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Capítulo 189

Aunque su tono al preguntar era frío, por dentro Asperilion se estaba derrumbando de una forma aún más miserable que momentos antes, cuando había rugido.

Y aun sabiéndolo, Odelli no pudo corregirlo.

Había sido un error pronunciar el nombre de Rudville… pero tampoco podía decir lo que el dragón quería oír.

—…

La tristeza era tristeza, y el amor era amor.

Ella no podía superponer a los dos hombres.

Por mucho que compartieran la misma alma.

—Lo que yo amé no fue tu origen.

En el mundo de Odelli, el único hombre al que podía llamar su esposo era aquel que la abrazaba… Rudville.

Esa línea clara e inamovible la hacía sentir aún más culpable.

[—……Ah, ya veo. Al final, sigues pronunciando el nombre de otro macho.]

Asperilion dejó escapar una risa vacía.

[—Qué cruel eres, Della.]

La fuerza abandonó su mano.

Los dedos que habían sujetado su mentón con dureza se deslizaron lentamente, sin energía.

—……Ah.

Odelli apretó los labios.

Instintivamente quiso justificarse, pero no pudo.

Cualquier excusa habría sido una mentira.

Porque lo que ella veía no era al dragón frente a ella, sino al hombre que vivía en sus recuerdos.

«Te estoy arruinando.»

La certeza se transformó en una desesperación aún más profunda.

Si él era realmente la vida pasada de Rudville, entonces no podía quedarse a su lado.

Si permanecía con él, se perdería entre recuerdos del pasado y del futuro, se volvería celoso, inestable… y acabaría destruyéndose.

Para salvar a Rudville.

Para proteger a Asperilion.

Yo tengo que desaparecer.

«…Debo volver cuanto antes.»

La conclusión era la misma.

Pasara lo que pasara, tenía que regresar a su tiempo.

Pero esta vez no para huir de él.

Sino para protegerlo.

Odelli se secó las lágrimas y se puso de pie.

Tenía que escapar. Por él.

Aunque él la deseara.

En ese momento.

SSSS…

El flujo del aire dentro de la cueva se torció sutilmente.

Antes de que su decisión terminara de consolidarse, una intención asesina, afilada como una hoja, irrumpió desde la entrada.

[—…….]

La presencia del dragón que había salido antes cambió de inmediato.

Sus ojos negros, aún distorsionados por el dolor, se enfriaron en un instante.

Lentamente, giró la cabeza hacia la entrada de la cueva.

[—Ya llegaron esos miserables sin modales.]

Fue justo después de que murmurara aquello.

¡KUAAAANG!

Con un estruendo que sacudió toda la cueva, una explosión gigantesca estalló en la entrada.

La barrera que Asperilion había colocado a propósito de forma ligera se hizo añicos, y una tormenta de polvo y tierra se precipitó hacia el interior.

[—No te muevas. Volveré en seguida.]

Le dejó esa advertencia breve y helada a Odelli.

Mir, que estaba agazapado en un rincón observando la situación, dio un salto de golpe.

Los ojos dorados del gato negro brillaron como los de una bestia depredadora.

—¡Kjajajá! ¡Estúpidos humanos, han venido a cavar su propia tumba! ¡Los haré pedazos a todos!

Rugiendo de emoción, Mire se transformó al instante en un enorme leopardo negro.

Sus músculos oscuros se tensaron mientras se disponía a salir disparado de la cueva.

Pero en ese mismo instante.

¡ZAS!

—¿Gyaaa?!

Asperilion estiró la mano con total indiferencia y atrapó al leopardo por la nuca.

La enorme bestia quedó colgando en el aire como un gatito indefenso.

Luego lo lanzó sin miramientos a los pies de Odelli.

[—Protégela. Si se le cae un solo cabello, te despellejaré y usaré tu piel como alfombra.]

Mire rodó por el suelo, erizándose como un puercoespín.

—¡S-sí, señor…!

En un destello, Asperilion volvió a su forma de dragón y salió disparado de la cueva sin mirar atrás.

Hasta que su inmenso cuerpo y sus alas, tan grandes que casi rozaban el techo, desaparecieron por completo, Odelli no se atrevió ni siquiera a respirar con fuerza.

Y entonces…

En el silencio que quedó, una determinación fría se reflejó en su rostro.

Mire, con el cuerpo tenso, miró hacia la salida de la cueva y masculló con los colmillos apretados.

—Ese maldito lagarto… ¡con ese carácter de mierda! ¿Y encima dice que me va a despellejar? ¡Si todo esto es por su culpa…!

Pero su queja duró poco.

Al instante se plantó frente a Odelli, golpeándose el pecho con orgullo y mostrando los colmillos.

—¡De todos modos, ama! ¡Mientras yo esté aquí, ni un solo ratón se atreverá a acercarse!

—No hace falta.

—¿…Eh?

La negativa tan firme dejó a Mir con los ojos como platos.

Odelli bajó la mirada hacia el grillete de su tobillo y luego alzó lentamente la cabeza para mirarlo.

—Tú hiciste un contrato con Asperilion, pero él te ordenó obedecerme a mí. Te dijo que me tomaras como tu dueña.

—B-bueno… sí. Ese lagarto dijo que te sirviera a ti…

—Entonces, ahora mismo, la que tiene la última palabra soy yo. Lo que yo diga equivale a una orden de Asperilion.

Las orejas de Mir se movieron con inquietud.

Su instinto animal le gritaba que algo iba mal.

Aquella mujer, tan pequeña y frágil, estaba emanando una presión más peligrosa que la del propio dragón.

—Así que a partir de ahora, haz exactamente lo que te diga.

—……Cuando lo dices así, me dan aún menos ganas. Este gran Mir es un espíritu libre que no obedece órdenes.

—Cien sobres de churus cuando todo termine.

—¡Hecho!

El rastro de duda desapareció por completo y su cola se alzó orgullosa en el aire.

Pero Mir no lo sabía.

No sabía que ese “cuando todo termine”…

Podría significar dentro de miles de años.

«…Cumpliré mi promesa.»

Pasara lo que pasara.

Los ojos azules de Odelli brillaron con frialdad.

—Con tu magia, quítame primero este grillete. Yo conozco exactamente el método para desactivarlo.

♥♥♥

Fuera de la cueva, en el bosque cubierto por una oscuridad espesa.

No se movía ni una sola hoja. Un silencio mortuorio lo envolvía todo.

Pero dentro de esa quietud se ocultaban decenas de intenciones asesinas, contenidas al límite.

Eran los magos de élite reclutados de todos los rincones del Imperio, pero en ese momento, incluso ellos temblaban de miedo.

Su oponente no era un monstruo cualquiera.

Era una catástrofe viviente capaz de reducir una ciudad humana a cenizas por simple entretenimiento.

El único y absoluto Dragón Maligno, Asperilion.

Aun así, tenían que hacerlo.

Aunque les costara la vida.

Porque de la batalla de hoy dependía la supervivencia del mundo.

«…Preparativos completos.»

«Escuadras uno y dos, en posición.»

No hubo palabras pronunciadas en voz alta.

Solo ondas mágicas que se transmitían por el aire.

El hombre que lideraba el grupo sacó un pequeño cofre del interior de su abrigo.

En el momento en que rompió el sello, el espacio circundante se distorsionó de forma grotesca. Una piedra negra que absorbía incluso la luz.

[—Fragmento del Vacío.]

Siguiendo una revelación divina recibida tiempo atrás, había sido extraído del punto más profundo de una ruina ancestral, un lugar conocido como la Grieta del Mundo.

La voz del dios, que ordenaba eliminar al dragón y salvar el mundo, había infundido en los magos una mezcla de codicia y convicción capaz de sobreponerse al miedo.

Aquello no corroía ni destruía.

Simplemente… borraba.

Cualquier cosa que entrara en contacto con él dejaba de existir.

Ni siquiera un dragón cercano a la inmortalidad podría regenerarse si su propia existencia era anulada.

Era el único artefacto que los dioses habían permitido para matar a un ser trascendental.

El arma del asesinato divino.



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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