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Capítulo 14

Desde que, tanto Si-young como Eun-gyeom, entablaron aquella acalorada conversación en la entrada de la sala de suministros, él llevaba días sin decir ni hacer nada digno de mención. Ya fuera porque estaba demasiado ocupado con el trabajo o haciendo sus propios planes, Si-young desconocía el verdadero motivo, pero fue como un soplo de aire fresco para ella.   

De hecho, en la semana previa a la exposición, pasaron tan pocos momentos juntos en el Museo, que apenas se habían cruzado y, afortunadamente, esto le dio a Si-young el tiempo suficiente para decidir cómo debía tratar con Eun-gyeom.

Durante aquellos días ella se convenció a sí misma autoanalizando la situación en la que se encontraba.

«De todas formas, la fe de Tae-ra en mí es absoluta. No debería preocuparme tanto por todo esto.»

Pensó Si-young con sencillez, una vez que obtuvo una decente conclusión sobre el asunto que se traía entre manos.

«Es Eun-gyeom quien debía tener cuidado conmigo. Además, si a Tae-ra le pasa algo de verdad, ¿qué podría hacer yo? Al fin y al cabo siempre soy como una vela en medio de la tempestad que se desata cada vez que algo ocurre entre estos dos. Es mejor no involucrarse demasiado.»

Como ahora Si-young tenía una idea general de cómo Eun-gyeom intentaba utilizarla, a ella le pareció que era una buena idea mantener una relación lo suficientemente modesta entre ambos. Básicamente, era a modo de supervivencia y por el bien de él no la pillase intentando escaquearse de su plan de venganza.

«Sí, tan solo debo mantenerme al margen y actuar con cautela…»

Divagando, Si-young comparó su situación con una pecera. Por así decirlo, Eun-gyeom y Tae-ra eran los dos únicos peces del acuario y solo dependía de ella coordinar a cuál alimentar primero. Pero, eso sí, manteniéndose siempre fuera del agua mientras lo hacía.

Mimy: Vamos, ya que os gustan las curiosidades, yo creo que esta comparación tiene que ver con con la famosa expresión Coreana de “gamba entre ballenas” (en coreano: 고래와 고래 싸움에 새우 등 터진다, gorewa gore saume saeu deung teojinda) Se traduce literalmente como “cuando las ballenas luchan, la espalda del camarón se rompe”, y se refiere, normalmente, a la situación en la que un país pequeño o débil es perjudicado por las acciones o conflictos entre dos grandes potencias. En este caso, Si-young sería la fuerza débil entre el gran conflicto de Eun-gyeom y Tae-ra. Por eso, si no maneja la situación bien, es muy posible que sea la única salga perjudicada. De ahí que es mejor mantenerse fuera del agua y no tirar ni por uno ni por otro.

Así, los días de paz continuaron mientras ella trabajaba diligentemente para la exposición que se avecinaba.

—¡Vaya! Señorita Si-young, hoy llegaste temprano para el trabajo. —dijo una empleada que pasaba por su lado.

—Sí, tenía algo de prisa. Tenía que organizar y preparar un par de detalles para la recepción, pero ya está todo listo.

—Te entiendo perfectamente. Yo también estoy nerviosa, en especial por la exposición de artesanía. Hace unos años, una obra de arte se rompió en una recepción para una exposición de artesanía, ¿sabes? Recuerdo que tuve que limpiarlo todo… Fue un desastre…—relató la inquieta mujer, la cual sacudió la cabeza con un estremecimiento al rememorar su mala experiencia.

Ellas no eran las únicas que estaban nerviosas, puesto que los demás empleados compartían el mismo sentimiento. La intranquilidad que, últimamente, se respiraba en el ambiente entre los trabajadores del Museo Janglim era mucho mayor que la que se había sentido en otras exposiciones anteriores. En parte era porque los preparativos requerían suma delicadeza. Esta vez, trataban con valiosas obras compuestas de cristal o porcelana, las cuales podían romperse a la menor sacudida y, para colmo, estaban expuestas en la sala al desnudo, sin la más mínima protección.

—¡Ah! Usted también está aquí jefe.

La mano de Si-young, que había estado enderezando los libretos amontonados para la exposición, se detuvo en seco en cuanto escuchó aquellas palabras. Pero luego, como si nada, reanudó su tarea. 

No obstante, la presencia de Eun-gyeom era tan imponente que, sin mirarlo, podía sentir cómo él se acercaba lentamente hacia donde ella se encontraba. Sin embargo, en cuanto estuvo al lado de Si-young, ésta se limitó a dedicarle un ligero saludo que no parecía fuera de lugar, antes de volver los ojos nuevamente a los catálogos que estaba organizando.

—¿Han terminado ya los preparativos pendientes?—preguntó Eun-gyeom, sin molestarse siquiera en devolverle el saludo a Si-young. 

—Sí. Solo falta el catering, que se estima que llegará dentro de poco. —contestó la empleada.

—Bien. Habrá una entrevista con los artistas tras el cierre de la exposición. Además, el Art Inn ha preguntado si podemos organizar un lugar para ellos, así que creo que creo que lo mejor será dejarles la sala tres.

—Vale. Entonces empezaré a ordenar el auditorio correspondiente en cuanto termine el docent* a las cinco de la tarde.

*Es un término que se utiliza en Estados Unidos para referirse a un voluntario que dirige visitas guiadas. Especialmente en museos, galerías de arte o lugares históricos.

—De acuerdo. Si tienes tiempo ahora, ¿puedes poner ya las mesas y las sillas en la sala?

—Sí, ahora mismo Director.

—¡Ah! Y las notas de la reunión de ayer todavía no me han llegado.

—¡Oh, por el amor de Dios! ¿Cómo se me pudo pasar? Iré a enviarlas ahora mismo. ¡Lo siento mucho!

Tras decir esto, la trabajadora se fue de forma apresurada, alarmada, por ya haber cometido un fallo antes de que empezase la exposición. El sonido de sus tacones golpeando el mármol del pasillo era bastante fuerte, y Si-young, que había estado en silencio durante toda la conversación, esperó a que el sonido menguase. 

En cuanto levantó la vista de los libretos, Si-young, que esperaba que no hubiese nadie a su alrededor, se dio cuenta inmediatamente de que había alguien que no se había movido del sitio. 

Efectivamente, era Eun-gyeom, que la estaba mirando fijamente. Él, como un depredador al acecho, estaba a punto de hacer su movimiento, pero se frenó, mientras reflexionaba para sus adentros. 

«No. Antes de hacer nada, es mejor provocarla un poco primero… Necesito que baje la guardia…» 

Eun-gyeom sabía interiormente que no debía ser brusco con ella, pues su desconfianza hacia él brillaba incandescente en sus pupilas. Pero también era consciente de que ella sacaba su verdadero carácter cuando se metía con ella, sacándola de su zona de confort.

—Parece que hoy estás de buen humor.

Pero, la respuesta de Si-young no llegó a ser pronunciada. Simplemente pasó como un flash por su mente.

«¿Contigo aquí? De ninguna manera.»

Luego, Si-young también se preguntó por qué Eun-gyeom actuaba así últimamente, pero tampoco dijo nada. No era de extrañar, ya que todo lo que Eun-gyeom le decía y hacía estos días era difícil de entender a la primera.

Todos los demás empleados a los que ella había saludado cara a cara esta mañana se lo habían devuelto amablemente. Aunque fuera algo vacío y rutinario, era el mínimo nivel de respeto que se podía esperar de alguien con el que trabajabas todos los días. Sin embargo, Eun-gyeom no solo la ignoró en su momento, sino que ahora parecía querer burlarse de ella, o al menos así fue lo que Si-young sintió. 

Por culpa de aquel hombre que tenía delante, ella había pasado noches sin dormir. La constante reflexión a la que se vio sometida, intentando averiguar cómo tratar con Eun-gyeom, después de escuchar aquellas peligrosas declaraciones, le quitó muchas horas de sueño. Algo que, después de varios días de arduo trabajo en el Museo, terminó convirtiéndose en un cansancio acumulado que era evidente en su rostro. Por supuesto, Si-young no quería revelar, bajo ningún concepto, que él era la causa. Sería casi como confesar que Eun-gyeom ocupaba todos sus pensamientos hasta por la noche, que, aunque fuera cierto, podría dar lugar a malos entendidos, los cuales quería evitar. Menos mal que ella ya tenía una excusa plausible a la que recurrir: “la preparación de la exposición”.

—Supongo que es porque ahora estás más a gusto, ya que el matón de la casa se fue por un tiempo, ¿no es así? Estoy seguro de que las cosas son más fáciles para ti sin mí alrededor.

Lo primero era cierto, lo segundo no. 

Era agradable no tener que mirar a su alrededor cada vez que subía, bajaba las escaleras o cruzaba el salón por miedo a encontrarse con él. De hecho, tanto era el efecto de Eun-gyeom sobre ella, que Si-young aún tenía la costumbre de poner la oreja en la puerta antes de abrirla. Aunque parecía algo paranoico, en el fondo le daba igual. No se sabía cuándo él iba a volver para quedarse o venir de visita y Si-young, ante todo, prefería ser prudente.

Sin embargo, su ausencia no hacía que todo fuera más fácil para ella. Al fin y al cabo seguían trabajando juntos y Eun-gyeom disimulaba muy bien sus expresiones en el ámbito laboral. Por eso, Si-young era capaz de comprenderlo mejor cuando estaban en la mansión, donde él actuaba de forma más natural. Al final, contrario a lo que ella esperaba, el no verlo diariamente en la casa solo hacía que tratar con él fuese más complicado.

—Hay una fiesta después.—comentó él, al ver que ella no respondía a ninguna de sus provocaciones.

Si-young pensó en Tae-ra. 

«Mms… ¡Oh! Hoy es el día en que Tae-ra me pidió que cenara con ella.»

—Ya tengo planes para la cena…—contestó ella.

—No te vayas.

Eun-gyeom, con su habitual desparpajo, dijo lo que tenía que decir sin importarle siquiera la respuesta de Si-young, dejándola atónita. De hecho, ella nunca pensó que la iba a presionar así, con aquellas palabras propias de alguien con el mantienes una relación muy estrecha. Dándole vueltas a la cabeza, intentando averiguar lo que él se traía entre manos, Si-young no pudo evitar reírse para sus adentros.

«No esperaba que me empujara así… ¿Acaso el ser su cómplice implica cercanía para él?»

—Es un compromiso previo. —determinó ella.

—¿Y? Pues entonces…

Pero esta vez Si-young lo interrumpió antes de que él terminara su frase:

—Me temo que no puede ser. Tengo un compromiso previo con mi madre.

—Lo sé.

Eun-gyeom cruzó la corta distancia que los separaba y, desde el otro lado de la mesa, agarró uno de los brazos de Si-young, tirando de ella hacia él. El brusco movimiento hizo que Si-young se cayera con el antebrazo apoyado sobre la superficie de la mesa y el áspero contacto hizo que el pecho de Si-young se agitara de forma tentadora ante los ojos de Eun-gyeom. Ella aspiró y contuvo el aire al sentir un dolor en su cintura. El lugar donde la esquina del mueble había golpeado fuertemente obligándola a inclinarse. Pero Eun-gyeom, no contento con tenerla casi sobre la mesa, dobló su cuerpo y volvió a jalarla de su brazo, esta vez hacia arriba, para que sus rostros estuvieran a un palmo de distancia el uno del otro. 

—Como venía diciendo, entonces…

Eun-gyeom tomó una pausa mientras la devoraba con la mirada. La postura en la que ella se encontraba ciertamente era muy comprometedora y los ojos de él no eran ajenos ante tal provocación.

—…

Por el contrario, aunque no había nadie en el vestíbulo, Si-young no se sentía aliviada. En cualquier momento podía entrar o salir alguien y el solo imaginarse la escena la ponía de los nervios. 

—… No abandones tu asiento y quédate. —dijo él, finalmente.

—… Por favor déjame ir. —suplicó ella mientras intentaba liberarse del agarre de Eun-gyeom con todas sus fuerzas—. No puedo…

De alguna manera, esta vez consiguió zafarse de él. Quizás fue el miedo a que la vieran, o la postura en la que estaba, lo que le dio la fuerza necesaria para escabullirse de la mano instigadora de Eun-gyeom. Pero lo más probable es que él la dejase ir a modo de burla, como un cazador que, por diversión, libera a su presa con el fin de volver a atraparla. Es más, para rematar, le mostró una expresión de sorpresa totalmente fingida, sin siquiera molestarse ni un poco en disimular.

—¡Vaya! ¡Estás hecha toda una fiera!—se mofó Eun-gyeom, antes de añadir de forma contundente—. Si estás dispuesta a arrepentirte, no tienes por qué venir.

En lugar de responder, Si-young bajó la mirada. Sus ojos se inclinaron hacia un lado mientras miraba distraídamente las fibrosas manos de Eun-gyeom. Ambas, tanto la que le había sujetado como la que no, estaban apoyadas sobre la mesa, con las muñecas desnudas, denotando una ausencia.

—…Reloj. —murmuró Si-young de forma casi inaudible mientras permanecía ensimismada—. ¡…!

Pero pronto, se dio cuenta de lo que eso implicaba y levantó la cabeza de forma brusca, enredado su mirada con la de él.

—¡¿Te has olvidado el reloj?!

La expresión, normalmente monótona y tranquila de Eun-gyeom, se endureció por un momento. Tenía los brazos lo bastante largos como para que las mangas de la camisa no le cubrieran las muñecas por completo, y las cicatrices eran lo suficientemente alargadas como para que cualquiera con buen ojo u observación pudiera notarlas de un solo vistazo. Por eso, Si-young pensó que uno de los motivos por los que él siempre llevaba reloj era por precaución, para ocultar aquellas marcas.

TSK.

Eun-gyeom chasqueó la lengua, frunció el ceño y, mirándola de forma inquisitiva, preguntó:

—¿Qué quieres decir?

Si-young no respondió a su pregunta. Mantuvo la boca cerrada y, sin comprender el por qué de su reacción, reflexionó. 

«No puede ser… ¿Quizá estoy equivocada?» 

Ella no pretendía atacarlo de ninguna manera cuando le preguntó si se había dejado el reloj, más bien al contrario. Pero el comportamiento defensivo de Eun-gyeom parecía indicar que la había malinterpretado. 

«Idiota… ¡Solo me preocupo por ti! ¿Es tan difícil comprenderlo? Espera… ¿Por qué estoy ahora preocupada por él? No debería, aunque… Bueno sí, lo estoy. Es normal estar preocupada por lo que tengo que hacer y decir si los demás ven sus heridas. Cualquiera haría lo mismo…»

—¡Jefe!—exclamó alguien a sus espaldas.

Sin embargo, Si-young, que seguía sumida en sus pensamientos, hizo caso omiso de aquella voz. Estaba lo suficientemente ocupada y alarmada, anticipando las consecuencias que conllevarían las muñecas al desnudo de Eun-gyeom.

«Es una exhibición. No hay tiempo para correr a su casa a por un reloj… ¿Ni siquiera tengo un momento para comprar una camisa nueva? Pero, ¿a quién pretendo engañar…? ¿Dónde puedo encontrar yo ahora una prenda con mangas largas y ajustadas, con un par de puños bien anchos y…?»

Conforme las ideas de Si-young iban avanzando hacia un callejón sin salida, su expresión se volvió más sensible que nunca. Sus ojos acuosos y enrojecidos, así como el rubor de su nariz y sus mejillas. Incluso sin palabras, Eun-gyeom podía ver la preocupación y la anticipación incómoda en el rostro de ella, mientras miraba su muñeca como si fuera algo delicado que debía proteger. Algo que desató una mezcla de sentimientos indescriptibles en él.

—¿Jefe?—volvió a repetir la empleada, interrumpiendo aquel extraño ambiente entre los dos.

—¡Ah! Sí, perdona, ¿qué decías?—contestó Eun-gyeom.

Por su parte, Si-young hizo como si nada hubiera pasado y volvió a concentrarse en los montones de libretos dispersos por la mesa, fingiendo ignorancia.

—Ya te envié la transcripción de la reunión y recibí una llamada de los periodistas del Art Inn. Aún no les di una respuesta porque pensé que querrías hablar con el coordinador antes de la entrevista.

—¿Qué pasó?

—Van a hacer un número especial sobre la restauración en la revista del mes que viene, y quieren que colabores con ellos.

—¿En serio?

—Sí, así que te envié el archivo adjunto que me mandaron y me preguntaron si podrías echarle un vistazo enseguida… De todas formas, ya que hoy van a estar aquí para hacer la entrevista, les gustaría tener una confirmación verbal.

Eun-gyeom, pensativo, pareció considerarlo un momento.

—Está bien. —afirmó él, dando finalmente su autorización.

—Entonces, ¿cómo debo proceder? ¿Cojo los materiales necesarios para la evaluación del proyecto y voy a su despacho?

—Sí, por favor, hazlo. 

—De acuerdo, Director.

La empleada desapareció por un instante y volvió paseándose por el vestíbulo. Traía varios documentos en un archivo y continuó caminando hasta que llegó hasta la puerta del despacho. 

Eun-gyeom no podía quedarse más tiempo allí, con Si-young, o levantaría sospechas. Más aún, a sabiendas de que la mujer casi los había pillado mientras se miraban en medio de un ambiente extraño. Apenas pudo encontrar algo con lo que cubrirse las muñecas para mantenerlas ocultas de cualquier mirada indiscreta durante la conversación y, por supuesto, Si-young no fue ajena a su preocupación al intentar disimular sus heridas. Eun-gyeom lo sabía perfectamente. Para él, no era difícil suponer lo que pasaba por la cabeza de Si-young, al menos así lo pensaba. Pero todo iba a cambiar en aquel momento.

—Yoon Si-young.—la llamó con su habitual tono grave.

Si-young, sin responder, miró su propia mano en silencio. El reloj que ella llevaba era unisex. Además de confirmarlo con la dependienta cuando lo compró, su aspecto, era tan ambiguo que no había manera de relacionarlo con los que suelen llevar las mujeres.

—Dijiste que harías como si no lo hubieras visto, ¿pero ahora vas y me dices esto, aquí, abiertamente? ¿Me estás chantajeando? ¿O quieres que todo el mundo lo sepa? Porque si no es así, no entiendo por qué lo haces, Yoon Si-young.

—Toma. Ponte esto.

Con un movimiento ágil, ella desabrochó su reloj y se lo tendió. Era una marca que algunos hombres solían llevar mucho, así que tenía la suficiente amplitud como para que se ajustase razonablemente bien a la robusta muñeca de Eun-gyeom. 

—…

Pero él se quedó callado por un momento. Parecía inusualmente congelado, tal vez sorprendido, por lo repentino de la situación.

—Un… ¿Reloj?—vaciló Eun-gyeom mientras lo cogía.

Si-young deslizó su muñeca vacía por la mesa y añadió:

—Pensé que lo necesitarías.

Su respuesta adecuada y el tono de voz suave eran contrarios a las intenciones que Eun-gyeom había supuesto. Así que, viendo su expresión indecisa, ella puso fin a sus interrogantes para aclarar el malentendido.

—No te estoy amenazando, solo estoy preocupada. —susurró para estar segura de que nadie la oyera—. Sé que no quieres que te descubran, pero no tienes por qué fingir ante mí, ni creo que yo deba hacer como que no sé nada.

En ese momento, la expresión de Eun-gyeom cambió muy sutilmente. Sus ojos se movieron de forma inusual y la duda apareció en su rostro.

Si-young, la chica que pensaba usar para su venganza, a la que no le importaba romper si con eso conseguía su objetivo, ¿ahora lo ayudaba y estaba preocupada genuinamente por él?

Eun-gyeom ya no sabía qué hacer con ella. Una joven que, de forma imprudente, ahondaba en las aguas turbulentas de su corazón, ignorando la bestia que la acechaba desde lo más profundo.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



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