Capítulo 193
Una luz deslumbrante lo cubrió todo.
El estruendo que parecía desgarrar los tímpanos, así como la sensación de pérdida que oprimía el corazón, desaparecieron como si nunca hubieran existido.
Y así, arrastrada por una tormenta temporal de proporciones colosales…
extrañamente, su conciencia no se apagó.
«……?»
Era una sensación extraña, como flotar lentamente desde el fondo del agua hacia la superficie.
Odelli abrió los ojos por reflejo.
Si había tenido éxito, debería estar viendo un pasaje espacio-temporal.
Si había fallado, una oscuridad absoluta.
Pero lo que apareció ante sus ojos fue el techo de la cueva, tan familiar.
«¿…Sigo en la cueva?»
Había fallado.
Puede que hubiera evitado la desaparición total, pero si no podía regresar junto a Rudville, para Odelli el resultado era el mismo.
Un escalofrío la recorrió y trató de incorporarse.
Pero su cuerpo no respondió.
No… más bien, no sentía nada.
Su mirada descendió por sí sola.
—…
Allí estaba Odelli.
O, más exactamente, el cuerpo que había ocupado temporalmente desde que cayó en esta época.
El cuerpo que había estado en brazos de Asperilion se desplomaba sin fuerza contra el suelo.
Y, separada de él, flotando en el aire, estaba ella misma: una conciencia translúcida, sin forma física.
«¿…Me separé?»
Odelli miró sus manos con expresión vacía.
Su figura era apenas una silueta temblorosa que dejaba ver el suelo a través de ella.
«Ah… ya veo.»
Recién entonces comprendió.
El hechizo del dragón no había enviado a “Odelli” al futuro.
Había expulsado únicamente su alma —la extranjera de esta era—, dejando atrás el cuerpo que pertenecía a este tiempo.
«Pero entonces… ¿por qué no he desaparecido todavía?»
En ese momento, su mirada se detuvo en algo que brillaba en el suelo.
Un objeto azul, puro y translúcido.
«¡Eso es…!»
De haber tenido cuerpo, habría gritado.
Porque aquello era.
“La Gema del Retorno.”
La reconocía demasiado bien.
Era el objeto nacido cuando la inmortalidad de Asperilion chocó con el vacío para salvarla.
La gema que, en el futuro, acabaría en manos de Rudville y lo obligaría a repetir la misma vida una y otra vez.
«¿Entonces… se creó aquí?»
Justo en ese instante.
[—……¿Della?]
Una voz temblorosa resonó desde abajo.
Era Asperilion.
Sin siquiera notar la gema que había creado con su propio corazón, sacudía desesperado el cuerpo que tenía en brazos.
El cuerpo de la mujer cuyo espíritu ya no estaba allí.
—……Uhm.
Las pestañas de la mujer temblaron levemente y, poco a poco, abrió los ojos.
El familiar color azul hielo.
Pero su mirada era distinta a la de Odelli.
En lugar de la calma y la inteligencia aguda, había unos ojos asustados, incapaces de comprender la situación, propios de una muchacha de campo común.
Antes de que Odelli poseyera ese cuerpo, quien despertaba ahora era la verdadera dueña original: la auténtica Della.
—¿Qué…? ¿Dónde estoy…? ¿U-un… una cueva? ¿Por qué estoy en un lugar así…?.
[—…….]
—¡Hii! ¡U-un d-dragon?!
Della gritó al ver el enorme cuerpo que la rodeaba y retrocedió presa del pánico.
El rostro de Asperilion se endureció al instante.
Lo supo de inmediato.
El alma que hasta hacía un momento acariciaba su mejilla con una sonrisa triste se había ido, dejando atrás solo un cascarón vacío.
Ella se había marchado.
Aquella a la que no quería dejar ir bajo ningún concepto, la única variable que había amado… había desaparecido para siempre.
[—……Se fue.]
Murmuró con un aire vacío, mientras recogía la gema azul que había caído al suelo.
Entonces Odelli lo comprendió.
Su campo de visión se movía alrededor de aquella joya.
«Esa gema me está reteniendo.»
Como si, antes de partir, quisiera mostrarle algo a la fuerza.
Como si le pidiera presenciar la historia que esa gema recordaba.
Tal como ocurrió cuando vio las incontables regresiones que Rudville repitió miles de veces para salvar a Odelli.
¡FLAAASH!
En ese instante, la gema emitió una luz tan intensa que parecía capaz de cegar.
Al mismo tiempo, el tiempo frente a sus ojos comenzó a fluir de manera descontrolada.
Como una película que comprimiera miles de años, las escenas pasaron una tras otra, superponiéndose sin dar respiro.
♥♥♥
—S-sálveme, por favor… ¡no me coma!
Asperilion la miró desde lo alto con frialdad.
El mismo rostro, la misma voz, el mismo aroma.
Pero no sentía absolutamente nada.
Solo una sensación de pérdida tan profunda que parecía desgarrarle el corazón. En ese instante, lo único que quería era arrojar a esa mujer ruidosa fuera de la cueva.
Pero…
«…Espera.»
La mano de Asperilion se cerró con brusquedad alrededor de la muñeca de Della.
La energía mágica dorada que acababa de brotar de su corazón corría ahora por las venas de ella.
En ese momento, una sensación extraña atravesó su mente.
[—…….]
La intensa resonancia que sintió cuando su poder se mezcló con la sangre de ella.
La vibración que había percibido en el alma de Odelli hasta hacía unos instantes coincidía de forma escalofriante con el pulso que recorría ahora el cuerpo de esta mujer.
Aquello era, sin duda, una raíz.
[—……Ja.]
Asperilion soltó una risa vacía.
«Ya veo.»
No era que hubiera poseído un cuerpo cualquiera por casualidad.
Desde el principio, existía un vínculo entre el alma de «Odelli» y este cuerpo.
«Esta mujer… es el origen de esa niña.»
Solo si la mujer que tenía delante sobrevivía y dejaba descendencia, Odelli podría nacer algún día, mucho tiempo después, a través de esa línea de sangre.
«Si esta mujer muere aquí, tú también desaparecerás en el futuro.»
Porque sin semilla, ninguna flor puede florecer.
Salvar a Odelli no era suficiente.
Para que ella pudiera existir plenamente en el futuro, incluso este cuerpo debía sobrevivir.
«Parece que ahora tengo algo más que proteger.»
Vaya broma cruel del destino.
[—Oye.]
—¡Hii! ¡S-sí, sí!
[—¿Cómo te llamas?]
Preguntó Asperilion.
La mujer, temblando de miedo y con un hipo contenido, respondió como pudo.
—A-Althea… Me llamo Althea. Por favor… por favor….
Althea.
Ese era su verdadero nombre.
El nombre «Della» no era más que una designación ficticia creada cuando el alma de Odelli entró en su cuerpo y el mundo mezcló ambas existencias.
La dueña original de ese cuerpo siempre había sido una mujer común llamada Althea.
[—Althea.]
Asperilion murmuró su nombre con frialdad.
No había emoción alguna en su voz.
Porque lo que él había amado no era este cascarón, sino la única alma que había viajado a través del tiempo y el espacio y había habitado en su interior.
Pero para abrir el «camino» que permitiera que esa alma regresara algún día, tenía que mantenerla con vida.
Althea se encogió, temblando de pies a cabeza.
[—¿Quieres vivir?]
—¡H-haré lo que sea! ¡Haré todo lo que me ordene!
Ella se inclinó hasta golpear el suelo con la frente, suplicando.
Era una imagen desesperada, dominada únicamente por el instinto de supervivencia.
Asperilion se cortó la muñeca con la uña.
De la herida brotó sangre de dragón de un dorado resplandeciente, despojándose del negro abismo que la recubría.
Él la frotó con fuerza contra los labios de la mujer, obligándola a tragarla.
—¡Ugh…!
[—Trágala.]
Glup.
Cuando Althea tragó la sangre a la fuerza, un tenue resplandor comenzó a emanar de su cuerpo.
Era el instante en que una parte del poder del dragón, junto con su bendición, quedaba grabada para siempre en su linaje.
[—He sembrado mi poder en tu sangre. Es una fuerza que purifica lo maligno y destruye la corrupción.]
Era la misma «habilidad de purificación» que poseía Odelli.
Flotando en el aire, Odelli contuvo la respiración.
Sabía bien que aquel poder misterioso transmitido durante generaciones en la familia Kardel provenía del dragón.
Pero nunca imaginó que, en realidad, había sido una preparación dejada por él en el pasado… para ella misma.
[—Sal de esta cueva, funda una nueva familia y llámala «Kardel».]
Kardel.
En la lengua antigua significaba espera.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD