Capítulo 175
El ceño del dragón se frunció con ferocidad.
El calor que había sentido en su regazo hacía apenas un momento ya no existía, y frente a él solo quedaba la humana que se limpiaba el lugar que había tocado, como si le resultara repugnante.
¿Se atrevía a tratar su contacto como si fuera suciedad?
Para ocultar la incomodidad que hervía en su interior, Asperilion escupió sus palabras con un tono aún más gélido.
[—¿Acaso crees que por haber pasado una sola noche a mi lado ya eres algo especial?]
—…¿Qué?
Odelli se detuvo, mirándolo con desconcierto.
Sus ojos, hundidos en una oscuridad tan profunda que ni siquiera dejaban ver las pupilas, la atravesaron como cuchillas.
[—Lo digo por si te haces ilusiones. No fue gracias a tus torpes manoseos que mejoré. El eclipse terminó, y con él volvió mi energía de forma natural. ¿De verdad creíste que las manos miserables de una humana podían afectar a un dragón?]
Se dio la vuelta de golpe.
En su espalda se percibía una tensión inquieta, como si mantenerse allí un segundo más fuera suficiente para hacerle perder el control.
Sin embargo, Odelli lo vio.
Vio cómo, al darse la vuelta, en lugar de patear la vieja piel con la que ella lo había cubierto la noche anterior… la recogía con disimulo y la guardaba consigo.
Como si fuera un trofeo.
«…¿Qué le pasa? ¿Está loco?»
Odelli se quedó atónita, aunque por alguna razón también se sintió aliviada.
Si estaba volviendo a comportarse de manera arrogante, entonces debía de haberse recuperado por completo.
Fue entonces cuando…
GRRR…
Un sonido totalmente honesto rompió el silencio tenso de la cueva.
El hombro del dragón, que ya se alejaba, se estremeció.
[—…….]
Se detuvo y giró la cabeza muy lentamente hacia ella.
—Tengo hambre.
Lo dijo sin pizca de vergüenza.
—Pasé toda la noche cuidando de usted. Me quedé sin fuerzas. Así que quiero comer.
[—…….]
—No pensará dejar morir de hambre a su salvadora, ¿verdad?
La comisura de los labios de Asperilion se torció con ironía.
[—¿Salvadora?]
El tono con el que escupió la palabra estaba cargado de burla.
[—La arrogancia humana no tiene límites. ¿De verdad crees que por frotarme un poco durante una noche me has creado una deuda?]
Cualquiera se habría encogido ante aquella presión aplastante, pero Odelli solo se encogió de hombros.
Al principio había temblado por el trauma, sí, pero ya se había acostumbrado a ese nivel de amenaza.
—Entonces no lo llame deuda. Llámelo responsabilidad.
[—……¿Qué dijiste?]
—Usted se enfermó sin previo aviso y mi comida desapareció. El lagarto plateado entró en hibernación y no puedo encontrarlo. Así que hágase cargo.
Asperilion soltó una risa incrédula.
Era una exigencia descaradamente insolente.
Debería haberla aplastado de inmediato y ponerla en su lugar, pero, por alguna razón, aquella osadía no le resultaba desagradable. Al contrario, despertaba una y otra vez su interés.
Y, sobre todo…
«…No puedo dejar que se marchite y muera.»
Al imaginar que aquella respiración débil que había sentido contra su pecho se apagaba, algo le dolió en lo más profundo del corazón.
Eso no era aceptable.
No sabía por qué, pero esa pequeña criatura tenía que seguir viva.
Delante de sus ojos.
[—Qué ruidosa.]
Con un bufido irritado, lanzó la frase como si le molestara siquiera hablar, y sin más se dio la vuelta en dirección a la entrada de la cueva.
[—Espera.]
Una sola palabra, seca.
Asperilion creyó que aquello era la benevolencia de un amo.
Aquel ser tan pequeño hacía tanto ruido que, al menos, debía llevarle algo de comer.
«Es mía.»
Una ofrenda entregada como su novia.
No tenía intención alguna de considerarla una compañera, ni por asomo, pero tampoco permitiría que ese descarado conejito blanco creyera que podía escapar de su dominio.
«No me gusta dormir abrazando solo piel y huesos… tendré que hacer que engorde un poco.»
Odelli observó su espalda alejarse y dejó escapar una leve risa.
Aunque hablara así, al final iba a darle de comer.
Definitivamente, algo había cambiado desde la noche anterior.
En aquel dragón tan impenetrable, parecía haberse abierto por fin una pequeña grieta.
Y con ello, en el corazón de Odelli nació una esperanza tenue.
Tal vez el día en que regresara junto a Rudville no estuviera tan lejos.
♥♥♥
Mientras el dragón se internaba en lo profundo de la cueva para cazar, Odelli se incorporó lentamente.
Tenía la garganta tan seca que parecía arder.
—Agua…
El agua que solía beber, la que se filtraba de las estalactitas, estaba completamente congelada, como carámbanos.
Lo único que quedaba era un pequeño charco que se formaba cerca de la entrada cuando llovía.
«Hmm… tendré que purificar esa, aunque sea.»
Odelli se dirigió con cuidado hacia la entrada.
Allí, la barrera que el dragón había levantado tiempo atrás ondulaba como una membrana transparente.
Era una barrera extraña: impedía que las presas escaparan desde el interior, pero no bloqueaba la entrada desde fuera.
Un diseño cruel, pensado para atraer a las bestias lo bastante estúpidas como para adentrarse por su cuenta en la cueva del dragón.
«De verdad… su carácter no cambia nunca.»
Chasqueando la lengua ante esa forma de ser, Odelli se agachó junto al charco y estiró la mano.
Justo cuando la punta de sus dedos estaba a punto de tocar el agua…
La superficie onduló.
Odelli se detuvo en seco.
CHIIIIS
Un olor a quemado se extendió por el aire.
Un hedor áspero y nauseabundo, como si algo se estuviera derritiendo.
Una sensación ominosa le recorrió la espalda.
Entonces ocurrió.
TUMP, TUMP.
Los pájaros que descansaban en las ramas cayeron al suelo sin vida.
Al mirarlos de cerca, vio que un ave desconocida yacía con espuma negra brotándole del pico.
—…
La mano de Odelli quedó suspendida en el aire.
Ante sus ojos, el agua del charco se tornó de un púrpura turbio en cuestión de segundos.
De pronto, el aire se volvió tan denso que respirar se hizo difícil.
Los pulmones le ardían, como si se estuvieran quemando por dentro.
Esa sensación pegajosa y pesada… ese asesinato latente…
«¿Asperilion?»
No.
Era distinto.
Si el aura del dragón era como un abismo que devoraba toda la luz, lo que ahora sentía era un veneno silencioso que se infiltraba lentamente para estrangular la vida.
[—Ts.]
Un chasquido de lengua resonó dentro de la espesa niebla venenosa.
[—Noté que la energía había disminuido, así que vine a echar un vistazo. Y mira tú… el lagarto realmente abandonó su nido.]
La niebla se abrió, y de ella emergió eso.
Una pantera negra gigantesca, más del doble del tamaño de un hombre adulto.
Allí donde sus patas tocaban el suelo, la hierba se ennegrecía y se pudría, y la tierra se derretía con un sonido corrosivo.
El veneno que emanaba de su cuerpo rechazaba toda forma de vida.
En medio de aquella oscuridad, lo único que brillaba eran unos ojos dorados, relucientes de una intención asesina.
«Veneno… maldita sea.»
Odelli se cubrió la boca.
Había olvidado algo fundamental.
Su capacidad de purificación ya no estaba.
Esa habilidad que había sido parte de ella desde que nació… ahora no existía.
Y nunca antes había sentido su ausencia de forma tan desesperadamente clara.
Esto no era una bestia cualquiera.
Solo con existir convertía su entorno en una tierra de muerte; un desastre ambulante… otro depredador que había venido a disputarle el territorio al señor de esta zona.
La criatura atravesó la barrera de la entrada de la cueva como si se burlara de ella. Luego, al descubrir a Odelli inmóvil frente al charco, se detuvo.
[—Oh.]
La mirada del monstruo se clavó en ella.
[—Así que había una ratita por aquí.]
La baba que caía de entre sus fauces gigantescas chisporroteaba al tocar el suelo, derritiéndolo y abriendo pequeños agujeros.
[—¿Eres el bocadillo favorito del lagarto? Hueles bastante apetecible.]
Odelli intentó retroceder.
Pero sus piernas no respondieron.
El veneno paralizante que impregnaba el aire ya había comenzado a invadir su sistema nervioso.
No podía mover ni un solo dedo.
El terror la inmovilizó por completo.
El monstruo avanzó lentamente.
En ese instante, estaba disfrutando del momento: observando cómo su presa se asfixiaba poco a poco, dominada por el miedo.
[—Te hablo, humana.]
Fue entonces.
En un parpadeo, una enorme garra cubrió todo su campo de visión.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD