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Capítulo 174

El sonido que se desataba como un loco dentro de su pecho golpeaba sus oídos como un rayo.

Pensó que, si contenía la respiración, se calmaría, pero cuanto más profundo se volvía el silencio, con mayor claridad el latido dominaba toda la cueva.

«…¿Qué estoy haciendo?»

Había actuado claramente para proteger a una humana.

Porque podía lastimarse. Porque podía romperse.

Solo entonces se dio cuenta de ello.

[—Ha.]

Como si hubiera tocado una masa ardiente, Asperilion apartó a Odelli con brusquedad.

—……!

Odelli abrió los ojos de golpe, sobresaltada.

—Ah… ¿me quedé dormida un momento?

[—……Sí. Deja de estar manoseando sin sentido y duerme. Resulta molesto que andes rondando frente a mí.]

—¿Manosear? A eso se le llama digitopresión*.

*Es una técnica milenaria de la Medicina Tradicional China que consiste en aplicar presión manual con los dedos, pulgares o nudillos en puntos específicos del cuerpo (puntos de acupuntura) para liberar bloqueos energéticos, aliviar el dolor, reducir el estrés y equilibrar el cuerpo, funcionando de forma similar a la acupuntura pero sin agujas.

El dragón, en lugar de responder, recorrió lentamente con la mirada la zona que ella había tocado.

[—¿Entonces por qué tocaste aquí? Esta parte que ustedes los humanos llaman pecho…]

—Eso no es el pecho, es el plexo solar.

Odelli lo interrumpió con firmeza.

—La rigidez del diafragma es por el agotamiento de maná. Si se relaja esa zona con cuidado, el flujo de energía se estabiliza.

Tal vez porque se sentía injustamente acusada, su voz comenzó a acelerarse.

Había pasado toda la noche calentando piedras, presionando con las palmas hasta que le dolieran las manos…

¿Y ahora la trataban como a una pervertida?

—Si no sabe, quédese quieto.

[—…….]

Esta humana… cada vez se volvía más insolente.

Ya ni siquiera intentaba medir sus palabras.

Asperilion pensó por un momento en hacerle sentir la diferencia de poder, pero al final desistió.

El maná se le escapaba como agua de una presa rota, y no le quedaban fuerzas para desperdiciarlas en algo tan trivial.

«Sí… solo es eso.»

Se convenció de que todo se debía a su debilitamiento.

Cuando la breve discusión terminó y el silencio volvió a caer, en el campo de visión de Odelli apareció el hombro del hombre con forma humana.

Sus hombros temblaban ligeramente bajo el aire frío de la cueva.

«¿Será porque su temperatura bajó de golpe?»

Por más poderoso que fuera, soportar el frío nocturno sin maná debía ser imposible.

Odelli tomó la piel más gruesa de entre las que había usado como lecho y la acercó con cuidado.

Luego la acomodó sobre él.

«Aunque sea un dragón, el frío debe sentirse igual.»

Fue un gesto distraído, pero era lo último que podía hacer por él.

Después de cubrirlo bien, como si por fin se quedara tranquila, cayó profundamente dormida.

Había movido su pequeño cuerpo sin descanso intentando salvar a aquella enorme criatura, y al final se había quedado sin fuerzas.

Su cuerpo menudito quedó recostado sobre el pecho de él, respirando de forma regular y serena.

«…Qué terquedad tan inútil.»

Él alzó a Odelli.

Y luego la recostó con cuidado sobre el lecho que ella misma había preparado, una cama improvisada hecha con varias pieles superpuestas.

Su cabello plateado se extendió sobre el cuero como hilos de seda plateada.

Una vida tenue, inestable, tan frágil como la luz de la luna, que parecía a punto de desvanecerse en cualquier momento.

Asperilion la observó.

Sin razón alguna.

Sin un propósito concreto.

Después de todo, lo único que él poseía era tiempo infinito y silencio.

En algún momento, incluso la presencia del parásito que se agitaba dentro de él se aquietó, como si fuera una mentira, al ver el rostro dormido de ella.

Dentro de la enorme cueva, una vez más, solo quedaron la luz rojiza de la luna y el silencio.

♥♥♥

Una tenue luz matinal se filtró en el interior de la cueva.

La energía del rojo lunar que había dominado la noche se retiró, y el aire frío comenzó a llenarse de un leve calor.

Asperilion abrió los ojos.

El dolor desagradable y el zumbido que le taladraban la cabeza habían disminuido.

El circuito de maná que crujía de forma inestable había logrado, aunque de manera precaria, volver a su cauce, y los extraños espasmos que oprimían su corazón también se habían calmado.

No era ni de lejos su estado habitual de omnipotencia, pero al menos había recuperado el margen suficiente como para pensar con claridad.

Solo había una excepción.

Lo que tenía entre sus brazos.

[—…….]

Asperilion bajó la mirada hacia la pequeña humana que dormía profundamente usando su brazo como almohada.

La noche anterior, mientras ella lo tocaba bajo el pretexto de tratarlo, había sentido el impulso de romperle el cuello en ese mismo instante.

Pero al ver su rostro dormido, aquella intención asesina se disipó como humo.

No… para ser precisos, no podía mover el brazo.

Cada vez que intentaba hacerlo, Odelli fruncía el ceño y se aferraba aún más a su ropa, como si se quejara en sueños.

«Esto es una locura.»

«Yo, conteniendo incluso la respiración para no despertar a una humana insignificante.»

Era evidente que todo se debía a aquellas ideas desagradables que se habían colado en su mente el día anterior.

El problema era… por qué seguían afectándolo.

—…Odelli, ¿dónde estás?

—No te atrevas a codiciar a mi mujer.

Una obsesiva sensación de posesión, grabada a la fuerza en lo más profundo de su ser.

Ese instinto maldito, imposible de ignorar, seguía susurrándole.

{—Esta mujer es tuya. No debes perderla. Es la otra mitad de tu alma.}

Le resultaba repulsivo.

Tanto el hecho de que alguien hubiera osado invadir su conciencia, como que su corazón reaccionara por su cuenta ante aquella pequeña humana.

[—……Ha.]

Asperilion soltó un suspiro profundo mientras seguía con la mirada el mechón plateado que caía sobre la mejilla de Odelli.

Sin darse cuenta, sus dedos se movieron solos y apartaron con cuidado su cabello.

Como si fuera un gesto aprendido desde hacía mucho tiempo.

[—Levántate.]

Intentó dar la orden con frialdad.

Pero la voz que salió de su garganta fue, para su propia sorpresa, demasiado suave.

Era una voz que ni el propio Asperilion había escuchado jamás en toda su vida.

Como era de esperarse, Odelli no despertó. Al contrario, frunció ligeramente los labios y se hundió aún más en el sueño.

Luego, como si llamara a alguien dentro de su sueño, susurró en voz baja.

—…Lu.

[—……?]

Los dedos de Asperilion se detuvieron en el aire.

Sus pupilas, antes relajadas, se contrajeron al instante.

Odelli volvió a mover los labios. Esta vez, su voz sonó más débil, cargada de una emoción húmeda y frágil.

—No llores… Lu.

El aire dentro de la cueva se congeló de golpe.

La mirada de Asperilion se volvió afilada.

«¿Lu?»

¿Quién era? ¿Un nombre?

¿Esta pequeña humana se atrevía a pronunciar el nombre de otro macho mientras dormía en sus brazos?

La roca que tocaba con la mano se agrietó.

Una sensación desagradable comenzó a treparle desde el estómago.

La calma adormecida de hacía un momento desapareció al instante, sustituida por una llamarada ardiente.

[—……Desvergonzada.]

Impulsivamente, llevó la mano a su mentón para girarle el rostro.

Quiso borrar ese nombre impuro que había salido de sus labios.

Pero justo entonces…

—Mmm…

Odelli abrió los ojos lentamente, pestañeando.

Lo primero que vio fue el rostro frío del hombre que la observaba, la mandíbula tensa, la expresión endurecida.

—…¿Asperilion?

Lo llamó con una voz aún empapada de sueño.

En ese instante, la mano de Asperilion se detuvo.

La hostilidad que lo había invadido se disipó como una mentira al encontrarse con sus ojos.

Ni él mismo podía creerse lo que acababa de pasar.

[—…….]

Sin decir una palabra, retiró con brusquedad el brazo que había usado como almohada.

¡THUD!

Al perder el apoyo, la cabeza de Odelli cayó sin misericordia contra el suelo.

—¡Ah!

[—¿Hasta cuándo piensas seguir tirada ahí?]

Asperilion se puso de pie con elegancia.

Su expresión era completamente distinta a la de la noche anterior: fría, distante, impenetrable.

Sacudió su ropa con gesto meticuloso, como si algo impuro lo hubiera tocado.

[—El sol ya está alto. Qué humana tan perezosa.]

—…

Odelli se frotó la parte trasera de la cabeza adolorida mientras lo miraba.

No esperaba gratitud, pero tampoco ese trato después de haberlo cuidado toda la noche.

Y, para ser justa, ella también estaba molesta.

Se frotó la mejilla que él había tocado, como si quisiera borrar algo que no debía estar ahí.

«¿Por qué demonios anda tocando la cara de los demás?»

El solo hecho de haber tenido contacto con alguien que no era Rudville aunque no fuera exactamente humano le provocaba una sensación desagradable.

Al ver aquello, el humor de Asperilion se torció peligrosamente, hasta quedar al borde de estallar.

[—……¿Qué crees que estás haciendo?]

Su voz descendió, cargada de una presión helada.

Ese gesto de rechazo, ese intento de borrarlo, le arañaba el orgullo de una forma intolerable.



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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