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Capítulo 15

El papel de Si-young en las fiestas de recepción del Museo Janglim era siempre el mismo: ser el centro de atención de la gente que la rodeaba.    

Por eso, Si-young, en los descansos, u horas antes de presentarse ante todos, solía masajear y pellizcar las comisuras de sus labios para que su sonrisa no se quebrara durante los actos a los que debía asistir. A veces, incluso, cerraba y abría sus ojos varias veces con fuerza, para así evitar mostrar cualquier tipo de cansancio que la delatara en su mirada. Además de también mentalizarse en el espejo, reflexionando sobre el comportamiento que debía adoptar en los eventos, como si fuese una especie de ritual. Uno, al que hoy tampoco fue ajena.

Después de horas de tratar con gente, Si-young se tranquilizó y bajó un poco su guardia.

«¡Ahh, por fin! Creo que ya me he ocupado de la mayoría, ¿no?»

Pensó mirando a su alrededor. Pero, justo cuando estaba a punto de dejar escapar un suspiro de alivio, un hombre se acercó a ella.

 «¡Oh, no! Parece que aún queda alguno… ¿De qué querrán hablar esta vez?»

Como un acto reflejo, ella empujó el cansancio hacia su garganta y, una vez más, relajó su mirada lo más que pudo enfrente de aquella persona inoportuna.

—¡Oh! ¡Mira por dónde! Si-young, ¿verdad?—dijo el hombre, que se había aproximado, con una sonrisa de oreja a oreja en sus labios.

Si-young, inmediatamente, reconoció aquellas facciones que la observaban. 

«¿Quién dijo que era?»

Al parecer, era alguien que se moría por hablar de nuevo con ella desde que la vio en la noche del patrocinio*. 

*Para refrescar, fue la que celebró Tae-ra en el Hotel Taejoong (Cap. 5/6)

«¿Cuál era el nombre de este hombre?»

—He oído por ahí que la CEO Jang te considera su hija y por eso te mantiene con ella, ¿es eso cierto? Al parecer, siempre se ha dicho, pero yo no lo sabía, hasta hace poco.

Las frases, que venían de un hombre tan insignificante para ella, le entraron por un oído y le salieron por el otro. Tampoco es que fuera algo impactante. Si-young había oído lo mismo tantas veces, que ya no era algo que la golpeara con fuerza, debilitando su temple. Es más, no hacía mucho desde que, momentos antes, otra persona le dijo algo parecido con respecto a ese tema y ella, en vez de tenerlo presente, se había olvidado rápidamente de ello.

Sin embargo, el rostro del hombre estaba lleno de expectación y, el hecho de que había acentuado y arrastrado deliberadamente ciertas palabras, evidenció sus intenciones. Es por eso que Si-young supo inmediatamente lo que él esperaba: verla entrar en pánico, balbucear buscando a tientas una mala excusa y ver sus ojos brillar como los de un niño en apuros. 

Era algo tan habitual, que se hacía cansino, y hasta casi se sintió mal por no poder colmar las expectativas de aquel hombre. Una persona mezquina que deseaba obtener aquella reacción, o algo más, abriendo la caja de Pandora con una conversación carente de todo tacto y respeto hacia ella. 

—Sí, eso lo oigo a menudo. —contestó Si-young mientras sonreía con los ojos bien abiertos—. Después de todo, la gente cree que recibo un trato especial, así que no es como si fuera algo nuevo…

Si-young pronunció su respuesta de forma indiferente, era algo tan repetitivo que ya no le resultaba tan incómodo como antes, cuando era una inexperta en el arte de dialogar con gente irreverente. 

Es más, si algo había, en toda aquella conversación banal, que la molestaba realmente, era el hecho de tener que tratar con un hombre desconsiderado que no se había dignado a presentarse de manera formal, antes de hablar. Además, para colmo, tampoco era alguien tan conocido como para charlar con ella de forma tan casual, ya que Si-young no podía recordar ni una sola cosa sobre él. Ni siquiera una mísera consonante de su nombre.

—¡Oh! Entonces, ¿mucha gente ya te ha preguntado lo mismo en persona?

La pregunta del hombre al que Si-young se refirió mentalmente como “No sé quién eres”, denotaba sorpresa, pero era fingida. De no ser así, sería irónico que la misma persona, que se había atrevido a sacar el tema, no se hubiera parado a pensar, por un instante, en la posibilidad de que otros hubiesen tenido las mismas intenciones que él. 

De hecho, Si-young también quería poder negar aquel significado que se ocultaba tras las sílabas de una frase, aparentemente genuina. Una que, en circunstancias normales, podría haber sido una mentira, de no ser porque no era el caso. 

Tristemente, aquella simple interrogante, implicaba que, un sinnúmero de personas descaradas que la rodeaban, estaban listas para atacarla, por el mero hecho de satisfacerse. La veían como un ser débil, de modo que Si-young ya estaba curtida de tanto escuchar sus mezquinos comentarios. Sin embargo, en el fondo, ella quería que todos los que le preguntaban aquello parecieran verdaderamente sorprendidos o avergonzados en algún momento de la conversación. Un afán que mantenía secreto, acerca de poder deleitarse, viendo cómo sus expresiones cambiaban de forma gradual para finalmente reflejar la de alguien al que le hubieran pillado con las manos en la masa. 

Sinceramente, Si-young no podía recordar ni las caras ni los nombres de la mayoría de ellos, ya que no se merecían siquiera ser registrados en su mente. Pero si había algo que podía rememorar, con total seguridad, era que ninguno había preguntado ni hablado acerca de Tae-ra. 

—Bueno, sí. Pero lo cierto es que la CEO valora a todos los estudiantes que patrocina como si fueran sus hijos. Así que yo también soy como una hija para ella y siempre le estaré agradecida por su especial atención.

El hombre se encogió de hombros, confundido por la respuesta tranquila y la sonrisa ecuánime de Si-young. A estas alturas, ella ya no tenía ningún reparo en escupir unas cuantas palabras evasivas que, técnicamente, no eran ninguna falsedad. En el momento en que Si-young cogió una copa de flauta, cuando uno de los camareros pasó a su lado, ofreciendo lo que traía en su bandeja, el hombre añadió molesto:

—Eso es lo que tú crees. —respondió con un tono arisco—. Pero si todos nos hemos estado preguntando lo mismo, es porque algo raro hay, ¿no? 

Afortunadamente, Si-young no tuvo que contenerse para contestar, ya que uno de los invitados, quien discretamente los escuchaba, habló desde atrás:

—¡Oye! ¿No te estás pasando de la raya? Por mucho que tengas curiosidad, es de mala educación preguntar sobre algo que pueda incomodar a la otra persona.

Inmediatamente, la cara de “No sé quién eres” comenzó a ponerse roja. Si-young miró a su alrededor lentamente. No parecía que nadie a su alrededor estuviera realmente interesado en aquel diálogo sin sentido, excepto aquel grupo de hombres a su lado. Era el momento perfecto para cortar de raíz y terminar aquel suplicio de conversación, que no aportaba nada, antes de llamar más la atención. Así que, con decisión, dio un paso atrás y se aclaró la garganta. 

—Ejem, Ejem… Siento mucho que debas estar avergonzado, pero tú mismo te lo buscaste. —concluyó Si-young poniendo cara de pocos amigos. 

La joven “Yoon” no necesitaba decir nada más, y tampoco quería quedarse allí para siempre tratando de discutir con aquel hombre que no conocía. Es más, si no hubiera intervenido aquel invitado en su defensa, estaba lista para cambiar de tema y librarse de tan sofocante recepción.

Mimy: Vamos, en otras palabras Si-young es la típica chica introvertida que, en cuanto puede, se va de la fiesta, llega a casa, mantita, libro, sofá y relax. (Más de una se sentirá identificada con esto XD)

Asimismo, era ridículo ver que, algunas de las personas, que habían estado observando su interacción con “No sé quién eres”, entre bastidores, estuvieran ahora reclamando las faltas del hombre como si fueran apóstoles de la justicia. 

—¡Discúlpate, Kim Young-min!

«¡Oh, sí! Ni me acordaba. Era Kim Young-min… »

Mimy: Ya no es “No sé quién eres” XD

Si-young repitió, para sus adentros, el nombre del hombre, que había borrado de su mente, después de verlo, por primera vez, en la noche de patrocinio. Debido a eso, Si-young, no tuvo tiempo de decir que todo estaba bien, que no había necesidad de disculparse. 

En consecuencia, la cara de Young-min parecía a punto de explotar. Cuando se acercó a ella, sonriendo de forma arrogante, ni siquiera parecía darse cuenta de lo que le rodeaba, pero, cuando los otros se enfrentaron a él, mostró su roja vergüenza, hasta en el blanco de los ojos. Si-young tuvo que forzar, de nuevo, sus músculos faciales, para evitar mostrar en su rostro la incomodidad que sentía en aquel momento. 

—¿Qué haces? ¿A qué esperas para disculparte?—continuaron los “justicieros”.

Si-young, alterada, fue la primera en responder a los gritos.

—En serio, no pasó nada. Estoy segura de que…—habló ella con un tono de voz claro y contundente, para todo aquel que quisiera escuchar—. No pretendía faltarme al respeto.

La gente a su alrededor empezó a observar la situación subrepticiamente. Algunos eran empleados del Museo y, por supuesto, las breves miradas que le lanzaban no eran agradables. 

«Tengo que poner fin, de inmediato, a este sin sentido. Estoy en problemas si sigo atrayendo demasiado la atención, especialmente entre el personal del Museo…»

—En resumen. —prosiguió Si-young—. No, no quería ofenderme. Así que, gracias, pero nada de esto es necesario.

Ya bien fuera o fuese por su expresión al hablar, o porque ni ella misma se lo creía del todo, que aquellos, que habían salido en su defensa, no quedaron convencidos con aquella respuesta.

—¡Señorita Si-young! ¡La próxima vez que este hombre empiece a decir tonterías, debería decírselo al Director!—insistió uno de ellos.

Uno de los hombres de atrás, el que más había estado reprendiendo a Young-min, se rió ante el ridículo comentario. 

—¿Qué?—respondió Si-young, atónita.

—Este tipo lleva mucho tiempo pegado al culo de Yoo Eun-gyeom, y por su culpa tiene un montón de malos recuerdos, así que no creo que vaya a dejar que Si-young…

—¡Hey!—gritó Young-min, quien finalmente había abierto la boca.

Los ojos de Si-young se abrieron y cerraron. Las sienes le comenzaban a palpitar, dándole dolor de cabeza. Si el orgullo de Young-min estaba herido, o no, no era asunto suyo. Sin embargo, sí era incómodo que la forzaran a ser partícipe de una conmoción de tal calibre. Más aún, cuando había sido ocasionada por algo pequeño e insignificante. Asimismo, el hecho de que Young-min elevara la voz con un ruido fuerte, era la gota que colmaba el vaso.

—Mirad, ya basta. Estoy perfectamente bien. —reiteró Si-young, tratando de mediar la situación.

—La próxima vez, solo asegúrate de decírmelo más pronto que tarde…

Si-young abrió los ojos de sorpresa ante el toque en su espalda y aquella voz; grave, sutil y seductora.

—¿Q-qué?—balbuceó ella, al darse cuenta de quién era, mientras trataba de asimilar la situación.

Pero, antes de que tuviera tiempo de darse la vuelta, llegó, en el costado de su hombro, un peso moderado que la presionaba ligeramente por encima de su clavícula. La joven “Yoon”, ante esto, se quedó petrificada y respiró hondo, tratando de recobrar la compostura. 

—¿Qué me quieres decir?—preguntó Si-young.

En el momento en que él deslizó sus dedos, para agarrar su hombro, rozando su cuerpo de una manera sugerente, imperceptible para los demás, Si-young cayó en una ilusión, como si el  tiempo se hubiera detenido y solo existieran ellos dos. 

Todos los movimientos de Eun-gyeom, cada vez que la tocaban, sucedían a cámara lenta. 

Todos y cada uno de los nervios de su piel, percibían hasta el más ínfimo detalle del toque de aquel hombre, que provocaba el despertar de sensaciones nuevas y desconocidas, pero excitantes. 

Si-young giró suavemente la cabeza hacia un lado, para hacer contacto visual con él, por un momento, antes de que el fuego y las chispas aparecieran entre sus ojos entrelazados. Luego, volvió su rostro hacia el frente, observando a Young-min y el grupo de hombres justicieros.

—Está a punto de empezar la charla del primer docent y estáis haciendo demasiado ruido. Así que, si hay algo que requiera de mi intervención, es mejor que me lo digáis ahora.

Ante la presencia de Eun-gyeom, Young-min y los que estaban detrás de él desviaron la mirada para evitar la situación. No había nadie lo suficiente valiente como para confrontar al Director, excepto una persona que, indecisa, tomó la palabra con una sonrisa innecesaria. Casualmente, era el mismo hombre que le había dicho a Si-young aquella semejante ridiculez acerca de acudir a Eun-gyeom en busca de ayuda. Probablemente, se debía a que había bebido unas copas de más. 

—No, es solo que oímos que alguien le decía algo grosero a la Señorita Si-young—explicó el hombre, que miró de reojo a Young-min cuando enfatizó la palabra “alguien”—. Por eso, salimos en defensa de la Señorita pidiendo que se disculp-

—Nombre. —interrumpió Eun-gyeom de forma tajante.

—…

Pero cuando todas las miradas se volvieron hacia el culpable, Eun-gyeom no necesitó escuchar la respuesta. 

—Es usted, ¿no? ¿Qué hace aquí? ¿No está un poco fuera de lugar? No tiene dinero, y ya no hablar de buen ojo para apreciar estas obras de arte. —expuso él, con una voz que no podía ser más grave y despectiva—. Además, ¿no se le ocurre que está mal tener una conversación acerca de algo que no tenga que ver con la exposición con un miembro del personal del Museo de Arte? Ya va siendo hora de que te des cuenta de que estás en una recepción de escultura y artesanía, no en un bar.

—Bueno, yo… No…—balbuceó Si-young mientras miraba de reojo cómo el hombre rechinaba los dientes.

«Por favor, déjalo ya… No empeores más las cosas…»

Las palabras de sus pensamientos no salieron y se quedaron atascadas en la garganta mientras Eun-gyeom sacudía la cabeza. Pero luego, con un tono lo suficientemente cariñoso como para no dar lugar a malos entendidos, él le dijo a Si-young:

—Vuelve a trabajar.

Si-young titubeó por un momento y dio un paso atrás. 

Pero cuando ella estaba a punto de escabullirse de la sala, Young-min, que se había quedado mudo y en silencio, se puso de los nervios, enfrentándose a Eun-gyeom. El detonante fue simple. Al ver el cambio del habla del Director, de frío como el hielo cuando se dirigió a él, a cálido, cuando pronunció un par de palabras hacia Si-young, el hombre se preguntaba por qué estaba tan enfadado por algo tan nimio.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué es eso de que no tengo por qué estar aquí?! ¡¿No estás diciendo algo que es completamente falso?!

Si-young, que se estaba dando la vuelta, se detuvo y los miró, impactada por el atrevimiento de Young-min.

—No sé a qué viene tanto aire de superioridad. ¿Que no tengo buen ojo? Seguro que dices eso para que no nos demos cuenta de que estas obras son solo las sobras de lo que dejó el anterior dueño del Museo. —continuó atacando Young-min.

—Creía que eras lo suficientemente inteligente como para saber cómo llevamos las exposiciones del Janglim. Además de que se explicó bien claro en la fiesta de inauguración. Así que, no sé por qué debería ser respetuoso contigo. Aunque, sinceramente, no me sorprende a estas alturas. Solo he revelado un par de verdades acerca de tu persona y actúas así… ¿Quién, sino tú, podría armar tanto escándalo como este?

—¡¿Qué mierdas estás diciendo ahora?! ¡Este alboroto es debido a nadie más que tú, Yoo Eun-gyeom!

—Si vas a seguir interrumpiendo la exposición con tus comentarios groseros, entonces…

—Así es, seguiré. No me voy a cortar ni un pelo. Entonces, ¿qué? ¿Qué vas a hacer?—cortó Young-min, fanfarroneando—. Dime, ¿alguna vez te ha importado alguien más que tú? Es gracioso que ahora estés tan sensible por un tipo como yo, que ni siquiera te mira cuando estás haciendo algo. No lo hacía entonces, y no lo hago ahora.

—…

—Entonces, ¿por qué te pones así? ¡Oh! No me digas que, desde que vives con ella… ¿Crees que es como tu hermana?—prosiguió Young-min mientras se echaba a reír—. ¡Oh, no! ¡Espera! Que tampoco puede ser eso, porque en realidad nunca hablaste con tu hermana. Ja, ja, ja, ja… Entonces, ¿qué es? ¡Oh! No puede ser… ¡No me digáis que tenéis ese tipo de relación! Supongo que el roce hace el cariño y al vivir juntitos en la misma casa todos los días, estoy seguro de que ella es tu…

—Perdona, ¿cómo te llamabas?

—… ¿Qué?

—Tu nombre, eres tan insignificante que no se me ocurre por más que lo intente. —dijo Eun-gyeom con cara inexpresiva y, antes de que Young-mi se diese cuenta del insulto, añadió—. Bueno, realmente me da igual si me lo dices o no. Pero, ¿a qué viene todo esto acerca de mi empleada? ¿Es porque ella no te presta la suficiente atención? ¿O es porque no te mira como tú quieres, ni le importa lo que dices? De verdad, ¿no te da vergüenza armar semejante conmoción por un simple ataque de celos?

—Pero, ¡qué cojones dices! ¡Eso ni siquiera tiene sentido!

—¿Ah, sí? Entonces, ¿podrías explicármelo? Si no es así, ¿por qué te importa tanto lo que hago o dejo de hacer con o sin ella? ¿A quién miro o dejo de mirar…?

—Porque no te importan las cosas que no merecen la pena.

Eun-gyeom dió un paso adelante y, cerrando la distancia entre él y Young-min, exclamó:

—¡Wow! ¡Qué audacia la tuya! ¿No es algo lo suficientemente natural para todos el no preocuparse por cosas que no valen la pena? ¿Por qué debería gastar mi tiempo y energía en alguien insignificante…?—Eun-gyeom hizo una pausa y miró a Young-min inclinando la cabeza hacia abajo, a la vez que evidenciaba la gran diferencia de altura que había entre los dos—. … Como tú.

—…

La mano de Young-min se hizo una bola como si estuviera a punto de darle un puñetazo, pero no tardó en relajarse al darse cuenta de que casi todos los presentes lo observaban. 

—No hagas más ruido y vete. Tanto tú, como la panda de desarrapados que te has traído.—concluyó Eun-gyeom.

Los hombros de Young-min se pusieron rígidos ante la brusca advertencia, y escupió una corta retahíla de maldiciones antes de pasar furioso junto a él. La mirada que dirigió a Si-young, que permanecía de pie detrás de Eun-gyeom, fue lo bastante despiadada como para haberla asustado. Sin embargo, contra todo pronóstico, ella se encogió de hombros como si pudiera comérselo. 

Detrás de Young-min, lo siguieron otras personas que inclinaron la cabeza y se apartaron de Eun-gyeom y de ella, antes de desaparecer rápidamente por la puerta.

De repente, un alegre comunicado se escuchó en la sala, anunciando que la charla de los docent estaba a punto de comenzar. Eran ya las dos en punto. 

Las miradas, sutilmente concentradas, de la multitud, se dispersaron al instante. Mientras tanto, Si-young dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.

HAAAA…

La primera charla, que se había programado para aquel momento, era una conferencia del propio artista, al que se homenajeaba en la exposición. Después de que el personal terminara todos los preparativos, con el mínimo número de personas, el hombre entró en la sala y todas las miradas se volvieron hacia él. Una vez fuera de los focos, Si-young se colocó lo más lejos que pudo del tumulto de gente, pegada a la pared.

—Yoon Si-young.—la llamó Eun-gyeom.

—¡…!

Si-young solo pudo disfrutar de un pequeño tiempo de tranquilidad, ya que, al escuchar la voz de Eun-gyeom, ella volvió a tensarse. En especial lo notó en su cuello, que se puso rígido mientras algunos de sus músculos temblaban debido a la tirantez de su cuerpo. Eun-gyeom, que había venido a colocarse a su lado, miraba fijamente hacia delante, con las manos en los bolsillos y los hombros relajados. Si-young, lo observó por un instante, pero se obligó a apartar la mirada de él hacia un lado.

—Respondiendo preguntas mientras actúas como otra persona… Es algo en lo que sigues siendo muy buena, estés donde estés..

—…—Si-young hizo un pequeño movimiento con la boca, pero no dijo nada.

Eun-gyeom rió suavemente. Ella no estaba segura de qué le hacía tanta gracia, pero él no se molestó en seguir, preguntando:

—¿Es porque no quieres ser la que Tae-ra considera como “nadie”?

*Es como si le preguntara: —¿Es porque no quieres que sepan sobre tí, la verdadera Yoon Si-young? Eun-gyeom, con esto, se refiere a que es evidente que ella no quiere que la gente note que, la personalidad que muestra, es una mera interpretación en la que finge ser “Yoo Si-young”. Es como si “Yoon” no fuera alguien, es “nadie” mientras viva bajo la tutela de Tae-ra, ya que ésta solo le interesa Si-young siempre y cuando interprete bien  el papel de su hija muerta. Así que, debe destacar lo menos posible para ocultar su verdadero “yo”, pero, a la vez, también quiere hacerse ver y tener un lugar en el que encajar, puesto que, por mucho que lo intente, no puede ser alguien que no es. Todo esto viene a que Si-young no quiere volver a quedarse sola y desearía ser la verdadera hija de Tae-ra. Pero, desde el principio, la madre de Eun-gyeom no la quiso adoptar y, en cambio, buscó patrocinarla. (Si la adoptara, Yoon Si-young no tendría motivos para fingir ser Yoo Si-young, cosa que no le interesa a Tae-ra y Eun-gyeom sabe perfectamente) De ahí vienen todos los problemas y comentarios de la gente, así como las contradicciones con ella misma.

—…

—Es extraño, ¿no? Hace unos momentos eras tan descarada, respondiendo a cada uno de los invitados tan bien, sin pestañear, ya fuesen, o no, unos maleducados. Pero me pregunto por qué nunca eres así conmigo.

En cuanto Si-young escuchó aquellas palabras, sus ojos se abrieron como platos y se quedó en silencio, notando cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza en el pecho, desbocado.

—¿Lo ves? Parece que estoy en lo cierto. —continuó Eun-gyeom—. ¿Por qué no me respondes y te haces la difícil ahora?

—¿Me…? ¿Has estado viendo…?—titubeó Si-young, anonadada.

—Sí, todo este tiempo, desde el principio. —afirmó él, con un tono seguro y firme.

En cierto modo, era como si, con aquella frase, él le aseguraba que siempre la estaba observando. Quizás por si tenía que intervenir, cometía un error o no actuaba como él le había dicho. O, al menos, es así como ella lo interpretó.

—No tienes que venir a ayudarme en… El futuro. —contestó Si-young, amortiguando aún más el sonido de su voz.

—¿En el futuro?

—Sí, porque no hay garantía de que algo como esto no vuelva a suceder. —dijo ella mientras sentía los ojos de él tocándola, como si la devorara de arriba a abajo—. Me cuidaré sola.

—¿Hasta cuándo?

—…

—¿No me vas a responder otra vez? ¿Hasta cuándo, Yoon Si-young?—insistió él.

Su tono, al formular su pregunta, no era para nada punzante, y tampoco habló con mucha fuerza. Sin embargo, Si-young enmudeció y tembló como si estuviera acorralada. 

El corazón le retumbaba en el pecho y, para empeorar las cosas, Eun-gyeom inclinó la cabeza, acercándose cada vez más a ella. Ante esto, Si-young respiró hondo y contuvo el aliento. Incluso su visión pareció volverse borrosa por lo nerviosa que estaba.

—¿Hasta cuándo piensas cuidarte por ti misma con este acto hipócrita en el que no eres ni “Yoo Si-young” ni “Yoon Si-young”…?—susurró Eun-gyeom, entrecortadamente, mientras escupía las letras una a una.

Mimy: De aquí viene lo de “nadie”. No se si me expliqué bien, pero espero que se haya entendido XD

¡CRAAAAAASH!

Un sonido agudo y desgarrador interrumpió la conversación de ambos. 

El grupo de gente que, hace unos momentos, se había agrupado, se dispersó en la distancia en cuestión de segundos y, por reflejo, las miradas de Eun-gyeom y Si-young se dirigieron al mismo lugar al unísono. 

Allí, desde la zona donde procedía el ruido, fragmentos de cristal se encontraban esparcidos en forma de ondas. Un resultado parecido al del impacto de una placa de hielo transparente contra un frío suelo de mármol.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



© 2026 ACOSB

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