Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 18

Tras recorrer el pasillo, ambos llegaron a la entrada principal del officetel y, con toda naturalidad, Eun-gyeom marcó el número de la cerradura para abrir la puerta de su apartamento. Si-young, que había sido arrastrada por los hombros, le miró incrédula mientras era conducida directamente hasta el salón sin quitarse los zapatos. 

Eun-gyeom todavía se veía demasiado lánguido, por lo que no parecía estar del todo sobrio. Pero, tampoco parecía que hubiera caminado dando traspiés o bamboleos momentos atrás.    

En otras palabras, Si-young estaba casi segura de que estaba fingiendo estar borracho. Por eso, ella consideró que, una vez más, estaba haciendo el ridículo al caer tan fácilmente en otro de sus juegos.

«¿Qué demonios estoy haciendo? Dejándome engañar por sus trucos… A estas alturas ya debería saber cómo es él…»

Pero, justo cuando Si-young pensaba en darse la vuelta e irse, el cuerpo de Eun-gyeom se tambaleó violentamente. Por reflejo, ella estiró la mano para agarrarlo, preguntándose, mientras tanto, si se había convertido en algo natural sostenerlo cuando se le presentaba la más mínima situación para hacerlo. Por suerte, le dio tiempo para cogerlo con los brazos antes de que cayera hacia delante. De no haberlo hecho, podría haberse visto envuelta en una tesitura más complicada.

Eun-gyeom se enderezó lentamente, ayudado por el leve empuje que Si-young aplicaba en su pecho, y luego, ella aflojó a medias su agarre, como si estuviera analizando, para sí misma, si él se mantendría, o no, de pie, una vez que lo soltara. Los pectorales de Eun-gyeom estaban demasiado firmes contra su mano y, sintiendo el calor extendiéndose por sus palmas, su mente se aceleró, volviendo a recordar cómo se había aferrado a él, horas atrás, en la oficina del Museo. 

Si-young, que no quería verse envuelta, de nuevo, en algo parecido a lo ocurrido en el despacho, deslizó uno de los musculosos brazos de Eun-gyeom por encima de sus hombros y, con un tono bajo, ordenó: 

—Camina hacia adelante.

Eun-gyeom, sorpresivamente, obedeció sin reproches y, avanzando paso a paso para igualar su zancada, Si-young echó un vistazo alrededor del piso. Era muy sencillo. Ella, que esperaba ver algún cuadro colgado, pues ambos trabajaban en el ámbito artístico, se sintió extrañada al ver que las paredes estaban totalmente limpias e impecables. Cualquiera que supiera de dónde venía Eun-gyeom, una familia rica y de clase alta, se imaginaría que, para su estancia, escogería un lugar sofisticado y lujoso. Pero, al contrario de tales expectativas, el apartamento no era muy espacioso y tampoco había nada de especial. Era tan simple y corriente que resultaba ser, más bien, un lugar apagado y soso. 

Una vez estuvieron frente a su dormitorio, Eun-gyeom se tambaleó. Si-young, amablemente, le abrió la puerta, descubriendo una habitación no muy diferente al salón, con una cama sencilla y un armario solitario. Si-young ayudó a Eun-gyeom, prestando atención para que no se cayera, y, mientras lo llevaba hacia la cama, su aliento, aparentemente exhalado sin querer, le calentó el oído. Nuevamente, él la tomó por sorpresa.

—¡…!

Ante esto, el agarre de Si-young se aflojó repentinamente al sentir cómo la sangre se le subía a las orejas y, por consiguiente, Eun-gyeom cayó, aterrizando sobre la cama. Su postura estaba completamente relajada, al contrario de la de ella, quien, roja como un tomate, se acariciaba la nuca tratando de calmar su respiración alterada. Una, con la que subía y bajaba los pechos de forma tentadora. 

Eun-gyeom, que tenía la mirada puesta en el sutil estímulo que emitía el cuerpo de la joven, levantó la cabeza y cerró los ojos, exhalando un largo suspiro. Era difícil contenerse.

—Pareces borracho. —comentó ella, cuando le llegó el olor al alcohol de entre los labios de Eun-gyeom.

—Ya… Eso parece.

Él nunca se había soltado así delante de ella. Por eso, Si-young se quedó como hipnotizada por un momento, mirando fijamente sus ojos, que se habían entreabierto hasta el punto de que no se podía decir si estaban, o no, cerrados.

—¿Quieres que te traiga un poco de agua?—preguntó ella tratando de salir de aquel trance.

Eun-gyeom sacudió la cabeza e hizo un gesto, con el que quería decir que se acercara. Si-young dudó un momento, pero, finalmente, se aproximó a él. Era la primera vez que ella se arrimaba a él de motu proprio, y aún más raro era que lo hiciera tanto, hasta que sus rodillas se tocaran entre sí, contra las de él. 

Eun-gyeom abrió lentamente los ojos, sintiendo el roce de las piernas de Si-young que, de no haber sabido cómo es ella, hubiera pensado fácilmente que era una insinuante provocación. Una, como mujer, hacia un hombre.

—¿Por qué me seguiste todo el camino hasta aquí?—indagó él.

—Porque estás borracho.

—¿Y eso qué?

—Pues que solo te ayudé, llevándote hasta aquí. 

Durante la cena, la primera persona en darse cuenta de que estaba borracho fue Si-young. Es más, por supuesto, que ella lo supo, ya que le había estado observando todo el tiempo, con los cinco sentidos puestos en él. Aunque no era su intención, poco podía hacer, pues era el fruto de las secuelas de lo que había sucedido entre ellos. Además, su mano, torpemente vendada, era el indicio del desliz que habían cometido, y, por tanto, sus ojos no podían parar de verla mientras agarraba y soltaba el vaso una y otra vez. 

Cuando su cuello, siempre firme y erguido, empezó a doblarse e inclinarse lánguidamente, Si-young tuvo sus sospechas, que se confirmaron al ver cómo despeinaba su cabello de forma inusual. Estaba ebrio y el personal, que no sabía del hecho de su mudanza, naturalmente dejaron la responsabilidad de ayudarlo a Si-young, pensando que seguían viviendo juntos en la mansión de Tae-ra. Además, como ella también había bebido, debían de llamar a un conductor y era necesario que alguien diera las instrucciones a seguir, tales como dirección a tomar y pago, puesto que, Eun-gyeom, en aquel estado de embriaguez, poco podía hacer. Así, con un leve gesto, el grupo se despidió de Si-young y cerraron la puerta del coche, con él dentro, adormilado. 

Así fue cómo ella se vio envuelta en aquella situación de llevarlo a su apartamento. Sabía que no debía, y también era consciente de que tenía que irse de allí de inmediato. Pero sus pies seguían pegados al suelo, ardiendo, como si no fuera el de una sobria habitación, sino el de un incendio abrasador. Por supuesto, no era una sensación fruto del ambiente cálido del dormitorio, sino que era porque Eun-gyeom se encontraba a su lado. Él era el culpable. El hombre quien le provocaba un calor desconocido, similar a un fuego que se extendía desde dentro hacia fuera. Si no fuera por él, o más exactamente, si no fuera porque él necesitaba estar cerca de ella en aquellos momentos, Si-young ya se habría olvidado lo que había pasado en el Museo, o al menos fingido, como si eso nunca hubiera sucedido. Pero, desafortunadamente, allí estaba, junto a él, avivando, de forma involuntaria, las brasas remanentes del acalorado incidente. 

—Pero… ¿Por qué…?—prosiguió ella, quien se quedó con la boca abierta, incapaz de controlar el calor—. ¿Por qué has hecho eso?

Eun-gyeom solo ladeó la cabeza, encontrándose con su vibrante mirada. El silencio se suspendió en el aire y la mano de Si-young se hizo un ovillo mientras sus pupilas conectaban fijamente con los ojos nublados e impasibles de un hombre que, sin saberlo, la deseaba.

—Antes…—continuó ella, con un ligero temblor en la voz.

—…

—¿Por qué me besaste…?

Tan pronto como hizo la pregunta, Si-young se arrepintió de inmediato, mordiéndose fuertemente el labio inferior. Obviamente, no había nada de malo en preguntar, pero sabía que no obtendría una respuesta convincente si se lo preguntaba a alguien que estaba borracho, o más bien, a alguien que estaba un poco fuera de sí, pues, a pesar de su expresión desaliñada, su pronunciación era bastante precisa.

—¿Me preguntas por qué?—susurró él, ladeando la cabeza, mientras seguía sondeando las verdaderas intenciones que ella escondía—. Seamos sinceros, Yoon Si-young, dime… ¿Es porque no lo sabes…? ¿O es porque quieres volver a hacerlo y buscas una mala excusa para recordarme dónde lo dejamos?

Como era de suponer, aquella no era la contestación que ella buscaba. Pero, ¿qué podía esperar de un hombre en estado de embriaguez? Aunque su respuesta era inteligible, el contenido era descabellado, propio de alguien bajo los efectos del alcohol. Pese a que parecía poco probable que alguien como él se hubiera dejado llevar con el licor, hasta el punto de estar borracho, las palabras que salían de su boca dejaban entrever la verdad de su condición. 

Ya que él no estaba en disposición para hablar seriamente sobre ello, Si-young decidió meditarlo por sí misma. 

«En retrospectiva, cuando nuestros labios se encontraron… Y cuando su lengua invadió mi boca de esa forma tan desenfrenada, lo que sentí de él fue… Impulso…»

Pero Si-young, inconscientemente, evitaba averiguar más. Solo necesitaba convencerse a sí misma. Un motivo que le diera pie a hacer como si eso nunca hubiera sucedido, como si fuera un error fácilmente borrable de su mente. 

«Sí, fue un beso impulsivo.»

Pero, tenía que haber una buena razón para el impulso y una explicación del porqué ella se dejó llevar. Sin embargo, no quería pensarlo más. No, más bien, no debía, ya que sería cómo volver a desear el sentir de nuevo sus labios siendo devorados.

«Si voy más lejos, siento que no podría…»

Urgentemente, necesitaba alejarse de aquel punto de no retorno que la tentaba de forma insidiosa. Así que, Si-young cambió rápidamente de tema, tal como aquel que, ahogándose, busca un salvavidas. 

—Bueno… ¿Necesitas algo más?—preguntó ella, pero su voz se quebró.

—Sí. ¿Quieres que te bese?—insistió él, quien, obviamente, no iba a dejar que ella se saliera con la suya. Más aún, después de escuchar aquel tono quebradizo que lo incitaba de forma involuntaria.

—…

Si-young se puso rígida y apartó la mirada, tratando de fingir ignorancia, siguió hablando sobre otra cosa. Pero estaba tan nerviosa que no se dio cuenta de que, ridículamente, repetía la misma pregunta de antes, como un radiocassette roto. 

—¿Quieres un vaso de agua?

—Esa no es una buena respuesta.

Aquella voz sutil, que él pronunció como el ronquido de una bestia, a punto de abalanzarse sobre ella, hizo que su garganta se secara repentinamente.

—… T-traeré un poco de agua. —balbuceó Si-young.

No era para él. Era ella, quien tenía sed. No, realmente no necesitaba agua, pero sentía que debía hacer algo con aquella sed intensa que secaba su boca hambrienta, aunque fuera beber, simplemente por el hecho de hacerlo. 

Si-young se quedó en trance por unos instantes.

«Haaa, siento que podría beber hasta una jarra entera de agua… O quizás bastaría con tragar cualquier cosa húmeda… Oh… Pero, esos labios gruesos de Eun-gyeom… Se ven tan apetecibles…» 

Si-young abrió los ojos ampliamente al darse cuenta, tardíamente, de lo que revelaban sus pensamientos. Luego, sacudió la cabeza, murmurando de forma ininteligible:

—Estás loca.

Necesitaba inmediatamente salir de esa habitación, de ese apartamento, no ir a buscar agua como una idiota. Si se quedaba, haría algo irreparable. Si Tae-ra se enteraba, no solo la echaría, sino que nunca volvería a ser la misma con ella. Estar allí, era como quedarse dentro de la boca del lobo, esperando a ser comida. 

«¿Esperando? ¿O es lo que deseas?»

Un atisbo de su mirada bastó, para revelar ante él el reflejo de aquel desliz en sus pensamientos. Intentó repararlo, pues dijo: 

—Voy a buscar el a- …

Pero, antes de que pudiera terminar la frase, antes de que pudiera darse la vuelta, cayó ante la tentación. Fue agarrada por Eun-gyeom, cuyas garras buscaban poseerla. Si-young no miró la mano que sujetaba su muñeca, sino la otra, que descansaba cómodamente sobre su muslo. El nudo de la venda estaba suelto. Las cicatrices ocultas en él se abrían a voluntad, tanto las visibles como las invisibles, que se escondían en su corazón. Al mismo tiempo, ella recordaba cómo se había sentido al limpiar la sangre de aquella herida e, inevitablemente, la excitación la invadió como un fuego incontrolable. 

Impulso y deseo.

Ella se estremeció ante la sensación extraña del hormigueo que se desató en sus labios cuando él la tocó, pero tampoco lo apartó como lo había hecho en ocasiones anteriores. La expresión de Si-young se volvió sutil. Con su mirada borrosa, recordaba el sentimiento de sus besos con claridad y, francamente, temía que todas aquellas emociones se desvaneciesen de su memoria. El estímulo provocativo de sus dedos acariciando la palma de su mano, la punta de su lengua recorriendo su boca, las mordidas estimulantes, los constantes lametones y sucesiones… ¿De verdad podría tolerar el olvido de todo rápidamente? ¿Así como así?

«No… Quiero volver a sentirlo. Deseo esa sensación. Ansío a este hombre con todo mi ser… Lo quiero…»

El ímpetu posesivo surgió de la nada y, como llamaradas desenfrenadas, quemaron su juicio, convirtiéndolo, en un instante, en meras cenizas volátiles.

—Tengo sed. —gimoteó ella, sus ojos hablaban por todo lo demás.

El impulso cegó su razón, drenando toda el agua de su cuerpo. 

«Dámelo… Cualquier cosa, o realmente, no… Pero, lo quiero… ¡Por Dios, me da igual, lo deseo…!»

—Yoon Si-young.

El ardor de su cuerpo era tan insoportable y tragar a ese hombre por completo parecía ser la única manera de obtener el alivio que ella deseaba.

Tal vez fue el persistente olor al alcohol en el cuerpo de Eun-gyeom, o tal vez fue el hecho de que ella estaba embriagada por la calidez de su cuerpo. Quizá puede que también afectase el hecho de que ambos estaban ligeramente borrachos y que no podían pensar racionalmente, pero, lo cierto era que, aunque ambos quisieran utilizar su juicio, en un último intento de abogar por la cordura, ya era demasiado tarde. Fuera como fuese, lo importante era que ninguno de ellos podía resistir el impulso asfixiante del puro deseo.

Fue Si-young quien, desesperada, apretó primero sus labios contra los de él.

Al principio fue leve, era más un roce que un beso, y no duró mucho antes de que se apartara. 

Si-young bajó la cabeza y exhaló. Sentía que iba a morir ahogada si no expulsaba la necesidad que retumbaba en su garganta. Una sed que nunca antes había sentido, una necesidad visceral que nunca había experimentado. No era algo que pudiera controlarse con la razón, por mucho que lo intentara, y daba igual las vueltas que le diera en la cabeza, buscando en sus recovecos, pues era la primera vez que Si-young sentía un deseo tan obstinado e implacable como este.

Como un dique a punto de estallar, una avalancha que no se puede detener, o un fuego imposible de contener; esa era la naturaleza de lo que Si-young albergaba en su interior. Mientras su sensatez se precipitaba como un meteorito sobre un cráter, de él, a su vez, nacía la lujuria; un deseo incontrolable no se puede apagar. Ni el conocimiento de que seguramente se arrepentiría una vez saciada su sed, ni la advertencia de la última hebra de razón que le gritaba, sin ser escuchada, que no debía cruzar la línea, fueron suficientes para detener el creciente impulso de entregarse a él. Ese hombre cuyos ojos la devoraban.

Eun-gyeom enderezó la espalda y ahuecó ambas mejillas de Si-young. El calor irradiaba de sus grandes manos. Los párpados de Si-young aletearon como mariposas. Sus ojos se nublaron cuando se clavaron en los de ella, y, asimismo, ella bajó la mirada, incapaz de revelarle el deseo que contenían sus pupilas. 

Eun-gyeom siguió sus tenues movimientos con una mirada intensa y, en un instante, el fuego entre sus dedos y en la palma de sus manos entrelazadas, redujo la cordura, que ambos apenas mantenían, a completas cenizas. De este modo, sin poder evitarlo, tanto él como ella dieron paso a una locura en la que reinaba la provocativa y excitante lujuria abrasadora.

—¡Hmph!—jadeó Si-young, sobresaltada por el repentino beso de Eun-gyeom.

Su lengua la invadió de forma implacable, sin perderse el leve hueco que ella abrió para dejar escapar un débil gemido. Si-young, que había estado acobardada momentos antes en el despacho, ahora le agarraba, instintivamente, ambas muñecas, como si de eso dependiera su vida. 

Él la saboreó, metiendo, profundamente, la punta de su lengua y luego la retiró brevemente para lamer y chupar sus labios. Sus movimientos al besarla eran tan lentos y provocativos que, deliberadamente, incitó a que Si-young se estremeciera de placer con la estimulación que emitía su vibrante bajo vientre. Ella, quien tenía la piel de gallina por la excitación, intentó seguir la boca de Eun-gyeom, entrelazando su lengua con la de él, y ambos se perdieron en la sensación erótica que sus labios emitían al devorarse mutuamente.

Pronto, sus respiraciones se volvieron agitadas y sus labios se separaron ligeramente. Tanto él como ella sentían sus gargantas húmedas, con una saliva que su cuerpo no reconocía, pero que deseaba con locura. 

Eun-gyeom no le dejó descansar mucho tiempo, solo unos segundos bastaron para que volviera a comerle la boca frenéticamente. Justo cuando Si-young consiguió dar una única y temblorosa bocanada de aire, él volvió a juntar sus labios, introduciendo la lengua hasta el fondo. Apretó el pulgar contra su mejilla y ella gimió suavemente, abriendo aún más su pequeña boca. Eun-gyeom bajó una mano y agarró la barbilla de Si-young, tirando ligeramente hacia abajo. Una pequeña lengua se asomó entre los labios naturalmente abiertos. 

—¡Mmmm…!

Sin aliento, Si-young tiró de su muñeca para quitarle la mano de la cara, pero él no cedió. 

SMOOCH, SLURP, SLURP, …

Cada tirón y cada succión producían sonidos y chasquidos obscenos que rompían el silencio de la habitación. 

Si-young, quiso girar la cabeza en un intento de tomar aire, pues sentía que se ahogaba, pero el agarre de Eun-gyeom era tan firme, que se lo impidió. En un último esfuerzo, Si-young se echó hacia atrás, agarrando el hombro de Eun-gyeom para empujarlo. 

Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, él le dio la vuelta, y ella se vio tumbada sobre las sábanas, atrapada entre los brazos y la mirada posesiva de un hombre que quería engullirla por completo.

Allí, aprisionada sobre la cama él la volvió a besar con un ardiente frenesí de pasión.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 17

    Next Post

  • CAPÍTULO 19
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks