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Capítulo 178

Cuando ella abrió los brazos y se plantó frente al leopardo negro, la mano de Asperilion se detuvo en el aire.

Las llamas se extinguieron justo delante de su rostro.

[—……¿Qué estás haciendo?]

El ceño de Asperilion se frunció con dureza.

Era evidente que no entendía.

[—Apártate, Della. Es una alimaña que intentó matarte. No hay razón para que lo protejas.]

—¡Sí la hay!

[—¿Qué?]

—E-este gato… no, este leopardo negro…

Odelli sudaba frío mientras buscaba desesperadamente una excusa.

No podía decir que lo conocía del futuro. Pero tampoco podía permitir que Mir muriera.

Alzó la barbilla y, fingiendo seguridad, señaló a la bestia.

—Parece útil.

[—……¿Esto?]

—Es grande, escupe veneno… si se le doma bien, podría ser un excelente guardián, ¿no cree?

Odelli lo pidió sin rodeos.

—Déjelo vivir. Quiero usarlo como mi guardia.

El rostro de Asperilion se torció con desagrado.

[—¿Estando yo aquí, necesitas a una bestia tan insignificante?]

—No puede estar a mi lado todo el tiempo. Hoy mismo estuve a punto de morir. Necesito a alguien que me proteja cuando usted no esté.

Habló con calma, señalando el hombro herido de Asperilion, del que aún goteaba sangre.

—Y… no quiero que vuelva a lastimarse por mi culpa. Con una vez basta.

Aquellas palabras fueron decisivas.

[—……Hmmm.]

Al notar su preocupación, el dragón mostró una expresión extrañamente satisfecha.

Después de todo, no era tan mala idea.

Aunque ahora permaneciera cerca por el sello, dentro de diez años quién sabía qué ocurriría.

«Entonces, usar a ese inútil como perro guardián no suena tan mal.»

[—Está bien.]

En lugar de liberar las llamas, Asperilion desató una presión abrumadora de maná sobre Mir.

[—Elige, bestia miserable.]

Con un gesto arrogante del mentón, dictó su sentencia.

[—O desapareces convertido en cenizas, o sobrevives como el perro de mi propiedad.]

Los ojos del leopardo se retorcieron de humillación.

Pero, valorando su vida por encima del orgullo, apretó los dientes y respondió:

[—……Me someteré.]

Era una rendición.

En ese instante, una marca roja salió disparada desde la mano de Asperilion y se grabó en la frente de Mir.

Un contrato de esclavitud.

Un vínculo absoluto del que no podía escapar ni siquiera con la muerte.

[—Desde hoy, eres mi bestia espiritual.]

En el momento en que el contrato se selló, una enorme cantidad de maná fue arrancada del cuerpo de Mir.

Ya debilitado por las heridas, su cuerpo no resistió más.

La enorme silueta del leopardo comenzó a desvanecerse, como humo arrastrado por el viento.

¡PUM!

Con un sonido sordo, una nube espesa de humo se elevó.

Odelli tosió y agitó la mano frente a su rostro.

Cuando el humo se disipó, la enorme bestia había desaparecido, y en su lugar quedó algo tirado en el suelo.

—…

Un pequeño bulto de pelaje, del tamaño de la palma de una mano.

Y unos ojos dorados alzados con una expresión indignada.

[—……Miau.]

[—…….]

Claro. Tenía sentido.

Odelli sintió una extraña sensación de déjà vu.

En el futuro, también se habían conocido así.

«Después de todo, sí eras Mir.»

Asperilion frunció el ceño al observar a la criatura.

[—¿Qué es esta cosa peor que un insecto?]

[—¡C-cállate! ¡Solo he retrocedido temporalmente por gastar demasiado poder!]

Aunque su voz era feroz, su apariencia resultaba ridículamente insignificante en comparación.

Odelli fingió no darse cuenta y levantó al pequeño ser.

—Bueno… si su habilidad es el veneno, el tamaño realmente no importa, ¿no?

Dijo con total naturalidad mientras estrechaba contra su pecho al gato negro, ahora sucio y desaliñado.

Aquel pequeño cuerpo tibio.

Aquel ser familiar que había vuelto a encontrar tras vagar por un pasado desconocido.

Al tenerlo entre sus brazos, una calma inexplicable la invadió.

[—¡Oye! ¡Suéltame! ¿Quién te crees para tocar mi cuerpo?!]

Mir la empujó con sus patitas, que parecían más suaves que amenazantes.

[—¡Eh, lagarto! ¡Dile a esta humana que pare ya! ¡Es tu propiedad, ¿no?!]

Pero Asperilion, al ver la escena, frunció el ceño con evidente desagrado.

[—Silencio. Sueltas pelo. Vete.]

Con dos dedos, tomó a Mir por la nuca y lo lanzó sin miramientos hacia un rincón.

[—¡Miaaauu!]

El pequeño bulto negro salió despedido y se estrelló contra la pared, bufando con furia mientras erizaba el pelaje.

Pensar que esa cosa era la misma que en el futuro la llamaría “ama” y se aferraría a Asperilion llamándolo “señor”…

Solo de imaginarlo, el futuro parecía desalentador.

Pero aun así, al verlo ahí, tan idéntico a como lo recordaba, Odelli sintió una extraña sensación de alivio.

Porque, pese a todo…

Nada había cambiado.

♥♥♥

El tiempo pasó sin piedad, y otros dos meses se desvanecieron.

El mundo fuera de la cueva había dejado atrás el invierno y, sin que se diera cuenta, la primavera ya había llegado.

Hasta hace poco, los carámbanos colgaban de las rocas, pero cuando volvió en sí, pequeñas flores silvestres florecían entre las grietas de piedra.

«……Ya van tres meses.»

Habían pasado ya tres meses desde que cayó en aquel pasado desconocido.

Odelli se quedó un momento de pie en la entrada de la cueva, contemplando el aire primaveral, antes de darse la vuelta.

Su mirada se dirigió hacia el interior, donde no penetraba ni un solo rayo de luz.

Tres meses habían sido más que suficientes para comprender que aquel lugar no era una simple cueva natural.

Era un laberinto.

Una gigantesca prisión diseñada meticulosamente por antiguos magos con el único propósito de encerrar a un dragón.

Las paredes cubiertas de patrones geométricos que parpadeaban débilmente, los pasillos que se deformaban y alteraban su trayecto sin previo aviso, y los rugidos de bestias que resonaban de vez en cuando en la oscuridad lo confirmaban.

Un solo paso en falso bastaría para que un humano común acabara sin siquiera poder recoger sus propios restos.

Y ahora que había perdido su capacidad de purificación, adentrarse más allá equivalía prácticamente a un suicidio.

Pero aun así…

«No puedo seguir perdiendo el tiempo así.»

Justo cuando Odelli, decidida, dio un paso hacia el corredor donde la oscuridad se arremolinaba.

[—Della.]

Una voz baja sonó a su espalda.

Asperilion había aparecido sin hacer ruido, ya con forma humana, y rodeó naturalmente sus hombros, atrayéndola hacia sí.

El calor característico del dragón, tan distinto del aire frío de la cueva, la envolvió de inmediato.

[—Te lo dije. Tu mundo llega solo hasta donde alcanza mi mirada.]

Mientras murmuraba, enredó lentamente con los dedos el mechón plateado que caía junto a su mejilla.

[—Adentro hace frío y está sucio. Te helarás los pies, así que no andes vagando sin sentido. Quédate junto al fuego que encendí. Te traeré carne, de la que te gusta.]

Apretó su agarre y la condujo hasta sentarla frente al brasero.

Luego atrapó sus manos frías y las envolvió con las suyas.

El calor de su cuerpo se filtró pesadamente en los dedos helados de Odelli.

—Suélteme. Le dije que no me tocara sin permiso.

La voz de Odelli era afilada.

Lo miró con evidente molestia, pero él, lejos de incomodarse, curvó los labios con diversión.

[—¿Tú puedes tocarme cuando te da la gana y yo no?]

—Eso era tratamiento.

[—Yo también estoy tratando algo. Y además, yo solo uso las manos, pero tú me tocaste el pecho…]

—¡Eso era el plexo solar, te lo he dicho mil veces!

Odelli apretó los dientes y volvió a forcejear para zafar la mano.

Pero Asperilion, en lugar de soltarla, deslizó sus largos dedos entre los de ella y entrelazó los suyos con los de ella, atrapándola por completo.

Era una sujeción perfecta.

Asperilion chasqueó la lengua mientras apretaba lentamente la pequeña mano prisionera entre las suyas.

[—Siempre tienes las manos frías. Es como tocar un cadáver sin calor.]

Una reprimenda acompañada por una oleada de calor.

Su enorme palma envolvió con cuidado cada dedo, desde la punta hasta la base, mientras dejaba fluir una mínima cantidad de su poder para estimular la circulación.

Un gesto meticuloso, casi instintivo.

En ese instante, algo se clavó en el pecho de Odelli como una punzada.

—…

Aquello era un hábito.

Un hábito que pertenecía a Rudville.



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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