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Capítulo 13

Eun-gyeom siempre llevaba una camisa o camiseta de manga larga para cubrirse las muñecas. Una costumbre que formaba parte de su día a día cada vez que se vestía. De hecho, era una rutina que mantenía a raya, tanto si hubiera días de calor como si no.   

Sin embargo, bien era cierto que, cuando el bochorno empezaba a ser demasiado insoportable, la tela de su ropa era más fina de lo habitual. Eun-gyeom sabía que debía usar su indumentaria de forma que estuviera acorde con la temporada, ya que, de no ser así, resaltaría mucho y provocaría el efecto contrario, haciendo que la gente comenzase a fijarse en los detalles que quería ocultar. Pero, aun así, nunca había llevado unas mangas tan ligeras como las que se puso durante aquellas últimas semanas y, a pesar de que éstas disimulaban perfectamente sus cicatrices, comenzó a acompañar aquellos diferentes atuendos con relojes de marcas variadas, solo por si acaso. 

Desde aquella última cena que ambos compartieron, trabajaban, como de costumbre, pero Eun-gyeom no podía quitar la mirada de Si-young y, aunque tratara de disimularlo, ella era muy consciente de ello.

—… ¿Señorita Si-young?—llamó una empleada.

En una fracción de segundo, antes de que Eun-gyeom le diera la espalda, Si-young giró la cabeza, sorprendida. 

—Sí.—contestó ella, al momento.

—¿En dónde están las cajas para la exposición de Lee Seung-yeon? ¿No están en la sala de suministros? Porque no las encuentro por más que las busco.

—¿Te refieres a los libretos?

—Sí, esos mismos. Necesito uno para llevarlo a una reunión y otro para usarlo como referencia en uno de mis borradores.

—No te preocupes, ahora mismo los traeré.

Si-young caminó rápidamente, tratando de ignorar la intensa mirada de Eun-gyeom, que la seguía por detrás, como si fuera su sombra.

No fue hasta que cerró la entrada de la sala de suministros que dejó escapar el aliento que había estado conteniendo. 

HAAAAA…

Apoyada con la espalda en la puerta, sus labios se entreabrieron mientras salía aquel breve suspiro de alivio. Es más, debido a la tensión que se había liberado, le resultó demasiado difícil mantenerse en pie y se deslizó hacia abajo, aterrizando en el suelo, sin importarle que éste estuviera lleno de polvo.

El frío debería haber bastado para que se levantara, pero permaneció agachada, como si intentara congelarse las piernas. No obstante, a medida que la sensación gélida de la superficie de mármol comenzó a penetrar a través de su ropa, haciéndose cada vez más notable, Si-young sintió cómo su cordura volvía paulatinamente a su estado original.

—Yoon Si-young…—se dijo a sí misma.

Si-young se cubrió la cara con las manos. La voz que salió de su boca se amortiguó contra sus palmas, incapaz de salir. 

«Si-young, no seas tonta, ¡despierta! Por favor, despierta, por favor, despierta, por favor, despierta…» 

Repitió ella en su mente varias veces, como si fuera un mantra. Aunque de poco le iba a servir contra el efecto que Eun-gyeom provocaba en ella. Puesto que, para Si-young, él era como una inmensa ola que revolvía su habitual tranquilidad a la que tan acostumbrada estaba. 

Si-young se sacudió la cabeza y buscó rápidamente los libros de la última exposición. Cogió unos cuantos y se volvió hacia la puerta. Pero, cuando alcanzó el tirador, la entrada se abrió de golpe sin darle tiempo siquiera a accionar el pomo.

—¡Aaah!

Incapaz de apartar la mano a tiempo, Si-young se inclinó hacia delante mientras la puerta se abría hacia fuera. En el momento en que soltó el tirador, su pie se enganchó en el umbral, tropezó y su cuerpo perdió el equilibrio. Aunque ella trató de detenerse como pudo, ya era demasiado tarde y Si-young simplemente cerró los ojos anticipando su inminente caída. 

—…

Sin embargo, el golpe contra el suelo no llegó. En cambio, se vio envuelta por una extraña sensación parecida a la de un pez atrapado en una red, o más bien era como si estuviera colgada sobre algo que la sujetaba justo por debajo de los pechos. Cuando abrió lentamente los ojos, lo primero que llegó a su vista fue el suelo y el brazo del hombre que llevaba días rondando por su cabeza.

—¡Auch!

Eun-gyeom sintió una sensación desconocida. La suave carne del busto de Si-young sobre su brazo entumecido, hizo que sintiera algo parecido a un escalofrío recorriendo la parte baja de su espalda. Sin contar que, tanto sus brazos, como sus manos hormigueaban con un ligero y excitante cosquilleo. 

No obstante, a diferencia de Si-young, cuya cara estaba roja de pánico, Eun-gyeom estaba tranquilo, pese a tener todas aquellas sensaciones estimulando su cuerpo. En cuanto Si-young fue consciente de la vergonzosa situación en la que se encontraba, agitó los brazos con nerviosismo, como si se estuviera ahogando y Eun-gyeom, como si hubiera sabido que esto iba a pasar, dijo con un tono divertido:

—Llevabas mucho tiempo tratando de conseguir un par de ellos, Señorita Si-young.

Eun-gyeom suavemente retiró su brazo, después de que Si-young colocara los pies firmemente sobre el suelo. Inquieta, ella carraspeó brevemente mientras agarraba los libretos entre sus manos, con tanta fuerza, que se doblaron y arrugaron. Sus brazos y su cintura hormigueaban, echando de menos el calor del cuerpo de Eun-gyeom y, aunque su ropa no fuese fina precisamente, Si-young siempre sentía aquellas manos, grandes y fibrosas, como si tocaran su piel al desnudo, cada vez que se posaban sobre ella. 

Impotente, ante las sensaciones que aquel hombre provocaba, la joven se mordió el labio con fuerza. No era la primera vez que sentía algo parecido a ese calor desconocido que ocultaba, tras de sí, los sutiles estímulos de la sensualidad. Pero, lo peor era que, aquel efecto, que ya había sentido muchas veces antes, desde que trabajaba en el museo, era debido únicamente a Eun-gyeom, y eso era peligroso. 

—Organiza… Un poco. —murmuró él.

De repente, Eun-gyeom estiró la mano, como si estuviera hipnotizado. Sus largos dedos, que estaban a punto de tocar su mejilla, se detuvieron cuando Si-young cerró los ojos fuertemente. Él podía sentir claramente cómo los párpados de la chica temblaban ligeramente, agitando sus húmedas pestañas. Si ahora ella abría los ojos, probablemente vería a Eun-gyeom con la excitación ardiendo en sus pupilas, ya que, en la mente de él, solo había una cosa: la idea de que Si-young también se había dado cuenta del ambiente intenso que se había creado entre los dos. Es más, cuando al ver que ella había pasado de estar nerviosa, a temblar en un instante, le provocó otra oleada de calor, pero esta vez en la entrepierna. 

RUIDO SORDO

—…

Mimy: Para que os situéis están en el pasillo en frente de la puerta de la sala de suministros, la cual acaba de cerrarse 🙂

Un golpe sordo a sus espaldas hizo que, inevitablemente, Si-young abriera los ojos. No obstante, la mano traviesa de Eun-gyeom, hacía tiempo que había vuelto a su sitio. Pero, aun así, él seguía manteniéndose demasiado cerca de ella. 

Si-young no había podido ver lo que Eun-gyeom trataba de hacer en aquel momento, básicamente porque tenía los ojos cerrados. Sin embargo, puesto que estaba en alerta con los demás sentidos a flor de piel, sabía que él le había tendido su mano con la respiración ligeramente acelerada. 

Ella ya no podía negarlo más, la tensión sexual entre ambos era demasiado palpable en el ambiente y, cuando giró ligeramente la cabeza, confirmó lo que temía. El ruido que había escuchado provino de la puerta de la sala de suministros, cerrándose a cal y canto, tras de ella. Ante eso, solo pudo continuar mordiéndose el labio inferior en silencio.

—¿Por qué cerraste los ojos?—él no pudo evitar preguntar.

Al ver la comisura de la boca torcida de Eun-gyeom, exudando picardía, Si-young giró la cabeza avergonzada, apartando su mirada, que, sin mucho éxito, trataba de enfocarse en las motas del suelo de mármol. 

—…

A punto de sonrojarse y poner de manifiesto sus más íntimos pensamientos, Si-young guardó silencio. Pero, desafortunadamente, Eun-gyeom ya se había percatado rápidamente de lo que escondía la expresión ruborizada de la joven.

—¿Pensaste que iba a hacer algo más?

—¡No!—respondió ella tajantemente.

Sin embargo, su tono, ligeramente elevado, y la rapidez con la que contestó, la delataron.

Consciente de su desliz, Si-young se movió hacia un lado, ocultando su expresión ruborizada lo mejor que podía, pero el brazo fuerte de Eun-gyeom la detuvo, como si estuviera esperando aquella reacción. Si-young, sin escapatoria, trató de calmar su respiración y, mientras sostenía los libretos entre sus manos, intentó aparentar la mayor tranquilidad que le era posible. 

—¿Esperabas esto?—insistió él.

Eun-gyeom, con una zancada, se acercó a ella y Si-young, naturalmente, dio un paso hacia atrás, conteniendo la respiración. Sin embargo, a él no parecía importarle la incomodidad de Si-young y, sin pudor, acortó las distancias entre ellos. Claramente, su único propósito era acorralarla, para tenerla a su merced, una imagen que lo encendía aún más de lo que ya estaba. 

Por otro lado, Si-young, nerviosa, sintiéndose como una presa, escaneó su entorno con atención, buscando cualquier excusa que la librara de aquella situación. 

«Que venga alguien, por favor… Me da igual quién sea…»

Pero no había rastro de nadie en el pasillo y Eun-gyeom, que leyó los pensamientos de ella como si fuera un libro abierto, susurró lo más bajo que pudo:

—¡Uy! ¿Qué pasaría si alguien nos ve…?

—¿M-mirar el qué?—balbuceó ella, sin querer reconocer la situación en la que estaban.

—Humm… ¿No lo sabes?—habló él, con voz sensual.

—No. ¿Qué hay que ver, según tú?—respondió Si-young, abocando al uso de la razón, que de poco le sirvió.

—¿Yo? A ti.

Algo, como eso, que podría perfectamente pasar como una burla picarona, se vio truncada por el grave e intenso tono de Eun-gyeom. Sus palabras, que había dicho con la intención de bromear, denotaban su sed, una que, por supuesto, no se aliviaba bebiendo. Así que, en consecuencia, se acercó un paso más a ella, quien era la única culpable de su deseo. 

Por otro lado, a Si-young le resultaba difícil mantener la poca calma que le quedaba cuando se veía obligada a colocarse frente a él, con la pared a sus espaldas. Como siempre, se puso rígida cuando él se paró a escasos centímetros de ella y, cuando Eun-gyeom inclinó ligeramente su cuerpo hacia ella, Si-young se pegó lo más que pudo contra la puerta cerrada de la sala de suministros. A pesar de que el cerebro le pedía a gritos:

«¡Apártalo Si-young! ¿A qué esperas? ¡Debes apartarlo ahora mismo y alejarte de él!»

Si-young no podía mover ni un solo dedo. No, para ser sinceros, era más una falta de voluntad que una incapacidad por parte de ella, quien, ante todo, no quería reconocerlo.

—¿Tienes algo más que decir?—preguntó ella, después de hacer acopio de la poca cordura que le quedaba.

—Tengo que pedirte un favor, para ser precisos. —contestó él, poniéndose serio.

Avergonzada por la respuesta, que Eun-gyeom había escupido desviando el tema de conversación, Si-young levantó la vista hacia él. Su imaginación había empezado a volar, teniendo en cuenta la posición en la que estaba, y su vergüenza, evidente en su ruborizada expresión, se acentuó al levantar ligeramente la cabeza. Si-young se había olvidado momentáneamente de lo mucho que habían acortado distancias entre ellos, y de lo cerca que estaba el rostro de él sobre el de ella. 

En cuanto sus miradas se cruzaron y sus pupilas se entrelazaron, el aliento caliente de Eun-gyeom, le hizo cosquillas en la frente de forma tentadora. Un calor que sintió en el rostro y creció en su bajo vientre, haciendo que sus labios rojos se separasen ligeramente. Incluso después de tener su boca entreabierta, Si-young tardó bastante a la hora de que sus palabras salieran, intentando vocalizar, malamente, su respuesta.

Mimy: El primer día que estos dos se acuesten, arde Troya… Rectifico, el primer día que Eun-gyeom se abalance a lo bestia sobre ella…

— … Ve a la oficina y*…

*Quiere que le diga lo que le tiene que pedir en el despacho.

—Yoon Si-young.—interrumpió él

—…

Como siempre, Eun-gyeom utilizó su nombre completo. Parecía que lo usaba cuando las cosas no salían como él quería. Pero, a diferencia de otras veces, su tono de voz era tan dulce y sensual que Si-young, nerviosa, desvió la mirada. No obstante, Eun-gyeom, con una sonrisa torcida, la miró divertido mientras ella murmuraba:

—Esto… Es un museo de arte.

—Sí, lo sé. ¿Y?

—¡Pues que en cualquier momento alguien podría venir y escucharnos o ver lo que estamos haciendo…!—exclamó ella, con los nervios a flor de piel.

Eun-gyeom se inclinó aún más cerca, como si fuera a revelar un secreto al oído.

Su presencia era atrayente y su mano era como una red o un lazo. Una vez que su presa estuviese atrapada, no había escapatoria, y Si-young era su captura. Ella volvió a morderse el labio con fuerza, tratando de evitar aquel inesperado acercamiento, sin saber que eso solo lo provocaba aún más. Incitado, por aquellos labios rojos, y sin poder contenerse, Eun-gyeom la obligó a encontrarse con su mirada, ahuecando una de sus mejillas con su palma. 

—Ese día no me dijiste lo más importante. —declaró él.

—¿Q-qué…?—balbuceó ella extasiada.

Los ojos de Si-young parpadeaban, confundidos. Su mente seguía obnubilada, preguntándose, por un momento, si lo había oído mal. 

«¿No le dije lo más importante? ¿El qué? ¿Qué quiere este hombre de mí? ¡Ah…! Cierto… Si es lo que creo, es verdad. No podría haber nada más importante que eso…»

—¿Te refieres a cuando dijiste que te ibas a vengar?—preguntó finalmente Si-young, de forma cautelosa.

—…

Eun-gyeom guardó silencio mientras la devoraba con la mirada. Su mano bajó por su mejilla y le acarició el cuello. Sus dedos sugerentes recorrieron su nuca y se hundieron en el pelo, tirando suavemente del cabello de Si-young hacia atrás, quien, entre estremecimientos, y con la piel de gallina, escuchó cómo él le preguntaba:

—Sí… ¿Recuerdas que te dije que sabía cómo hacerlo?

—…

—Es curioso que no quisieras saber cómo lo haría…—continuó Eun-gyeom—. Porque sé que, en estos momentos, hay una cosa que rompería a mi madre perfectamente…

—¿…?

—Tú.—prosiguió él, haciendo caso omiso a la cara de estupefacción de Si-young—. Bueno, para ser exactos tu ataúd… 

—¡¡¡…!!!

—Shhh…Tranquila, hay una historia que contar aquí, no pienso cometer un asesinato…

La otra mano de Eun-gyeom, que agarraba la pared, cayó, e, inesperadamente, cogiéndola por la espalda, atrajo a Si-young hacia él. Arrastrando los talones, ella luchó, intentando mantenerse en su sitio, pero la fuerza de Eun-gyeom venció y ella perdió completamente el equilibrio. Cuando, finalmente, ella hundió su cuerpo contra el de él, Si-young le clavó los ojos, lanzándole una mirada ansiosa.

—¡¿Q-qué haces?! Si alguien realmente viene…—dijo ella nerviosa.

—Me da igual. —interrumpió Eun-gyeom—. ¡Qué vengan, si quieren! Así, al fin, lograré quitarte esa máscara de “Yoo Si-young” que llevas puesta.

RUIDO SORDO

Un sonido, como una gran roca cayendo sobre un escenario, resonó en el pasillo. Eran sus cuerpos entrelazados chocando con la puerta de la sala de suministros. Si-young, finalmente, estaba aprisionada, a merced del hombre que quería someterla a sus deseos, fines y apetencia.

—Piensa un poco. ¿Qué pasaría si ahora Tae-ra pierde de nuevo a su hija? Aunque solo pretendas ser alguien que no eres, para ella, lo eres todo y, si desapareces, su mundo se derrumbaría una vez más.

—…

—Sería algo mucho peor que cortarse las venas, peor que morir, porque por algo lo llaman un “infierno”.

—¿Qué? ¡Suéltame! ¿De qué estás hablando…?

—Significa que necesito que hagas que mi madre viva en el infierno, Yoon Si-young.

El corazón de Si-young latía con fuerza en su pecho, tanto, que ella tenía la extraña sensación de que se le iba a salir por la boca de un momento a otro. No era solo por la ansiedad de que la vieran así con él, cuerpo con cuerpo, piel sobre piel, sino por lo que Eun-gyeom le estaba pidiendo:

—Voy a pedirte que me ayudes.

«No… Estás demasiado cerca… Aléjate…»

—¿Me ayudarás? ¿Verdad?—dijo él, con venenosa dulzura.

«Tan cerca que puedo sentir cómo se mezclan nuestras respiraciones… Y ahora, estando así, ¿me preguntas sobre lo que estás tramando? No es justo, ¡Aléjate, por favor!»

Mimy: Esto es un debate de Si-young entre los gritos de su mente sobre “alejarse de Eun-gyeom porque es peligroso” y… El deseo carnal básicamente. De hecho, esta vez, ella no forcejea tanto como en otras ocasiones. Además de la simpatía que ahora tiene hacia él después de lo que le contó, no se siente tan reacia hacia Eun-gyeom. Bueno, más bien él no sale de sus pensamientos, para ser exactos.

Si-young miró suplicante al hombre, que intentaba seducirla tan desnudamente, y se obligó a componer su expresión. Instintivamente, lo supo. Al parecer, el plan de Eun-gyeom era seducirla y sacudir su relación con Tae-ra. Si ahora ella caía en las redes ponzoñosas que él, cuidadosamente, había tejido, se habría completado el primer paso hacia su tan ansiada venganza. 

Ante esto, Si-young optó por no contestar rápidamente. No estaba obligada a seguir su plan, pero si se hacía la desentendida, él podría forzarla de alguna otra manera más radical. 

Si ahora ella no afirmaba firmemente con un “sí”, o incluso si no negaba rotundamente con un “no”, la respuesta sería insuficiente para él, quien buscaba que no hubiera ni el más mínimo rastro de vacilación en su decisión. Debía pensarlo bien, pero no demasiado, tratando de darle una contestación a su medida. Una que él pudiera interpretar como quisiera.

—¿Crees que puedo hacerlo?

Cuando Eun-gyeom abrió la boca para responder, oyó, por detrás, que alguien se acercaba, dirigiéndose hacia el pasillo donde estaban.

En comparación a los movimientos de pánico e impaciencia de Si-young, quien, alarmada, se dio cuenta de los pasos, Eun-gyeom estaba totalmente relajado, como si lo tuviera todo bajo control. La soltó con calma y no se movió de donde estaba, mientras Si-young se hacía a un lado.

Para entonces, una empleada había acortado distancias y, cuando los vió, dijo:

—Si-young, intenté llamarte, pero no contestaste.

Si-young, por su parte, contestó con toda la calma que pudo reunir, tratando de no entrar en frenesí.

—Lo siento, debo haberme dejado el teléfono en la oficina.

Cuando la mujer se acercó lo suficiente, estudiando detenidamente los rostros de ambos, Si-young le tendió los libretos que ella le había pedido.

—Gracias, espero que no te haya dado demasiados problemas. —dijo la mujer.

La respuesta claramente iba dirigida a Si-young, pero la mirada de la empleada estaba puesta en Eun-gyeom. No podía ocultar su curiosidad y Si-young respondió despreocupadamente, sin demasiada impaciencia.

—No, tranquila. El director me ayudó a buscarlos y los encontré enseguida. Debería ordenar un poco la sala de suministros, es un verdadero desastre.

—¿En serio?—preguntó la trabajadora quien, una vez más, había marcado un ligero contraste entre la dirección de lo que decía con la de su mirada. 

Sus ojos, puestos en Eun-gyeom, mientras decía aquellas palabras, buscaban su confirmación. Pero, al no obtener más que silencio por parte de él, la empleada continuó, sin quitarle la vista de encima.

—Bueno, qué suerte que tú también estuvieras aquí, entonces. Me preguntaba adónde habías ido.

—Iba de camino a la oficina. —dijo Eun-gyeom con calma.

Si-young no quería que Eun-gyeom hablara demasiado y delatara el motivo del extraño ambiente que los rodeaba con algunos de sus comentarios poco sutiles. Así que, dio un paso adelante, y tomó la palabra. 

—No te los he entregado demasiado tarde, ¿verdad?

—Sí, está perfecto. —dijo la mujer estirando el dedo hacia atrás mientras señalaba en la dirección en la que había estado caminando—. Acabo de recibir las ilustraciones de la exposición dos, así que me estoy quedando sin manos. Si no estás ocupada, ¿te importaría ayudarme?

—¡Ah! Sí, sin problema. —respondió y, dirigiéndose hacia Eun-gyeom, añadió—. Con permiso, si me disculpas, debo irme ahora.

Si-young ajustó su expresión una vez más e hizo una rápida reverencia hacia él, agachando ligeramente la cabeza, como si nada hubiera pasado entre los dos. Aun así, para tratar de disimular todavía más, como si de verdad Eun-gyeom solo la hubiera ayudado a encontrar el libro y nada más, ella le agradeció de forma natural antes de pasar por delante de él.

—Gracias por ayudarme a encontrarlos.

Eun-gyeom levantó las cejas y aprovechó para soltar una pulla, remarcando la palabra “favor”.

—No hay de qué. Es totalmente normal que, como compañeros, te haga un favor.

—…

—Buena suerte, entonces, Señorita Yoon. Espero que tengáis una buena reunión esta tarde.

—Sí, señor.—dijo la empleada mientras Si-young lo perforaba con la mirada.

Dicho esto, Eun-gyeom giró sobre sus talones y fue el primero en marcharse. La joven Yoon siguió observando su espalda, que se alejaba tranquilamente. El solo saber que él estaba completamente relajado después de aquel comentario, la ponía de los nervios y, para contenerse, se mordió el labio inferior en silencio. 

Eun-gyeom, de nuevo, había logrado tocarle la fibra sensible con el sutil matiz de sus palabras, que únicamente buscaban que Si-young tuviera presente la incómoda conversación que habían mantenido. Ella sabía que él volvería pronto a acorralarla con el mismo tema, porque Eun-gyeom no la iba a dejar así, tan fácilmente. Pero, lo peor era que ser consciente de ello no mejoraba las cosas, solo hacía que la ansiedad de Si-young aumentase.

«¿Qué puedo hacer para librarme de él y su maldita venganza?»

—¿Señorita Si-young? ¿No viene?—la llamó la empleada, quien ya había tomado rumbo a la sala de exposiciones. 

Si-young, sacudió la cabeza ligeramente, y respondió:

—… Sí, vamos.

Al darse la vuelta, Si-young continuó pensando en la posición en la que se encontraba mientras caminaba. 

Era perfectamente consciente que estaba emparedada entre la confrontación de Eun-gyeom y Tae-ra. Ambos se aferraban fuertemente a Si-young, por una u otra razón y, para colmo, Eun-gyeom conocía demasiado bien la conexión que había entre ella y su madre. Pero eso no solo terminaba ahí, Tae-ra no sabía cómo Eun-gyeom y ella chocaban en su ausencia. Ni lo sabría nunca. A menos que Si-young se lo dijera.

Mimy: Imaginaos la conversación XD: —Tae-ra, Eun-gyeom, tu hijo, me pone. Pero, no me malinterpretes, yo quiero alejarlo, solo que el cuerpo no me obedece porque me seduce con la intención de vengarse de ti. ¿Qué hago?



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



© 2026 ACOSB

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