a su madre y que debe sobreponerse a su dolor con el fin de hacer frente a sus deberes.
Estaba claro que, a la hora de mantener las buenas apariencias, Eun-gyeom conocía muy bien cuál era su posición y su cometido a realizar. Sin contar que, también interpretaba a la perfección al “personaje” requerido para tal fin. Estaba seguro de que esto continuaría así, y que este nuevo papel como heredero no sería diferente de los anteriores, pero había algo, más bien alguien con quien no contaba y que rompía con todo lo preestablecido.
—… ¿Director general?—preguntó Yoon Si-young, sacándolo de su trance.
Eun-gyeom parpadeó con calma.
Sí, efectivamente, “ella” era la causa de su nuevo rompecabezas.
¿Qué rol debería darle a Yoon Si-young? ¿Cuál sería el puesto más apropiado para ella? Y, de saberlo, ¿dónde debería mantenerla?
Estando ella a su lado, su mirada aún seguía siendo implacable. Una joven que continuaba rezando, con las manos juntas y la frente pegada a ellas, cuyas mejillas estaban inusualmente rojas bajo los ojos cerrados. Aunque Eun-gyeom desviara sus ojos de Si-young, no podía sacarla de su mente, pues se sentía como si estuviera atado a esos labios, que había besado continuamente, sin darse cuenta de lo que nunca debió haber aflorado entre ellos. Esa unión prohibida por la que tal vez, ahora, ni ella misma supiera si estaba llorando por la muerte de Tae-ra o expiando los pecados que había cometido contra ella.
Si-young probablemente necesitaría tiempo para procesarlo todo y él también precisaba de esa duración para ordenar sus pensamientos.
—Deberías entrar ya. —murmuró ella.
Eun-gyeom finalmente apartó la vista de Si-young.
—De acuerdo. —respondió él mientras se alejaba, decidiendo así darle a Si-young su momento de gracia.
No lo había dicho directamente, pero Eun-gyeom estaba cada vez más descontento con la actitud de Si-young desde la muerte de su madre. Buscó e indagó dentro de ella la razón del por qué de su cambio y llegó a la conclusión de que provenía del “shock” de la propia muerte de Tae-ra, además de la culpa por haberla engañado y traicionado.
Sabiendo esto, él decidió ser más comprensivo con Si-young. Bien fuera porque esa sería la primera y última vez que le dejaría una ofrenda a Tae-ra en honor esa “familia ideal” que tanto le importaba, o bien simplemente era porque deseaba que las cosas con Si-young volvieran a ser como antes, lo cierto era que Eun-gyeom se mostró inusualmente amable. Estaba claro que él sintió que era lo mejor que podía hacer en aquel momento por ella y, como tampoco quería obligarse a renunciar a Si-young, optó por esa benevolencia para su propia conveniencia.
Una resolución que nació de una ligera inquietud, pues le preocupaba que, si la seguía tratando de controlar en contra de su voluntad, acabaría impulsando un espíritu aún más rebelde del que, de por sí, ella ya tenía.
—Con respecto a su partida, ¿debo avisar a la señorita Si-young de que ya es hora?
—No. Parece que quiere quedarse, así que dejémosla en paz.
—Sí, señor.
Concediéndole su tiempo, esperaba que sus fervientes plegarias, que rezaba sin preocuparse por lo que pudieran pensar los demás, bastaran para expiar sus pecados o eximir su culpa.
De ser así, finalmente Si-young podría desprenderse de todos sus sentimientos hacia Tae-ra y volver a ser ella misma. Igual que ya lo había hecho él.
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Habían pasado dos días desde la última vez que vio a Si-young rezando en la catedral.
Eun-gyeom contemplaba el paisaje por la ventanilla del coche. No seguían el camino a casa, ya que pasaron por calles estrechas con coches en pésimas condiciones aparcados en los bordes y escasas farolas. Finalmente, detuvieron el auto a mitad de la colina por la que subían.
Antes de que el conductor pudiera abrir la puerta del coche para salir, Eun-gyeom abrió la suya y se bajó. Un olor acre vibraba en el aire y, con un pie apenas en la entrada de la villa, Eun-gyeom miró hacia arriba. Los faroles eran todos decorativos y, por tanto, las sombras oscuras cubrían el lugar donde debería haber brillado la luz.
El conductor, acercándose a Eun-gyeom, le susurró al oído:
—Piso 302, señor.
—Vale. Por favor, espere abajo en…
—Sí, señor.
Un chalet destartalado sin ascensor. Eun-gyeom subió lentamente las escaleras.
Mientras subía lentamente las escaleras, pensó en cómo Si-young lo había hecho arrepentirse de su amabilidad.
La criada, que no paraba de dar excusas, temblaba de miedo temiendo ser despedida.
{—Creía que solo iba a salir un rato, y como no llevaba equipaje, yo no pensé que…}
Eun-gyeom entendía por qué la sirvienta había pensado que Si-young solo iba a salir y por qué no lo había denunciado inmediatamente. Sin embargo, era difícil, para cualquiera que hubiera visto su habitación, pensar que ella solo se fue, por un momento, de la mansión.
Eun-gyeom sospechaba que Si-young había creído que ya no tenía razón para quedarse allí. Probablemente ella pensó que él, con su indiferencia, le había hecho ganar tiempo para tomar esa decisión y no que le estaba dando un respiro por todo lo que había pasado.
Ese descanso que Eun-gyeom le había dado a Si-young, era solo porque él había querido que despejara su mente, no que limpiara la habitación de cualquier rastro de ella misma.
Eun-gyeom fue el primero en detectar que Si-young se había dejado el teléfono, pues en cuanto abrió el armario, estaba allí a la vista, como burlándose de él, y con el número ya anulado.
Eun-gyeom dio un paso atrás, se frotó el cabello y miró con rabia dentro del armario, que seguía lleno. No obstante, enseguida se dio cuenta de que faltaba algo, era casi imperceptible y escaso pero notaba su ausencia. Escondidas, como un pequeño hueco entre los montones abarrotados de Jang Tae-ra, las cosas de Yoon Si-young, habían desaparecido.
Todas ellas, todo.
Frente al apartamento 302, en lugar de llamar al timbre, Eun-gyeom llamó a la puerta a golpes.
¡PUM, PUM, PUM!
Estaba todo tan sucio, que su mano quedó polvorienta. El olor acerbo le resultaba familiar, y se dio cuenta de que era el hedor del polvo acumulado que se levantaba como humo. Frunciendo el ceño, sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta. Limpiándose el polvo de las manos, preguntó con pereza:
—¿La derribo?—preguntó para la Si-young que estaba, de pie, rígida, tras la puerta—. Ábrela.
Dejó caer el pañuelo negro y sucio al suelo, retrocediendo lo suficiente para evitar ser golpeado cuando la puerta se abrió.
Mimy: ¿Las puertas de la entrada de la casa no se abren hacia dentro? XD
Una luz amarilla titilante inundó el oscuro y estrecho pasillo. Cuando la entrada se abrió del todo, Si-young, que había estado de pie, se apartó. Su expresión era devastadora, pero eso no impidió que no le permitiera entrar.
Eun-gyeom atravesó el estrecho umbral y se quitó los zapatos antes de entrar en la pequeña habitación. Era agradable, aunque sólo llevaba allí un día y medio como mucho, la presencia de Si-young ya se había impregnado en el ambiente. Una sutil calidez en el aire que sólo podía sentirse en la habitación de Si-young, en contraste con las demás zonas de la mansión, las cuales eran lúgubres y frías.
—Hace bastante frío afuera.
—…
Eun-gyeom se dio la vuelta. Si-young cerró la puerta principal y entró vacilante. No la había visto en dos días, y parecía más cansada y agotada que el día del funeral.
«Cuando lleguemos a casa, la dejaré descansar el resto de la semana… El único momento en el que se pone enferma es durante el sexo, debido a sus dolores corporales, y la verdad es que últimamente he disfrutado abrazándola y acostándome con ella más de lo normal con la excusa de que hace frío. »
Eun-gyeom echó un vistazo al cuarto en busca de cualquier otra cosa que pudiera necesitar llevarse, pensando que no sería mala idea aligerar equipaje dejando allí algo de la ropa sucia de Si-young mientras estaba fuera. No la detendría, si necesitaba llevárselas, pero aparte de eso, realmente no necesitaba sacar nada de allí.
—Cámbiate.—ordenó Eun-gyeom con brusquedad.
—…
—Haz como veas, si es mucha molestia cambiarte de ropa, entonces podemos irnos ya.
—Te lo dije. —la voz de Si-young tembló ligeramente y su tono era más áspero de lo habitual.
Mientras Eun-gyeom se preguntaba si ya se había resfriado otra vez por su ronquedad al hablar, Si-young se rodeó con los brazos de forma protectora y dijo:
—Me voy.
Eun-gyeom no la cuestionó.
Pensativo, solo dejó que su mente volara atrás en el tiempo.
En el día de la incineración de Tae-ra, momentos antes de su funeral, o en algún punto intermedio. No podía recordar el instante exacto, pero evocó a Si-young diciendo que se iba. Comentó que lo arreglaría todo lo antes posible y que luego, incluso si no podía, se iría.
No estaba muy seguro de lo que ella añadió después de eso, si insistió que quería hacerlo, si le pidió que dejara que lo hiciera o si porfió con que era lo correcto respetar su decisión. Lo que sí rememoraba con claridad es su propia respuesta, una palabra concisa que escupió antes de que Si-young pudiera terminar su última frase: “No”.
—Creo que dije que no bastantes veces, ¿no es así?
Su mirada se posó en el brazo de Si-young. Su piel blanca y tentadora estaba expuesta bajo la manga corta e, inmediatamente, él sintió una intensa sed. Tragó en seco y volvió a rebobinar el reloj en su cabeza. Habían terminado sin penetración directa el día del funeral, así que, en resumen hacía tres días que no tenían sexo, propiamente dicho.
Eun-gyeom dio un paso adelante. Automáticamente, Si-young retrocedió con el rostro blanco y rígido. Sin embargo, a él no le importó en absoluto y siguió caminando enérgicamente hacia ella.
Cuando estuvieron al alcance de la mano, Si-young se tiró al suelo, con una expresión llena de impotencia. Eun-gyeom extendió el brazo y le acarició la barbilla. Con solo tocarla, parecía que ella estaba a punto de morir en sus manos. Eun-gyeom se quedó mirando su rostro pálido y sintió un impulso irrefrenable de rodear su cara con las palmas y besarla hasta dejarla sin aliento.
Últimamente no había pasado ni un día sin que tuvieran sexo consecutivo, hasta el punto de convertirlo en parte de su rutina diaria. Por tanto, no era de extrañar que Eun-gyeom tuviera la boca seca con ella delante de sus ojos.
—Yoon Si-young.
Después de contar los días de abstinencia, no podía pensar en otra cosa. Ni siquiera en lo estrecha y sucia que estaba la habitación destartalada. Nada importaba, excepto lo mucho que quería darle la vuelta contra el suelo y embestir su cuerpo sin cesar.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R