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Capítulo 195

Pero él ya se encontraba demasiado debilitado.

En el vacío de su pecho, donde ya no había corazón, el falso órgano que había incrustado a la fuerza crujía dolorosamente, y por los vasos donde debería fluir sangre solo corría sufrimiento.

Aun así, no se detuvo.

[—Los portadores del poder de purificación están bajo mi protección. ¡No son niños que ustedes puedan usar como herramientas!]

Ante la abrumadora presión del dragón, los caballeros del linaje soltaron sus espadas y cayeron de rodillas.

Los magos levantaron barreras desesperadamente, pero estas se hicieron añicos como vidrio con un solo golpe de la garra del dragón.

Mientras todos temblaban ante el miedo a la muerte, solo el actual jefe de la familia Kardel avanzó con una sonrisa torcida.

—Así que seguía con vida, dios bestia. Mientras todos decían que solo era una leyenda, yo siempre creí que aún existía en esta tierra.

Se mostraba tranquilo. Tenía algo en qué confiar.

Con un gesto de su mano, un niño fue arrastrado desde la prisión subterránea y colgado en lo alto de la muralla.

Era un portador del poder de purificación, de cabellos plateados, idéntico a Althea.

—¿Ha venido a salvar esto, verdad?

El jefe apuntó la espada al cuello del niño.

—¡Adelante! ¡Intente atacar! ¡Reduzca este castillo a cenizas con su grandioso fuego!

Su grito, cargado de locura, resonó en el aire.

—¡Claro, usando a este niño como leña!

[—……!]

Asperilion contuvo el aliento.

Si lanzaba su fuego, el niño moriría.

Desde un punto de vista racional, no había razón para detenerse.

Que ese niño se convirtiera en cenizas no significaba necesariamente que ‘Della’ no nacería en el futuro.

La sangre bendecida de los Kardel era abundante; de alguna rama colateral podría surgir otro portador del poder de purificación.

Pero…

‘¿Y si…?’

¿Y si Della fuera, precisamente, descendiente directa de ese niño?

¿Y si entre todas las ramas posibles, solo de ese linaje colgaba el hilo que conducía hasta ella?

Ese pensamiento fugaz lo inmovilizó.

El miedo de que, al morir ese niño, el único hilo que llevaba hasta Della se cortara para siempre.

Por esa mínima posibilidad…

No pudo moverse.

—Como esperaba, no puede hacerlo.

El jefe sonrió con vileza y dio la orden.

—¡Ataquen! ¡Eso no es más que una bestia vieja y moribunda!

Cientos de hechizos y flechas se lanzaron contra el dragón, que permanecía expuesto.

Asperilion no contraatacó.

Si se movía para esquivarlos, algún ataque perdido podría alcanzar al niño en la muralla.

Aun así, incluso sin corazón, él seguía siendo un dragón.

Sus escamas, duras como acero, repelían las flechas, y con un solo aleteo deshacía la magia en el aire.

Las armas humanas no podían atravesar la piel de una bestia divina.

Asperilion avanzó sin detenerse y extendió su garra hacia el niño colgado en la muralla.

Fue entonces cuando.

—Como pensaba, las armas humanas no pueden herir a un dios bestia.

El jefe sonrió con malicia y volvió a hacer un gesto con la mano.

Entonces, los soldados colocaron en un mecanismo una enorme lanza que emitía una luz blanca tan intensa que cegaba.

No era de metal.

Era un hueso gigantesco, impregnado de un resplandor puro.

[—……!]

El movimiento de Asperilion se detuvo en seco.

Porque aquello era algo que él mismo había entregado a Althea, la fundadora de la familia Kardel.

{—Llévatelo.}

{—Es una lanza capaz de atravesar cualquier cosa en este mundo. Será un escudo firme para protegerte a ti y a tus descendientes.}

Era una costilla que él mismo se había arrancado del costado y refinado con magia.

‘Ja…’

El símbolo de protección que había entregado para resguardar a sus descendientes, ahora estaba apuntándole a él.

—¡Muere!

La lanza de hueso blanco surcó el aire.

Su trayectoria atravesaría al niño colgado en la muralla y, después, al propio dragón.

Por supuesto…

no tuvo más opción que recibirla.

¡PUUUF!

Un sonido espantoso resonó.

La lanza, que una vez había sido parte de su cuerpo, atravesó su carne y le infligió una herida mortal.

Sangre azul empapó la tierra.

—¡Jajaja! ¡Lo atravesé! ¡He matado a un dios!

La risa enloquecida del jefe resonó por todo el lugar.

El enorme cuerpo del dragón se desplomó desde la muralla.

Incluso con la vista nublándose, Asperilion envolvió el muro con su cuerpo al caer.

Hasta el último instante, se aseguró de que su masa no aplastara al niño.

Su mejilla tocó el suelo frío. El hueso incrustado en su cuerpo ardía como si estuviera en llamas.

Sin embargo, su mente estaba extrañamente en calma.

«La gema… sigue intacta.»

Acabar con esos humanos no habría sido difícil.

Pero ellos también eran Kardel.

Y, por remota que fuera la posibilidad, podían ser la raíz de Della.

Una vez iniciado, nadie podría detener el uso de los purificadores como simples herramientas.

La avaricia humana era demasiado persistente.

Aunque detuviera esto ahora, en el futuro alguien volvería a explotarlos.

Y entonces, ella, que nacería algún día, acabaría destruida por esa misma codicia.

«Si dejo mi corazón, esta gema, como reliquia del linaje Kardel… algún día llegará hasta ti.»

Por eso, morir aquí era lo correcto.

El último acto de salvación que podía ofrecer.

Eso bastaba.

Entre los párpados que se cerraban lentamente, dibujó la imagen de ella en un futuro lejano.

Tal vez la razón por la que había seguido viviendo con un cuerpo que debería haber muerto hacía tiempo era ese deseo: verla al menos una vez más.

«En la próxima vida…»

Como ser inmortal, jamás había pensado en el más allá.

Pero ahora, mientras moría, no era diferente a un simple humano que enfrentaba su final.

Así que…

¿Acaso no debería incluso Dios conceder una nueva vida a un alma tan miserable y corrompida como esta?

«No como un ser trascendental que solo sabía imponerse sobre ti,

sino como un humano que camine a tu lado, a tu misma altura, con el mismo paso.

Convertirme en un hombre común, débil y ordinario…»

«¿Podría compartir contigo un tiempo finito y envejecer a tu lado?

¿Podría reír contigo, llorar contigo, dormir a tu lado?

¿Podría amar, en lugar de esperar?

¿Podrías concederme una vida así?»

Él no rezó.

Solo preguntó, como si pidiera permiso a una mujer que aún no había nacido.

Porque su único dios eras tú.

Y entonces, lentamente, sus enormes párpados se cerraron.

El último aliento se dispersó, blanco, sobre la nieve.

El dragón murió.

Los humanos celebraron, y se abalanzaron sobre el cadáver para despedazarlo.

Fue entonces cuando encontraron la gema azul incrustada donde debía estar el corazón.

—Dicen que el corazón de un dragón concede la inmortalidad, ¿no?

El jefe de la familia Kardel arrancó la gema sin dudar.

Pero ni siquiera la codicia humana fue capaz de comprender su verdadero valor.

No podía absorberse en el cuerpo, no reaccionaba a la magia, y llevarla consigo no producía ningún efecto.

Era solo una piedra que brillaba, como una joya sin propósito.

Así, la gema del retorno fue arrojada a un rincón del tesoro de los Kardel, guardada bajo el nombre de ‘reliquia sagrada’.

«Ah…»

Odelli, que observaba todo desde el estado de alma, dejó escapar un suspiro.

Ella lo sabía.

Sabía que él era Rudville.

Sabía que aquel dragón arrogante había terminado convirtiéndose en humano por su causa.

Lo sabía todo, y aun así…

Verlo morir de una forma tan miserable, atravesado por un arma hecha con sus propios huesos, por su culpa…

Aquello era otro tipo de infierno.

Odelli sabía lo que ocurriría después.

Lo sabía mejor que nadie.

Ochocientos cincuenta años después, en el laboratorio subterráneo de esta mansión, un muchacho cubierto de sangre despertaría esa ‘gema del retorno’.

Un chico rubio que, sosteniendo el cuerpo frío de una joven, lloraría suplicando que le devolvieran a Odelli, aunque tuviera que entregar todo lo que era.

—No importa si es un dios o un demonio… no importa si es un milagro o una maldición… solo… solo una vez más, por favor…

Rudville…

—¡Llévatelo todo! ¡Mi nombre, mis recuerdos, mi alma! ¡Pero sálvala, por favor…!

Ese grito desesperado despertó el rencor latente del dragón que dormía en lo profundo del almacén.

El resentimiento que había permanecido sellado dentro de la gema.



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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